Manuel Bavaresco — Sec. General CEFyL

Por lo bajo o por lo alto, a los gritos o entre rumores, algo parece gestarse. No podemos dar nada por hecho. Pero lo cierto es que la tendencia de muchos sectores distintos de la oposición es el consenso. Se celebran reuniones, proliferan los discursos de unión y cohesión, se apuntan todos los cañones al enemigo único: Mauricio Macri. Pero, ¿a dónde nos lleva este conjunto de indicios? En pleno año electoral, debemos pensar cómo está parada la oposición al macrismo, cuáles son sus perspectivas electorales y cuáles son los fundamentos de clases sociales que la sostienen.

El día de ayer, el diario Ámbito publicó una nota en la que el protagonista es el Papa Francisco [1]. Nos muestra a un Sumo Pontífice lúcido y ocupado, muy metido en los asuntos del país que lo vio nacer. El plan del Papa consiste en lograr un armado político muy amplio, con el ojo puesto en las elecciones de este año. Su mayor logro es la Multisectorial 21F, un conglomerado de más de 1500 organizaciones sociales, políticas y gremiales que movilizan a amplios sectores de la población contra el ajuste de Macri.

La Multisectorial sin duda provee a la oposición de un fuerte armado movilizador, pero, ¿y el armado electoral? Resulta difícil analizarlo en un momento del año en que apenas se ha realizado una sola elección provincial, pero ya podemos entrever algunos de los indicios de la unidad en los distintos puntos del interior del país. Por tradición y representación, no cabe duda de que el principal enemigo que tiene Cambiemos hoy por hoy es el peronismo en sus distintas vertientes. Los últimos años electorales encontraron un peronismo fracturado, sin un referente que se pusiera a la cabeza del consenso que todavía no existía. A día de hoy, la situación parece estar cambiando. Casos ejemplares son los de Santa Fe, La Pampa, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro y San Juan, donde se lograron formar listas de unidad sin precedentes en los últimos años. Para no detenernos en los casos puntuales de cada provincia, basta con que veamos el trabajo conjunto de Cristina Fernández de Kirchner, la dirigente peronista que más votos junta por sí sola, con Alberto Fernández. Quien antes estuvo distanciado de la expresidenta hoy es su principal colaborador en el diálogo con los otros sectores peronistas que estaban enemistados con el kirchnerismo. Los acercamientos van llegando a buen puerto. A todos los une una certeza inapelable: no se puede permitir que Mauricio Macri o alguno de sus amigos continúe en el gobierno.

En este sentido, las palabras de Roberto Lavagna también resultan esclarecedoras: “Cuando uno está en una situación de inflación tan alta, de muy alto endeudamiento y demás, lo primero que tiene que hacer es llamar a los distintos sectores sociales e intentar un acuerdo económico-social. Esto es imprescindible. Existió en 2002, fue parte del programa. Así como hubo un presidente con vocación de consenso, un equipo económico con una política distinta y una sociedad que comprendió, hubo un marco con los factores de poder, empresarios, sindicatos y demás que fue el diálogo argentino. Participó la Iglesia y los partidos políticos y ayudó a crear el marco para que los precios no se comieran el trabajo inicial que se había hecho”. [2]

Partiendo de estas palabras de Lavagna podemos sacar algunas conclusiones. Todos los referentes de la oposición, desde el Papa hasta Cristina, no dejan de ser figuras circunstanciales detrás de las cuales se encolumnan distintos sectores sociales representados. Si cada uno de estos personajes perdiera su capacidad de representar a estos sectores sociales, el armado electoral supondría apenas una rosca de nombres y un rejunte de figurines sin mucha incidencia política. A lo que se debe aspirar es a un gran consenso en el cual participen todos los sectores de la sociedad que por distintos motivos hoy se oponen a la alianza Cambiemos. Esto significa lograr la unidad de ese amplio espectro de clases sociales que conforman al campo nacional: los trabajadores, los estudiantes, los pequeños y medianos comerciantes, el empresariado nacional más ligado al mercado interno, los peones rurales y chacareros, buena parte de la Iglesia, etc. En pocas palabras: la principal estrategia del macrismo ha sido dividir al campo nacional; a lo que debe aspirar la oposición es exactamente a lo contrario, es decir, unirlo.

