¿De dónde surge el movimiento de “chalecos amarillos”?

A continuación compartimos la nota que fue publicada en «Revista Integración Nacional» sobre lo que está ocurriendo en Francia.

Es noticia mundial que las protestas en contra del gobierno del presidente Francés Emmanuel Macron han tomado dimensiones considerables. Luego de 3 semanas de protesta en París y en todo el país, miles de franceses con chalecos amarillos salen a las calles protestando contra el gobierno. Lo que empezó como una protesta por el aumento de combustibles, ha tomado las proporciones de una manifestación masiva en contra de la pérdida del poder adquisitivo llevada a cabo por el gobierno de Macron y el pedido de renuncia de este. Ahora bien ¿qué ha hecho Emmanuel Macron para que se levanten revueltas populares en su contra?

Con apenas un año y medio de mandato, Macron se ha ganado el merecido mote de “El presidente de los ricos”. La restricción al acceso a las universidades, el restablecimiento del servicio militar obligatorio, las reformas laborales que, por ejemplo, dejaron sin estatuto propio a los trabajadores ferroviarios y la privatización del sistema de ferrocarriles entre otros, han dado un sinfín de reclamos, protestas y movilizaciones a lo largo del 2018 por parte de sindicatos y estudiantes universitarios.

Los argumentos de Macron, como de Macri en la Argentina, son los de hacer el estado más eficiente y las empresas de cada sector más “competitivas”. Así se realizan reformas laborales que les quitan derechos a los trabajadores y los vuelven más “baratos” que en otras partes del mundo o se privatizan empresas estratégicas como la Sociedad Nacional de Ferrocarriles (SNCF por sus siglas en francés) dejando varios ramales y estaciones con posibilidad de cerrarse por “no ser rentables”. Ajustando es como Macron plantea reducir el déficit fiscal y la deuda francesa que asciende al 100% de su PBI (40% más que el promedio de la Unión Europea).

Ya en abril de este año, fueron masivas las protestas de los universitarios franceses en contra del ingreso restringido a carreras populares y a la instauración de vacantes por sorteo con base en el desempeño académico de años anteriores. Los estudiantes se declaraban en “total solidaridad con las centrales sindicales” que también sufrían los embates de Macron. Este procuraba, bajo recomendación del FMI, quitarles a los empleados ferroviarios, por ejemplo, el derecho a mantener su puesto de trabajo, a la remuneración por trabajo insalubre y la jubilación anticipada. A su vez, la idea de Macron era reducir el personal ferroviario mediante los retiros voluntarios, la flexibilización de las condiciones de despido y la apertura a la competencia el sector de transporte privatizando la compañía de trenes del estado, la SNCF.

No es de extrañar que en Francia, como en todo país en que se ajusta en nombre de las necesidades del mercado y del sistema financiero, la pobreza esté a la orden del día. 1 de cada 4 habitantes no puede comer bien 3 veces al día y se estima que más casi 9 millones de personas viven en la pobreza, de los cuales 2,79 millones son niños. Estos últimos se ven mucho más damnificados ya que el 15% de los niños de mayor vulnerabilidad social va al colegio sin comer y 1 de cada dos franceses de hogares humildes asegura tener problemas para pagar el comedor escolar que es de 1 Euro al día. No es de extrañar tampoco que Macron tenga menos del 30% de aprobación popular.

El aumento de los combustibles programado para enero de 2019 fue la gota que rebalsó el vaso. La gasolina en Francia subirá 2,9 céntimos y el diésel, 6,5 céntimos el litro el año próximo y eso dificulta y encarece el trabajo de aquellos que se dedican al comercio en transportes de pueblo a pueblo. Con un sistema ferroviario diezmado, se hace así más marcada la grieta entre las grandes poblaciones urbanas y los pequeños poblados alejados. Así, aquellos trabajadores del transporte salieron con sus chalecos amarillos (su vestimenta de trabajo) a manifestarse en contra del gobierno y atrás salieron todos los franceses hambreados, despedidos y empobrecidos que tomaron los mismos chalecos y los hicieron su bandera en repudio a las políticas de Emmanuel Macron.

Miles de movilizados, cientos de heridos, otros cuantos detenidos, pintadas, carteles y consignas claras se dejan ver en las movilizaciones de este último mes. “Macron, deja de tomarnos como imbéciles” se lee en carteles alzados sobre el mar de chalecos amarillos. Por lo que no es aleatorio, como anuncian mentirosa y frívolamente los medios mundiales. El movimiento de los “chalecos amarillos” surge de las políticas ajustadoras y de miseria que el sistema financiero (en todas sus variantes posibles: FMI, BID, Unión Europea, etc.) le recetan a los estados para tener “las cuentas claras”.

No obstante, este sistema no se aguanta, como diría el Papa Francisco, por lo que no es sorpresa que los pueblos se cansen de quienes los someten a la miseria y reaccionen en consecuencia. Hoy el pueblo francés está unido con una sola bandera: que se vaya Macron y se termine su gobierno para pocos.

Esperamos, por ende, que se cumpla el escrito que desde no hace mucho se puede leer en el Arco del Triunfo en París: “los chalecos amarillos triunfarán”.

 

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