Política argentina

Política argentina (62)

Desde la asunción de Mauricio Macri, el pueblo argentino ha sufrido el deterioro de sus derechos. La educación en general y la comunidad universitaria en particular no ha estado exenta a esto: la paritaria docente cierra muy por debajo de la inflación; se han producido recortes en el PROGRESAR; ha aumentado de forma exorbitante el transporte público; año a año el presupuesto universitario va a la baja; y el gobierno nacional destina del presupuesto del Estado, mucho más al pago de la deuda pública que a educación.

Esta situación pone en tela de juicio la continuidad de la EDUCACIÓN PÚBLICA, GRATUITA Y DE EXCELENCIA. Como los reformistas de antaño, y a 100 años de la Reforma Universitaria, nos ponemos a la defensa de la universidad argentina, entendiendo que los únicos intereses que ésta debe representar, son los de nuestro pueblo que la financia.

Desde Revista Universitaria invitamos a la convocatoria reivindicando los 100 años de la Reforma del 18′, frente al contexto de ajuste serial que estamos padeciendo los argentinos y las argentinas, sumado al retorno de los organismos internacionales de crédito como el FMI, protagonistas de los momentos más oscuros para el pueblo en la historia argentina. Es por esto que se hace necesario en la medida de nuestras posibilidades , retomar y defender las banderas por una Educación Pública, gratuita y de calidad. 

 La convocatoria tendrá lugar en la puerta del rectorado de la UNCuyo a las 20 hs, donde se realizará una vigilia en defensa de lo anteriormente nombrado.

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Después de una ajustada votación en la Cámara de Diputados, el Congreso de la Nación dio media sanción al proyecto de ley que despenaliza la interrupción del embarazo hasta la semana 14 de gestación y que garantiza el acceso al mismo a través del sistema de salud pública.

Esta legislación constituye un avance en la protección integral de la mujer en la medida en que busca igualar las condiciones de acceso a una práctica que, legalizada o no, ocurre todos los días y que en las condiciones actuales obliga a aquellas mujeres sin recursos a recurrir a prácticas clandestinas e inseguras que conducen a complicaciones graves y en muchos casos a la muerte.

En los últimos años nuestro país había avanzado sustancialmente en el tema mediante la elaboración del Protocolo para la Interrupción Legal del Embarazo fundado en el fallo de la Corte Suprema conocido como fallo FAL. Sin embargo, su aplicación efectiva se limita a un puñado de provincias y la posibilidad de exigir su cumplimiento se ve debilitada al no ser una ley votada en el Congreso.

Entendiendo que la legislación en discusión pretende atender un problema de salud pública que favorece la protección de uno de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, las mujeres de menores recursos, desde el Movimiento de Integración Nacional celebramos la obtención de la media sanción y esperamos su aprobación definitiva en la Cámara de Senadores.

Pero también debemos advertir que para que esta ley no se convierta, como tantas otras, en letra muerta es necesario exigir su plena aplicación mediante la asignación específica de presupuesto a través del Ministerio de Salud de la Nación y la formación de profesionales de la salud que estén en condiciones de brindar asistencia física y psicológica a las mujeres que requieran dicha práctica, velando por el cuidado de la salud integral de las mismas.

En el contexto de ajuste actual, con el FMI golpeando la puerta y las exigencias de reducción del gasto público que trae con él ¿alguien puede creer que este gobierno va a destinar recursos para que esta ley se cumpla? ¿El mismo gobierno que achica el presupuesto de los programas para combatir de la violencia contra las mujeres va a ampliar el presupuesto de los hospitales para garantizar el acceso al aborto seguro y gratuito?

No nos dejemos engañar por levanta manos en el Congreso ni por pañuelos verdes sobre peligrosas remeras moradas.  Una cosa es sancionar una ley y otra muy distinta es hacer que se cumpla. Macri ha dicho que no va a vetarla, como sí hizo al instante con la ley anti tarifazo, pero ¿la va a cumplir? También dijo que los trabajadores no iban a pagar más impuesto a las ganancias y ahora se los cobran hasta en el aguinaldo.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional hace inviable la aplicación de la ley por parte de este gobierno. Más allá de lo que digan los papeles, cualquier ampliación de derechos que se pretenda conquistar en el país requiere que nos saquemos al Fondo Monetario de encima, es decir que nos saquemos de encima a Mauricio Macri. Pronunciarse a favor del aborto gratuito y estar con Macri y con el Fondo es imposible. Es una contradicción o una mentira descarada.  

Por último, consideramos necesario señalar que la despenalización del aborto y su acceso gratuito vienen a resolver la expresión de un problema, no sus causas. Si realmente nos preocupa la emancipación plena de la mujer debemos preguntarnos porque muchas mujeres terminan recurriendo a la práctica del aborto.

Cualquier estudio serio que se lea sobre el tema llega a la misma conclusión: la principal causa de aborto inducido en América Latina son problemas y dificultades económicas, que se agudizan cuando las mujeres o la pareja no tienen los suficientes medios económicos o éstas carecen del apoyo familiar o del Estado para el cuidado de los hijos…”[1]

Para la mayoría de las mujeres recurrir al aborto no es de ningún modo una decisión libre, es la única puerta abierta frente al desamparo económico, social y cultural. Si continuamos en el camino del desempleo, el endeudamiento y el hambre, no haremos más que profundizar las injusticias. No puede haber mujeres libres en un pueblo oprimido. Lo que las argentinas y los argentinos necesitamos es retomar el sendero de la emancipación, recuperando la soberanía política con un gobierno popular, nacional y democrático. Sin ello no hay alegría posible.     

      

 



[1] http://www.ceped.org/cdrom/avortement_ameriquelatine_2007/es/chapitre4/page2.html

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Luego de una larga y conmocionada jornada, el proyecto de ley presentado en el Congreso de la Nación sobre la despenalización del aborto en la Argentina fue aprobado gracias a 129 votos, triunfando dicha posición frente a 125 votos en contra.

En una realidad teñida de miles de muertes de mujeres por abortos clandestinos, los argentinos y las argentinas debemos celebrar este avance en materia de protección de la salud de las mujeres de nuestro país. Ya el tratamiento de dicha problemática en un ámbito de decisión de tal relevancia como la cámara de diputados, mediante horas de discusión y poniendo de manifiesto los distintos puntos de vista de nuestros representantes, constituía un logro en sí mismo. Su aprobación en una de las cámaras nos posiciona expectante a que así también lo haga la próxima en debatirlo, la de senadores.

El cuidado de la salud integral de una parte sustancial de la sociedad, como lo son las mujeres, debe ser una política estatal. Mas allá de que el Protocolo para la Interrupción legal del embarazo sigue siendo una de las principales exigencias, que exista una legislación que evite que sigan profundizándose las muertes de mujeres en nuestro país equivale un progreso de salud pública en general. (RU)

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En una sesión histórica, diputados dio media sanción a la legalización del aborto

Con 129 votos a favor y 125 en contra, aprobó el texto tras más de 21 horas de sesión. Ahora pasará al Senado. 

El derecho de las mujeres a interrumpir de manera voluntaria el embarazo logró la media sanción en Diputados en una mañana histórica, tras 23 horas de debate con cuatro votos de diferencia a favor, con 129 contra 125. No hubo ausencias a la hora de votar y hubo sólo una abstención.  Los grandes ganadores fueron las y los legisladores que firmaron y militaron el proyecto que defendieron el tan postergado derecho. Diputados anti derechos, además de oponerse de manera férrea, llegaron a comparar a las mujeres con animales para argumentar en contra.

El recinto estalló en aplausos y gritos durante la votación, que si bien hubo un primer conteo erróneo, se solucionó de manera rápida. Incluso alguno se animó a pedir una segunda votación, pero Emilio Monzó, presidente de la Cámara, se lo negó de manera contundente.

La sesión empezó el miércoles 13 a las once y media. Comenzaron a exponer los defensores del proyecto. Los aplausos y felicitaciones cruzaban las bancadas. Las presiones a los indecisos mantuvieron en vilo a los dos bandos. La paridad se mantuvo durante toda la madrugada.

La noticia de la diferencia definitiva a favor la dio el Sergio Ziliotto, del Bloque Justicialista, quien anunció que los dos pampeanos de su bloque, Melina Delu y Ariel Rauschenberger. A ellos se sumaron los macristas Gastón Roma y Héctor Stefani.

La férrea opositora al derecho de las mujeres, Elisa Carrió, no habló durante la sesión histórica. En diálogo con los periodistas y luego en su cuenta de Twitter dijo “no he hablado para preservar la unidad de Cambiemos”. Ya luego de la votación, enojada, se fue a los gritos, mientras le cantaban “aborto legal en el hospital”.

Senado

Según fuentes del Senado, la llegada del proyecto puede tardar un par de días, pero no hay un plazo establecido. Hay tres comisiones que pueden ser las receptoras: Salud, Legislación Penal y Familia. Las autoridades de la Cámara Alta pueden decidir implementar un debate en plenario de comisiones como se hizo en Diputados, o darle un tratamiento en el recito. “Depende de la voluntad que tenga de apurarse el oficialismo”, aseguraron a Tiempo. Si el proyecto se vota, pero con modificaciones, debe volver a la cámara de origen que es Diputados.

 

 

FUENTE:

https://www.tiempoar.com.ar/nota/un-debate-que-mantendra-a-la-sociedad-en-vilo-hasta-la-madrugada

 

 

 

 

 

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El ministro de educación del macrismo, Alejandro Finocchiaro, trató de exponer en el acto inaugural de la CRES 2018, que ayer comenzó en Córdoba, histórica sede de la Reforma Universitaria de 1918. A 100 años de aquella gesta transformadora, gremios docentes universitarios, organizaciones estudiantiles y graduados demostraron que el espíritu nacional, popular y democrático de la Reforma Universitaria sigue vivo; repudiaron enérgicamente y de forma multitudinaria al agente de Macri y las recetas “bancomundialistas” para la educación superior. El ministro –cómplice del gabinete del ajuste exigido por la sumisión al FMI– no respondió al reclamo de paritarias (suprimidas autoritariamente por el macrismo), ni a las voces que pedían frenar los recortes a la educación. Luego de llamar “fascistas” a los universitarios que reclamaban, tras escasos diez minutos, Finocchiaro salió rápidamente del lugar, abandonando el panel que compartía junto a autoridades de la UNESCO. De esta forma, el Ministro se alejó de la conferencia que reúne a representantes de la educación superior de toda Latinoamérica y del Caribe.