No los une el amor sino el espanto. Las elecciones se acercan y es cada vez más claro lo que tienen en común las figuras de la oposición: el rechazo a Macri y a sus políticas que, en connivencia con los intereses de la extranjería, benefician a unos pocos y perjudican a muchos. Después podemos hacer el matiz entre estos personajes opositores, quiénes son solo candidatos y quiénes, además, son conductores políticos. Pero hoy por hoy todo indica que la unidad es cada vez más probable.

 

Fuentes:

[1] Ámbito: https://www.ambito.com/la-inestabilidad-economica-acelera-los-planes-francisco-la-argentina-n5021529

[2] Los Andes: https://losandes.com.ar/article/view?slug=lavagna-a-macri-que-no-se-ponga-nervioso-yo-no-puedo-competir-con-miles-de-trolls

No es ninguna novedad que en nuestro país existan pequeñas minorías que quieren lucrar a costa de amplios sectores de la población: trabajadores, jubilados y, en el caso al que alude esta nota, estudiantes. La gravedad del asunto está en que el Estado, manejado por gobiernos con intereses afines a estas minorías, permita este tipo de injusticias. En la Argentina de Cambiemos, naturalmente, esta realidad resulta más evidente y grosera que nunca.

En los últimos días, la situación de Venezuela ha alcanzado gran notoriedad en los medios de comunicación y redes sociales. Con consignas breves y vacías, lugares comunes repetidos hasta el hartazgo y frases viralizadas sin ningún tipo de explicación mediante, algunos personajes se han encargado de enaltecer la “lucha contra el dictador Maduro”.

Entre estos personajes encontramos a los infalibles compañeros de la Agrupación Franja Morada. No se demoraron demasiado en publicar un comunicado desde su página oficial de Facebook defendiendo el reciente intento de golpe de estado. Con su historial, era cuestión de tiempo que la agrupación radical se manifestara, en coincidencia con la política norteamericana para América Latina. Veamos, sin embargo, sus argumentos para justificar, en nombre de la democracia, el avance imperialista sobre sobre la soberanía venezolana.

Verborragia demócrata y servilismo

El comunicado comienza definiendo a la asunción presidencial de Nicolás Maduro como una “usurpación ilegal”. Uno de los fundamentos de esta afirmación es que la “comunidad internacional” no ha reconocido los resultados de las últimas elecciones. Los muchachos de Franja Morada se olvidan de aclarar que esta “comunidad internacional” no es otra cosa que el Grupo Lima, un gabinete de presidentes latinoamericanos adictos al gobierno estadounidense, acaudillados por Mike Pence (vicepresidente de los Estados Unidos), Mike Pompeo (Secretario de Estado de los EEUU) y Donald Trump (primer presidente del mundo en manifestar su apoyo al golpista Guaidó) [1].

Olvidan también que las supuestamente “fraudulentas” elecciones que ganó Maduro contaron con la observación y aprobación internacional de catorce comisiones electorales de ocho países distintos, dos misiones técnicas electorales, una delegación técnico-electoral de Rusia, un Europarlamentario y dieciocho periodistas de todo el mundo [2]. Pero todas estas comitivas autorizadas de distintas partes del globo no forman parte de la “comunidad internacional” de la que hablan con tanto cariño los compañeros y compañeras de la Franja Morada.

Luego, el comunicado pasa del reduccionismo a la omisión deliberada. Desatan toda su indignación diciendo que “Maduro llevó a Venezuela a una de las peores crisis económicas, sociales y políticas que se hayan visto en la región en las últimas décadas”. Una vez más, no mencionan el terrible bloqueo económico y financiero que Estados Unidos ha aplicado sobre Venezuela con el fin de desabastecer al país y sumirlo en una profunda crisis. Este bloqueo económico fue definido el año pasado en un extenso informe de la ACNUDH (Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos), organismo oficial de la ONU, de la siguiente manera: “Las sanciones y los bloqueos económicos modernos son comparables con los asedios medievales de las ciudades con la intención de obligarlos a rendirse. Las sanciones del siglo XXI intentan poner no sólo a una ciudad, sino a los países soberanos de rodillas” [3]. Pero la ONU tampoco forma parte de la “comunidad internacional”. De hecho, para la Franja Morada, nada que no sea orquestado y acaudillado por los Estados Unidos forma parte de la “comunidad internacional”. ¿Debemos pensar que es una casualidad, o que la Franja Morada es intencionalmente servil al país norteamericano?

