Cuando la mentira ya no alcanza

En otras épocas de la historia argentina, la implementación de un programa económico de las características del actual, hubiera necesitado de una feroz represión que contuviera con violencia a la creciente movilización social. Y aunque ya se hayan cobrado la vida de varios, el modelo económico del gobierno de Mauricio Macri se ha sostenido fundamentalmente sobre los cimientos culturales de la prensa hegemónica y la universidad colonizada.

Las informaciones mentirosas o desdibujadas reproducidas hasta el hartazgo por los grupos de prensa concentrados y sus repetidoras a lo largo y ancho del globo, penetran como “balas” psicológicas en nuestras cabezas. En épocas de pos verdad, donde lo que importan son las apariencias, nos encontramos en el trabajo o en el almacén comentando alguna noticia convenientemente escandalosa sin consultar su veracidad. Afirmamos sin tapujos que “la gente no quiere trabajar” o que “se robaron todo”. No nos ruborizamos en lo más mínimo al afirmar que este es “un país de mierda”.

Quien escucha, asiente y reafirma lo dicho, en un acto de indignación mutua. Incluso entre nuestros familiares y amigos (que son el mejor reflejo de nuestra clase social) resulta muchas veces digno de admiración rematar alguna conversación con alguna de estas frases célebres.

Inseminada la idea en nuestra mente, se forman a partir de ella emociones y conductas que rechazan toda información que contradiga esa “verdad relativa”. Es la formación del “sentido común”. Existen fuertes presiones sociales sobre quienes asumen posturas ideológicas autónomas (de “buen sentido”) de la cosmovisión y sistema de valores del status quo. Sobre quienes piensan y sienten distinto a lo que dicen que debiéramos pensar y sentir.

Pero la usina cultural que formula las falsedades que luego son reproducidas a modo de vulgata por los medios concentrados de comunicación, es la Universidad. De donde se esperan las respuestas a los problemas que atravesamos como país, surgen las cadenas de nuestra dominación. Los científicos de la Economía avalan el ajuste mientras los teóricos de la sociedad critican los “populismos de izquierda”. Sin saber muy bien que significa ni una ni la otra, el resto de nosotros avalamos el ajuste y criticamos los populismos.

Estos dos factores (medios monopólicos y colonización pedagógica) conforman dos pilares claves de la colonización cultural, forma mucho más eficaz que los medios coercitivos o violentos para la sumisión de nuestro pueblo. En el caso actual, esta dominación vía cultural ha determinado en gran medida la llegada a la Casa Rosada de una alianza política que sostiene el interés de la banca financiera internacional (que es propietaria y teledirige a la prensa hegemónica en todo el mundo) en conjunto con un sector la oligarquía terrateniente tradicional. Logro conseguido con el apoyo de amplios sectores asalariados y estudiantiles que votaron en 2015 a Cambiemos en rechazo al kirchnerismo y toda su política satanizada por la prensa y la Universidad.

Pero en su cuarto discurso de apertura de las sesiones legislativas, Macri encuentra a ese armazón mediático que blindaba a su gobierno, seriamente debilitado. Los anuncios de 700.000 mil nuevos puestos de trabajos o la reducción de la inflación y la pobreza, chocan con una realidad indisimulable. No hay miseria que pueda ser tapada con el bombardeo comunicacional diario. Los reiterativos llamamientos a la esperanza de los argentinos son ridiculizados en cada nuevo intento del presidente.

Decimos esto, porque no es solo soberbia y cinismo. Hay un respaldo político que le permite a Macri decir tamañas barbaridades en el Congreso nacional. Basta con leer los titulares de los periódicos de mayor tirada o sus portales de internet para comprobar como a pesar de todo, siguen encubriendo (no sin cierto esfuerzo ante tal desparpajo) la política de ajuste y extranjerización de nuestra economía. Todo sea contra el mal mayor, la amenaza latente del “populismo”.

Aunque la mentira ya no alcanza para hacer zafar a Macri, tampoco basta con la verdad para hacerlo caer. Porque pese a la crisis, existe todavía una cultura política que no nos es propia, que es impuesta y que genera que millones de argentinos y argentinas puestos a elegir, sostengan al gobierno que los dejo sin empleo, que redujo el poder adquisitivo de sus salarios o que les impidió continuar con su negocio.

Resulta utópica toda exigencia cultural, cuando el hambre apremia en el pueblo. La agenda de la recomposición del trabajo y del salario es la que deberá signar al próximo gobierno que expulse a la infamia macrista. Pero esa tarea implica necesariamente enfrentarse contra los poderosos, su prensa y su cultura. Solo así, dentro de décadas los libros de historia  tomarán el discurso dado el día de hoy por el monigote como ejemplo de la imbecilidad y entreguismo de su gobierno.