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(RIN)

¿Qué es la CRES 2018?

La CRES es el mayor evento de la región sobre educación superior. Llegan más de 5 mil referentes del mundo académico de 33 países.

La que arranca este lunes no es una semana más para las universidades argentinas. El vienes 15 se cumplen 100 años de la Reforma Universitaria de Córdoba y, como parte de la conmemoración, se realizará en esa ciudad el evento más importante del sistema universitario a nivel regional: la Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe 2018 (CRES 2018).

El mundo universitario está viajando a Córdoba por estos días. CRES 2018 ya tiene más de 5 mil inscriptos, entre ellos rectores, académicos, estudiantes, asociaciones profesionales, centros de investigación, sindicatos, representantes de gobiernos y ONG de 33 países. (cres2018.com)

 

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Desde Revista Universitaria compartimos la convocatoria para esta tarde en el km 0 a las 20 horas, en repudio a la decisión de Mauricio Macri de vetar la ley que disponía limitar los aumentos de tarifas de servicios públicos.

Esta ley aprobada por el Congreso garantizaba retrotraer el aumento de las tarifas a los valores de noviembre de 2017.

Lo que se pone al descubierto es que las órdenes del Fondo Monetario Internacional no tardaron en llegar, por lo que, al aprobarse la ley inmediatamente Mauricio Macri tuvo que salir a vetarla.

Para aplicar a rajatabla el manual que vienen a imponer los organismos internacionales de crédito, es necesario que el ajuste lo padezca el pueblo argentino. En el caso de que se hubiera logrado aplicar dicha ley, las metas fiscales que debe cumplir el Gobierno Nacional frente al FMI hubieran estado puestas en tela de juicio.

No es casualidad que siempre apliquen el mismo modus operandi estos adictos a las offshore “el pueblo se hambrea, ellos la fugan”.

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Debido a la crisis financiera que acontece en la actualidad, sumado a los nombres sombríos que retornan como el FMI y Cavallo, la imagen de Mauricio Macri está en picada. A pesar de que Cornejo demostró su apoyo al plan de ajuste económico del Gobierno Nacional en consonancia con el Fondo Monetario Internacional, prometiendo cumplirlo a rajatabla desde el minuto 0, en la provincia de Mendoza todavía cuenta con cierta independencia de la imagen negativa que hoy tiene el presidente, todo esto a sabiendas de que no le saldrá para nada barato ser un partícipe necesario del gobierno que hambrea al pueblo argentino.

 

| El presidente Mauricio Macri está pagando el costo político no sólo por el aumento de tarifas, sino que en las últimas semanas se sumó el malestar por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por la corrida cambiaria. Estas decisiones no sólo han hecho que caiga su imagen, sino que, además, arrastró a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que también perdió imagen positiva.

En Mendoza, los analistas coinciden en que, por ahora, Alfredo Cornejo es mirado por los ciudadanos con cierta “independencia” aunque todavía deben esperar un tiempo para hacer un sondeo y conocer realmente el impacto de la crisis en Mendoza. En el cuarto piso de Casa de Gobierno aseguran que el mandatario no ve la hora de tener los números claros en sus manos para conocer qué tanto afectan las decisiones nacionales su imagen.

Hay que recordar que Cornejo es un aliado del Gobierno nacional, que juntos integran el frente Cambiemos y en el último tiempo, a pesar de tener diferencias, han dado señales de orden y unidad interna. De hecho, en lo que va del año, el presidente ya visitó tres veces la provincia y diez en total desde que asumió.

Santiago Alé, de la consultora Diagnóstico y Análisis, indicó que actualmente en Mendoza el Ejecutivo nacional tiene una imagen positiva de 23%, mientras que el resto se reparte entre poco conformes y nada conformes. En cuanto al gobernador Cornejo, tiene 36% de imagen positiva.

Las fotos que se saca con Mauricio Macri no son gratis. De todos modos, hay que ver cuánto termina afectando en la intención de voto”, explicó Alé. Lo que si dejó en claro es que, en la provincia, el acuerdo con el FMI tiene un rechazo de 80%.

Otro que se animó a realizar un balance es Elbio Rodríguez, el consultor al que recurre habitualmente el gobernador para saber cómo va su gestión y cómo evoluciona su imagen. Este indicó que, claramente, el “mal humor” afecta a todos y “no solamente a Cornejo”.

Es difícil saber si eso tiene una incidencia en una intención de voto. Lo más seguro es que ahora aumenten los que no contestan porque están de mal humor y que haya un rechazo de la gente que quiere hacer la encuesta”, indicó Rodríguez. Lo que sí está claro es que, a pesar de todo, el mandatario sigue manteniendo un número alto de aceptación. Cuando llegó a la gestión, el apoyo era de 62%, aproximadamente, y en los últimos sondeos se observa una leve caída, está en 57%.

Ha bajado por el mal humor, es inevitable que lo arrastre al gobernador”, expresó Rodríguez. El consultor, de todas formas, sostiene que hay que estar atentos a cómo continúa la situación en los próximos meses para determinar efectivamente si la caída de la imagen de Macri afectará a Cornejo.

Desde su mirada, el analista Enrique Bollati dejó en claro que, a pesar de pertenecer a Cambiemos, “hay independencia” entre Cornejo y Macri.

La imagen de Cornejo no se deteriora tanto como la de Macri”, dijo. Y agregó: “Cuando se habla de economía, la culpa se la echan al Gobierno nacional”.

Sin embargo, Bollati explicó que el gobernador ha sufrido una caída, ya que, actualmente, su imagen positiva se mantiene en 45%, mientras que al inicio de gestión llegaba a 60%. “Tiene el desgaste típico de un gobierno, pero a esta altura de las anteriores gestiones las imágenes de Celso Jaque y Francisco Pérez habían caído mucho más”, indicó.

La conclusión de Bollati es que, por ahora, Cornejo viene “zafando” porque aún no se siente el efecto de la devaluación. “Si realmente no logran encontrar el camino y el impacto se traslada a los precios, el empleo y el cierre de empresas, ahí, la gente le traslada el reclamo al gobernador y a los intendentes”, sostuvo.|

Nota: https://www.elsol.com.ar/la-caida-de-la-imagen-de-macri-arrastra-a-cornejo

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Argentina 2015: Claves de una derrota

Escrito por Miércoles, 23 Mayo 2018 11:58 Publicado en Política argentina 0

Desde Revista Universitaria acercamos a nuestros lectores un documento de análisis político escrito por Atilio Borón. Dicho documento se caracteriza por estar lejos de hacer revisionismo histórico improductivo, por el contrario, la intención principal es identificar las claves que llevaron a la derrota del kirchnerismo en el 2015 y que hoy permiten gobernar el país a los cipayos de la Alianza Cambiemos, el retorno del FMI, el saqueo del establishment a la economía nacional, todo esto a costa de que a las clases populares de la Argentina cada día les cueste más vivir dignamente.

 

|El poder de la crítica y la crítica del poder

Lo que sigue es un intento de proponer algunos elementos que arrojen algo de luz sobre las causas y las consecuencias de la derrota del kirchnerismo. Ha transcurrido un mes desde ese fatídico 22 de Noviembre que sellara en las urnas el triunfo de Cambiemos. El paso del tiempo permite ver con mayor claridad algunas cosas que, en el momento, no siempre pueden ser percibidas con nitidez. Espero que estas líneas sean una contribución a un debate imprescindible e impostergable, que todavía está a la búsqueda de un espacio donde librarlo constructiva y fructíferamente.

Para ello se impone analizar lo ocurrido, yendo hasta la raíz de los problemas; llegando hasta el hueso, como dice el habla popular. No puede haber contemplaciones ni eufemismos. Pero la experiencia indica que el poder erige numerosos obstáculos a esta empresa. En el caso que nos ocupa, las críticas intentadas en relación a algunas de las políticas o decisiones tomadas por el kirchnerismo cuando era gobierno tropezaban con la réplica de los allegados a la Casa Rosada que decían que sólo servían para “confundir” o para “sembrar el desaliento y el desánimo” entre la militancia. En algunos casos, ciertos espíritus excesivamente enfervorizados descerrajaban un disparo mortal: la crítica “le hace el juego a la derecha”. Por consiguiente, aún cuando fueran expresadas con la intención de mejorar lo que debía mejorarse (y no con el propósito de debilitar a un gobierno que se lo apoyaba por algunas cosas que estaba haciendo bien) esas críticas, decíamos, estaban condenadas al ostracismo. Sólo sobrevivían en los pequeños círculos de los amigos, que compartían la preocupación de quien esto escribe, pero no pasaban de allí. Conclusión: no llegaba a los oídos, o a los ojos, de quien debía llegar y las posibilidades de corregir un rumbo equivocado se perdían para siempre. La voz de orden era, pues, de acompañar el proceso y abstenerse de formular críticas o, en caso de hacerlo, cuidar que la misma no trascendiera más allá de un insignificante cenáculo de iniciados.

Si provocar el desánimo con la crítica era un pecado imperdonable no pareciera ser menos ahora el “hacer leña del árbol caído”, para decirlo con un aforismo de viaja data en nuestra lengua. Algunos fanáticos consideran una traición cualquier pretensión de hacer un balance –lo más realista y equilibrado posible– de la larga década kirchnerista una vez que, derrotada, Cristina Fernández de Kirchner volvió al llano y, supuestamente, se alista para su retorno. Es esto lo que también se señala en una nota de Mempo Giardinelli aparecida en estos días en Página/12: “las autocríticas son necesarias aunque a algunos les moleste y otros cuestionen la oportunidad”.[1] Entre ambas consignas –“no desanimar” y “no hacer leña del árbol caído”- naufraga la posibilidad de aportar una reflexión crítica en torno a una experiencia que, para bien o para mal, marcó con rasgos indelebles a la Argentina contemporánea. Razón demás para examinar lo ocurrido y, sobre todo, para comprender el origen de una derrota gratuita, que pudo ser evitada y que al no serlo condenó a millones de argentinas y argentinos a pasar, de nueva cuenta, por los horrores del neoliberalismo duro y puro, cosa que ya estamos viendo.