 Siempre de la mano de Mauricio…

En realidad, este apoyo deliberado al golpe imperialista en Venezuela no solo se explica como un simple fetichismo de la Franja Morada por los Estados Unidos. Debemos tener en cuenta que Mauricio Macri fue uno de los primeros en apoyar abiertamente la usurpación de Guaidó después de Trump. El gobierno de Cambiemos, cumpliendo órdenes directas de la Casa Blanca, ha puesto a la Argentina a la cabeza del boicot internacional y del bloqueo económico contra Venezuela, junto con los de Temer y Bolsonaro en Brasil y el de Duque en Colombia. Si Macri es enemigo de Venezuela, lógicamente, la agrupación universitaria que colaboró intensamente en las campañas electorales de Cambiemos y que hoy por hoy continúa siendo la principal apoyatura del macrismo en la universidad, se erigirá como enemiga número uno del país bolivariano.

Volviendo al comunicado, vemos que la Franja Morada se rasga las vestiduras por la crisis económica en Venezuela, pero jamás se manifestó de esa manera respecto a la profunda crisis que actualmente atraviesa nuestro país, causada por las medidas antinacionales que desde hace tres años aplica el macrismo.

Por lo que hemos visto, las posiciones políticas que desde hace tiempo toma la Franja Morada suelen ser a favor de los intereses extranjeros y en contra de aquellos que, con aciertos y desaciertos, buscan un porvenir independiente y soberano para América Latina. No es nuestra intención profundizar en los porqués; ellos los sabrán. Lo cierto es que cada vez se esfuerzan más por ser los alumnos favoritos de la Casa Blanca en Argentina.

 Fuentes

[1] Revista Integración Nacional: https://rinacional.com.ar/sitio/fracasa-politica-intervencionista-la-oea-venezuela/

[2] Telesur: https://www.telesurtv.net/opinion/nicolas-maduro-presidente-venezuela-legitimidad-201901230024.html

[3] Nodal: https://www.nodal.am/2018/09/venezuela-informe-de-la-onu-destaca-a-las-sanciones-economicas-como-factor-clave-de-la-crisis/

El primer día del 2019 se cumplieron sesenta años de aquella entrada triunfal de Fidel Castro en Santiago de Cuba. A partir de ese momento, algo ocurrió para que la mayor de las Antillas se convirtiera en uno de los estandartes de los pueblos latinoamericanos en lucha contra el imperialismo que los oprime. O, mejor dicho, algo comenzó a ocurrir. Y es que, desde aquel primer día de enero de 1959, comenzó uno de los procesos de transformación social más significativos y profundos en la historia de nuestra América Morena. Un proceso que, atravesando numerosas turbulencias y dificultades, llevó a Cuba por los caminos de la soberanía, la justicia social y la democratización en todos los aspectos. Un proceso verdaderamente revolucionario que, pese los constantes bloqueos económicos e intentos desestabilizadores del imperialismo norteamericano, se mantiene inconmovible y ampliamente legitimado por su pueblo hasta el día de hoy. Y decimos bien: ampliamente legitimado por su pueblo.

En el sexagésimo año de la Revolución, Cuba se plantea una reforma de su Constitución Nacional, y en esta importante decisión el pueblo cubano ha sido el principal protagonista. Como veremos más adelante, las mayorías avalan ampliamente tanto a la Revolución como a la reforma constitucional.

 Una renovación necesaria para reafirmar la Revolución

 El sentido de la reforma es adaptar la carta magna a las necesidades actuales del país insular en el frente interno y externo, actualizar algunos aspectos que ya quedan caducos con respecto a la vieja Constitución (que data del año 1976) y renovar ciertas instituciones y la estructura del Estado. Cabe destacar que el proyecto no renuncia a ninguno de los principios revolucionarios previos, sino que, más aún, reafirma el cauce soberano, nacional, popular y democrático que viene siguiendo la Revolución desde sus inicios.

