Brenda Diaz y Emiliano Velazquez — FCPyS

Semanas atrás las argentinas y los argentinos recibimos la noticia de que el fútbol, pasión de multitudes, dejaba de ser en términos profesionales, un deporte exclusivamente de hombres. Esto no debería sorprendernos ya que desde hace varios años la presencia femenina en las tribunas, en las discusiones mano a mano y en la práctica del deporte viene tomando gran relevancia.

Esta conquista no está desvinculada de los reclamos por igualdad que históricamente vienen exigiendo las mujeres en los distintos ámbitos.  Esta lucha, silenciada durante muchos años, se expresa también en el plano deportivo y ha tenido como principal referente a la jugadora Macarena Sánchez del club UAI Urquiza, que junto a otras futbolistas ha hecho oír la voz de miles de mujeres deportistas

La lucha por la igualdad futbolística comenzó en 1894 cuando Nettie Honeyball, una activista inglesa de los derechos de la mujer, fundó el primer club de fútbol femenino denominado British Ladies Football Club a partir de este momento el deporte femenino fue ganando gran popularidad. Pese a la masividad que fue adquiriendo, la federación de fútbol inglesa dilató la posibilidad de que el fútbol femenino tenga rango profesional hasta el año 1969.

En Argentina en el año 1991 se creó el Campeonato de Fútbol Femenino de Primera División, que se desarrolló de manera paralela al campeonato masculino. Sin embargo, casi treinta años tuvieron que pasar para que las mujeres sean reconocidas como profesionales y puedan cobrar un salario producto de la actividad en la que se desenvuelven.

El 16 de marzo la Federación de Futbol Argentino (AFA) y Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) firmaron un acuerdo para profesionalizar el futbol femenino. Esto implicaría que la AFA otorgue mensualmente a cada club $120.000 durante un año para que puedan cumplir con los salarios de las jugadoras profesionalizadas. Este dinero solo ayudaría a cubrir el salario de unas 8 o 10 jugadoras. Es necesario aclarar que el salario de cada futbolista mujer será equivalente al salario básico de un jugador de la Primera C, última categoría rentada de la rama masculina, según lo indicó Marchi, secretario general de FAA.  Esto equivaldría a un ingreso de unos $15.000 por mes.

Si bien se anunció la creación de la Copa Futbol en Evolución, de alcance nacional, que incorporaría a los clubes que juegan en ligas femeninas del interior es importante señalar que la profesionalización del futbol femenino se restringe solamente a los dieciséis clubes que conforman la liga de primera división de mujeres, situados en la provincia de Buenos Aires.

A pesar del significativo avance, no podemos dejar de señalar las falencias y el camino que aún falta recorrer. La desigualdad salarial es abismal por la diferencia que existe entre lo que gana un jugador masculino de primera división y lo que ganaría una mujer que jugara en primera categoría. Se hace necesaria la pronta incorporación de las jugadoras al gremio de futbolistas  para que sus reclamos salariales sean defendidos y prontamente atendidos.

Celebramos este hecho como un avance en la conquista de los derechos de las mujeres, expresado en este caso en el plano futbolístico. Pone en tela de juicio una división sexual establecida socialmente, la cual sostiene la existencia de roles, funciones, (y también deportes) de hombres y de mujeres.  Y por otro lado permite que las mujeres al igual que los hombres puedan vivir de la actividad que eligen desarrollar.

Teniendo en cuenta que las desigualdades existentes son varias, desde las sumas millonarias en los contratos y venta de pases de jugadores, la utilización de los grandes estadios solo para el futbol masculino, la difusión y televisación del deporte, hasta incluso el fomento y desarrollo dentro de los propios clubes, entre otros; es que consideramos necesario seguir profundizando las políticas que tiendan suprimir los privilegios de los cuales gozan ciertos sectores de la sociedad que, conducidos por la lógica de la renta, dan más importancia al futbol masculino sobre el femenino por el simple hecho de que genera más ganancias.