Opinión

Lunes, 21 Marzo 2016 07:47

El Plan A de Macri: el Gran Apriete Nacional

Escrito por

Por Axel Kicillof.

No suena a extorsión. Es una extorsión, y a gran escala. Extorsión al Congreso para que vote el pago a los buitres; extorsión a la sociedad en su conjunto para que no se queje y lo acepte con resignación. Dijo Prat-Gay en la Cámara de Diputados: “Con este acuerdo podemos evitar un ajuste brutal […] es una gestión poco agradable pero que hay que hacer porque sin esto no volvemos a crecer”. El jefe de Gabinete, por su parte, sostuvo: “El acuerdo con los holdouts tiene que salir; no hay plan B”. Y Macri remató: “Sin acuerdo con los holdouts habrá ajuste o hiperinflación”. A decir verdad, no es la primera vez que se presenta ante la sociedad un “dilema” de este tipo, ni es tampoco el primer gobierno que utiliza este recurso. Más aun, algunas de las peores leyes y decisiones que se tomaron en nuestra historia reciente, como el Megacanje, el Blindaje, el Déficit Cero, la flexibilización laboral conocida como Ley Banelco, estuvieron acompañadas por una campaña de chantaje de este mismo tenor. Siempre el mismo argumento: si la medida no se toma, viene el desastre. Si, en cambio, la medida se toma, prometen el paraíso.

En esta línea, según Macri, el destino de la Argentina depende hoy íntegramente del pago a los fondos buitre. Si no se paga a los buitres, habrá un “ajuste bestial”, desempleo, recesión, “¡hiperinflación!” (sic). Si, en cambio, los buitres reciben su gigantesca tajada, lloverán inversiones nacionales y extranjeras, crédito barato en pesos y dólares, y tendremos el crecimiento asegurado.

¿Cómo fue que los argentinos llegamos a esta encrucijada de vida o muerte, cuando durante la campaña el propio Macri prometía una revolución de la alegría? Cristina Kirchner entregó, por primera vez en democracia, un país sin crisis, con bajo desempleo y, aun para las consultoras privadas, en crecimiento. Así que esta sensación de zozobra y urgencia se instaló después. Repasemos, pues, brevemente el desarrollo del plan económico de Macri y sus resultados. Ahí está la clave para entender la desesperación de Macri por, como dicen en los canales de venta por cable, pagarle a los buitres ¡ya, ya, ya!

A menos de una semana de asumir, el gobierno anunció en tono épico “el fin del cepo” como si se tratara de una conquista de más libertad para todos los argentinos. No obstante, en su anuncio, Prat-Gay omitió mencionar un pequeño detalle: el llamado “cepo” se abría con una devaluación del 40 por ciento lo que llevó el tipo de cambio oficial a $13,50 desatando de inmediato, como no podía ser de otra manera, una estampida inflacionaria. También se olvidó de decir que al mismo tiempo el Banco Central estaba levantando todos los controles a la fuga de capitales y que la Secretaría de Comercio estaba abriendo la economía al ingreso de importaciones en todos los rubros. Era un programa de liberalización total de la economía: libre flujo de capitales y libre comercio acompañaban a la nueva “libertad cambiaria”.

En la misma conferencia de prensa conocimos las condiciones que el gobierno de Macri necesitaba para devaluar. El ministro Prat-Gay los explicó extensamente: “Entre nosotros decíamos que necesitábamos un ingreso adicional de 10 mil millones de dólares para tener la confianza de que podíamos efectivamente levantar las restricciones cambiarias […]. Estamos hablando con bancos extranjeros, estamos hablando con las cerealeras, hemos llegado a acuerdos en muchos casos, estamos hablando con empresarios argentinos, más allá de las cerealeras, que están dispuestos a adelantar algunos fondos que tenían planeado para la inversión […] podemos decir que esos 10 mil millones dólares con los cuales nos sentíamos cómodos, estamos hablando de un rango de entre 15 mil y 25 mil millones de dólares de ingreso de divisas en los próximos cuatro semanas en Argentina. Con esa tranquilidad es que hoy, como dijimos antes, nos animamos a levantar esas restricciones, sin esa tranquilidad por supuesto no hubiéramos podido hacerlo. […] tenemos un acuerdo con todo el sector de empresas cerealeras que se han comprometido a partir de mañana a liquidar 400 millones de dólares por día, durante las próximas tres semanas. Para que se entienda bien, esto implica un flujo de 2000 millones de dólares por semana”.