Entre las modificaciones más relevantes encontramos un cambio en la estructura del gobierno y el Estado: Cuba volverá a tener un Presidente de la República, cuyo mandato será limitado, ya que solo podrá ser reelecto una vez. Se eliminarán las Asambleas Provinciales del Poder Popular y, en su lugar, las Asambleas Municipales del Poder Popular elegirán a los gobernadores provinciales; con esto se intentará dar mayor autonomía a los municipios. En materia económica también habrá cambios importantes: se reconocerán nuevas formas de propiedad, tales como la propiedad socialista de todo el pueblo (que vendría a representar la propiedad estatal, la cual tiene y seguirá teniendo el protagonismo en la economía cubana), la propiedad privada (a la cual se le dará un papel complementario en la economía) y la mixta (surgida de la combinación de dos o más formas de propiedad). Además, se reconocerá el matrimonio como unión civil consensuada entre dos personas, cualesquiera fueran sus sexos (en la anterior constitución se limitaba al matrimonio solo como unión consensuada entre varón y mujer).

 

Una verdadera democracia política llega con la emancipación cultural

 Más allá de los cambios que contempla la nueva Constitución, lo que ahora nos interesa particularmente es el elevadísimo nivel de participación popular que trajo consigo el proyecto de reforma. La nueva carta magna fue primero aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular, y luego sometida a consulta popular desde el 13 de agosto al 15 de noviembre del año pasado. Durante este proceso democrático se repartió el texto constitucional entre los ciudadanos y se organizaron debates en comunidades, barrios y centros de trabajo y estudio. De estas 133 mil reuniones en las que participaron casi nueve millones de cubanos (más o menos el 80% de la población total del país), salieron unas 783 mil propuestas de modificaciones, adiciones o eliminaciones de artículos constitucionales [1]. Una vez procesadas las propuestas, la Asamblea Nacional del Poder Popular implementó 760 cambios respecto del anterior proyecto [2]. El nuevo proyecto de Constitución ya fue aprobado por el órgano legislativo, y el próximo 24 de febrero será sometido a referendo; todos los cubanos votarán por el sí o por el no a la nueva Constitución, aunque teniendo en cuenta el previo proceso de consulta popular y las conclusiones que de este se sacaron, ya se pronostica una amplia victoria del voto afirmativo.

Lo que más nos interesa remarcar es el alto nivel de participación política del pueblo cubano en los asuntos públicos. El que las grandes mayorías participen de este sistema verdaderamente democrático se deriva, por sobre todas las cosas, de su elevado índice de cultura política. Esto es el resultado de una intensa política educativa y cultural que se han dado los gobiernos hasta el día de hoy y que ha sido el sostén de la Revolución. No solo se llevó la tasa de analfabetismo al mínimo y se conformó uno de los mejores sistemas educativos del mundo, sino que además se reformaron los planes de estudio universitarios y se les dio contenidos nacionales y populares, lo cual vincula a los futuros profesionales con la realidad que viven.

Sesenta años de Revolución han engendrado un pueblo política y culturalmente independiente. Una educación nacional, popular y latinoamericana en sus contenidos ha sido el motor de la emancipación cultural del pueblo cubano. Y sabemos bien que la emancipación cultural es el prerrequisito para romper las cadenas de dominación. Lo que vemos en Cuba nos demuestra que es cierto lo que afirmaba un gran dirigente latinoamericano «solo los pueblos calificados con un alto índice de cultura política pueden llegar a ser artífices de su propio destino».

  

Fuentes:

-          Telesur: https://www.telesurtv.net/telesuragenda/revolucion-cubana-cumple-60-anos-modernizacion-fidel-201812280020.html?fbclid=IwAR2bsp2sHGEKBCKXHHsueAjEdFq9kK1-CALMCKhQ-liOSfBYM7o00SwqsY8

-          Cubadebate: http://www.cubadebate.cu/especiales/2019/01/05/descargue-aqui-el-texto-de-la-nueva-constitucion-de-la-republica/#.XDzdWvlKjIU

[1] https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=237852&SEO=presentan-en-cuba-constitucion-enriquecida-tras-consulta-popular&fbclid=IwAR1c8Yr5GyINw-5Lhwzv3L93q5S-szhq3eI1W2oW1_E8LwN6cDf3stqj9wk

[2] https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=238221&SEO=proyecto-de-nueva-constitucion-de-cuba-tuvo-760-cambios&fbclid=IwAR0njB53XwECVKSpQYdxiTd5LeTHSlgyFBZvUS7-WjFWlFrcALA8SjpgAzg

 

