La última curda

El telón de la vida de un hombre, cuya aparición en la vida pública 30 años antes había cambiado para siempre el destino de los argentinos, inauguraba un tiempo de desconsuelo del que tardaríamos más de 25 años en salir.

Si el 17 de octubre del 45 fue, para darle fecha cierta a un proceso histórico, la entrada del pueblo argentino a la vida política desde aquel «hondo bajo fondo donde el barro se subleva»; el 1 de julio del 74 fue el comienzo del desbarranque.

La tempestad cívico-militar borró vidas y los retazos de una Argentina más justa. Las democracias semicoloniales que le sucedieron gobernaron en nombre del pueblo contra el pueblo.

Hoy el gobierno de Cambiemos retoma la tradición histórica de los gobiernos antinacionales en nuestro país y pretende dar marcha en las conquistas de un gobierno popular. Nuevamente, reaparece ese país que «está de olvido, siempre gris».

Pero todo hombre es tan grande como la ola que ruge bajo él. Tanto así que a 44 años de su sueño eterno, su nombre resulta intachable de la discusión política actual. En un país donde el drama de su época permanece aún vigente, retomar la tradición nacional latinoamericana, democrática y popular del peronismo resulta menester para encarar el porvenir.

La muerte del General Perón, que como hombre fue mortal, despertó ese mediodía de julio del 74 el llanto de un pueblo, que como pueblo es eterno. Quizá por esa misma razón, ese día el hombre fue eterno y el pueblo mortal.

Lastima bandoneón, mi corazón
Tu ronca maldición maleva
Tu lagrima de ron me lleva
Hacia el hondo bajo fondo
Donde el barro se subleva
Ya sé, no me digas tenes razón
La vida es una herida absurda
Y es todo, todo tan fugaz
Que es una curda, nada más
Mi confesión

La Última Curda — Troilo/ Castillo