Macri se tiró a una pileta sin agua, confiando en las promesas que le hicieron las empresas y bancos, de aportar entre 15 mil y 25 mil millones de dólares en un mes. La verdad es que todos estos sectores, uno por uno, le fueron dando la espalda. Empecemos por las cerealeras: a pesar de la inmensa transferencia de ingresos que recibió el sector con la devaluación del 40 por ciento y la reducción de retenciones, la liquidación quedó muy por debajo del anuncio del ministro. En lugar de los 8000 liquidaron en las siguientes cuatro semanas 481, 756, 752 y 870, es decir, menos de 2900 millones. Los bancos extranjeros no se portaron mucho mejor con su presidente. Hubo gestiones, trascendidos, idas y vueltas, pero lo cierto es que recién el 21 de enero los bancos HSBC, JP Morgan y Santander anunciaron que aportarían 1000 millones de dólares cada uno, y el Deutsche, BBVA, Citi y UBS, 500 millones. Se trató de un préstamo al Banco Central otorgado en las peores condiciones imaginables: por 11 meses, con una tasa de casi 7 por ciento y con una garantía en títulos de ¡10.000 millones! Hubo que poner 10.000 millones para conseguir 5000. De los bancos y empresas nacionales, no llegó nada de nada.

El temprano fracaso del plan de Macri lo empujó a las fauces de los buitres.

Hace unos días Marcos Peña dijo que no había Plan B. Pero, como veremos, el problema es más grave: tampoco hay plan A. Macri “pagó” todos los apoyos de campaña, les habló con su corazón y le contestaron no “con”, sino “sin”, el bolsillo.

De los “entre 15 mil y 25 mil millones de dólares de ingreso de divisas en los próximos cuatro semanas en Argentina” de Prat-Gay, entraron a lo sumo 7500 millones. A un mes de devaluar, el plan de Macri ya había fracasado. Y entonces comenzaron los problemas. El BCRA se había comprometido a no intervenir en el mercado cambiario, dejando “flotar” el dólar. Pero el 1 de febrero el tipo de cambio superó la barrera de los 14 pesos. Recién en ese momento entraron a las reservas los 5000 millones del crédito de los bancos al Central. Lejos de calmarse, el “mercado” produce una nueva devaluación que lleva el dólar a 15 pesos. El BCRA seguía sin intervenir.

Pero entonces, algún teléfono debe haber sonado en la oficina de Sturzenegger y el Banco Central empezó a vender dólares, sacrificando más de 750 millones de las reservas para contener el dólar cerca de los 15 pesos. Así y todo, hacia fines de febrero se produce la tercera devaluación de la era Macri y el 1 de marzo el dólar toca los 16 pesos. Lo que ocurrió tiene un solo nombre: a Macri no le dieron los dólares y además le hicieron una corrida cambiaria, bien tapada y disimulada por la prensa “independiente” oficialista. La reacción del Banco Central fue la clásica: además de vender dólares para bajarlo, elevó la tasa de interés para que los inversores se queden en pesos y no se vayan al dólar. El resultado de estas operaciones está a la vista: las reservas terminaron a 23.124 millones (si se descuentan los 5000 millones). Se perdieron 2.600 millones de dólares de fuga de capitales. Mientras tanto, la devaluación pasó de un 40 por ciento a un 60. Y la tasa de interés que el Central (Lebac) le paga a los bancos es de 38 por ciento. Por eso no hay Plan A: Macri quería un dólar a 13 pesos con 50.000 millones de reservas y terminó su primer trimestre con un dólar a 15,5 y con 23.000. Lo dejaron pagando.