Para muchos mendocinos y mendocinas, el 2019 ha llegado con la esperanza de que este sea el último año del gobierno de Cambiemos, tanto a nivel nacional como en la provincia. Sin embargo (siempre y cuando el helicóptero no termine antes con todo), queda todavía un año en el cual las grandes mayorías estarán a merced del ajuste y de las medidas antinacionales que seguirá aplicando el macrismo con la venida del Fondo Monetario Internacional. En el caso de los estudiantes, ya podemos verlo con total claridad: en la Universidad Nacional de Cuyo se ha aprobado un presupuesto que determina un ajuste brutal. Áreas de suma importancia como Bienestar Universitario se ven perjudicadas.Si a esto le sumamos los tarifazos, el aumento en el transporte público y la inflación más alta en veintisiete años, todo indica que a los estudiantes de la Universidad Nacional de Cuyo nos costará mucho más estudiar este año.

En las últimas semanas, los latinoamericanos hemos sido testigos de un hecho que nos resulta familiar. Jair Bolsonaro, candidato de la oligarquía y favorito de los Estados Unidos, ganó por amplia diferencia las elecciones presidenciales en Brasil. Durante toda la campaña electoral, Bolsonaro no tuvo problema en adelantar abiertamente algunas de las medidas que tomará, tales como privatizar las empresas estatales y ajustar sobre los sectores mayoritarios de la población. ¿Cómo se explica que la mayoría del pueblo brasilero vote estas medidas propias de un programa netamente antipopular y semicolonial, contrario a los intereses y la dignidad del propio pueblo? Más allá de la influencia relativa que tuvieron las iglesias evangélicas, los medios monopólicos de comunicación y los errores de las fuerzas opositoras a Bolsonaro, hay un factor fundamental para el análisis político que es poco mencionado y sobre el cual queremos profundizar: la universidad.


A continuación compartimos la entrevista realizada a Manuel Bavaresco, candidato a Secretario General por el Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, por parte de Revista Universitaria.

 

RU: ¿Qué está en juego en las próximas elecciones para Centro de Estudiantes?

MN: Creo que para responder esta pregunta primero es necesario tener en cuenta el contexto de crisis de la educación pública que vivimos a nivel nacional. Desde que Cambiemos está en el poder, ha tomado medidas que atacan directamente a la educación. 

Los recortes y subejecuciones presupuestarias, la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores de la educación y el ajuste impuesto por el Fondo Monetario Internacional ponen en riesgo el ingreso y permanencia de los argentinos a la universidad. Se hace cada vez más necesario que el Centro de Estudiantes, como gremio que nuclea y representa a todos los estudiantes, esté conducido por fuerzas que combatan las medidas antinacionales y antipopulares del macrismo, tanto en lo gremial como en lo político.

Teniendo en cuenta esto, la disyuntiva es muy clara: por un lado están las agrupaciones como Franja Morada que ya han demostrado ser el brazo universitario de Cambiemos, que planchan la discusión política en cada gremio que conducen y que aplauden las medidas de Macri, y por el otro lado están las agrupaciones que representan la defensa de la educación pública y gratuita y que se han puesto a la cabeza de la lucha estudiantil contra el macrismo desde que gobierna el país. Eso está en juego en las próximas elecciones: un Centro de Estudiantes que defienda los derechos de los estudiantes y los organice en defensa de la educación pública y gratuita, o un Centro de Estudiantes puesto al servicio del ajuste macrista.

RU: ¿Qué ha hecho el frente Unidad Estudiantil en lo gremial desde que conduce el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras?

MN: Hemos logrado conquistar muchos derechos para los estudiantes. Actualmente, el CEFyL entrega cuatro tipos de becas distintas: de copias, de transporte, de merienda y de prestación de servicios. En lo que va del año, el precio de la copia en la Fotocopiadora de los Estudiantes no ha subido a pesar del 45% de inflación. Además, nos hemos dado la política de abrir un Café de los Estudiantes, donde se venden café y tortitas a precios accesibles. Todos ellos son logros gremiales en los que hemos ido avanzando en los últimos cuatro años desde que Unidad Estudiantil conduce el CEFyL y en los que queremos seguir profundizando, porque cobran cada vez más importancia teniendo en cuenta la actual situación de crisis que vivimos.

RU: ¿Qué desafíos quedan por delante en caso de ser reelectos?

