Historia política latinoamericana

Historia política latinoamericana (10)

En el día de hoy rememoramos un fatídico acontecimiento de la historia argentina en el año 55’. Bajo órdenes militares, junto al apoyo de los sectores oligárquicos y más reaccionarios de la sociedad, con el principal objetivo de asesinar y derrocar mediante un golpe de Estado al presidente Juan Domingo Perón, el odio homicida de la oligarquía argentina y extranjera embestían al pueblo argentino con aviones de guerra que atacaron Plaza de Mayo, dejando un saldo de más de 300 muertos y miles de heridos.

Compartimos a nuestros lectores el testimonio en primera persona de Martín Balza, un veterano de Malvinas que con tan solo 16 años tuvo que padecer en carne propia dicha jornada trágica. Sumado al posterior discurso del General Perón en relación al bombardeo obrado por el sector más antipopular y antinacional de la Argentina.

Por Martín Balza

(Ex Jefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de Malvinas y ex Embajador en Colombia y Costa Rica).

EL día 16 de junio de 1955 fue jueves. Pasado el mediodía, me encontraba en la estación Retiro del ferrocarril general San Martín para tomar un tren al Colegio Militar en El Palomar.

Cursaba el último año de estudios y creo que regresaba después de realizar un trámite personal.

El día se presentaba gris plomo, plomizo. Un ruido similar a varias explosiones se escuchó desde la dirección de Plaza de Mayo, y alcancé a escuchar que alguien dijo: «¡Qué truenos!».

Subí al tren. Cuando llegué al colegio me enteré que los supuestos truenos no eran tales, sino que estaban bombardeando sectores de la ciudad de Buenos Aires, principalmente la Plaza de Mayo y sus adyacencias, todos objetivos civiles.

Más de 40 aviones de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea participaron en el letal bombardeo. La utilización de bombas de fragmentación potenció el efecto no solo sobre los edificios, sino también sobre miles de indefensos civiles al descubierto, carentes de protección alguna. El trágico saldo fue de 308 muertos y más de 800 heridos.

Entre los primeros, 3 pertenecían a la Fuerza Aérea y 17 al Ejército; entre ellos, 9 soldados del Regimiento de Granaderos a Caballo «General San Martín», escolta presidencial.

No se trató de efectos colaterales, cayeron bajo la metralla de proyectiles lanzados por hombres de las Fuerzas Armadas argentinas enceguecidas por la sinrazón. Muy pocos condenaron de forma abierta el ataque al pueblo.

Durante las primeras horas del día siguiente, pude apreciar personalmente los efectos del devastador bombardeo sobre la Plaza de Mayo y otros objetivos civiles.

Elogiaron el ataque, entre otros, los políticos Miguel Angel Zabala Ortiz (UCR), Oscar Vicchi (Conservador) y Américo Ghioldi (Socialista), quienes, de haber triunfado el golpe contra el gobierno de Juan Domingo Perón, asumirían el gobierno como un triunvirato «de facto».

Por parte del Ejército, el único comprometido –según fuentes confiables—fue el general León Justo Bengoa, quien a último momento y vislumbrando el fracaso, no participó («se borró», en la jerga coloquial) y adujo que con su tropa permanecía leal al gobierno.

Fracasado el intento los golpistas huyeron a la República Oriental del Uruguay, con excepciones como la del almirante Benjamín Gargiulo que optó por el suicidio.

Tres meses después, todos los nombrados, y muchos más, serían recibidos y premiados como conspicuos «libertadores» y aún años después ocuparon relevantes cargos políticos y militares en gobiernos constitucionales; entre ellos el ex almirante Emilio Massera, en el gobierno de María Estela Martínez de Perón, y el vicealmirante Máximo Rivero Kelly, en el gobierno del doctor Raúl Ricardo Alfonsín.

Comparto con Daniel Cichero que «…el 16 de junio marcó un jalón en las relaciones cívico-militar y orientó hacia la militarización de la política».

Pocos apreciamos entonces que, al decidir el bombardeo aéreo indiscriminado sobre la emblemática Casa Rosada, el comando pseudo revolucionario adoptó con deliberación una táctica que tuvo en el futuro cruentas consecuencias.

