El goriloro

Seguramente se pregunta ¿Qué corno es un goriloro?, a medida que lea la nota, se dará cuenta que se ha cruzado a más de uno, son esos que piensan como alguien de la alta sociedad, pero viven aquejados por un gobierno de tal índole. Estos “abombados” son mayoría, ante la falta de conciencia propia que es mucho peor que la falta de conciencia de clase (uno no sabe siquiera que es como persona), combinado con el odio intrínseco al “morochaje” terminan  votando en su contra y colocando a un idiota en el poder. Están en todas partes, sobre todo en las universidades, se enorgullecen de ser “gorilas” aunque no les dá ni para loros, y su rasgo característico es que suelen llevar prendas moradas.

 Compartimos la siguiente nota cuya autoría pertenece a La Batalla Cultural.

 

El goriloro es un tipo malintencionado. Y lo es porque está envenenado por un discurso que no se corresponde con sus intereses reales. Si su prédica de derecha neoliberal y fascista fuera adecuada a su posición social real, entonces sería gorila. Pero como es popular, es trabajador, no llega a gorila: es tan solo un híbrido, un goriloro.

Y como suele suceder con los híbridos generalmente, el goriloro viene fallado. Funciona mal, funciona en contra de sí mismo. No es que no sepa defenderse a sí mismo o sus propios intereses, es que directamente se ataca y los ataca. Todo lo que el goriloro hace o dice va en el sentido de su autodestrucción y esto es así porque el odio que el goriloro expresa es hacia aquello que tenga que ver con las clases populares: “Las villeras se embarazan para cobrar un plan”, “los militantes son todos vagos y van por el chori y la coca”, “en este país no hay cultura del trabajo, solo quieren vivir de planes”. Odio a las clases populares es lo que el goriloro expresa. Y como el goriloro es de clase popular, su odio no es odio: técnicamente es auto-odio, porque al odiar su propia representación se odia a sí mismo de manera fulminante.

Se dice que el goriloro, al mirarse al espejo, ve una imagen nórdica, rubia y pura. Esto es más profundo que una ausencia de conciencia de clase. Lo que el goriloro no tiene es conciencia de sí mismo, de su individualidad inserta en el todo.

Muéstrenle un espejo a un perro o a un gato. ¿Qué pasará ahí? Nada, porque el perro y el gato son animales y el animal no tiene conciencia de sí mismo, no comprende que la imagen reflejada en el espejo es una imagen reflejada, justamente, su propia imagen. Así es el goriloro —acaso un híbrido de dos bestias brutas—, pues no reconoce su propia imagen, no reflexiona.

Entonces el problema de goriloro está arraigado en el sujeto del goriloro. El goriloro es una subjetividad de esclavo, construida desde los cimientos hasta el techo para amar al opresor y odiar al oprimido, que es el propio goriloro. Por lo tanto, al goriloro no se le puede convencer de nada, no es una cuestión ya ideológica sino de subjetividad, que es algo mucho más profundo.

El goriloro piensa que es gorila, pero es loro. Y como tiene ideas de gorila y cuerpo de loro, es el híbrido, el que es ambas cosas y no es nada. No perdamos el tiempo discutiendo con el goriloro: nuestro trabajo es educar al que está confundido.

 

 

 

 

FUENTE:

 https://www.labatallacultural.org/2018/01/09/el-goriloro/