MN: Como uno de los siguientes pasos nos hemos propuesto la democratización del banco de apuntes, para que todos los estudiantes tengan libre acceso al material de estudio. Actualmente el banco de apuntes está concentrado en la fotocopiadora privada, con lo cual los estudiantes se ven obligados a pagar precios caros por el material obligatorio para estudiar.
Obviamente seguiremos levantando la bandera histórica del Turno Noche de cursado. A causa de la crisis que atraviesa el país, muchos argentinos y argentinas han tenido que salir a buscar trabajo para sostener sus estudios desde lo económico, con lo cual no tienen la disponibilidad horaria para cursar por la mañana y por la tarde. A pesar de las dificultades que suponen lograrlo, se vuelve cada vez más trascendental la implementación de un Turno Noche en la Universidad Nacional de Cuyo, para que los trabajadores puedan cursar.

 

 

La crisis que está atravesando la Argentina ya ha llegado a calar en todos los sectores de la sociedad. El endeudamiento atroz, la inflación, la desocupación y la pérdida del poder adquisitivo son parte de una situación que se torna indefendible para el gobierno de Mauricio Macri y los sectores que lo secundan, cuya mayor preocupación hoy es ver durante cuánto tiempo pueden sostener el mecanismo de saqueo y transferencia de renta al exterior.

Ante esta situación crítica, la actividad política se ve seriamente afectada. Ya hemos visto cómo una buena parte de los argentinos decepcionados con el gobierno cae en el simplismo de decir que “todos los políticos son iguales”. Las conducciones de los sindicatos son descalificadas por derecha y por izquierda, acusadas por un lado de ser “alianzas desestabilizadoras de gente que no quiere trabajar” y, por el otro, de ser “la burocracia sindical que transa con el gobierno”. Los medios monopólicos de comunicación fomentan y canalizan este odio a la política. Es en este contexto de crisis económica, social y política que los Centros de Estudiantes cobran una importancia fundamental. Lejos de tomar la postura del apolítico militante que deslegitima al gremio sea cual sea su conducción, reflexionaremos sobre sus funciones, su estructura y el papel que cumplen en el contexto actual.

El Centro de Estudiantes, como organismo gremial, tiene una finalidad esencial que es la de defender los derechos e intereses de sus agremiados, vale decir, los estudiantes. Garantizar precios accesibles de fotocopias, ofrecer becas, defender al estudiantado frente a los abusos de autoridad, son algunas de las actividades que conforman la función gremial. El Centro de Estudiantes, contrario a lo que se cree, no son solo las agrupaciones que lo conducen. En realidad nuclea a todos los estudiantes, los organiza y los representa.

Es por esto que el Centro de Estudiantes debe garantizar las instancias democráticas y ser conducido a través de sus órganos de gobierno. Entre ellos encontramos a la Asamblea General, que es el órgano máximo de gobierno del Centro de Estudiantes. En ella pueden participar con voz y voto todos los estudiantes. La Asamblea es democrática y plural, por lo cual se debe garantizar la participación sin censura de distintas voces en la misma para la toma de decisiones por mayoría. Por otra parte, la Comisión Directiva es el órgano ejecutivo. Se encarga de administrar y conducir al Centro de Estudiantes, y está integrado por el Presidente, la Secretaría General y las demás secretarías, cada una de ellas con voz y voto. En la Comisión Directiva, entre otras atribuciones, se convoca a elecciones y a las Asambleas Generales.

Pero más allá de estos aspectos estructurales que hacen a la función gremial del Centro de Estudiantes, es muy importante destacar que esta no es su única función. Los sectores postergados de la sociedad ven en la actividad política el instrumento más efectivo para defender sus reivindicaciones. En un país como el nuestro, en que los estudiantes son junto con los trabajadores los sectores más dinámicos de la sociedad, una de las justificaciones históricas del Centro de Estudiantes es ser un instrumento de acción política. Desde que Mauricio Macri llegó al poder (y con él la rosca oligárquica y el sector financiero internacional), los Centros de Estudiantes conducidos por la oposición al gobierno se han puesto a la cabeza de las luchas estudiantiles por la educación pública y gratuita. Frente a las maniobras mediáticas que desvían el eje de la cuestión y dividen al pueblo argentino, siempre han priorizado la unión del movimiento estudiantil organizado para que pueda confluir en las calles junto a los trabajadores y trabajadoras que luchan contra el ajuste. La unidad obrero-estudiantil, en tiempos como los que corren, es el arma más potente que tiene el campo nacional para insubordinarse contra las clases dominantes.