Los aviones tenían en su fuselaje la inscripción «Cristo vence». En la triste y cruenta jornada no faltaron grupos de «comandos civiles» ligados a partidos políticos opositores al gobierno.

Uno de ellos tomó por escasas horas las instalaciones de Radio Mitre obligando por la fuerza a transmitir una proclama revolucionaria que en algunos de sus párrafos decía: «El tirano ha muerto (…) Nuestra Patria, desde hoy es libre. Dios sea loado (…) Compatriotas: en estos momentos, las fuerzas de la liberación económica, democrática y republicana han terminado con el tirano (…) Ciudadanos, obreros y estudiantes: La era de la libertad y de los derechos humanos ha llegado».

Nunca –ni antes ni después—ninguna ciudad de nuestro país fue bombardeada.

En esa –me permito calificarla de oprobiosa y triste– oportunidad, armas de la Patria obtenidas para la defensa de su soberanía, fueron empleadas contra los propios argentinos por algunos miembros de sus Fuerzas Armadas.

Esos hombres carecieron de la valentía, la dignidad y la profesionalidad que nuestros pilotos evidenciaron en la Guerra de Malvinas.

El descabellado y criminal hecho no fue investigado, no hubo purgas ni persecuciones.

Las nuevas generaciones desconocen prácticamente este hecho, por eso es necesario recordarlo. Ese color plomo del cielo del aquel 16 de junio de 1955 nos marcó a fuego la Historia Argentina.

 

FUENTE:

https://www.infobae.com/opinion/2018/06/16/16-de-junio-de-1955-el-tragico-dia-que-bombardearon-buenos-aires/

 

COMPARTIMOS EL DISCURSO DEL GENERAL PERÓN LUEGO DEL BOMBARDEO:

https://www.youtube.com/watch?v=OvqLY52ja-0

 

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Todo iba en marcha y el 28 de Mayo se daban por decretadas las elecciones democráticas de los cargos docentes que resultaron electos, la mayoría de los profesores eran cercanos al ideario de la FUC (Federación Universitaria de Córdoba). Los reformistas iban ahora por el pez más gordo: las elecciones de rector.  Se presentarían tres candidatos: el Doctor Enrique Martínez Paz (candidato de los estudiantes representados en la FUC); los que estaban en contra de la Reforma impulsaban a Antonio Nores (miembro de la Corda Frates, una rosca elitista católica) y los “moderados” a Alejandro Centeno. Ninguno consiguió la mayoría en las dos primeras votaciones, pero, y para sorpresa de los reformistas, Centeno se plegó a los contrareformistas y ganaron la elección “veinticuatro a trece”.

Los estudiantes al enterarse de esta determinación hicieron lo que su espíritu les demandaba: “Una silbatina ensordecedora, producida con pitos que exprofeso llevaban los estudiantes, rompió el silencio con el que se esperaba la proclamación. Al mismo tiempos saltaban hechos pedazos cristales de la puerta y ventanas, se arrancaban los cortinados, crujían las sillas y las poltronas académicas, saltaban al aire papeles y libros, tumbábase las mesas, caían con estrépito los cuadros de Trejo y toda la corte de fraile que cubrían las paredes, estallaban petardos en las galerías y un torbellino humano, incontenible y devastador, hacía retemblar el recinto con un solo y creciente rugido, en el que se confundían gritos, silbidos, insultos e imprecaciones. Por los ventalles desnudos, saltaban a la calle restos de muebles, marcos de cuadros y todo lo que cabía por ellos”[1]. Ni siquiera los estudiantes que tenían influencia sobre la masa pedían calma.

Antonio Nores, intentó asumir su cargo. Cabe resaltar que “intentó” porque los estudiantes no iban a permitirlo. Inmediatamente marcharon por las calles y obtuvieron la adhesión de la Federación Obrera de Córdoba a la lucha estudiantil, dejando de precedente una embrionaria unidad entre obreros y estudiantes. El 21 de junio, Deodoro Roca redactaría el Manifiesto Liminar que tuvo alcance en toda América Latina. Se dejaba notar en sus líneas su carácter anticlerical y antiimperialista, y su fervor por la integración latinoamericana: “La juventud de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica”.

