La reforma previsional es hambre y enfermedad para nuestros jubilados

El gobierno de Mauricio Macri pretende ahorrar alrededor de 100 mil millones de pesos por año a través de la reforma en el sistema previsional. Modificará la forma en la que se actualizan los haberes de nuestros jubilados (o régimen de movilidad jubilatoria). Si se llegara a aplicar esta  reforma en el sistema previsional, los jubilados verán caer su calidad de vida, sus heladeras empezaran a verse vacías y su salud peligrara más.

 

En la actualidad es sistema de actualización de haberes está regido por la Ley 26.417, sancionada en el año 2008. La ley  brinda un incremento de dos veces al año (marzo y septiembre) en los ingresos mínimos que cobran los jubilados (el incremento está determinado por una combinación entre la evolución de recursos tributarios de ANSES y la evolución de los salarios, o bien por un máximo  impuesto por la evolución de los recursos totales de ANSES).  La primera actualización en los haberes se aplico en marzo del 2009, en donde los jubilados pasaron de $690  a $770. Desde entonces se han aplicado dos aumentos anuales, elevando a $7246 los haberes jubilatorios mínimos hasta septiembre de este año.

El incremento acumulado percibido durante este periodo es de un 950% en sus haberes, mientras el incremento inflacionario en su canasta de consumo fue de 692% (tomando indicadores de consultoras, el promedio de los institutos provinciales y desde 2016 el IPC-CABA e IPC-Indec.)1. Esto números señalan que el poder adquisitivo de nuestros abuelos aumento en los últimos años casi un 300%, pero ¿qué puede suceder ahora?

Lo que pretende esta reforma del sistema previsional es que la actualización de los haberes se produzca de forma trimestral y el aumento será equivalente a los datos inflacionarios trimestrales del INDEC. El engaño se encuentra que mientras este año los datos del INDEC estiman un aumento en los precios generales del 24%,en los hogares de los abuelos  han sufrido una  inflación  del 44% (un ejemplo es en la caso de la salud, donde nuestros jubilados duplican el consumo de nuestros trabajadores registrados).

Se estima que en caso de aplicarse esta reforma, las actualizaciones en los montos de los haberes jubilatorios estarán entre un 9% a 13% por debajo del índice inflacionario. Percibirán quienes cobran los haberes mínimos (incluyendo el aguinaldo) aproximadamente $900 al mes menos  de lo que necesitan para suplir sus gastos, que es equivalente a  $11.000 al año.

Un informe de la Fundación Soberanía Sanitaria precisa que el PAMI recortó la cobertura de medicamentos para sus afiliados, interrumpió la provisión gratuita de anteojos, eliminó programas de prevención de enfermedades recurrentes en los adultos mayores, redujo las prestaciones de trasplantes y limitó la cantidad de alimentos que entrega a los centros de jubilados. Esta medida ha generado mayores gastos en el bolsillo de los abuelos y abuelas en el último tiempo.

En el caso de aplicarse esta reforma previsional en  muy poco tiempo veremos una brutal caída en la capacidad  de consumo de los más adultos de nuestro pueblo y una ancianidad muy poco prospera. Es esta reforma la puerta para el retroceso en los derechos y el bienestar de nuestros abuelos.