El costo de este temprano fiasco financiero fue muy alto, por sus “efectos secundarios”. La violenta devaluación produjo una aceleración de los precios que llevó la inflación a más de 4 por ciento mensual. Macri mientras tanto seguía avanzando en el ajuste despidiendo estatales, contribuyendo a la caída de los ingresos con un tarifazo eléctrico, con el aumento de naftas, los peajes y los impuestos. Y también seguía pagando los apoyos de campaña: baja de retenciones para cerealeras, mineras, petroleras, grandes exportadores industriales y aumento tarifario del 600 por ciento para engrosar el balance de las empresas eléctricas. Todo esto afectó fuertemente la actividad: la caída del poder adquisitivo de los ingresos redujo a su vez a la demanda agregada y el mercado interno. A eso se agrega el encarecimiento del crédito. Es así que la economía de la era de Macri empieza con aceleración inflacionaria, caída del salario real, más de 100.000 despidos y represión.

Estos son los factores que explican la urgencia de pagarle a los buitres. Macri sigue buscando los 15.000 o 25.000 millones de dólares que necesitaba en enero para su devaluación. El tema es que estamos en marzo y en la búsqueda de ese flujo se le va el gobierno. Los recursos los van a traer los bancos extranjeros y los bancos le impusieron una condición: rendirse incondicionalmente ante los fondos buitre. Recién después llegará la plata para Argentina.

Ahora bien, si se le paga a los buitres “lo que Griesa dijo”, ¿bajará la tasa de interés como promete Macri? ¿Llegará la esperada “lluvia de dólares”? ¿Se aplicará la deuda externa que se contraiga a inversiones productivas, infraestructura y a los más necesitados? Hay más dudas que certezas. Empecemos por los montos. Entre lo que el gobierno va a pedir prestado para pagar a los buitres y lo que pidieron desde el Central, ya nos habrán endeudado en casi 20.000 millones en tres meses. No parece que nos vayan a prestar mucha más plata, cuando en el marco de la crisis mundial los capitales están huyendo de países más “apetecibles” de América Latina. En cuanto al costo del financiamiento, si arreglar con los fondos buitre implicara directamente una reducción de la tasa, ¿cómo puede ser que para conseguir los 12.000 millones que prestan los bancos para justamente cerrar este asunto la tasa sea, según dicen, de 7 o 7,5 por ciento? No parece muy factible que entren muchos fondos y baratos, y menos todavía que vayan al venturoso destino que promete Macri, cuando para atender la presión cambiaria dicen necesitar una fortuna, dada la absoluta libertad para la fuga de capitales. Además, reconozcamos que si la deuda externa fuera a utilizarse para el desarrollo y la inclusión social, sería la primera vez en la historia Argentina (¿y mundial?) que esto pasa.

La historia, por otra parte, no se termina acá. Pagarle rapidito y sin chistar a los buitres no es otra cosa que una condición impuesta por los bancos extranjeros para prestarle a Macri la plata que necesita. Es la primera de las condiciones. Después aparecerá, seguramente, la “sugerencia” de aplicar un programa de ajuste del FMI. Los bancos reclaman siempre la intervención del Fondo cuando realizan préstamos porque es la garantía más firme que tienen de que van a conseguir el repago. Porque el Fondo Monetario se ocupa de que los recursos del país no se utilicen para el bienestar social (como la salud, la educación, la cultura) y de que, además, se vendan todos los activos para pagar a los acreedores.

Es por eso que, claramente, no es cierto que la disyuntiva de Argentina sea deuda o ajuste. Como ocurrió tantas veces en el país, para tomar deuda externa probablemente sea necesario aplicar un ajuste supervisado por el FMI: el único plan que tiene Macri por delante es el de deuda y ajuste.

 

Sabido es que Paul Singer tuvo un gran interés en las elecciones argentinas para que llegara al poder un gobierno manipulable,que le facilitara enormes ganancias a sus grupos financieros,superando el  6000 %de lo invertido a costa del trabajo, esfuerzo y sacrificio de todos los argentinos.

El gobierno de Mauricio Macri, muy probablemente, podrá escribir hoy un nuevo capítulo en la historia del país: A través de la “Ley de Normalización de la Deuda Pública” volverá a atar de pies y manos a los argentinos frente a los intereses de la burguesía financiera imperialista.