 La huelga y el descontento continuaban. Los estudiantes lograron que el rector Nores presentara su renuncia. La FUC se expedía a favor nuevamente de Yrigoyen y solicitaba la inmediata intervención a la Universidad. Mientras tanto, la Universidad estaba en manos de los estudiantes, los cuales pusieron en funcionamiento la misma con verdadera convicción. Asumieron funciones de gobierno: nombraron a los dirigentes estudiantiles Horacio Valdés, Enrique Barrios e Ismael Bordabehere como decanos de las facultades de Derecho, Medicina e Ingeniería, organizaron actividades curriculares, nombraron profesores, consejeros y empleados e incluso llegaron a constituir mesas de exámenes (y contra todo prejuicio, hubo varios estudiantes desaprobados). La única forma de desplazar a los estudiantes era tras el desalojo y la detención de algunos de ellos por parte de la policía. El Gobernador de la Provincia mandó a hambrear a los estudiantes que estaban dentro; pero, desde el local de la FUC, que estaba enfrente de la Universidad, mandaban víveres de todo tipo vía aérea. Los cordobeses revolucionarios bufoneaban una vez más a las autoridades.

Al llegar, Salinas se vio obligado a atender los reclamos estudiantiles y decretar la reforma del estatuto universitario incorporando: la docencia libre, el cogobierno paritario (la participación de los estudiantes en el gobierno de la universidad en igual número respecto a los profesores titulares y suplentes), la asistencia libre (que obliga al profesor a preparar su clase sino no tendrá alumnos), la autonomía universitaria y la extensión universitaria (contacto con los problemas de la sociedad). Posteriormente, estos principios se instauraron en todas las Universidades del país y para 1921, la reforma reía a nivel nacional. Entre otros logros, se reabrió el Hospital de Clínicas y el nuevo rector Eliseo Soaje sería respaldado por la FUC.

Es importante remarcar y hacer especial mención a la resistencia incansable que tuvieron aquellos reformistas. Fieles a su pensamiento y convencidos de que lo que estaban haciendo no solo modificaría el régimen universitario en una provincia, sino que tendría alcance nacional y repercutiría en toda América Latina. Pero también es pertinente observar y analizar el carácter interventor del Estado bajo una decisión política del gobierno de Yrigoyen, que respaldó y apoyó la reforma e hizo posible los cambios que surgieron. La Reforma deja en manifiesto que la inmovilidad en todos sus aspectos causaba un mohín en algunos sectores de la sociedad argentina.



[1]“Revolución y Contrarrevolución en la Argentina” Libro 3: La Bella Época. RAMOS, JORGE ABELARDO. 2006. Pág 240

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En la sociedad latinoamericana actual, hay un orden económico sólidamente establecido, que consigue mantener en un alto grado de alienación a los trabajadores y trabajadoras. El trabajo, suele ser pura y exclusivamente una obligación cotidiana para sobrevivir a las demandas económicas del presente, lo que impide toda autorrealización genuina para emanciparse en la lucha por los derechos humanos.

El salario, condicionante actual de los valores del trabajador, es el que engendra oposiciones, competencias, precariedad, explotación, y desigualdades entre trabajadores, donde los propietarios de empresas son los principales beneficiados. Este es uno de los factores que logra nublar a los trabajadores, impidiendo identificar al capitalismo mercantil y salvaje, personificado hoy en la Argentina por Macri y compañía, como el enemigo a enfrentar.

Existe un impedimento que es esa división jerárquica entre opresores y oprimidos, claramente los trabajadores se encuentran en el segundo. Para esperanza de muchos, a lo largo de la historia han existido movimientos nacionales y populares, que pusieron en evidencia los intereses foráneos de las minorías opresoras, concientizando a las masas populares en su capacidad colectiva para modificar ese status quo a su favor, generando un compromiso de lucha, constituido en distintas organizaciones como, por ejemplo, en un sindicato.