Frente al saqueo indiscriminado del país por parte de los especuladores, el ajuste sobre las grandes mayorías populares, la transferencia de renta al exterior y la situación de crisis generalizada, se vuelve crucial el ejercicio de la política como instrumento más efectivo para la transformación de la realidad. En medio del apoliticismo reinante y del enorme desconocimiento de los asuntos que afectan al pueblo argentino, el Centro de Estudiantes debe fomentar la discusión política en el ámbito universitario. El mayor miedo de las clases dominantes hoy es que los sectores oprimidos se organicen.

 

 

La reciente noticia de que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, visitará a la Argentina en noviembre de este año, no debe ser analizada como un hecho aislado. A esta se suman tres giras en tiempo récord del vicepresidente Mike Pence por países de América Latina y otras visitas del Secretario de Estado. ¿Qué motivo trae a la flor y nata de la diplomacia yanqui por nuestra región con tanta frecuencia en los últimos tiempos? Para encontrar una explicación satisfactoria tenemos que centrarnos en el mismísimo Trump y en el efecto que ha generado su llegada a la Casa Blanca sobre América Latina.

Con el fin de equilibrar la balanza comercial (Estados Unidos es el principal importador del mundo), Trump ha implementado políticas económicas proteccionistas desde que asumió a la presidencia. El ejemplo más notable es el arancelamiento a las importaciones provenientes de China. El gigante asiático, viendo que Estados Unidos le cierra las puertas a los productos chinos para fortalecer su industria nacional y su mercado interno, no se queda de brazos cruzados y a su vez deja de comprarle a Trump: ambas potencias han entrado en franca guerra comercial.

Ante la cerrazón de las economías de las grandes potencias imperialistas, nuestra región no queda afuera de la situación geopolítica. Estados Unidos se ve ahogado por una balanza comercial todavía deficitaria, una deuda pública que se ubica como la más grande del mundo y un gasto militar enorme. Viendo la imposibilidad de solventar esos gastos con las exportaciones de soja a China, se esfuerza por sujetar aún más los lazos de dominación que ejerce sobre sus colonias y semicolonias para seguir saqueando sus riquezas. Cada vez son más frecuentes las maniobras que realiza la diplomacia yanqui en nuestra América Morena, tales como “alianzas militares” (el ingreso de Colombia a la OTAN) o “ayudas” de organismos financieros (el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en Argentina). La persecución judicial y mediática contra candidatos que representan el interés nacional se recrudece (el encarcelamiento de Lula Da Silva). Gobiernos títeres como el de Iván Duque en Colombia, Michel Temer en Brasil o Mauricio Macri en Argentina son serviles a los intereses norteamericanos. La decadencia imperialista de Estados Unidos le ha hecho perder demasiada influencia en América Latina durante las últimas décadas, y se muestra cada vez más necesitado de recuperarla. La fiera herida y acorralada arroja zarpazos más violentos.

La supremacía de Estados Unidos en nuestra América Morena aún perdura. Prueba de ello son los gobiernos títeres, la dictadura cultural sostenida por los medios monopólicos de comunicación y los tribunales adictos. Sin embargo, ya empiezan a notarse algunos síntomas del resquebrajamiento de esas cadenas de dominación. La reciente elección de Andrés Manuel López Obrador en México y el hecho de que Lula Da Silva cuente con la mayor intención de voto en Brasil son golpes durísimos para la Casa Blanca. Los desesperados manotazos del pulpo yanqui no deben asustar a los pueblos latinoamericanos: la historia nos demuestra que, ante las crisis globales del imperialismo, nuevas oportunidades de emancipación se abren para los países semicoloniales. Así, Primera y Segunda Guerra Mundial determinaron el ascenso del yrigoyenismo y del peronismo respectivamente, por mencionar solo algunos ejemplos. Hoy, la decadencia imperial de Estados Unidos y su guerra comercial con China abren nuevas puertas. Mientras duren gobiernos serviles a los Estados Unidos como el de Mauricio Macri en el poder, esas oportunidades no podrán ser aprovechadas. Queda claro, entonces, cuál es el primer paso para aprovecharlas.