Un grupo de especuladores internacionales, que compraron los bonos de deuda en default a 500 millones de dólares, reciben el apoyo del Estado norteamericano para reclamar un 1.600% de ganancia sobre lo invertido. Pero además, el gobierno macrista para poder cumplir con estos reclamos, le solicita al Congreso que derogue dos leyes de nuestro país.

Vale decir, el fallo de un juez norteamericano condiciona a la dirigencia política entreguista a modificar las leyes vigentes en el país para que unos cuantos especuladores se llenen los bolsillos. ¿Cómo explicaremos en los actos escolares, el próximo 9 de julio, que la Argentina es un país independiente?

Tras años de un manejo de la deuda pública, con pretensiones de soberanía económica, que nos permitió que la política argentina vuelva a ser definida desde la Casa Rosada y el Congreso Nacional; a partir del reendeudamiento y la sumisión perpetrada por el macrismo, volveremos a aquellas épocas donde el FMI y unos cuantos organismos multilaterales de crédito decidían cómo, cuándo y qué se hace en nuestro país.

136 países, en las Naciones Unidas, se manifestaron a favor de la posición del gobierno anterior respecto al manejo soberano de la deuda pública; y quedó plasmado en una Resolución sobre Reestructuración de Deudas Soberanas. El principio es el siguiente: si permitimos que un grupo de carroñeros tenga una rentabilidad del 1.200% (según la oferta de Macri) o 1.600% (según el fallo Griesa) sin hacer otra cosa más que apostar en contra de un país; producir cualquier bien o servicio, generando puestos de trabajo y salarios, deja de ser negocio. Vale decir, la Argentina se sacrifica en el altar del “dios dinero” que ha puesto al Hombre y la Mujer al servicio de la Economía, y ésta al servicio de las Finanzas.

El arreglo con los Buitres es la otra cara de la devaluación, el techo a las paritarias (llegando a “paritarias” por decreto, como en nuestra Provincia), el fin de la moratoria a los jubilados, la quita de subsidios a los servicios públicos, etcétera; que consolida la concentración de renta nacional y su posterior transferencia al exterior. Mientras tanto, el trabajo y el hambre de los argentinos producen las riquezas que se acumularán en unas cuantas cuentas bancarias en paraísos fiscales.

Desde el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, volvemos a decir que “no queremos vivir pagando y morir debiendo”, e invitamos a la comunidad mendocina a defender la soberanía del país, que es la única forma de que nosotros y nuestros hijos podamos tener un futuro más digno.

 

Mariana Abrego

Presidenta Centro de Estudiantes FCPyS UNCuyo

En el contexto adverso por el que actualmente transita América Latina (donde los contrarrevolucionarios tratan de disolver las relaciones interamericanas retomando las relaciones carnales con Estados Unidos, los organismos financieros internacionales y la especulación) es que se hace menester conocer a los enemigos del pueblo argentino. Enemigos externos e internos, buitres y caranchos.

Entrevista a Adrián Mateluna, secretario General del SUTE.

Entrevista a Martín Cain, delegado gremial de Juegos y Casinos de Mendoza.

Recientemente hemos visto crecer en la Argentina los reclamos trabajadores, no ya en pos de una ampliación de derechos, sino en función de conservar los recobrados en los últimos años. La fuerte oleada de despidos, las paupérrimas propuestas salariales y la represión de las que han sido blanco los sectores asalariados de nuestro país han motivado la salida a las calles de numerosos argentinos, encabezados por un sector de la dirigencia sindical.

Desde Revista Universitaria compartimos la Carta Abierta dirigida al Ing. Daniel Pizzi — Rector de la UNCuyo — por el estudiante Nicolás Gombau, Consejero Superior de la Facultad de Artes y Diseño.

Esta carta abierta se desarrolla en el contexto de la lucha de los estudiantes de la FAD, particularmente los de la carrera de Música, por condiciones edilicias dignas que les permitan desarrollar sus estudios; problema éste que se viene arrastrando desde el traslado de las especialidades de música de la calle Lavalle al predio universitario, y que han hecho que este año peligre el comienzo del ciclo lectivo.

