¿Qué pasó en 1918 que logró revolucionar a América Latina?: PARTE I

Continuando con el ciclo de notas “100 años de la Reforma Universitaria”, explicaremos en esta oportunidad el origen de la revolución y las largas jornadas de lucha que atravesaron los reformistas cordobeses en ese entonces. 

Como mencionábamos en la nota anterior “REVOLUCIÓN DE 1918: DEL INTERIOR AL PUERTO Y LUEGO A AMÉRICA LATINA” (http://revuniversitaria.com.ar/index.php/latinoamerica/1256-revolucion-de-1918-del-interior-al-puerto-y-luego-a-america-latina) “…una expresión del Estado, como lo es la Universidad, no modificaba en sus entrañas estos intereses de transformación social. La contradicción entre la justicia social por la cual bregaba Yrigoyen y una Universidad que ponderaba la tradición histórica antigua, despertó en aquellos universitarios el deseo por revolucionar la Universidad”. El descontento de los estudiantes se empezaba a manifestar en las calles y en el Consejo Superior de la Casa de Trejo hacia 1917. Los Centros de Estudiantes de Ingeniería y Medicina adherían y encabezaban el reclamo.

 Pero… ¿cuál fue el germen de este hecho político? El cierre del Internado del Hospital de Clínicas, única escuela práctica para estudios médicos. Especialmente era necesario para aquellos estudiantes con un nivel socioeconómico bajo ya que les brindaba un lugar donde estudiar, dormir y poder comer. La furia fusionada con angustia de los estudiantes quedó en un memorial que elevaron al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, cuestionando duramente el régimen docente vigente en la Facultad y la supresión del internado.

“No sólo es el régimen orgánico de los estudios superiores que precisa modificarse: es urgente la renovación del profesorado, en forma que asegure la competencia de los docentes designados; es indispensable la reforma de los planes de estudio para modernizar y mejorar la enseñanza, y queremos, por fin, los estudiantes, otra organización disciplinaria, menos meticulosa, más sincera y más útil”[1]

Todo comenzaría allí. Pasado el receso vacacional, los Centros de Estudiantes de Ingeniería, Medicina y Derecho llamarían a sumarse al reclamo de cambiar lo establecido en aquella Casa de altos estudios. No matricularse o no asistir a clases fue su forma de expresar el descontento; sin estudiantes… ¿a quién se le daría clases?

El 10 de marzo se lanza una huelga estudiantil y se crea el Comité Pro-Reforma que contaba con la presencia de un estudiante por unidad académica. La respuesta no fue favorable por parte de las autoridades; el paro estudiantil seguía y las clases no comenzaban por aquel 1 de abril. Los reformistas empezaban a zarandear la tierra de Córdoba, pero el pueblo no los acompañaba. La situación se agravaba y al gobierno nacional le empezaba a hacer ruido el revuelo. El Comité Pro– Reforma logró obtener una entrevista a solas con Don Hipólito Yrigoyen, al cual viajarían tres muchachos designados: Gumersindo Sayago, Horacio Valdés y Eduardo Rennella (quien no viajará y será reemplazado por Enrique Barros)

El que lideró la entrevista con el Peludo fue Barros (que de rebote había quedado allí). “No hemos venido a ver al Presidente de la República, sino al hombre que ha conspirado durante treinta años contra la oligarquía, y pudo haber muerto antes de alcanzar la primera magistratura”, así se expresaba Barros al Presidente Yrigoyen, el cual decidió acceder a mandar un interventor del gobierno a la Universidad, José Nicolás Matienzo.

La cosa iba tomando color para aquellos revolucionarios al adquirir el apoyo y respaldo de Yrigoyen. En Buenos Aires, los cordobeses aprovecharon y en su visita a compañeros que estaban en la misma lucha conformaron la Federación Universitaria Argentina. Un acto de celebración con más de 500 acompañantes de la Reforma reflejó el carácter latinoamericanista de la Reforma ya que participó un invitado especial: Manuel Ugarte.

Cabe destacar que no todos los estudiantes adherían y apoyaban la reforma, algunos estudiantes un tanto seniles crearon el “Comité pro Defensa de la Universidad”. Un personaje destacable del mismo fue Atilio Dell´Oro Maini, quien luego sería en el 55 Ministro de Educación de la «fusiladora». Además, fue el que comenzó los revuelos de “Laica o Libre” en Argentina permitiendo a las instituciones privadas (especialmente católicas) a otorgar títulos universitarios habilitantes.

De igual manera, nada parecía detener a aquellos universitarios que estaban atravesando y viviendo su hora americana. El interventor Matienzo al llegar a Córdoba comprobó la veracidad de los hechos y presentó un proyecto para reformar el estatuto ya que reconocía que las antiguas autoridades habían creado tal inmovilidad en los puestos de gobierno de la Universidad que todo funcionaba de forma vitalicia. Los estudiantes creían imprescindible su participación en aquellos cargos.

En aquella Universidad donde la decisión política de Yrigoyen de intervenir la misma promovía un clima de esperanza, los cimientos arcaicos empezaban a ser impulso motor para los estudiantes. ¿Cómo siguieron las jornadas de lucha en mano de los reformistas?

 
 
 


[1] Adriana R. Chiroleu, “La reforma universitaria”, en Nueva historia argentina, tomo VI, capítulo IX, Buenos Aires, Sudamericana, 2000.