Un pensador revolucionario, anticapitalista, comunista, está obligado por una suerte de juramento hipocrático a decir la verdad, a cualquier precio. La “crítica implacable de todo lo existente” fue una de las divisas teóricas y prácticas de Marx y Engels. Y tras sus huellas, Antonio Gramsci hizo suya la máxima de Romain Rolland (“la verdad es siempre revolucionaria”) y desde sus años juveniles en L’Ordine Nuovo la redefinió en un sentido colectivo: “decir la verdad y llegar juntos a la verdad”, como acertadamente lo recordara Francisco Fernández Buey.[2] Una crítica que es fundamental para examinar los errores y para, aprendiendo de los mismos, asegurarnos que no vuelvan a ser cometidos en el futuro. La historia sigue su curso y seguramente habrá nuevas instancias en donde las clases populares se enfrenten a alternativas similares a las que se vivieron en los años del kirchnerismo. Por eso es preciso el análisis y la crítica, el diagnóstico certero y la propuesta superadora. Una verdad construida entre todos. De lo contrario, si persistiéramos en conformarnos con el relato oficial, las explicaciones convencionales y las ilusiones y fantasías con las cuales se pavimentó el camino del fracaso estaríamos fatalmente  condenados a la eterna repetición de lo ya vivido.

Los hechos

Partamos del reconocimiento de algunos hechos básicos. Primero que nada, admitir que no ganó Cambiemos sino que perdió el Frente para la Victoria. Ningún gobierno peronista pierde una elección nacional, y menos por poco más de dos puntos porcentuales. Eso no existe en el ADN del peronismo. Si tal cosa ocurrió fue por una insalubre mezcla de diagnósticos equivocados, pasividad de la dirigencia (que no militó la candidatura de Scioli ni aseguró la presencia de fiscales en las mesas electorales, increíblemente ausentes en distritos de nutrida votación peronista) y soberbia presidencial.

El resultado de esta nefasta combinación de factores fue la mayor derrota jamás sufrida por el peronismo a lo largo de toda su historia. Siendo gobierno perdió la nación, la provincia de Buenos Aires y no pudo conquistar a la ciudad de Buenos Aires. También perdió Mendoza y Jujuy, antes había perdido el otro bastión histórico del peronismo: la provincia de Santa Fe, y nunca pudo hacer pie en Córdoba. Algunos replicarían diciendo que Ítalo Luder fue desairado en las presidenciales de 1983, cuando a la salida de la dictadura Raúl R. Alfonsín se alzó con la victoria. Pero Luder no era gobierno; aspiraba a serlo pero no estaba en la Casa  Rosada. No ganó, pero no perdió nada porque nada había ganado. Lo ocurrido con Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, no tiene precedentes en la historia del peronismo. Este había sido desalojado del poder por la vía del golpe militar en dos oportunidades: 1955 y 1976. El peronismo en su versión menemista fue vapuleado en 1999 por la Alianza, pero en esta participaba otra versión del peronismo, el Frepaso. Y, además, si bien Eduardo Duhalde se vio postergado por el imperturbable Fernando de la Rúa, el Partido Justicialista retuvo el bastión histórico del peronismo: la crucial provincia de Buenos Aires, imponiendo la candidatura de Carlos Ruckauf. Ahora, en cambio, se perdió todo. Y tal como ocurriera en 1955 y 1976, las estructuras dirigentes del peronismo –en este caso el Frente para la Victoria, La Cámpora, Unidos y Organizados, el Partido Justicialista y la CGT oficial– fueron fieles a la tradición y se borraron antes de la partida decisiva. Una deplorable recurrencia histórica que no debiera pasar desapercibida para quienes aspiran reconstruir un gran frente opositor con esos mismos componentes.

Ante una catástrofe política de estas proporciones, que siguiendo una vieja práctica muchas figuras del kirchnerismo han procurado minimizar, se impone la necesidad de aprender de la experiencia y de identificar las causas de lo ocurrido. No se trata aquí de atribuir culpas, categoría teológica ajena al materialismo histórico, sino de ponderar y asignar responsabilidades. Y en este terreno la responsabilidad principal, aunque no exclusiva, le cabe a la jefa indiscutida del movimiento, algo también señalado en la nota de Giardinelli. Fue CFK quien armó la fórmula presidencial, las listas de legisladores nacionales y provinciales, designó a los candidatos a las gobernaciones y las  intendencias y hasta la última semana de la campaña estableció el tono de la misma. No estamos diciendo nada nuevo sino simplemente reproduciendo lo que, en voz baja, murmuran kirchneristas “de paladar negro”, contrariados y disgustados por la suicida arbitrariedad de su jefa. La responsabilidad de Cristina, por lo tanto es enorme, pero no es exclusiva. No es mucho menor la que recae sobre el “entorno” presidencial: ministros, asesores, hombres y mujeres de confianza que incumplieron su obligación de informarle con veracidad y advertirle del curso autodestructivo de algunas de sus decisiones. Su misión era señalarle que, por ese rumbo, el proyecto se encaminaba hacia una derrota histórica. No quiero ser injusto porque me consta que hubo quienes, en ese entorno, trataron de hacer llegar la voz de alarma. Pero la arrolladora personalidad de Cristina y su sordera política hicieron imposible la transmisión de ese mensaje, y su círculo inmediato fracasó en evitar el desastre.

Puede llamar la atención la gravitación que se le atribuye en este análisis al “estilo personal de gobernar” de la ex presidenta.  Apelo a esta expresión forjada por un gran intelectual mexicano, Daniel Cosío Villegas, quien la utilizara en su estudio sobre el sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez en México (19701976). En las páginas iniciales nuestro autor dice algo que se ajusta bastante bien a lo ocurrido en la Argentina durante el gobierno de CFK. Dice Cosío Villegas que “puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente, o sea que resulta fatal que la persona del presidente le dé a su gobierno un sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carácter, las simpatías y las diferencias, la educación y la experiencia personales influirán de un modo claro en toda su vida pública y, por lo tanto, en sus actos de gobierno”.[3] Reemplácese México por Argentina (con la salvedad hecha en la nota al pie) y el diagnóstico conserva toda su validez para describir la gestión de CFK y su personalísimo estilo de gobernar, con sus virtudes y sus defectos, sobre todo para sortear las trampas de la coyuntura política. Estilo personalísimo exaltado por sus seguidores como el corolario inexorable de su indiscutible liderazgo del movimiento nacional justicialista y vilipendiado por sus críticos como un atropello a los principios fundamentales del orden republicano.[4]

Volveremos sobre este asunto hacia el final de este ensayo. Lo cierto es que el resultado de esta derrota fue la irrupción en las alturas del estado argentino de una coalición de derecha, Cambiemos, cuya columna vertebral es el PRO, un partido auspiciado por diversas agencias federales del gobierno de Estados Unidos –como la NED, el Fondo Nacional para la Democracia; o la USAID, y otras por el estilo– o por ONGs internacionales que actúan eficaz –si bien indirectamente– en la región a través de la mediación de dos lenguaraces hispanoparlantes: José M. Aznar, desde España y Álvaro Uribe en Colombia. Son ellos a quienes el imperio les asignó la tarea de coordinar y administrar financieramente el proyecto de reinstalar a la derecha en el poder en la región, para lo cual promovieron la modernización de las arcaicas derechas latinoamericanas, renovaron sus vetustos cuadros y estilos comunicacionales y desplegaron una fenomenal campaña de articulación continental de medios de prensa que, con tono invariablemente monocorde hostigan a los gobiernos de izquierda o progresistas de la región a la vez que ensalzan los grandes logros democráticos y sociales de México, Colombia, Perú o Chile. En la pasada elección presidencial los estrategos de Cambiemos se las ingeniaron para aglutinar en torno a su candidato a políticos y militantes procedentes del peronismo y, en gran medida, de la casi difunta Unión Cívica Radical. Dado lo anterior Cambiemos será un hueso duro de roer para los sectores populares en la Argentina porque a diferencia de sus predecesores cuenta con el apoyo de una poderosa coalición conformada por la clase dominante local, la oligarquía mediática, “la embajada” y el capital internacional. No hay que equivocarse. Cambiemos es mucho más que un conglomerado meramente local; es la expresión nacional de la contraofensiva del imperialismo; es su bien afilada punta de lanza utilizada para cortar de cuajo el eje Buenos Aires-Caracas. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, en la actualidad Argentina se ha convertido en una pieza importante en el tablero geopolítico del hemisferio cuyo control Estados Unidos ansía recuperar lo antes posible. Una Argentina que asuma integralmente, como lo ha hecho el nuevo presidente, la agenda de Estados Unidos para la región (agredir a Venezuela, cosa que hizo en la reunión de presidentes del Mercosur en Asunción; enfriar las relaciones con Bolivia, Cuba y Ecuador; tomar distancia de China y Rusia; apoyar la fantasmagórica Alianza del Pacífico y el Tratado Trans Pacífico; “reformatear” en clave ultraneoliberal al Mercosur; sabotear a la UNASUR y a la CELAC, etcétera) es una valiosa ayuda en una coyuntura internacional tan erizada de peligros como la actual. No sólo para facilitar la erosión de la Revolución Bolivariana en Venezuela, como se comprobó en las elecciones que tuvieron lugar en ese país el pasado 6 de Diciembre, sino también para aumentar la presión destituyente sobre Dilma Rousseff. El expresidente brasileño Fernando H. Cardoso había anticipado, a comienzos de Noviembre, que un triunfo de Macri facilitaría el desplazamiento de Dilma.[5] Y eso es lo que ha venido ocurriendo. Por eso la Argentina ha adquirido ante los ojos de Washington una importancia que, me atrevería a decir,  jamás había tenido antes. Cierra el perverso triángulo, hasta ahora incompleto, con Aznar y Uribe; debilita a Maduro y facilita la destitución de Dilma y dispara en la línea de flotación de la UNASUR y la CELAC. Por eso los voceros del imperio, aquí y allá, han prometido una ayuda financiera muy significativa para “bancar” los primeros meses del gobierno de Macri y colaborar con él en su cruzada restauradora. Y hasta ahora, a dos semanas de la asunción del nuevo presidente, han cumplido y nada hace suponer que Washington abandonará esta postura en los próximos años.[6]

