HOY, IGUAL QUE AYER, COMO SIEMPRE…. UNIDOS O DERROTADOS

Un día como hoy, hace 73 años, la fórmula Perón-Quijano ganaba las elecciones presidenciales por un aplastante 52,8% contra la fórmula Tamborini-Mosca. Jamás en la historia argentina había estado tan nítidamente demarcada la línea que divide al Movimiento Nacional de los sectores que componen el campo antinacional. La oligarquía terrateniente, la alta burguesía comercial, la gran prensa extranjerizante y la Embajada de los Estados Unidos con Braden a la cabeza, en alianza con el comunismo y el socialismo cipayo, tenían sus candidatos bien definidos. El pueblo argentino también: Perón.

El 17 de octubre del 45´ la nueva clase obrera argentina ingresaba triunfante a la historia política del país sumergiendo sus patas en la fuente de la Plaza de Mayo para rescatar al Coronel. El 24 de febrero del 46´ expresaba eso electoralmente con Perón como estandarte y se zambullía de lleno en la Casa Rosada, el Congreso, los municipios, etc. Los trabajadores se hacían con el control de parte del Estado. Naturalmente, ese Estado tomó una orientación nacional-popular que buscó una Argentina más libre, justa y soberana integrada a América Latina.

Los/as peronistas tenemos facilidad para ponernos nostálgicos ante los recuerdos de las victorias pasadas, pero nos encaprichamos testarudamente en olvidar las razones que nos llevaron a ellas.

Aquel 24 de febrero se expresó electoralmente una gran alianza de clases que quería romper con la Argentina Semicolonial. Esto se desprendía de la realidad económica y cultural de ese país explotado por los intereses foráneos. Los trabajadores, sectores nacionalistas del ejército, una porción de la clase media, una fracción nacional de la iglesia, algunos industriales y dispersos intelectuales nacionalistas o socialistas arrepentidos convergen para derrotar a la rosca oligárquica en connivencia con el imperialismo.

Así, el Partido Laborista, el Partido de los Independientes recientemente creado y antiguos yrigoyenistas nucleados en la UCR Junta Renovadora catapultaron la candidatura de Perón-Quijano. Era la fórmula de los desposeídos, de los olvidados.

Recuerda Jauretche que “…En vísperas de la elección de febrero de 1946 visité mi pueblo e indagué a un hermano mío sobre la posición política de la gente de nuestras relaciones habituales, pregunté por quince o veinte personas conocidas y todas estaban por la Unión Democrática. Se impuso la pregunta lógica:

-¿Entonces aquí ganará Tamborini?

Mi hermano contestó:

-¡No! Ganamos nosotros, y lejos. Me has preguntado por los conocidos, pero esta elección la ganan los desconocidos…”

Hoy, igual que ayer, como siempre, la historia parece repetirse. Hay un largo trecho hasta octubre, demasiado largo como para no aprender de la experiencia del pasado. Además, lo dice la marcha: Todos unidos triunfaremos.