El negocio del Doping

Año tras año cientos de casos positivos de doping salpican el mundo del deporte, empañando el desempeño y el trabajo de millones de deportistas en las diversas disciplinas. Algunos pasan desapercibidos, otros generan grandes escándalos. Casos como el doping positivo de Diego Maradona en el Mundial del 94, el del ciclista Armstrong o el supuesto doping positivo de los jugadores de River Plate, tuvieron gran repercusión mediática a nivel mundial.

De acuerdo al Comité Olímpico Internacional (COI), “doping es la administración o uso por parte de un atleta de cualquier sustancia ajena al organismo o cualquier sustancia fisiológica tomada en cantidad anormal o por una vía anormal con la sola intención de aumentar en un modo artificial y deshonesto su performance en la competición”.

Esta práctica, cada vez más utilizado por clubes y entrenadores, tiene origen en la antigua Grecia cuando comenzaron a desarrollarse los primeros juegos olímpicos. Los deportistas griegos consumían hierbas y hongos que exaltaban y mejoraban su rendimiento físico, con el objetivo de obtener una cierta ventaja con respecto a sus competidores.

Estos hábitos fueron evolucionando concomitantemente con el desarrollo de la ciencia y la técnica, siglo tras siglo. Del consumo de estimulantes naturales se pasó al consumo de estimulantes sintéticos. Se pasó del deporte como actividad que permitía demostrar coraje y fuerza, como actividad recreativa, al deporte como mero instrumento para obtener riquezas.

 Resulta necesario denunciar que la mercantilización a la que fue sometida gran parte del deporte fue explotada también por los grandes laboratorios, que encontraron el negocio perfecto en el suministro de anabólicos, complejos vitamínicos, drogas para mejorar el rendimiento, diuréticos, entre otros. Miles de millones de dólares son embolsados todos los años por los grandes laboratorios que, de manera directa o indirecta, son beneficiado por los clubes que promueven y naturalizan el consumo de estimulantes. No hay que olvidarse de las organizaciones deportivas internaciones como la FIFA, Comité Olímpico Internacional, ITF, etc., que lejos de salvaguardar la vida de sus miembros legitiman la utilización de ciertas drogas.

Como dice el refrán “hecha la ley, hecha la trampa”, cuando algún competidor utiliza alguna sustancia prohibida que puede poner en riesgo su participación en un certamen, aparecen los conocidos diuréticos; este químico es utilizado para ocultar la sustancia consumida por los atletas, haciendo muy difícil determinar si lo consumido es ilegal. Cuando los diuréticos no son suficiente y las sanciones recaen sobre el competidor, siempre una buena excusa es suficiente para que los organismos disminuyan las penas.

Está comprobado científicamente que la utilización de cualquier tipo de estimulante externo que recibe el organismo, para mejorar su rendimiento, produce en el cuerpo un gran deterioro del mismo a futuro. La creación de un estereotipo de atleta, sumando a una exaltación constante del físico por parte de los medios, han facilitado la naturalización de todo tipo de sustancia que lleva a que millones de hombres y mujeres, acudan con más frecuencia a estos métodos.

 Esto corrobora, una vez más que, para las grandes empresas farmacéuticas la salud y la vida de los seres humanos no importa, no importa la competencia sana, no importan los valores deportivos y morales, lo único que importa es el dinero.