Interpretaciones

La del kirchnerismo es la primera derrota de un gobierno progresista o de centroizquierda en Latinoamérica desde el triunfo iniciático de Chávez en Diciembre 1998. Hacía tiempo que muchos observadores venían pronosticando un “fin de ciclo” progresista. ¿Será el triunfo de Macri el punto de no retorno de un proceso involutivo regional, o se trata tan sólo de un traspié, de un retroceso temporario?[7] Difícil de prever, aunque  dejo sentada mi discrepancia con muchos diagnósticos catastrofistas. Dejemos por ahora esta discusión de lado para adentrarnos en la explicación de la derrota. En este terreno es necesario distinguir dos órdenes de factores causales: algunos de carácter económico, más mediatos y generales, resultantes de ciertas decisiones macroeconómicas tomadas por el gobierno de CFK que debilitaron su fortaleza electoral; y otros, mucho más inmediatos y vinculados a la campaña electoral. 

a)    Las causas mediatas

La tan mentada “profundización del modelo” quedó a medio camino. Más allá de la nebulosa que rodeaba esa consigna, y que la tornaba incomprensible para muchos, lo cierto es que esa profundización, seguramente por el costado de una mayor redistribución de riqueza e ingresos, control de los oligopolios, reforma tributaria, estricta regulación del comercio exterior y de los flujos financieros, entre otras materias, no tuvo lugar. Esto no equivale a desconocer los importantes cambios que hubo en la sociedad y la economía argentinas, muchos de ellos importantes y positivos aunque otros no tanto. Desgraciadamente, las pesadas herencias del neoliberalismo siguieron haciéndose notar durante los años del kirchnerismo, en algunos casos de forma un tanto atenuada. Pero lo que quedó en pie –la debilidad del estado y su reducida capacidad para regular mercados y corporaciones, la precarización laboral, la inequidad tributaria, la extranjerización de la economía, la vulnerabilidad externa– es más que suficiente como para descartar las fantasías alentadas por algunos aplaudidores oficiales y que aseguraban que países como la Argentina o el Brasil habían entrado en las serenas aguas del “posneoliberalismo.” Ojalá hubiera sido cierto, porque no estaríamos como estamos en estos dos países.

Pero no es la intención de estas líneas analizar al modelo económico del kirchnerismo. Sí quiero llamar la atención sobre algunos componentes de su política económica que impactaron negativamente sobre el electorado kirchnerista.

En primer lugar la inflación, que devaluó la enorme inversión social realizada por el gobierno y castigó sobre todo a los sectores populares, cosa archisabida en la experiencia argentina. Se demoró mucho tiempo en iniciar un combate, que recién lo lanza el ministro Axel Kicilloff con el programa “Precios Cuidados” y que obtuvo un éxito nada desdeñable. Se cayó en el craso error de pensar que cualquier política antiinflacionaria debería inevitablemente ser de cuño neoliberal. Y la inflación –encima de todo pésimamente medida por el INDEC y peor anunciada mes a mes por el gobierno– carcomió sin pausa los bolsillos populares y, peor aún, la credibilidad de un gobierno que propalaba cifras que no eran creíbles y que provocaban una mezcla sarcasmo y furia entre los más pobres, los más afectados por el continua alza de los precios. La apoteosis llegó pocos meses antes de las elecciones cuando el Jefe de Gabinete aseveró que los índices de pobreza de la Argentina (5 %) eran inferiores a los de Alemania, lo cual acentuó aún más la bajísima credibilidad que tenían las estadísticas oficiales. Así, mientras el gobierno alardeaba con índices anuales de inflación en el orden del 10 % el Ministerio de Trabajo homologaba convenios colectivos, pactado entre sindicatos y la patronal, con aumentos salariales que oscilaban en torno al 28 %, en un tácito reconocimiento de cuál era la realidad de la inflación en la Argentina.  Una eficaz política antiinflacionaria, heterodoxa, hubiera evitado ese desgaste económico y político. Pero para ello era preciso hincar el diente sobre la concentración oligopólica de los formadores de precios de la economía argentina, algo que el kirchnerismo no quiso, no pudo o no supo hacer.

En segundo lugar, el empecinamiento de la Casa Rosada en mantener ese absurdo impuesto denominado “Ganancias” y que pagan los trabajadores (un poco) mejor remunerados. Su sólo nombre, “Ganancias”, de por sí equivale a una provocación porque se aplica a sueldos y salarios, no a la rentabilidad de las empresas. Pese a los incesantes y unánimes reclamos exigiendo la derogación de tan impopular tributo, que para colmo al no ajustarse el mínimo no imponible por la inflación abarcaba a un número cada vez mayor de contribuyentes cautivos, este impuesto fue caprichosamente sostenido por el gobierno. Cifras oficiales confirman que en el año 2014, último para el cual existen datos, pagaron este impuesto poco más de un millón de asalariados, o el 11 % de los trabajadores registrados (“en blanco”) que había ese año en la Argentina. ¿Quiénes fueron, más específicamente, los afectados? Principalmente a los votantes del kirchnerismo, reclutados entre las capas medias (profesionales, maestros, empleados de comercio, de la administración pública, etcétera) y los niveles superiores de la clase obrera, que veían injustamente recortados sus ingresos mientras que las grandes fortunas y los grandes capitales encontraban numerosos resquicios legales para eludir el pago de impuestos. O, como en el caso de los jueces y los trabajadores empleados en el sector judicial, que estaban exceptuados por ley del pago de ese tributo. En suma: inflación más ganancias fueron decisivos a la hora de recortar la base social del kirchnerismo y, tal vez en mayor medida aún, en aplacar el entusiasmo militante de años anteriores o desatar un sordo resentimiento que, poco después, se expresaría en las urnas.

Tercero: el dólar. En efecto, la introducción de las restricciones a la compra de dólares golpearon fuertemente a los sectores medios, mayoritariamente volcados a favor de CFK en las elecciones presidenciales del 2011. Con las limitaciones establecidas por el gobierno en los últimos cuatro años –en lo que la prensa hegemónica no tardó en caracterizar como el “cepo cambiario”- aquellas capas y clases sociales intermedias se encontraron sin capacidad de ahorrar en dólares, en un país en donde la inflación crónica no ofrece demasiados instrumentos de ahorro fuera del dólar y en donde automóviles, viviendas y la tierra se cotizan abiertamente en dólares. Esto dificultó, a veces hasta impidió, que muchos votantes del kirchnerismo pudieran acceder a las pequeñas cantidades de dólares con las que procuraban juntar el dinero para entrar en un plan de pagos de un pequeño departamento, para adquirir un automóvil, o para remitir a una hija que, como producto de las políticas educativas del kirchnerismo, estuviera estudiando en el exterior, para no mencionar sino ejemplos bien conocidos de estos problemas. El “cepo”, en cambio, no perjudicó en lo más mínimo a las grandes fortunas o a las grandes empresas, que siguieron adquiriendo y fugando dólares sin dificultades. Se calcula que en los últimos diez años salieron del país 100.000 millones de dólares, y no precisamente fugados por los pequeños ahorristas. Esta absurda restricción, cuyos efectos recesivos saltan a la vista habida cuenta del elevado grado de internacionalización de los procesos productivos en la Argentina, podría haberse evitado introduciendo rigurosas regulaciones en el comercio exterior. Téngase presente que este país exportó, unos 60.000 millones de dólares como promedio anual entre el 2002 y el 2014, con picos en torno a los 80.000 millones, de modo que mal se podría decir que “no había dólares.” Los había, pero en manos de un pequeño círculo de exportadores, principalmente agropecuarios y mineros.  Regulaciones, decíamos, tal como las que en los años cuarenta introdujera Juan D. Perón enfrentado a una situación similar, claro que con las necesarias actualizaciones exigidas por la nueva fase del desarrollo capitalista. Pero no se hizo, de ahí la restricción en el mercado cambiario y sus nefastas consecuencias políticas.

b) Causas inmediatas: el interminable catálogo de errores de campaña

A los factores señalados más arriba se sumaron una serie de graves  errores cometidos antes y durante la campaña electoral del oficialismo. 

Antes, en efecto, al haber combatido ferozmente a quien a la postre sería el único candidato viable, posible, presentable que tenía el kirchnerismo. No era el preferido por las bases kirchneristas, pero no había otro. Me refiero, naturalmente, a Daniel Scioli. No sólo Cristina Fernández de Kirchner no perdió ocasión de humillarlo y hostigarlo durante ocho años, casi hasta las semanas finales de la campaña cuando la suerte estaba echada, sino que el entorno presidencial se solazó en hacer lo propio, en una especie de demencial competencia para ver quien disparaba los dardos más afilados y mortíferos contra el único político que podía haberles evitado la debacle. Pocas veces se vio una demostración de estupidez política tan grande como la que los argentinos presenciamos este año. Y el tema venía de antes, porque a nadie se le escapa que la prodigalidad con que CFK transfería fondos a otras provincias –sobre todo a Santa Cruz, de nula gravitación electoral– no se repetía en el crucial caso de la provincia de Buenos Aires, histórico bastión del peronismo que no debía rifarse en una absurda pugna para evitar que Scioli se presentase en la carrera por la presidencia avalado por una aceptable gestión en su provincia. La lógica, para llamarla de algún modo, parecía ser la siguiente: si no hay otro candidato entonces que sea Scioli, pero si es Scioli que llegue con lo justo, no sea cosa que acumule demasiado poder. Y si llega a la Casa Rosada -¡en ningún caso con más del 54 % de los votos que obtuvo CFK en 2011!-, y que quede claro que llegó gracias a la presidenta. Pero el asunto era mucho más complicado y desafiaba esas simplistas elucubraciones. Ya en las legislativas del 2009  Francisco de Narváez había derrotado al FpV en la provincia, ¡a una lista encabezada nada menos que por Néstor Kirchner y Daniel Scioli! La formidable elección de Cristina en el 2011 repotenció la soberbia oficial, y muchos cayeron en la ilusión de una provincia de Buenos Aires eternamente kirchnerista. La elección parlamentaria del 2013 propinó un golpe durísimo a esas ensoñaciones: victoria de Sergio Massa con 44 % de los votos y derrumbe de la estrategia oficial de alcanzar la reforma constitucional que habilitara la “re-re” de CFK. La derrota del 2015 en la provincia, por lo tanto, no fue un rayo en un día sereno. Estaba en el horizonte de lo posible, pero la ceguera del oficialismo no se percataba de ello. Se veía venir, pero cono dice la sabiduría popular, “una cosa es verla venir y otra mandarla a llamar.” Bastaba para ello con algún pequeño paso en falso. En lugar de uno fueron varios, como veremos a continuación.