Cacheteando un manual de divulgación científica o, comúnmente conocido como Diccionario Larousse de ramos generales, me topé con algunas láminas coloridas que mostraban cómo la lógica positivista da a las etapas sucesivas de la humanidad una continuidad evolutiva simple, clara e irrefutable.

«La historia de los trabajadores argentinos corre la misma trayectoria que la libertad.”

J.D. Perón 12/02/1946

Miércoles, 17 Febrero 2016 18:13

Crítica a la Crítica de izquierda

Escrito por

A continuación, volvemos a compartir el extenso documento de Atilio Borón «Argentina 2015: Claves para una derrota» que publicara a un mes del ballotage en las elecciones presidenciales, analizando las causas de la derrota sufrida por el peronismo; desde un punto de vista marxista.

En esta ocasión, agregamos al artículo las observaciones señaladas por el autor cordobés Dr. Roberto A. Ferrero (historiador, integrante de la Academia de Historia de Córdoba)- realizando una crítica a la crítica de izquierda — que permitirán al lector comprender más los puntos de vista y los límites del propio Borón. Para su más fácil lectura, resaltaremos los comentarios de Ferrero.

Por Axel Kicillof *

Una interesante nota publicada por el portal del oficialista Grupo Clarín el 5 de febrero, durante las negociaciones con los fondos buitre, revelaba que según “fuentes oficiales” el gobierno de Macri había “propuesto una quita en torno del 40 por ciento sobre los intereses a devolver a los acreedores” y que la estrategia “apunta a obtener una mayor quita a cambio de pagar en efectivo”. Otro medio publicaba exactamente la misma cifra el mismo día. Ambos calificaban a la oferta de “agresiva”.

Pero el misterio se develó al día siguiente, cuando finalmente se conoció la oferta oficial que firmó Macri. La realidad resultó decepcionante: el pago sería en efectivo pero el “descuento” llegaría sólo al 25 por ciento. Así, la oferta de Macri consiste en pagar en efectivo 6500 millones de dólares sobre la sentencia de Griesa. En un solo día se habían perdido 1100 millones de descuento, siempre según fuentes oficiales. Es cierto que ya nadie utilizaba el adjetivo “agresiva” para calificar a la oferta, aunque los medios oficialistas tampoco se atrevieron a llamarla por su nombre: “vergonzosa”. Algunos podrían llamarla “generosa” aunque la generosidad se ejerce con la plata de uno y, en este caso, se trata de la de todos los argentinos. De todos modos, como mostraremos, tampoco sería “agresivo” conseguir un descuento del 40 por ciento.

Muchos recordarán las complicadas condiciones en las que se llevó adelante la negociación con los fondos buitre en julio de 2014. La Suprema Corte de Estados Unidos acababa de rechazar el caso de Argentina contra los buitres. Se había creado una enorme presión para que Argentina pagara lo que Griesa había determinado. Si no lo hacía, se decía que el país iba a caer en un default como el de 2001, el riesgo país se dispararía y los acreedores pedirían la aceleración de toda la deuda externa, también la reestructurada. Tal como sostuvimos entonces, nada de eso ocurrió. Pero lo que quiero resaltar es que en esas condiciones, las peores para una Argentina asediada por advertencias y amenazas de todo tipo, los fondos buitres llevaron una oferta a la mesa. La oferta consistía en darnos un descuento del 15 por ciento y cobrar en bonos de largo plazo, no en efectivo. Ante la firme postura de nuestro gobierno, Y más adelante tiempo después, ofrecieron, a través de terceros, ofrecieron un descuento todavía mayor: 30 por ciento y en bonos, es decir, como se dice vulgarmente, en papelitos y no en dólares contantes y sonantes.

¿Por qué se rechazó la oferta?

