Bitcoin: el nuevo desafío del sistema financiero y los Estados nacionales

En los últimos días, hemos visto con más frecuencia en los diarios noticias referidas al fenómeno Bitcoin. La razón de ello radica en que este nuevo sistema monetario ha tenido un aumento del 70% de su valor en una semana, y más del 10000% desde su creación.

 


Bitcoin es una criptomoneda o criptodivisa (medio digital de intercambio) por la cual se pueden realizar transacciones electrónicas por bienes y servicios, transferencias en concepto de remesa a otro país o simplemente poseerla como reserva de valor. Fue creada en 2009 al calor de la crisis financiera internacional por Satoshi Nakamoto.


Apenas surgió esta moneda digital tenía un valor menor a un centavo de dólar. Al mismo tiempo que Comisión Nacional de Valores de la República Argentina (CNV) recomendaba no invertir en éstas ya que son “inversiones especulativas de alto riesgo”, llegando a cotizar casi U$S 17.000. 10 horas más tarde terminaron por desplomarse perdiendo una quinta parte de su valor. Véase aquí la volatilidad y la incertidumbre que genera esta criptomoneda.


La distinción principal entre las criptomonedas y otras formas de pagos digitales es su realización entre “iguales”, es decir, entre individuos sin intermediación alguna como Estados, sus gobiernos y Bancos. Los inversores encuentran una mayor conveniencia especulativa en este negocio por la reducción de costos de transferencia y transacción y por las bajas tasas de interés que presenta. Por ejemplo, PayPal o Western Unión, empresas estadounidenses especializadas en giros de dinero, exigen una tasa promedio del 8%, mientras que la del Bitcoin es mucho menor.


Las transacciones tienen lugar por fuera de las legislaciones y regulaciones que los Estados y sus Bancos Centrales puedan determinar. Su peligrosidad radica en la posibilidad que presentan de evasión fiscal y su consecuente transferencia y fuga de capitales. Termina siendo una forma alternativa a los Bancos Centrales de emisión monetaria, recaudación fiscal y control de divisas, políticas fundamentales para la soberanía de un país.


El anonimato propio de este medio de pago no obliga a ninguna de las partes del intercambio a acreditar identidad ni a declarar sobre el origen o el destino del capital. Negocios ilegales como el tráfico de drogas, de armas o de cualquier otra índole han encontrado aquí la cueva perfecta para sus delitos. El efecto que este dinero virtual está generando puede correr de la escena a los paraísos fiscales, debido a que la difusión de las filtraciones de Wikileaks ha desilusionado a quienes confiaban en su privacidad.


El negocio del Bitcoin es descentralizado; sus defensores librecambistas hacen hincapié en el carácter democrático que parece presentar mediante sus igualitarias posibilidades de inversión. Como habíamos descripto, no hay gobiernos ni bancos como intermediarios, tampoco hay un respaldo de oro o dólares. La forma en que se aseguran las transacciones es a través de una red globalizada de “mineros”, quienes verifican la transparencia y seguridad de las mismas descifrando algoritmos. Una vez que se destraba y confirma el intercambio, éste debe ser votado por más del 50% de los mineros restantes repartidos por el mundo. Cuando la venta, compra o transferencia de bitcoin ha sido realizada pasa a formar parte del “libro contable”, base de datos de carácter público e inmodificable por la correlación existente entre el bloque (conjunto de datos) anterior y el posterior que forman la cadena. Los mineros que logran la confirmación de datos son retribuidos actualmente con 12.5 Bitcoins.


Nos quieren hacer creer que dicho mercado es democrático, pero muestra un nivel de concentración fenomenal. Más del 95% de los bitcoins pertenecen a tan sólo el 4% de los inversores. Para poder minar bitcoins se debe tener una capacidad informática enorme, la cual incluye hardware especializados, consumo de energía y electricidad altísimos.


El cambio de paradigma que el Bitcoin ha generado desafía al sistema financiero internacional en su forma tradicional. No sólo crea “plata a raíz de la plata” sin invertir en la producción de un país, sino que en un futuro no muy lejano reducirá drásticamente el número de empleos en general, pero particularmente en el sector financiero y en el Estado. El negocio del Bitcoin se asemeja en todos sus aspectos al de las burbujas financieras; mientras más inversores confían en él, mayor es su precio. Como la historia nos cuenta, desde el siglo XVII hasta la actualidad, las burbujas especulativas han devenido en crisis; la de los tulipanes, la Gran Depresión, la de las puntocom y la de las afamadas hipotecas suprime son registro de ello. ¿Cuándo estallara la de los Bitcoin?