Segundo. Los dioses parecían sonreírle al kirchnerismo cuando Martín Lousteau irrumpió inesperadamente en la elección por la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires obligando al candidato macrista, Horacio Rodríguez Larreta, que no pudo ganar en primera vuelta, a enfrentar un amenazante balotaje. En ese momento la carrera presidencial de Macri pendía de un delgado hilo porque si Lousteau, a la cabeza de un heterogéneo conglomerado de fuerzas, lograba arrebatarle la CABA al macrismo el futuro del jefe político del PRO entraría en un cono de sombras del cual le sería extremadamente difícil salir para las presidenciales de Octubre. Sin embargo, en lugar de sumar fuerzas para lograr la estratégica derrota del PRO en la ciudad capital de la Argentina la conducción del FpV se refugió en un discurso fundamentalista y bajo el argumento que uno y el otro eran iguales, que Lousteau era lo mismo que Rodríguez Larreta, se abstuvieron de orientar a sus seguidores para que apoyaran a aquél para, de ese modo, descargar un golpe de nocaut al macrismo. Una parte importante de la militancia y seguidores del FpV hizo caso omiso de la directiva de sus líderes y entendió mejor que ellos como era la jugada y que el voto táctico por Lousteau era lo que correspondía hacer. Una vez más la base superó en inteligencia política a la conducción. Pero, desgraciadamente, la vacilación de la Casa Rosada hizo que este último esfuerzo no fuera suficiente y el macrismo se impuso por apenas un 3 % de los votos, siendo derrotado en 9 de las 15 comunas en que se divide la ciudad de Buenos Aires. Como es bien sabido, hay notables paralelismos entre la lucha militar y la lucha política. Sun Tzu, el padre de la estrategia militar desde el siglo V antes de Cristo, recomienda, en su notable El Arte de la Guerra, que se  “ataque al enemigo cuando no está preparado, y aparezca allí donde no es esperado. Para un estratega éstas son las claves de la victoria.” Los mariscales del FpV parece que no lo leyeron. Si lo hubieran leído y aplicado las enseñanzas del gran general chino a la coyuntura del balotaje porteño probablemente la situación de la Argentina, y de América Latina, sería hoy bien diferente.

Tercero, luego de algunos titubeos se optó por completar la fórmula presidencial con la candidatura de Carlos Zannini como vice. No fue Scioli quien eligió a su compañero sino CFK quien, por su cuenta o pésimamente asesorada, impuso a su hombre de la más estricta confianza con la misión de asegurar que, en la ya descartada exitosa sucesión presidencial, Scioli no se desviaría del rumbo trazado por la presidenta y sería, en efecto, el candidato “del proyecto” y manejado a control remoto por ella. No bastaba para asegurar la sumisión de Scioli al liderazgo tras bambalinas de CFK la nutrida presencia de diputados y senadores kirchneristas en el Congreso, o el ya descontado control de la estratégica provincia de Buenos Aires. En el enrarecido microclima de la Casa Rosada prevalecía la obsesión por garantizar la total obediencia del seguro sucesor de Cristina imponiendo el nombre del vicepresidente, ignorando, por lo visto, que este cargo es poco menos que ornamental y de carácter eminentemente decorativo en regímenes presidencialistas como los de Latinoamérica. Y esto no sólo en nuestros países: ¿quién se acuerda de los nombres de los vicepresidentes recientes de Estados Unidos? ¿Alguien podría identificar a Joe Biden, actual vice de Obama, en una fotografía? En síntesis: un gesto absurdo y gratuito. Esta fórmula, “kirchnerista pura” apaciguaba seguramente la ardiente incertidumbre del entorno, pero tenía un fatal talón de Aquiles cuyo ominoso desenlace se pondría en evidencia en la primera vuelta de la elección presidencial cuando obtuvo dos puntos menos que los obtenidos en las PASO (elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias). La esperanza de superar el umbral del 40 % de los votos y obtener más de 10 puntos porcentuales de diferencia con Macri probó ser una ingenua ilusión           –alimentada ¿inocentemente? por los encuestólogos– y la razón es clarísima: la fórmula carecía de capacidad expansiva, no incorporaba un solo votante más, no captaba absolutamente ningún elector independiente o indeciso, por más que simpatizase en general con las políticas del kirchnerismo o se sintiera atraído por su solidaridad con Chávez, Maduro,  Evo, Correa o la Revolución Cubana y, por lo tanto, carecía de potencialidad de crecimiento. Un error mayúsculo que podría haber sido evitado si Scioli elegía (él, no Cristina) un compañero de fórmula si no atractivo al menos digerible para otros sectores que no fueran los “cristinistas”. Y había varios que podían haberlo acompañado.

Cuarto error: la obcecación por imponer como candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires al por entonces Jefe de Gabinete de Ministros de CFK, Aníbal Fernández. Este era un hombre que tenía el más elevado nivel de rechazo en la provincia y su ladero en la fórmula, Martín Sabatella, era el segundo más rechazado. No interesa, para los fines de este análisis, discernir cuáles eran los fundamentos de estos rechazos, si obedecían a problemas reales o a una pertinaz campaña mediática, que a mi juicio fue determinante. Lo cierto es que esta surtió efecto, pero la Casa Rosada no extrajo las correctas consecuencias del caso. La fórmula Fernández-Sabatella también irritó a muchos sectores del peronismo bonaerense (que no ahorraron municiones en el “fuego amigo” a la cual la sometieron). Por lo tanto, rechazo a nivel de la opinión pública y también en los cuadros del PJ. Resultado: se socavó el apoyo a Scioli y dejó servido en bandeja para el macrismo el principal distrito del país. Algunos informantes muy calificados dicen sotto voce que el Papa Francisco habría asegurado un discreto apoyo al sciolismo (cosa que lo hizo, elípticamente, al declarar poco antes de la elección, “Voten a conciencia, ya saben lo que pienso”) y sugerido la conveniencia de que un hombre como Julián Domínguez, muy allegado a la Iglesia y su obra pastoral en el conurbano bonaerense, fuese el candidato a gobernador. Aparentemente la Casa Rosada tenía otras prioridades y su pedido fue desoído.

Quinto, el interminable internismo al interior del kirchnerismo, o como lo denominaran algunas de sus víctimas, “el fuego amigo.” Innumerables ejemplos demuestran los alcances a que llegó ese proceso. Un día Scioli hace duros planteos en relación al FMI, y al día siguiente el Ministro de Economía Axel Kicillof aparece en una foto de lo más amable con la Directora Gerente del FMI, la Sra. Christine Lagarde. Un grupo de La Cámpora instala una sombrilla en una esquina porteña y reparte volantes con la lista de los candidatos a diputados por el FpV, sin incluir referencia alguna a Scioli. En la esquina de enfrente, la “ola naranja” del sciolismo instala otra mesa y sombrilla y volantea a favor de Scioli, ninguneando a los candidatos a diputados de la misma agrupación política. O se hacen ¡dos actos de cierre de campaña en el Luna Park: uno para la lista de los diputados y otro para Scioli! Difícil convencer a la gente que vote a un espacio político surcado por contradicciones tan flagrantes. 

Sexto y último (aunque se podría seguir con muchos otros ejemplos de este tipo): contrariamente a todo lo que indican los estudios sobre el tema, el kirchnerismo adoptó un estilo de campaña negativa que, desde la derrota de Pinochet en el referendo de 1980, cayó completamente en desuso y no por razones éticas sino porque sencillamente no funciona y termina convirtiéndose en un boomerang. Pinochet lanzó una campaña de ese tipo contra los partidos herederos de la Unidad Popular de Allende, y perdió categóricamente. A partir de ese momento los estudios sobre las campañas políticas coincidieron en señalar los muy limitados alcances y los peligros de una campaña montada sobre la satanización del adversario. De hecho, la imagen que transmitió Scioli era la de un hombre cuya única misión era demostrar lo malo que era Macri, lo pernicioso que sería su gobierno y su inconmovible e incondicional defensa de Cristina. Su campaña estaba dirigida hacia atrás, a defender la “década ganada” y no a proponer cuáles serían los lineamientos generales de su programa de gobierno. No había el menor atisbo de que su comando de campaña hubiese percibido que vastos sectores de la sociedad querían un cambio, cosa que los astutos planificadores estratégicos de Cambiemos advirtieron con mucha antelación. Es cierto: había un absurdo que fomentaba una actitud negligente en relación a esta demanda de cambio porque, cuando consultada, la mayoría no sabía que era lo que quería cambiar y en qué dirección impulsar el cambio. Pera esa demanda: oscura, visceral, mezcla de aburrimiento y de hastío pero mediáticamente formateada estaba allí y había que tener una respuesta. El sciolismo no la tuvo. Sólo después del debate con Macri, el domingo 15 de Noviembre y a una semana del balotaje, Scioli empezó a asumir esta necesidad de cambio y desmarcarse de la tutela de Cristina. Pero ya era demasiado tarde.

Dificultades del cálculo y la previsión políticas.

