Las prioridades, ¿también se miden con el sistema biométrico?

Hace algunos días comenzó la instalación en varias escuelas estatales de la provincia del sistema biométrico que controla el ingreso y egreso de los docentes a su horario laboral.

El gobierno provincial ha invertido aproximadamente unos 25 millones de pesos en la instalación de dicho sistema y la idea es que en octubre de este año todas las escuelas públicas lo posean.

 

Muchos docentes, y su gremio, dieron su respuesta clara. Todo ese dinero que se está utilizando en la colocación del sistema biométrico podría invertirse en infraestructura, en poner gas en las escuelas que no lo poseen o en la mejora de las meriendas de miles de niñas y niños mendocinos.

Cuando hablamos de las falencias del sistema educativo, no nos referimos solamente a cuestiones de índole edilicia o de infraestructura, hablamos también de salarios y paritarias, cabe recordar que los salarios docentes cierran por debajo de la inflación convirtiéndose así en salarios de hambre y las paritarias ni siquiera se desarrollan con normalidad, ya que desde hace un tiempo se resuelven por medio del decretazo y sin discusión. En algunos casos, en donde la situación se torna  insostenible, ya que inclusive los trabajadores de la educación  se ven forzados a cobrar de manera escalonada como en Chubut, la respuesta al reclamo docente es la represión brutal. En Mendoza, Cornejo utiliza formas más sutiles, no reprime pero si por si acaso algún docente decidiese hacer paro para defender su salario, el ítem aula asegura que no pueda sostenerlo durante mucho tiempo ya que los descuentos son exorbitantes, es decir, el gobernador mendocino no pega porrazos ni utiliza balas de goma (por ahora), es más del estilo extorsivo.

Hasta el momento los docentes han marcado su ingreso y egreso mediante un sistema de firmas que  era el único sistema existente y ha funcionado. Si sobrara el dinero para poner aparatos electrónicos que colaboren con la administración de las Instituciones, en hora buena. Pero en un contexto de ajuste como el actual, en caso de existir el dinero, debieran ponerse en la balanza las prioridades. Si hay escuelas que en un invierno como el que transitamos no poseen calefacción, escuelas que no poseen un sistema eléctrico adecuado e inclusive escuelas que no poseen edificios en condiciones óptimas para que se desarrolle en ellas una educación de calidad, no es el momento para gastar tantos millones de pesos en un sistema que podría tener utilidad pero que no es trascendental para la mejora educativa de la provincia.