La Universidad como herramienta para la dominación y emancipación cultural

En las últimas semanas, los latinoamericanos hemos sido testigos de un hecho que nos resulta familiar. Jair Bolsonaro, candidato de la oligarquía y favorito de los Estados Unidos, ganó por amplia diferencia las elecciones presidenciales en Brasil. Durante toda la campaña electoral, Bolsonaro no tuvo problema en adelantar abiertamente algunas de las medidas que tomará, tales como privatizar las empresas estatales y ajustar sobre los sectores mayoritarios de la población. ¿Cómo se explica que la mayoría del pueblo brasilero vote estas medidas propias de un programa netamente antipopular y semicolonial, contrario a los intereses y la dignidad del propio pueblo? Más allá de la influencia relativa que tuvieron las iglesias evangélicas, los medios monopólicos de comunicación y los errores de las fuerzas opositoras a Bolsonaro, hay un factor fundamental para el análisis político que es poco mencionado y sobre el cual queremos profundizar: la universidad.

 

La mayoría de los estudiantes universitarios brasileros votó a Bolsonaro. Hace casi tres años, la mayoría de los estudiantes universitarios argentinos votaba a Mauricio Macri. No está de más recordar la situación de crisis que vive la educación pública y gratuita desde que Macri asumió la presidencia, con fuertes recortes y subejecuciones del presupuesto universitario y caída del salario real docente. Bolsonaro plantea medidas idénticas a las tomadas por el macrismo. En otras palabras, la mayoría de los estudiantes universitarios argentinos y brasileros son sus propios verdugos a la hora de votar.

Más allá de los números electorales, resulta interesante analizar el papel de la universidad en América Latina. ¿Qué se les enseña a los estudiantes universitarios para que piensen —y por lo tanto voten— en contra de sus propios intereses? Los planes de estudio hasta el día de hoy continúan subordinados a teorías y categorías que nada tienen que ver con la realidad argentina y latinoamericana. Por lo tanto, la universidad desvincula a los estudiantes de la realidad que viven y de la sociedad que los rodea. Quienes egresan muestran un gran desprecio por lo propio y, sobre todo, un profundo rechazo a la actividad política, con lo cual se ven imposibilitados de pensar en qué país necesitamos. La universidad genera el pensamiento que los medios monopólicos de comunicación se encargan de desparramar por toda la sociedad. Así, la educación universitaria funciona como una herramienta indispensable para sostener la dominación cultural. Con una universidad de contenidos netamente antinacionales y antipopulares y unos medios de comunicación controlados por las clases dominantes, queda en claro por qué los latinoamericanos piensan que deben votar a Bolsonaro y a Macri.

La extensión universitaria, es decir, la vinculación de la universidad con la realidad del pueblo que la rodea y la sustenta, es una deuda todavía pendiente que reclamaban los reformistas del ‘18. Nosotros, que reivindicamos la Reforma, queremos planes de estudio con contenidos nacionales y latinoamericanos. Si la universidad es hoy por hoy una herramienta indispensable para la dominación cultural, reformar los planes de estudio con perspectiva nacional y popular transformará a la universidad en una herramienta fundamental para la emancipación cultural. Por eso entendemos que los Centros de Estudiantes, en su función política, deben hacer suya esta bandera, organizar cátedras para promover la comprensión de la realidad propia y reivindicar la actividad política como herramienta para la transformación de la misma. En otras palabras, luchar por una universidad que nos haga pensar verdaderamente como argentinos y latinoamericanos, porque entendemos que la emancipación cultural es el prerrequisito para romper las cadenas de nuestra dominación.

Modificado por última vez en Viernes, 30 Noviembre 2018 15:08
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