         A todo lo anterior es preciso agregar algunos otros factores que coadyudaron para producir la debacle del 22-N. El ya mencionado abandono del que fue víctima Scioli por parte de las organizaciones del kirchnerismo es uno de ellos. Otro, sin duda, fue la caprichosa política seguida en relación a la provincia de Córdoba y que tuvo como efecto la devastadora derrota de Scioli a manos de su oponente, que en ese distrito obtuvo la ventaja decisiva para asegurar su victoria. Hay quienes en el FpV  sostienen que la pasividad con que el oficialismo enfrentó el desafío electoral obedecía al cálculo ya mencionado: asegurar un triunfo de Scioli pero ajustado, jamás superior al 54 % obtenido por CFK en el 2011. De no ser posible la victoria del oficialismo, un triunfo de Macri no sería visto con demasiada preocupación porque las bancadas del FpV en el Congreso y la gravitación del gobierno de la provincia de Buenos Aires serían suficientes para establecer límites muy estrictos a lo que pudiera hacer el candidato de Cambiemos si resultara vencedor de la contienda. En los dos casos el supuesto era que ambos gobiernos serían de corta duración y facilitarían el triunfal retorno de CFK a la Casa Rosada, emulando una rotación como la que había retornado a Michelle Bachelet a La Moneda luego del interludio de Sebastián Piñera. Pero algunas mentes afiebradas iban más lejos y creían que no sería necesario esperar cuatro años ya que el deterioro tanto de Scioli como de Macri se produciría en dos años como  máximo. Por supuesto, dada la elevada volatilidad de la política argentina son muy pocas las hipótesis que pueden ser descartadas de antemano pero, hasta ahora, lo que ocurrió parecería desbaratar sin clemencia estos pronósticos y esto por dos razones: uno, porque la lealtad de los miembros del Congreso ha sido tradicionalmente muy vulnerable a la influencia de la Casa Rosada y los gobernadores provinciales, siempre necesitados del auxilio financiero que sólo aquella puede prestar y que puede torcer las voluntades más firmes de diputados y senadores. No es lo mismo  jurar lealtad a Cristina cuando ella está en la Casa Rosada y cuando está en El Calafate. Y segundo porque, además, el refugio estratégico que ofrecía la provincia de Buenos Aires para capear el transitorio temporal político en el plano nacional quedó sepultado bajo el inesperado aluvión de votos que catapultó a María Eugenia Vidal a la gobernación bonaerense.

         Dado este cúmulo de errores, notable por su número y su calidad, surge de inmediato la pregunta acerca de cómo fue entonces posible que Scioli terminara el balotaje con casi un 49 % de los votos. La respuesta es la siguiente: ante el resultado del debate que tuvo lugar una semana antes de la segunda vuelta, de donde emergió claramente la inminencia de un posible triunfo de Macri, se produjo un verdadero “ataque de pánico” en el difuso pero amplio espacio de la progresía y sectores de la izquierda, hasta ese momento confiados en la certeza del relato oficial que anticipaba una fácil victoria del candidato kirchnerista, inclusive en la primera vuelta. Tan convencidos estaban de esto que algunos hasta se podían dar el lujo de militar el voto en blanco, una típica maniobra del “polizón” en teoría de los juegos: dejarle al resto de la sociedad la penosa tarea de “votar desgarrados” a Scioli, como lo señalara con lucidez Horaco González, mientras los votoblanquistas se iban a dormir con su conciencia revolucionaria en paz y los otros regresaban maldiciendo haber tenido que votar a un candidato que no querían pero preferían a Macri. En la noche del debate una centella recorrió el campo de la progresía y la izquierda, y la constatación de la catástrofe que se avecinaba provocó la espontánea movilización de vastos sectores de la sociedad civil que ante la imperdonable deserción del FpV, La Cámpora, UyO, el PJ y las organizaciones sindicales encuadradas en el kirchnerismo salieron a la calle imbuidos de un fervor militante como no se había visto desde las grandes jornadas de finales del 2001 y comienzos del 2002. Cabe decir que esa irrupción de las masas para revertir lo que aparecía como una inminente debacle electoral es una de las notas más promisorias y esperanzadoras de cualquier pronóstico sobre el futuro de la política argentina. Cosa que, por otra parte, también se manifestó en el acto de despedida a Cristina el 9 de Diciembre y las sucesivas autoconvocatorias a protestar contra las draconianas medidas de Macri en los primeros días de su gestión, como por ejemplo la que tuvo lugar en el Parque Centenario de Buenos Aires el domingo pasado para escuchar al ex ministro de Economía Alex Kicillof. Es ese espacio de autoconvocados y movilizados donde deberá trabajar la izquierda para construir esa alternativa que el kirchnerismo no supo ser.

      Pese a los contornos pesimistas del análisis anterior es preciso reafirmar, una vez más, que la historia está abierta y que su incesante dialéctica puede desairar las previsiones mejor fundadas. Una cosa es el triunfo electoral de una coalición de derechas y otras muy distintas es que pueda llevar adelante su programa y realizar las transformaciones que estaban inscritas en su plataforma de gobierno. Por supuesto, esto tampoco puede ser descifrado como una reedición de la teoría de la irreversibilidad de los procesos transformadores: la triste experiencia del derrumbe de la Unión Soviética y su posterior regresión al capitalismo salvaje o la violenta interrupción de las experiencias progresistas o de izquierda en Guatemala (1954), Brasil (1964) o Chile (1973) son elocuentes muestras de que los progresos políticos que se experimentan en un momento pueden ser revertidos en un período posterior.

 

La autocrítica y la necesidad de realizar un balance del kirchnerismo

          

Antes de concluir es necesario dejar en claro que las páginas precedentes no pretendieron ser un balance de los doce años del kirchnerismo. Su objetivo ha sido más modesto: tratar de entender por qué se derrumbó una experiencia sociopolítica y económica que podía haber continuado su curso y profundizado las incipientes transformaciones que habían tenido lugar en ese período. Y, sobre todo, promover un debate hasta ahora inexistente, o que se lleva a cabo silenciosamente y en las sombras. Estas reflexiones finales pretenden acercar algunas ideas para un esfuerzo de síntesis y evaluación que necesariamente deberá ser colectivo. Fue y seguirá siendo motivo de intenso debate las razones por las cuales algunas fuerzas u organizaciones progresistas y de izquierda, el Partido Comunista entre ellas, apoyaron críticamente este proceso. El kirchnerismo, fiel expresión del peronismo, jamás tuvo una propuesta anticapitalista. Es más, sobre todo Cristina creía, y cree todavía, en un “capitalismo racional” o “capitalismo serio.” La izquierda, para ser tal, es necesariamente anticapitalista. Se opone a un sistema que condena a gran parte de la humanidad a vivir en la pobreza, la abyección y las guerras. Y, además, porque destruye como nunca antes a la naturaleza. El kirchnerismo no tenía la superación del capitalismo en su agenda, ni siquiera remotamente. ¿Por qué brindarle entonces un apoyo crítico? La respuesta no parece difícil de entender, o no debiera serlo: Néstor Kirchner sintonizó muy rápidamente, al inicio de su gestión, con el nuevo clima político regional inaugurado luego del ascenso de Hugo Chávez Frías a la presidencia de Venezuela en Enero de 1999. Se alineó rápidamente con el líder bolivariano y junto con Lula entre los tres protagonizaron la histórica derrota de Estados Unidos en Mar del Plata. Por otra parte,  en el plano doméstico Kirchner avanzó en el juicio y castigo a los culpables de los crímenes de la dictadura y reformó con transparencia y espíritu democrático una Corte Suprema profundamente desprestigiada durante el menemismo. Su indocilidad ante el FMI también lo hizo merecedor del apoyo de las fuerzas de izquierda preocupadas por el nefasto papel jugado por el imperialismo en Nuestra América, algo que no todas las que se llaman socialistas o izquierdistas comprenden a cabalidad. Uno de los grandes enigmas de la política latinoamericana es la sistemática ceguera de un sector de la izquierda ante las multifacéticas políticas del imperialismo en la región. Teniendo en cuenta las duras realidades del tablero geopolítico mundial, ¿en qué otro lugar podía estar una fuerza de izquierda, más allá de las contradicciones propias de todo movimiento nacional, popular y democrático, sino en una alianza táctica con el kirchnerismo? ¿Podía la izquierda alinearse contra sus enemigos jurados, al lado la Sociedad Rural, “la embajada”, la oligarquía mediática y sus aliados? ¿O estar con las fuerzas políticas que le decían Sí al ALCA?

     

      Es sabido que una experiencia de matriz peronista inevitablemente carece de la radicalidad que las condiciones actuales exigen. Además, sus contradicciones son inocultables: promoción del “capitalismo nacional” pero vigencia de las leyes de Inversiones Extranjeras y de Entidades Financieras de la dictadura militar; recuperación de YPF pero no como una empresa del estado sino como sociedad anónima, que puede sellar acuerdos secretos con otra sociedad anónima como Chevron; políticas de inclusión social como la Asignación Universal por Hijo pero mantenimiento de la regresividad tributaria; solidaridad latinoamericanista (que está bien) y protagonista del rechaza del ALCA pero sin ingresar al ALBA; denuncia de los que “se la llevan con pala” pero pasividad ante la fenomenal concentración del comercio exterior; crítica del capitalismo salvaje pero alianza con la Barrick Gold, Chevron y la Monsanto (que ahora adquirió la compañía que cuenta con el mayor ejército mercenario del planeta, la ex Blackwater, ahora llamado Academi) y así sucesivamente. Contradicciones que es preciso entenderlas dialécticamente, es decir, sin pensar que hay un “lado verdadero” y otro que es puro engaño. La realidad es mucho más compleja de lo que parece y desafía esas simplificaciones. No obstante, es justo reconocer que en la suma algebraica de puntos a favor y en contra, de aciertos y errores, hay un predominio de los primeros. La continuación de la obra iniciada por Néstor Kirchner bajo la conducción de CFK sirvió para profundizar en algunas cuestiones y abrir nuevos frentes de batalla. La Asignación Universal por Hijo o la extraordinaria expansión de la cobertura del régimen jubilatorio no son cuestiones menores, en línea con la estatización de la seguridad social establecida por Kirchner. Los progresos en otras áreas han sido también significativos, desde la temática del género y la identidad hasta la política científica y tecnológica, el ARSAT I y II y la expansión del sistema universitario público, una conquista no menor en momentos en que la privatización de la educación superior se está convirtiendo en la norma en América Latina. Insistimos en que no es el objetivo de este ensayo enumerar los logros y las asignaturas pendientes del kirchnerismo, esfuerzo que tendrá que hacerse en otro momento y que también deberá ser fruto de una tarea colectiva. Entre los logros no es un mérito menor de Cristina el haber tenido siempre la virtud de “salir por izquierda” frente a cada crisis. Por muchas razones, desde su personalidad hasta la debilidad de las fuerzas políticas que la apoyan, no pudo hacer lo mismo Dilma Rousseff en Brasil, cuya tendencia ha sido invariablemente la contraria: salir por derecha y hacer concesiones a sus enemigos. Apenas ayer intentó, con la salida del Ministro de Hacienda Joaquím Levy, escoger otro camino. Por el contrario, CFK nunca tuvo esas dudas. Mal o bien, pero salía por izquierda: la Ley de Medios es tan sólo el ejemplo más elocuente de ello.

