A 52 años de la noche de los bastones largos la Universidad no puede convertirse en la “isla democrática”

Hace 52 años la autodenominada Revolución Argentina llevaba un mes en la Casa de Gobierno, luego de un golpe a lo que simulaba ser una democracia y decimos “simulaba” ya que Illia había llegado al poder debido a la proscripción del peronismo.

Onganía, conocido como la Morsa, fue quien lideró este gobierno de facto y no solo continuó con el plan antinacional en economía, iniciado en el golpe del 55 con la Revolución Fusiladora, sino que tuvo algo que la anterior carecía, fue mucho más ANTIDEMOCRÁTICA.

 

En su plan de gobierno, conocido como el Anexo III del Acta Revolucionaria, planteaba que en economía “al Estado le corresponde actuar supletoriamente” o “garantizar la libre empresa”; para lo demás era fundamental “impedir toda acción política que vulnere las finalidades perseguidas con la disolución de los partidos políticos”. Los primeros puntos se llevaron adelante con la ayuda de su ministro de Economía, Krieger Vasena; y con respecto a lo demás, fue con la ayuda de los palos.

Así fue, que Onganía en base a su plan de gobierno, decidió intervenir las Universidades y anular su régimen de gobierno que se basaba en uno de los principios reformistas, la autonomía del gobierno nacional. Aunque aquello que algunos denominaron “la islita democrática” ya que afuera no se podía votar, pero en la Universidad las cosas seguían democráticamente andando, se declaró en lucha frente al atropello que significa la intervención a partir de la Ley 16.912. Allí se juntaron decanos, docentes, estudiantes y graduados a resistir la decisión del gobierno y esa misma noche la policía cercó varias facultades. En la Manzana de las Luces, donde funcionaban las de Ciencias Exactas y Arquitectura, se habían concentrado más de 300 estudiantes, profesores y graduados que fueron conminados a salir por los efectivos policiales.

Allí surgió el nombre del hecho, de los bastones largos usados por efectivos policiales para golpear con dureza a las autoridades universitarias, los estudiantes, los profesores y los graduados, cuando los hicieron pasar por una doble fila al salir de los edificios, luego de ser detenidos. Fueron detenidas en total 400 personas y destruidos laboratorios y bibliotecas universitarias.

Las consecuencias fueron inmediatas. Mientras Onganía ordenaba la quema de miles de libros de EUDEBA, se prohibieron los Centros de Estudiantes y la actividad política. La respuesta de la comunidad universitaria fue masiva. En agosto de 1966 renunció el 77,4% de los docentes de Ciencias Exactas y muchos otros del resto de las facultades. En total 1.378.

A 52 años de este suceso, a algunos nos aterroriza el decreto 683 firmado por Mauricio Macri que le permite a las Fuerzas Armadas a participar en cuestiones de seguridad interior. No queremos decir que esto se va a repetir, pero no podemos permitir que la Universidad sea la “islita democrática” que hace oídos sordos a la situación de miseria, desempleo, ajuste y represión que está viviendo el país en manos de Macri y el sistema financiero, hoy encarnado en el FMI, cuyo único objetivo es agrandar la manguera que se lleva los recursos y el patrimonio de las argentinas y los argentinos en detrimento de los trabajadores, los jubilados, los niños y los estudiantes y docentes también. Por eso, recordando esta terrible noche, llamamos a los miembros de la comunidad Universitaria a profundizar la discusión y el debate de estos asuntos para encauzarlo en la acción por la defensa de los derechos que nos están arrebatando.

 

 

FUENTES:

Ramos, Jorge Abelardo. Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. Tomo 5, La era del peronismo. Buenos Aires: Continente, 2013.

05/08/2016 — Cristina Fernandez de Kirchner con científicos autoconvocados en la Facultad de Filosofía y Letras. En: https://www.youtube.com/watch?v=v9YKo97hJwo

Modificado por última vez en Miércoles, 01 Agosto 2018 10:28
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