 

Fuente:

http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/08/20/el-efecto-trump-en-america-latina-o-los-sintomas-de-la-decadencia-imperial/#.W5K5rF5KjIU

Hasta dónde llegan las botas en tiempos de ajuste macrista

Publicado en País Miércoles, 08 Agosto 2018 18:33

Las dos fotos que vemos arriba nos pueden ayudar a ver de manera clara hasta qué punto llega la represión y la criminalización de la protesta social en tiempos de ajuste. En la primera vemos una toma desde lo alto de lo que es una marcha multitudinaria con banderas y pancartas de los principales sindicatos: CTA, ATE, UTE, entre otras de diversas organizaciones gremiales y políticas. La segunda imagen nos presenta una escena siniestra: dos efectivos con uniformes de la Policía Federal Argentina (PFA) encapuchados fotografiando desde lo alto a los manifestantes.

Realizar tareas de inteligencia como las que vemos en las imágenes está terminantemente prohibido para las Fuerzas de Seguridad, así como para las Fuerzas Armadas. Ni siquiera los organismos de inteligencia pueden realizar tareas de esta índole en una manifestación social. La Ley de Inteligencia Nacional (25.520) en su artículo n°4 establece que, “ningún organismo de inteligencia podrá: (…) realizar tareas represivas, (…) obtener información, producir inteligencia o almacenar datos sobre personas, por el sólo hecho de su (…) opinión política, o de adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales (…)” (1). Por supuesto, esto no parece tener importancia para las Fuerzas de Seguridad de Patricia Bullrich. El ajuste sobre las grandes mayorías populares y la transferencia de riqueza al exterior debe estar garantizado con represión de la manera que sea, incluso violando la ley.

Bien conocida es esta tendencia, característica del actual gobierno. La desaparición y muerte de Santiago Maldonado o el asesinato de Rafael Nahuel son sólo algunos de los ejemplos de la brutal represión contra la militancia social y política que sostiene. Para colmo, hace pocos días los argentinos nos enteramos de un decreto presidencial que permite a las Fuerzas Armadas involucrarse en asuntos de la seguridad interior. Una vez más, Mauricio Macri demuestra hasta dónde es capaz de llegar para garantizar el ajuste.

El manejo de las Fuerzas Armadas (Ejército, Armada y Fuerza Aérea) corresponde al Ministerio de Defensa. Por ley y por definición de sus propios objetivos, las FFAA no tienen permitida la injerencia en asuntos de seguridad interior. Tanto es así que estos asuntos le corresponden específicamente a otro ministerio, el de Seguridad. La misión del Ministerio de Defensa es, textualmente, proteger “la independencia y la soberanía, la capacidad de autodeterminación, la integridad territorial, los recursos naturales, la protección de los bienes, la vida y la libertad de los habitantes” (2). Por otro lado, la misión del Ministerio de Seguridad es asistir en “todo lo concerniente a la seguridad interior” (3). Las incumbencias de cada organismo están bien delimitadas y, sin embargo, Macri comete un nuevo atropello contra estas garantías que preservan la vida de los argentinos.

La represión macrista no puede explicarse solamente como una “ignorancia” de los derechos y garantías. La transferencia de riqueza al exterior, el enriquecimiento de los grandes especuladores (entre ellos, el mismo Macri y su gabinete), la pérdida del poder adquisitivo y la entrega en bandeja de nuestra soberanía a organismos extranjeros como el FMI, evidentemente generan el despertar de las grandes mayorías populares, que con más frecuencia salen a la calle a reclamar contra el gobierno que las empobrece.  Frente a esta protesta social que es cada vez mayor se utiliza a las Fuerzas Armadas, cuyo fin debería ser defender el interés nacional, para reprimir y acallar las voces. Macri quiere poner a las Fuerzas Armadas al servicio de los intereses antinacionales y antipopulares. Así resulta cada vez más claro que la represión es la sombra del ajuste.

 

 

 

Fuentes:

 

(1) Ley de Inteligencia Nacional (25.520). Artículo 4. Disponible en línea:  http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/7000074999/70496/norma.htm

(2) Página web del Ministerio de Defensa de la Nación. Misión, visión y objetivo. Disponible en línea: https://www.argentina.gob.ar/ejercito/mision-vision-objetivo

(3) Página web del Ministerio de Seguridad de la Nación. Misión. Disponible en línea: https://www.argentina.gob.ar/seguridad/institucional