     

      Como decíamos más arriba, las características personales de Cristina jugaron un papel importantísimo. Dueña de una fuerte y avasallante personalidad, lo que fue un atributo positivo de su liderazgo para enfrentar desafíos prácticos durante su gestión resultó ser altamente contraproducente a la hora de conducir una estrategia política que le permitiera asegurar la victoria de su espacio político. A diferencia de Néstor, un carácter también altamente irascible pero que poco después de su estallido de furia reiniciaba el diálogo con quien antes había sufrido su iracundia, CFK fue absolutamente inflexible e irreconciliable con sus ocasionales adversarios y enemigos, mucho de los cuales habían sido sus antiguos aliados o compañeros. Su carácter le prodigó muchas rivalidades gratuitas que le costaron muy caro. Néstor también era un “peleonero”, pero era más bien un esgrimista dotado de una ductilidad política que le permitía rápidamente recomponer los puentes rotos por su furia. Tocaba con su florete a sus adversarios pero no los mataba. Cristina, en cambio, es una gladiadora: pelea a matar o morir, y no hay retorno después de cada combate. Por supuesto, muchos de sus adversarios reunían las mismas características y también actuaban con la lógica guerrera del gladiador. Y ella aceptaba el desafío y redoblaba la apuesta. El arte de la política, como decíamos más arriba, tiene muchos componentes del arte de la guerra. Pero no toda la política puede ejercerse apelando a la lógica la guerra. La “dirección intelectual y moral” tantas veces subrayada por Gramsci es su complemento necesario, que pocas veces Cristina se decidió a poner en práctica. Para colmo, si Néstor no era precisamente generoso con sus aliados, Cristina lo era mucho menos. Su concepción de las alianzas era una transposición del verticalismo peronista: un líder omnisciente y omnipotente, sordo e inapelable, que debía encuadrar una coalición en donde convivían peronistas con no peronistas de distintos colores políticos. Bajo este modelo organizativo era muy poco lo que se podía construir políticamente. Careció de la flexibilidad necesaria para conducir un espacio así de complejo y su notable inteligencia se tradujo con frecuencia en actitudes soberbias que limitaron casi por completo su capacidad para escuchar y para dialogar, aún con sus más estrechos colaboradores. “No hubo diálogo con los diferentes”, dice con acierto Giardinelli en la nota ya mencionada. Es cierto que no se hace la gran política sin “garra”, sin  vísceras y sin la fuerza de la que hizo gala  Cristina. Un político timorato jamás llegará demasiado lejos. Pero la gran política no puede reposar tan sólo en aquellos bravíos atributos. Hace falta, como lo recordaba Maquiavelo en su clásica imagen del centauro, la pasión mezclada con la razón. O la astucia del zorro, para saber sortear las trampas que le tienden sus enemigos, combinada con la fuerza del león, para liquidar un pleito una vez agotadas las vías del diálogo. Desgraciadamente CFK no logró plasmar esa combinación, y su superioridad por comparación con la mediocridad de la clase política exacerbó un narcisismo que le impidió escuchar a la sociedad o a sus aliados, o entender que ciertos rasgos de su estilo personal producían, también entre sus fieles, tanto rechazo como las adhesiones que lograban sus políticas públicas. Como decíamos más arriba, una importante cuota de responsabilidad en todo esto le cabe a un entorno que lejos de estimular una reflexión crítica sobre la realidad de su gestión se limitó a aplaudir y alabar, creyendo que de ese modo colaboraban con la presidenta. Privada de ese sano ejercicio de la crítica y la autocrítica no supo darse cuenta del cambio cultural que estaba madurando en la Argentina, en donde aún quienes se beneficiaban de la inversión social cada día resentían con más fuerza del clientelismo y la prepotencia de punteros e intendentes. Desconocía aquella sabia sentencia de raigambre martiana y que el político y jurista mexicano, Jesús Reyes Heroles sintetizó en una frase ejemplar: “en política, la forma es el fondo.” En sus frecuentes mensajes televisivos Cristina abusaba de un tono vehemente y confrontacional  (¡y no es que no tuviera buenas razones para confrontar!) que era absolutamente “antitelegénico” y que producía un efecto contrario al buscado. En algunos casos llegó a producir cansancio, fatiga o hartazgo, inclusive dentro de la legión de sus seguidores. Un par de pequeñas historias ilustran esto con elocuencia: un humilde lustrabotas del microcentro porteño, un hombre entrado en años, venido de una provincia pobre de la Argentina le confiesa a uno de sus habituales clientes que había votado a Macri “porque estaba demasiado grandecito para soportar que la presidenta me retara en la televisión.” Otro: en un modesto almacén del conurbano su dueña debía apagar la televisión cada vez que comenzaba una cadena nacional porque su clientela ya no quería escuchar a Cristina. Y la mayoría estaba formada por beneficiarios de diversos programas sociales del gobierno. Dos pequeñas historias que autorizan a extraer una conclusión provisoria: el boom del consumo que el kirchnerismo alentó y cultivó como política de estado no crea hegemonía política, error en que cayeron todos los gobiernos progresistas y de izquierda en la región. Ni aquí, ni en Venezuela, ni en Bolivia. En ninguna parte. La hegemonía es resultado de la educación política, de la supremacía en la batalla de ideas, de la concientización al estilo de Paulo Freire, y no del mayor acceso a los bienes de consumo. Y, desgraciadamente, en las experiencias progresistas de la región la formación política de las masas no tuvo la prioridad que debía haber tenido. Se confió en la magia del mercado: accediendo a algunos bienes se suponía que los nuevos consumidores retribuirían con lealtad política. Pero esa conexión entre consumo y hegemonía política no funciona de esa manera. Tal vez funcione en una dirección contraria. En todo caso, las consecuencias están a la vista. 

 

      Mal se podrían subestimar los logros de la gestión de CFK y, en general, el de los doce años del kirchnerismo. Se puede discutir la idea de la “década ganada” porque hubo algunos pocos –ricos y poderosos– que ganaron mucho más que los demás, y otros que no ganaron nada. Se debe también examinar el tema de la corrupción, endémico en la Argentina desde Bernardino Rivadavia hasta hoy, y vinculada principalmente (pero no sólo) a la obra pública. Se puede someter a crítica las limitaciones ya señaladas del “modelo”. Pero dejó un país muy distinto al recibido que sería injusto desconocer. Otra pequeña historia también viene a cuento: estuve hace pocas semanas en San Salvador de Jujuy. Hace unos pocos años caminar por la plaza céntrica de esa ciudad era hacerlo seguido por un nutrido grupo de niños descalzos pidiendo algunas monedas. Ahora, durante una semana, no hubo ni uno solo que reeditara aquella vieja y deprimente costumbre. Es que, a pesar de las críticas que le fueran dirigidas –clientelística, tal vez dispendiosa, seguramente ineficiente, etcétera– la política social del kirchnerismo surtió efecto. Y este no es un dato menor sino una cuestión central. Allí está la base del “voto duro” cristinista, de ese 36 % que acompañó a Scioli en la primera vuelta. Pero allí también parece haber estado su límite. Y sólo con eso no se puede ganar una elección presidencial.

 

      Concluyo con la esperanza de que las ideas aquí esbozadas sirvan para propiciar un debate y para realizar un balance crítico de los doce años del kirchnerismo. Con la esperanza también de que evitemos la trampa facilista de quienes, so pretexto de “no hacer leña del árbol caído”, pretenden clausurar desde el vamos un examen que es a la vez imprescindible e impostergable. Lo primero, para corregir los errores propios de toda experiencia práctica. Quien hace yerra, y acierta a veces. Desde la torre de marfil académica o desde las certezas del dogma partidario no hay yerro posible. Claro, se paga un precio por eso: la realidad no se cambia, y se traiciona un apotegma fundamental del marxismo: la teoría tiene que servir para cambiar al mundo, no sólo para interpretarlo o para denunciar sus inequidades. El aprendizaje político se logra en la intelección colectiva, como lo subrayaba Gramsci, de esa praxis de ensayo y error. Impostergable, también, porque las tentativas del macrismo de imponer el neoliberalismo en su versión más radical no podrán ser neutralizadas si no se toma nota y se aprende de lo ocurrido en los años anteriores. Aprender de los aciertos, para conocerlos y conservarlos; y aprender también de los errores, para no volver a cometerlos.  Estoy convencido de que aquellos son mayores que estos, pero todo, absolutamente todo, deberá ser sometido a examen. El desafío es muy grande y lo peor sería incurrir de nueva cuenta en la obstinada negación de la realidad, cerrando las puertas a la crítica de quienes acompañamos este proceso sin ser parte de él e impidiendo, con distintas argucias, la autocrítica de quienes tuvieron la responsabilidad de conducirlo. Si esta desafortunada actitud llegara a prevalecer estaríamos condenados repetir los errores del pasado. 

     

 

 

[1] “Paisaje después de la batalla y la autocrítica que falta”, en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1288716-201512-21.html  Hasta donde yo sé es la primera exigencia frontal de una autocrítica publicada en un medio gráfico kirchnerista. No he visto ni escuchado nada igual en la radio y la televisión. Comparto el 95 por ciento de lo que dice Giardinelli, excepto su sobrevaloración de los éxitos económicos del kirchnerismo y mucho menos aquello de que “estos 12 años fueron una fiesta para vastos sectores populares.” Ojalá que su ejemplo se multiplique.

 

[2] Francisco Fernández Buey, “La política como ética de lo colectivo”, en F. Álvarez Uría (Comp.) Neoliberalismo versus democracia (Madrid: Las Ediciones de La Piqueta, 1988) pp. 2640.

 

[3]  El estilo personal de gobernar (México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1974). Me limitaría a señalar que el poder de la presidencia en la Argentina nunca fue tan inmenso como en México debido a que nuestro estado, por comparación al mexicano, es más débil. Ese “emperador sexenal” del que hablaba el estudioso mexicano nunca existió con esa fuerza en la tradición presidencialista argentina. 

 

[4] No puedo dejar de anotar que muchos de los sedicentes cultores del republicanismo conservador (porque hay otro, popular y de raíz maquiaveliana) han guardado un escandaloso silencio ante los atropellos a la división de poderes del gobierno de Mauricio Macri al pretender designar dos ministros de la Corte Suprema sin la aprobación del Senado o hacer uso abusivo de los Decretos de Necesidad y Urgencia. Como siempre, la derecha, aquí y en todo el mundo, tiene dos estándares éticos: uno para los amigos, otro para los enemigos. ¡Y después tiene la desfachatez de acusar a estos últimos de “fomentar la división de la familia argentina” o de abrir “la grieta”!

