Contra los trabajadores y sus organizaciones, un clásico de Cambiemos

En los últimos días se ha observado una seguidilla de notas por parte de los grandes medios de comunicación fogoneando la tensión entre gremios y el gobierno nacional que ha signado el comienzo de este 2018.

No pocos antecedentes tiene este enfrentamiento desde el inicio del gobierno de Cambiemos, siendo quizás el más simbólico el de comienzos del 2017 entre “Maru” Vidal y el “golpista” Roberto Baradel, Secretario General de SUTEBA. En aquel momento el conflicto se producía por la suspensión de la paritaria nacional docente y el escaso ofrecimiento salarial por parte del gobierno. En este nuevo año vemos reavivado el conflicto, luego de limar en términos individuales a los docentes con escasos aumentos salariales, bonos para quienes no hacían paro o creando un Ítem Aula como en el caso de Mendoza;  ahora se busca aplastar las organizaciones sindicales y con ellas, toda posibilidad de acción colectiva.

El decreto 52/2018 publicado el día 17 de enero modifica el artículo 10 de la ley 26.075 de Financiamiento Educativo, lo que implica un retroceso en materia de política educativa. Este decreto del falso “gobierno dialoguista” de Cambiemos  se corresponde con el famoso “divide et impera”, ya que elimina el argumento para la paritaria nacional docente y permitirá negociar por separado con los distintos gremios independientemente de la cantidad de afiliados que tengan ¡Qué lástima que no tengan la misma política con los grandes monopolios de comunicación o los sectores concentrados y extranjerizados de la economía!

El amo juega al esclavo

En el caso de los docentes, el gobierno nacional (que es el patrón, es decir, la parte fuerte de la relación) se victimiza posicionando a los gremios como principales responsables de la baja calidad educativa, de los pocos días de clase, del trabajo en negro, etc. No siendo suficiente, invita a los agremiados a “desafiliarse con un click” de los sindicatos que fueron creados para luchar por sus derechos).

Pero ¿por qué atacar a los gremios? No es una saña que tenga exclusivamente con estos, sino que es condición necesaria callar el reclamo de los trabajadores, aplastar el poder adquisitivo de los salarios y el “gasto” que implica para del Estado pagar elevados sueldos y aportes al trabajador. Con los salarios a la baja y menos derechos laborales, el gobierno crea  condiciones “rentables” para la famosa lluvia de inversiones.

El plan de Cambiemos no es para nada nuevo. Gobiernos con planes económicos de esta naturaleza como el del ’55, ’76,  en los ’90 o la primera Alianza del año 2000, han sido incompatibles con un movimiento sindical fuerte que defendieron los intereses de sus agremiados, con capacidad organizativa y poder de convocatoria y movilización. Estos gobiernos antinacionales y antipopulares fueron duramente cuestionados y muchos de ellos corridos de la Casa de Gobierno.

Bajo el argumento de la autonomía de las provincias (que en la realidad solo las autonomiza con respecto a sus obligaciones) el gobierno nacional busca desentenderse en todo lo que le sea posible de la Educación (a pesar de las brechas económicas que esto genera entre los docentes de las distintas provincias) y el “gasto” que ella implica, tal y como lo indicó el FMI (1) en Noviembre de 2016.

Con esta concepción de “achicar el Estado es agrandar la Nación”, sumado a los dichos respecto a la Educación pública (2) y la visión mercantilista de la misma no es improbable que en este año del centenario de la Reforma del 18’ el gobierno intente allanar el camino para posibles reformas educativas que den margen a hacer más rentable “el negocio” de la educación y sacarse de encima a quienes puedan cuestionar sus decisiones. Deberemos seguir de cerca esta hora norteamericana de Cambiemos.