Miércoles, 28 Junio 2017 11:09

Nueva escuela secundaria macrista: primarización y ajuste

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No es ninguna novedad para los argentinos la crisis que viene atravesando la educación pública. Durante el gobierno anterior se intentó abordar el problema con el aumento del presupuesto educativo, sin obtener resultados sustanciales. Lejos de querer resolver el problema, se lanza desde el macrismo la reforma educativa para el nivel medio, aplicable a partir del próximo año.

 

¿Cuáles son los ejes de esta reforma? Ya no habrá “materias” sino “áreas curriculares”, que serán menos que en el esquema actual. Por otra parte, se hará hincapié en los contenidos de tipo práctico y dejará de existir la repitencia. Solo sobrevivirán algunas materias tradicionales y algunas podrían fusionarse. Esto indica una clara primarización de los contenidos. Un proceso análogo de vaciamiento vivimos en la universidad en la década del 90 con la creación de posgrados a partir de materias que antes formaban parte de las carreras de grado.

En esta nueva política curricular, se privilegia la capacitación (a corto plazo y de contenido poco profundo) a la formación (a largo plazo y de mayor densidad de contenido abstracto). Esto también es una repetición del pasado menemista, que con su Ley Federal parecía querer formar analfabetos funcionales que pudieran ser eficientes cajeros de McDonalds. Hasta el día de hoy pagamos las consecuencias de este plan que ya había fracasado en otros países.

Otro aspecto clave es que cada escuela deberá ser la encargada de “dar sentido” a su institución con proyectos propios. Esto generaría a mediano y largo plazo un nivel de desarticulación entre las distintas instituciones, similar al generado por la Ley Federal con sus Espacios de Definición Institucional. Dos virtudes del sistema educativo argentino en sus inicios fueron la homogeneidad de contenido y la simultaneidad. Es decir que todos los estudiantes de la misma edad aprendían lo mismo y al mismo tiempo en todo el territorio. Es innegable la ventaja de que no hay perjuicio mayor en que un adolescente se traslade de una provincia a otra, además de una mucho más importante: el factor igualitario que adquirían los contenidos entre clases sociales diversas en un Estado Argentino en formación. Por supuesto que el problema era que se enseñaba a todos los niños y adolecentes desde una cosmovisión oligárquica. Pero ese asunto, con algunos nuevos matices de actualidad, sigue sin resolverse.

La reforma en ciernes también busca terminar con los llamados profesores taxis. En este sentido, se plantea una normativa que reorganiza las horas de modo tal que se tomen todas en la misma escuela, para un mayor compromiso institucional. Esto implica dejar de lado las verdaderas causas del problema. Los docentes no toman horas en muchas escuelas por descompromiso con su labor, lo hacen porque el salario docente no les alcanza para vivir. ¿Paritarias nacionales? Bien, gracias.

El plan fue discutido por los 24 ministerios de educación provinciales y el ministro nacional Esteban Bullrich. Pero los conceptos en los que se basa esta reforma tienen notables coincidencias con los documentos educativos del Banco Mundial. ¿Qué mejor asesor educativo que un economista? En un país donde se toma deuda a un siglo, es imposible esperar que la política educativa y cultural responda a las necesidades de los argentinos. Todavía queda mucho por ajustar.

Un concepto que resuena en los defensores de esta “nueva” escuela (que de nueva no tiene nada), es el de descentralización. Este principio supuestamente nace en los 90 para respetar las particularidades regionales, pero lo que en realidad encubre es una nueva forma de ajuste en el gasto público. Que cada provincia pague la educación que pueda, mientras tanto, le quitamos la recaudación de los impuestos más importantes para poner todo a circular en el sistema financiero.  También se deja mayor margen a la intervención privada en las escuelas a través de los comités académicos, encargados de resolver los distintos problemas escolares. ¿Y los sindicatos y centros de estudiantes?

Estas nuevas viejas ideas, tienen los mismos viejos responsables. Es la educación que quieren los grandes organismos de crédito internacional y la alianza rentística financiera gobernante. Esperamos que los argentinos, con algo de memoria y comprensión de la realidad, repudien este nuevo avasallamiento a la educación. Sabemos que una educación de calidad es algo más que un buen número en sondeos y felicitaciones en el extranjero.

«Hay hombres que de su ciencia

Tienen la cabeza llena;

Hay sabios de todas menas,

Mas digo sin ser muy ducho

Es mejor que aprender mucho

El aprender cosas buenas»

(Martín Fierro– José Hernández)

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