¿Cómo proceder ante una situación de violencia de género en la UNCuyo?

 

Desde la Agrupación Universitaria Nacional celebramos que la Universidad Nacional de Cuyo se haya dado una política que ampare a aquellas mujeres o personas LGTTTBIQ que hayan sufrido en el ámbito universitario algún tipo de violencia, por su condición de tal.

Para su masivo conocimiento es necesaria una mayor propaganda del mismo. Como agrupación política que defiende los derechos de las mujeres argentinas y latinoamericanas y se compromete a denunciar cualquier agravio demostrado hacia ellas, creemos tener la responsabilidad, la obligación y el deber de colaborar en la difusión del marco legal que nuestra Universidad ha puesto a disposición.

En el “Protocolo de Intervención Institucional ante denuncias por situaciones de violencias sexistas en el ámbito de la UNCuyo” se contempla la definición de violencia extraída de la LEY DE PROTECCION INTEGRAL A LAS MUJERES: conducta, acción u omisión que, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal.

Ahora bien, ¿cómo actuar en estos casos? Quien se haya sentido violentada, en los términos anteriormente citados, tiene la posibilidad de efectuar la denuncia a la autoridad universitaria que tenga más cerca, por cualquier medio.  Dicha autoridad tiene la obligación en un plazo no mayor a 48hs de informarle el caso al funcionario designado por la Secretaría de Bienestar Universitario del Rectorado, la cual debe ocuparse de la formación en perspectiva de género de quienes de ello se encarguen. Además, tiene como deber garantizar la confidencialidad, la comodidad y la seguridad de la persona que haya hecho la denuncia. El funcionario notificado debe, en el corto plazo estipulado, pactar una entrevista con la posible víctima.

Durante el procedimiento, el protocolo incluye las siguientes consideraciones:

- Quienes estén afectados al proceso de abordaje integral y acompañamiento, no podrán hacer juicios de valores “que insinúen responsabilidades de la denunciante en los hechos ocurridos”.

- No pueden, los receptores de las denuncias, insistir en detalles de la situación que la persona no quiere profundizar.

- Las autoridades deben evitar que las partes tengan contacto.

 - Se procederá a una denuncia judicial, como deber legal, sólo si se pone el peligro la vida o la integridad física de la persona violentada o alguien de su entorno familiar.

- Se debe proteger la identidad de la mujer denunciante, teniendo como principal objetivo preservar la continuación de su vida personal y académica con la mayor normalidad posible.

- El denunciado tiene la posibilidad de efectuar su defensa y proponer las medidas de prueba que estime oportunas según lo estipula el Reglamento de Investigaciones Administrativas.

Una vez que la investigación administrativa se haya resuelto, se expresarán las “medidas de reparación de daños y de no repetición de los mismos”. Las sanciones estipuladas pueden alcanzar desde la participación de la persona violenta en capacitaciones hasta el pedido de disculpas al público.  Cualquier actividad que sea útil y eficaz para la concientización de la persona sobre la problemática.

Más allá de que el protocolo es perfectible y mejorable, creemos que sirve como herramienta para hacerle frente al lamentable contexto de violencia sexista que atravesamos. A su vez, nos manifestamos en contra del escrache, práctica tomada por distintos grupos, como forma de “señalar con el dedo” a responsables de crear situaciones de esta índole, muchas de las cuales sólo están basadas en rumores. Sin brindarle la posibilidad de defensa a la contraparte, presente en todo procedimiento jurídico, se puede llegar a incurrir en una difamación pública con perjuicios académicos, laborales y familiares, sin haber tenido la certeza previa. Se pone en consideración también la posibilidad de que se entremezclen intereses políticos en los mismos.

Nuestros valores, propios de un país dependiente cultural y económicamente, traen aparejado un intrínseco machismo. Tanto hombres como mujeres pagamos tributo de ser hijos e hijas de esta sociedad; la cual algunos intentamos modificar. Echar de los lugares comunes a quienes ejercen a través de su posición “dominante” la humillación, la ofensa o el menosprecio hacia las mujeres y por ello han sido descubiertos, sigue permitiendo que estas prácticas existan. La Universidad en vez de rechazar estas prácticas frívolamente debe bregar por su desaparición.



 

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 10 Septiembre 2018 17:12
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