Sobre las razones del paro: un justo reclamo de la clase trabajadora

A principios del 2013, desde esta revista hacíamos un “balance provisional y perspectivas”, donde planteábamos la necesidad de profundizar la distribución y democratización de la renta en nuestro país. El reclamo de los trabajadores argentinos contra el Impuesto a las Ganancias que grava el salario, es justo, pues el sistema tributario actual, la subsistencia de la convertibilidad o el monopolio de los alimentos, hacen que unos pocos sigan haciendo negocio, mientras el salario de los laburantes parece ser la única fuente de financiamiento del Estado.

En aquel balance hacíamos referencia a las principales medidas de este gobierno (salida de la rigidez cambiaria, retenciones, reestructuración de la deuda, Ley de medios, recuperación de las AFJP o de YPF, entre otras. Hoy  agregamos recuperación de los ferrocarriles) que nos ha llevado, a la mayoría de los argentinos, a votarlo y sostenerlo ante los intentos desestabilizadores.

Pero al mismo tiempo, observábamos los problemas a resolver, que no eran más que los resabios de la década de los noventa: la convertibilidad y, como consecuencia de ello, una constante transferencia de renta al exterior (que fue morigerada por el estricto control sobre las divisas), o el sistema tributario. Por un lado el IVA, que es un impuesto regresivo al mismo tiempo que representa el 50% de lo recaudado por el Estado. Por el otro, el Impuesto a las Ganancias, que trata al salario de los trabajadores argentinos como ganancia, y no por su carácter alimentario, esto es que el salario debe ser suficiente para solventar las necesidades básicas mínimas del trabajador y su familia.

Ahora bien, para atacar estos problemas, la legislación sobre la renta financiera (y por lo tanto de las entidades financieras, que data de la dictadura cívico-militar de 1976) o la legislación minera, es propia de un modelo económico de concentración y transferencia de renta al exterior, que ha beneficiado a la rosca oligárquica argentina ligada al centro del sistema financiero internacional. Los bancos son los que más han ganado en estos últimos años, y las empresas mineras de capitales extranjeros, se llevan nuestros recursos y nuestra renta en pala. ¿Y son los trabajadores los que deben financiar el Estado?

No se puede negar que este gobierno ha generado fuentes de trabajo y mejores remuneraciones, dignificando a los argentinos que fueron sometidos al hambre, la miseria o el trueque. Pero mientras existan otras fuentes de financiación del Estado, los trabajadores deben percibir íntegramente sus salarios.

Al mismo tiempo, los límites de este gobierno no son compensados por la dirigencia gremial gorila que legitima la desestabilización promovida desde las clases dominantes, o al menos una parcialidad de esa dirigencia gremial. ¿Moyano? Una vez pretendió plantear el programa de Huerta Grande o La Falda como reivindicación del movimiento obrero. Pero quedó en el discurso. El dueño de una obra social y presidente de un club de fútbol, nada dice sobre cómo financiar al Estado si se elimina el Impuesto a las Ganancias, al tiempo que acuerda con el esclavista “momo” Venegas.

Pero otro sector de esa dirigencia gremial, tales los bancarios o metalúrgicos, van más allá del reclamo, y plantean soluciones concretas. Sergio Palazzo, Secretario General de la Asociación Bancaria indica la necesidad de una “reforma tributaria” que contemple el impuesto a los altos ingresos (que elimina al salario como fuente impositiva) y “gravar la renta financiera y el juego”. En un sentido similar, apunta Caló, del gremio de los metalúrgicos (UOM).

¿Cómo podemos concebir que nos digan que “el mínimo no imponible de Ganancias está muy bien en el nivel en el que está”? ¿O que nos digan que “es necesario por el contexto actual”? No tiene por qué haber nivel. Primero lo primero. Las mineras facturan sumas millonarias y los argentinos la vemos pasar. Cualquier minera tiene más poder que un gobernador. Los bancos son los mayores beneficiarios de esta “década”. Que se explote la minería con sentido nacional. Que el Estado controle la actividad, y que los recursos extraídos sirvan a los argentinos y la renta obtenida se reconvierta en nuestro país. Que la renta financiera tribute como corresponde, y que el crédito lo dirija el Estado. Pero decir y hacer estas cosas, es como hacer una tortilla; y para hacer una tortilla, hay que romper varios huevos. 

¿Serán los huevos del león que concentra y transfiere, al mismo tiempo que ajusta sobre el bolsillo de los trabajadores argentinos? Entonces habrá que romperlos. Mientras tanto, apoyamos el paro, no por Moyano y sus amigos esclavistas o izquierdistas; sino por los trabajadores, por su reclamo legítimo y justo sobre el impuesto a las ganancias.

Y sostenemos que la problemática debe ser abordada por este gobierno, y acordarla con la CGT, pues es la que nuclea a todos los trabajadores argentinos, y es allí donde debe encontrar la legitimidad, encontrando otras fuentes de financiamiento (ya mencionadas), frente a la política de desfinanciación del Estado que promueven desde los sectores opositores para achicar el Estado, para recurrir al “crédito internacional”, que no es más que endeudarse; y los argentinos ya sabemos de esto.

Acompañamos a continuación, el programa elaborado por la clase trabajadora, quizá en su más alto grado de lucidez y coraje, con el objeto de que sea la bandera de los trabajadores que, desconcientizados y traicionados por una dirigencia gremial oportunista y acomodaticia, tienen en su inconsciente colectivo un profundo sentido de defensa de lo propio y, fundamentalmente, antiimperialista.

EL PROGRAMA DE HUERTA GRANDE (1962). Realizado por las «62 Organizaciones» peronistas, como puntos a imponer al gobierno, con un profundo carácter antiimperialista.

1. Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado.

2. Implantar el control estatal sobre el comercio exterior.

3. Nacionalizar los sectores claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas.

4. Prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales.

5. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.

6. Prohibir toda importación competitiva con nuestra producción.

7. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación.

8. Implantar el control obrero sobre la producción.

9. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales.

10. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.