En primer lugar, hay que aclarar sobre qué monto se realizaba el descuento ofrecido por los buitres. Cuando Néstor Kirchner negoció con los acreedores la salida del default, ofreció 35 centavos por cada dólar. La de Néstor sí era una oferta realmente agresiva, pero respondía a criterios fáciles de comprender. Del mismo modo, cuando fundió la compañía norteamericana Enron los acreedores recibieron entre 14 y 18 centavos por dólar. En el caso de Argentina, los acreedores le habían prestado al país durante la década de los ‘90 a tasas altísimas participando de una verdadera timba. Esas tasas eran tan altas justamente porque había un riesgo cierto de default. El neoliberalismo sobreendeudó al país y después no pudo pagar. Cuando el default ocurrió, lo justo era “compartir” los costos. El acuerdo fue aceptado por 93 por ciento de los acreedores, que así se aseguraban además que Argentina pudiera pagar sus compromisos, como hizo puntualmente en los años siguientes. Como decía Néstor, había que crecer para poder pagar. Y así sucedió.

Si Néstor ofreció 35 centavos por cada dólar, Griesa pretende que Argentina pague 4 dólares por cada dólar. Pero además, hay que tener en cuenta que los buitres pagaron sólo 25 centavos por cada dólar, porque nunca le prestaron plata a Argentina sino que compraron los títulos después del default e incluso después de la reestructuración con el expreso propósito de buscar un juez que les dé la razón. La sentencia de Griesa cumple ese objetivo y les otorga una ganancia de 1600 por ciento, que con el descuento que ofrece el gobierno de Macri se reduciría a … ¡1200 por ciento! Un disparate. En síntesis, con la propuesta de Macri, los buitres cobrarían 6500 millones cuando apostaron cerca de 500 millones, es decir, 3 dólares por cada dólar. Como se ve, no se está pagando por el juicio del siglo sino que el gobierno de Macri estaría convalidando la estafa del siglo.

¿Cuál es el riesgo de pagarle a los buitres “lo que dice Griesa”? El 93 por ciento que entró a la reestructuración de buena fe, aceptó una quita del 65 por ciento. Si ahora Argentina levanta la ley cerrojo y le paga a los buitres lo que piden con un módico descuento, no sería para nada extraño que en breve aparezcan bonistas que reclamen el mismo tratamiento que recibieron los buitres. Tampoco sería raro que un juez, con mejor criterio que Griesa, reconozca que el tratamiento debe ser equitativo entre los acreedores, multiplicando toda la deuda de Argentina por dos o por tres. Por eso, el único acuerdo con los buitres que no compromete el futuro del país es que acepten cobrar lo mismo que el 93 por ciento. No es un mal negocio. Considerando los intereses acumulados en estos años los fondos buitre obtendrían una ganancia superior al 300 por ciento sobre lo que realmente pagaron por los bonos.

No está de más citar la opinión de un “experto” que en 2013 presentó un escrito como amicus curiae apoyando a Argentina ante la Justicia norteamericana y contra el fallo de Griesa: “¿cuán justo puede ser para los buitres (holdouts) tener un trato mejor, incluso un centavo más que lo que ya se distribuyó (al 93 por ciento)?”.

El autor del facsímil no es otro que el actual ministro de Hacienda, Alfonso de Prat-Gay, que criticaba cualquier arreglo que reconozca para los buitres más que lo que recibieron los acreedores reestructurados. Aunque hoy sostenga lo contrario, tenía razón: pagar de más no es justo, pero tampoco es conveniente y además es extremadamente riesgoso.

Probablemente el resultado de la negociación sea hasta el momento tan desfavorable para Argentina porque el gobierno de Macri muestra un indisimulable apuro por llegar a un acuerdo, lo cual no es precisamente una buena estrategia de negociación. Como lo ven casi desesperado, le piden más. Los buitres, en cambio, saben y pueden esperar. Lo triste es que el apuro para negociar proviene de un motivo mucho más profundo y también mucho más peligroso: el plan de Macri parece ser endeudar nuevamente al país. Tal vez por eso nombró tantos funcionarios de la banca extranjera. Y tomar deuda es hoy posible, precisamente, porque después de 12 años de esfuerzo Argentina está desendeudada. Con trabajo, con industria, con crecimiento, con inclusión y sin deuda. Mantener esos derechos parece ser para algunos una pesada herencia.

* Ex ministro de Economía y actual diputado nacional por el FpV.

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