Macri al FMI: ¿Mi único héroe en este lío?

Algunos hemos transitado este mes y moneda desde el anuncio del acuerdo con el FMI sin leer una sola explicación más o menos congruente del gobierno de porque la solución a todos nuestros problemas está en endeudarse nuevamente con este viejo conocido.

La explicación (creemos) sería más o menos así: la corrida cambiaria de hace semanas denoto que el Mercado (qué o quiénes son, no sabemos) aún no está lo suficientemente augusto en el país, por lo que juntó muchos de sus pesos, los cambió a dólares y se los llevó para afuera. Una de las razones de esta “inseguridad jurídica” sería el alto déficit primario. Para palearlo, unos módicos U$S 50.000 millones bastarían, a condición de (stand by) seguir las clásicas recetas económicas del FMI, pero esta vez las de un FMI “bueno”. Esto traería aparejado una devolución de la confianza perdida por los inversores de Wall Street acompañado por un maremoto de dólares de inversiones extranjeras.

Sin descreer de la conciencia social que Christine Lagarde puede tener sobre los vecinos de barrio La Favorita, nos resultan al menos equivocadas las afirmaciones de Macri al decir que “no existe otro camino”. Más falaz aún, festejar la exorbitante suma de un crédito que supera las reservas del Banco Central.

Las promesas de bajo “costo social” se desmoronan cuando desde el Fondo deslizan el pedido de un “compromiso político de toda la sociedad argentina” para bajar el déficit.

Y aunque fuese impostergable reducir a cualquier costo el rojo en las cuentas del Estado, no es más que la consecuencia de una crisis auto infringida. Repasemos:

-          Quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras. Eliminación de los plazos para liquidación de divisas.

-          Quita de restricciones para la libre entrada y salida de capitales. Quita de restricciones cambiarias.

-          Eliminación de impuestos sobre la renta financiera (para después volver a aplicar un mínimo gravamen). Liberar el giro de dividendos de las empresas extranjeras a sus casas matrices.

La restitución de cualquiera de estos tributos podría evitar el severo programa de ajuste que ya anticipan fuentes oficiales. Digasé, el diario Clarín, cuya artículo dejamos a continuación.

Pero la única alternativa que desde el gobierno ven posible es un nuevo entrevero con el Fondo. A cambio no nos piden nada más, “solo un buen gesto”. (Revista Universitaria)

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El ajuste obligará a cortar obras del Estado, seguir subiendo tarifas y atrasar salarios

Hace dos años y medio, Mauricio Macri prometió a los mercados un plan de ajuste fiscal. ¿En qué consistía? Alcanzar el equilibrio fiscal primario en 2019. Así muestran las columnas salmón de la infografía: un sendero descendente que arrancaba en 4,8% del PBI y terminaba en 0,3% del PBI.

Ese ajuste nunca se concretó. O no al menos al ritmo anunciado en aquel entonces –enero de 2016-. Ahora, urgido por el cambio de las condiciones globales de liquidez, Macri afronta el reto y se compromete para ello con el FMI. Párrafo aparte merece la reflexión de por qué en algún momento de estos dos años y medio, quizás por tensiones entre halcones y palomas dentro del Gabinete u algún otro motivo, aquella corrección quedó relegada o postergada. Un ejemplo es que en 2017 el déficit primario –sin intereses-, fue 3,8% del PBI y el Gobierno había anunciado 3,3% del PBI.

Alguien podrá decir que todo esto es exagerado, y que en definitiva el equilibrio fiscal se lograría un año más tarde. No en 2019 sino en 2020. ¿Tan grave es acaso? Además, el gradualismo permitió al Gobierno ganar las elecciones del año pasado y el mercado ahora ve a un Presidente comprometido con un ajuste para reducir el déficit en más de 3 puntos porcentuales del PBI entre 2018 y 2021, o sea, unos US$ 19.300 millones.

Pero esto no termina acá. Casi la mitad de la corrección sucederá el próximo año, cuando Macri se presente a la reelección. Cálculos del Gobierno estiman que bajar el déficit fiscal a 1,3% del PBI significará alrededor de US$ 8.500 millones menos de dinero del Estado en la economía.

¿De dónde vendrá el ajuste? Las planillas distribuidas anoche por el Ministerio de Hacienda dejan algunos indicios.

- el gasto primario bajará un punto del PBI en 2019;

- los rubros que experimentarán esa caída son los subsidios a la energía y al transporte, salarios del Estado, transferencias a las provincias e inversiones en obras públicas del Estado –buscará compensar con PPP-.

 

- el rubro que presenta más ajuste para el año próximo respecto a este es la baja del gasto en subsidios: casi medio punto del PBI. Entendible: el aumento del precio del dólar y del barril hacen prever que el horizonte de ajustes para las tarifas continúe, incluso, en un eventual segundo mandato de Macri según muestran las planillas.

–El gasto en jubilaciones y otros gastos sociales no sólo es el único que aumentará en términos reales, sino que el que el oficialismo prevé hacer subir hasta 2020.

En materia de inflación, el Gobierno se propone en 2019 alcanzar la tasa más baja en diez años –en 2009 había sido 16,4%-. De vuelta, y la infografía así lo muestra, Argentina llegaría recién el año que viene al nivel de inflación que Macri había prometido para… 2017.

¿Será acaso esta la historia de un Presidente que, en definitiva, logra bajar la inflación y el déficit fiscal por debajo de los tiempos que había prometido pero que lo logra? Si es así, otra vez, no parece no sólo grave sino hasta auspicioso. Si los mercados así lo toman, habrá punto de inflexión para los bonos y el dólar. Pero esto recién empieza. En 2016 el Gobierno también anunció un plan. Y no se concretó. Ahora arranca otro (Clarín).