Argentina y Brasil, el mismo caso

Como es de público conocimiento el Partido Justicialista, sello partidario a través del cual se expresan políticamente las mayorías del pueblo argentino, fue intervenido por decisión de la Jueza Servini de Cubría. No nos explayaremos sobre los argumentos en los que se sustenta dicha intervención, básicamente por que estos no existen. Entonces ¿Cómo es la movida?  

El gobierno de Mauricio de Macri está atravesando un pésimo momento, según indican las últimas encuestas, canchas, restaurantes, recitales, subtes, masivas movilizaciones, etc. El oxígeno que permite que el corazón agonizante del fenómeno Cambiemos siga latiendo es el endeudamiento con organismos internacionales: 80 mil millones en los años 20152017, dando un total de 334.934 millones de dólares (casi el 60 % de los bienes y servicios totales producidos en el país). En consecuencia, debemos más de lo que producimos, y cuando hay que pagar los intereses de los préstamos nos meten la mano en el bolsillo a través del aumento de servicios, recorte sobre el salario,  pensiones y jubilaciones, etc, etc, etc. Nunca ajustan sobre los que más tienen porque, precisamente, son los que gobiernan.

Deuda para pagar deuda, deuda para subsidiar la transferencia de guita (que nos pertenece a todas y todos) a un paraíso fiscal, mecanismo que Macri y más de uno de sus funcionarios utilizan seguidito, y sustituir ese faltante de guita con ajuste a trabajadoras y trabajadores es la política de este gobierno, igual que en el 30, el 55, el 76 y los 90. Pero fue en los tres primeros periodos (y por los mismos motivos) que los títeres de la extranjería decidieron censurar al Yrigoyenismo primero y al Peronismo luego, expresiones nacionales y populares que enfrentaban los programas librecambistas, liberales, monetaristas, neoliberales, hijueunagranputezcos, etc. El nombre cambia, pero el resultado siempre es el mismo: desempleo y hambre, y si protestás porque perdiste el laburo o tenés hambre te censuran, y si falla la censura vienen los palos o la cárcel.

La embajada Norteamericana y Duran Barba (asesor político de estos cabrones) ven con malos ojos lo que está pasando en Brasil. Al igual que en la Argentina, en el gigante vecino opera la rosca que en su momento destituyo a Dilma, y que hoy hace lo imposible para que Lula vaya en cana. El trabajo sucio que hicieron, hace décadas, algunos civiles y soldados adiestrados por la oligarquía y la extranjería hoy lo están haciendo algunos civiles y jueces (Bonadío, Moro o Servini de Cubría) de la misma calaña, amparados por monopolios mediático-financieros.

Se acercan las elecciones presidenciales. Temer y Mauricio lo saben. Los Radicales, “abanderados de la democracia”, también lo saben, pero son capaces de entregar todas las banderas para mantener los pocos cargos que tienen. Como siempre.

 

Mientras la catedra universitaria y las autoridades de la misma se mantiene ajena (o se hacen los boludos, como en el caso de Pizzi) a esta violación a los principios democráticos, los medios se encargan de hacer leña del árbol “caído”. Pretenden mostrar que el movimiento nacional, que se expresa en parte a través del PJ, es un tire y afloje entre dirigentes, una lucha de egos desesperados por quedarse con la conducción del partido. Entonces ponen al cabezón Duhalde de portada en un diario, predicen el fin de los K, o hacen balbucear al reconocido delincuente (y ahora interventor!) Barrionuevo delante de una cámara, mientras Macri y compañía, que son los responsables de la opereta, sonríen sentados en la Rosada. 

El 18 de Mayo se llevara adelante un Congreso del partido fundado por el General Perón y, para sorpresa de los interventores y demás, asistirán todas “las internas” y colores que conforman el vasto movimiento que hace unas décadas se conoció como yirigoyenismo  y luego peronismo.

De todas maneras que se queden tranquilos. Nunca en la historia un presidente había sido tan, pero tan, pero tan puteado (a coro y cantito) cuando dos o más personas se juntan en algún lugar. A parte de gorilas, estos personajes son muy brutos. Ni interviniendo, ni disolviendo, ni proscribiendo, ni metiendo preso a un referente, pueden impedir que la voluntad popular se exprese. La historia da cuenta de esto.

Tarde o temprano, no sabemos cuándo, las puteadas se van a expresar en las urnas.

 

 

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