 

[5] Cf.  «El resultado en los comicios argentinos me animó mucho», en La Nación, Domingo 1 de Noviembre 2015 http://www.lanacion.com.ar/1841627-el-resultado-en-los-comicios-argentinos-me-animo-mucho

 

[6] Basta observar el comportamiento de los grandes capitalistas locales e internacionales cuando el gobierno de Macri decidió poner fin al “cepo cambiario”: el dólar se cotizó el Martes 22 de Diciembre, cuatro días después de su liberación, a poco más de 13 pesos por dólar. Si esto lo hubiera hecho CFK la ofensiva especulativa seguramente lo hubiera proyectado a los 20 pesos por dólar, o más.

 

[7] Sobre este tema recomiendo la lectura de la magnífica compilación hecha por ALAIhttp://www.alainet.org/es/revistas/510|

 

FUENTE: http://www.atilioboron.com.ar/2015/12/argentina-2015-claves-de-una-derrota.html

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Se avecinan las elecciones de la FUA (Federación Universitaria Argentina). El próximo 11 y 12 de mayo, el máximo gremio estudiantil a nivel nacional, elegirá a sus nuevas autoridades y con ella un proyecto político a defender.

A 100 años de la Reforma Universitaria de 1918, la FUA que nació al calor de la misma, poco tiene que ver con las reivindicaciones que le dieron origen. Ya nada queda de aquella solidaridad que supieron darle los estudiantes argentinos al movimiento obrero durante el Cordobazo de 1969 que anunció el fin de Onganía (1). Por el contrario desde 1983 hasta hoy, la FUA conducida por Franja Morada, ha silenciado al movimiento estudiantil. No ha hecho más que desmovilizar, planchar y vaciar de contenido al histórico gremio.

Desmovilizar, planchar y vaciar es, hoy, una triada perfecta para dar aquiescencia a las decisiones del gobierno de Macri, que ajusta brutalmente para sostener la transferencia de nuestra renta nacional al exterior. De esta forma, Josefina Mendoza, militante de la Franja Morada, actual presidenta de la FUA y Diputada Nacional por CAMBIEMOS, es capaz de sostener al gobierno nacional sin que se le mueva un pelo: votó a favor de la reforma previsional, avaló que el presupuesto del Estado destine más en el pago de la deuda pública que en educación, sostuvo como un éxito el carácter meritocrático que desdibujó al PROG.R.ES.AR, dio el visto bueno al recorte de la asignación universal por hijo y jamás ha desaprovechado la oportunidad de combatir los reclamos de los trabajadores, embestidos continuamente por el gobierno de la alianza PRO-UCR. (2)

Con esas posiciones afines a CAMBIEMOS, que han desmejorado la vida de todos los argentinos, la Franja Morada ya convoca al Congreso número 30 de la FUA y pretende disputar su conducción (3). Su lista seguirá siendo funcional a los intereses de Mauricio Macri, seguirán despojados de toda intención de velar por una Universidad nacional y popular.

Quienes entendemos que ha llegado la hora de ponerle fin a las nefastas consecuencias del “romance Mauricio– Franja”, tenemos la responsabilidad de conformar un GRAN FRENTE DE UNIDAD EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y GRATUITA (4). Todos los estudiantes del campo nacional y popular que se opongan a los atentados que sufre nuestra educación, impulsados por el macrismo y sostenidos por la Franja Morada, tenemos la ocasión para conquistar el gremio y ponerlo al servicio de nuestra Universidad y el pueblo que la financia.

Hace algunos años, poco tiempo antes de las presidenciales de 2015, la Franja Morada se subía a la ola del CAMBIO y le daba la base estudiantil a Macri. Hoy, con Mauricio en el poder, la situación en la Argentina no se aguanta. ¡Con helicóptero o por las urnas esperamos que Mauricio se vaya! De nosotros depende la despedida, pues el principio del fin del macrismo ha de ser derrotar a la Franja Morada, su fiel pata universitaria.

REFERENCIAS:

(1)   http://www.revista.unsj.edu.ar/?p=2770

(2)   https://www.lanacion.com.ar/1988675-josefina-mendoza-presidenta-de-la-fua-critico-a-roberto-baradel-por-la-convocatoria-al-paro

(3)   http://www.juventudinformada.com.ar/2018/04/19/la-fua-celebra-su-congreso-del-centenario/

(4)   http://www.revuniversitaria.com.ar/index.php/component/k2/1438-unidad-para-recuperar-la-fua-a-100-anos-de-la-reforma?highlight=WyJmdWEiXQ==

 

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Otra vez sopa. El gobernador de Mendoza, presidente de la UCR Nacional y exmilitante de la Agrupación Reformacrista Franja Morada, Alfredo Cornejo, “Chucky” para los amigos, se manifestó una vez más con el cinismo y desprecio que caracteriza a los radicales del siglo XXI, bajándose una vez más los pantalones frente a las políticas antipopulares tomadas tanto a nivel nacional como provincial por parte de la Alianza Cambiemos.

Cornejo se suma a la carrera de Macri para aspirar a la reelección en 2019. La incógnita que se plantea actualmente es quien lo acompañará en la potencial fórmula. El “exmorado” ya empezó hacer los deberes para ser convocado.

Confirmada la decisión de seguir con los tarifazos que viene ejecutando el gobierno de Macri, Cornejo salió a bancarlos y proponer que hoy en día es necesario “consumir lo mínimo, justo y necesario”, a su vez que retrucó lo anterior acentuando “le vamos a decir a los argentinos, que debemos consumir menos porque consumimos casi el doble de lo que consumen nuestros países vecinos” (estas burradas fueron vomitadas literalmente de su boca).

Escuchando esta sarta de incoherencias vale preguntarse ¿Los argentinos estamos consumiendo más de lo que corresponde? Claramente no. Es ahí donde se detecta el cinismo de estos cipayos, que además tiene un cierto grado de disfrute a la hora de exigirle a las clases populares que hagan el esfuerzo de restringirse en supuestos “lujos”, como tener dos platos de comida al día, utilizar el gas, viajar en colectivo, entre otras “hijadeputeces” que proponen reducir estos garcas. Estas barbaridades se dicen en un contexto donde como decía Perón “Los precios suben por el ascensor y los sueldos por la escalera”.

La Franja en su actitud “reformacrista” como quien no quiere la cosa, está tratando de despegarse de la alianza macrista-radical, y militar la campaña de “Chucky” como algo externo del macrismo, otra muestra más de como nos toman de pelotudos. Saben que la revolución de la alegría no va más. De dicha agrupación no se puede esperar nada a favor del pueblo, está claro que son los empleados de Cornejo en la Universidad, y oponerse a las medidas antipopulares del gobernador significaría que pierdan su apoyo, financiamiento y lo que más les importa que son sus cargos.

Recordemos que Cornejo fue uno de los artífices de entregar el partido radical, concediendo el rosquete a merced de Cambiemos, lo que posibilitó que hoy Macri penosamente sea el presidente.

El mejor alumno de Macri se encuentra gobernando la provincia de Mendoza, esta llevando a cabo el mismo plan de ajuste y endeudamiento impuesto de afuera hacia adentro y de arriba hacia abajo por los organismos internacionales de crédito. No es necesario tener muchas luces para comprender que se trata del “mismo perro con diferente collar”.

La lucha de clases se acrecienta, el país está dividido en el de los hombres y mujeres que trabajan, y en el de los oligarcas que viven de los trabajadores, remitiendo sus ganancias exorbitantes a paraísos fiscales. Cada uno sabrá en su conciencia si quiere situarse y defender el primero, o unirse a los Macri, Cornejo o a la Franja Morada para beneficiar al segundo.

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Intervención del Partido Justicialista: los y las estudiantes nos manifestamos en defensa de la libertad de expresión y por la vigencia del Estado de Derecho.

Frente a la injustificada y antidemocrática intervención del Partido Justicialista, el Movimiento Estudiantil mendocino se expresa en contra de la persecución judicial a uno de los partidos históricos, que representa a vastos sectores de la sociedad argentina; poniéndose en tela de juicio la libertad de expresión, la participación política y el derecho a la asociación, en definitiva, a la Democracia.

Entendiendo que para que la Democracia sea efectiva, necesita del ejercicio libre y el normal funcionamiento de partidos, movimientos o grupos de “oposición” que representen a sectores sociales disconformes y contrarios a las políticas “oficialistas”. Si esto no es así, corremos el riesgo de caer en un régimen antidemocrático que atenta contra la libre expresión popular.

Hoy, con esta intervención con olor a proscripción del Partido Justicialista, millones de argentinos y argentinas ven lesionado su derecho a participar en la vida política del país. Algo similar ocurre en Brasil con la absurda detención de Lula. La responsabilidad máxima de garantizar el sistema democrático y de partidos es de los poderes constituidos y en especial del Presidente de la República. Es por eso que hacemos responsable a Mauricio Macri de que hoy se abra la puerta a la proscripción a uno de los partidos mayoritarios de la oposición.

Es por eso, que nos expresamos en contra de la decisión de la jueza federal Servini de Cubría que carece de argumentos jurídicos de peso y exigimos la inmediata recomposición de la situación.

Secretaría General FUCuyo

Secretaría de Cultura FUCuyo

Secretaría de Género FUCuyo

Secretaría obrero-estudiantil FUCuyo

Secretaría Académica FUCuyo

Centro de Estudiantes Ciencias Políticas y Sociales

Centro de Estudiantes Filosofía y Letras

Centro de Estudiantes Arte y Diseño

Centro de Estudiantes Educación

Centro de Estudiantes UTN Regional Mendoza

Centro de Estudiantes Universidad de Congreso

Agrupación Universitaria Nacional (AUN)

Agrupación Rodolfo Walsh– Jup Mza

Agrupación Osvaldo Soriano

Agrupación de Ciencias Económicas (ACE)

Agruparte

Octubre Popular

La Cámpora Universidad

Demanda Estudiantil

Alternativa Económica

Agrupación Manuel Savio

Mov. Universitario Sur  

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