Uno de esos movimientos nacionales surgidos en la Argentina fue el Peronismo, que supo inclinar la balanza en defensa de los intereses obreros. En los países semicoloniales, en ese entonces y en la actualidad, el papel principal lo desempeña el capitalismo extranjero. Dicha injerencia forastera no se caracteriza por importar obreros, sino que utiliza a la población oriunda del lugar como fuerza de trabajo.

El general Perón, que advierte el factor sustancial del movimiento obrero, entiende que, para resistir a dicho capitalismo externo es necesario sentar las bases de su gobierno con el apoyo de los trabajadores, las pequeñas y medianas empresas, y consolidar una burguesía industrial nacional, caracterizándose por ser un gobierno que, no solo apunte a representar a las clases más humildes, sino que además defienda los intereses nacionales de todas las clases sociales productivas en la Argentina.

En aquel entonces se concientiza a los obreros para que comprendan las condiciones objetivas que tienen su lugar en la producción, esto es de vital importancia para la defensa de los intereses colectivos nacionales encabezados por los sindicatos que tuvieron su época de auge en el Peronismo, teniendo en cuenta un factor fundamental como decía Marx:

La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos

 En contraposición a la clase trabajadora actual sobre todo la media, donde su baja emotividad política, y su descreimiento en sí misma, la han alejado de todo deseo de organización y lucha colectiva, proporcionando la pérdida de conciencia de clase.

Recordemos que gran parte del electorado de la Alianza Cambiemos fue compuesto por dicha clase media. Esto se debe en gran parte al rol que hoy ocupan los medios monopólicos de comunicación, con el objetivo principal de embrutecer a los pueblos latinoamericanos, que a su vez esto se prolonga en las cátedras universitarias, sumado a los déficits de la universidad pública que tiende a expulsar a los trabajadores y no alterar la composición social de las mismas.

 Sería un error no mencionar las falencias del gobierno anterior que generó el descontento de esta clase, como por ejemplo la inflación, impuesto a las ganancias, etc., que actualmente siguen existiendo y tienden a crecer, pero el blindaje mediático se encarga de encubrirlo.

Si a mediados de la década del 40 las necesidades nacionales, industriales, y sindicales encontraron su representación en Perón, el próximo candidato o candidata, que surja del campo nacional y popular, debe garantizar que su base política electoral para enfrentar al gobierno de Cambiemos, nucleará a todos los sectores que hoy están dando la lucha contra las políticas demoledoras en varios aspectos, principalmente en el ámbito económico-laboral.

Por último, se hace necesario conocer las historias de luchas de los trabajadores latinoamericanos, objetivo que iremos desarrollando en futuras notas de esta revista, en post de recuperar las divisas históricas del movimiento obrero y no repetir sus mismos errores. Para esto es necesario que los argentinos se concienticen de lo que hoy está sucediendo en nuestro país, lo que establecerá que dicha comprensión se canalice en acción, con un compromiso político y organizado que contribuya a la emancipación de cada trabajador y trabajadora hacia una Argentina cada vez más justa.

 

Bibliografía:

Libro: “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”, Jorge Abelardo Ramos, Tomo 5: La Era del Peronismo; Capítulo: Los coroneles en el poder; “Actitud de la clase obrera”

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Según el Diccionario de la Lengua Española, homólogo tiene 4 significados, nos vamos a detener en el significado como adjetivo de la palabra:

Homólogo/a: Que es semejante a otra cosa por tener en común con ella características referidas a su naturaleza, función o clase.

Decir que el Peronismo asentó una simbiosis con los trabajadores no es un dato aislado, para lograr dicha tarea fue necesario sentar las bases de su gobierno en dos aspectos fundamentales: social y político, que a posteriori repercutiría notablemente en la situación económica de los sectores populares.

Aspecto Social:

Este aspecto fue el precursor para la emancipación de la clase trabajadora, junto con sus familias, otorgando derechos laborales en defensa de los trabajadores, su posterior inclusión a los ámbitos educativos, mejoras en las condiciones de salud dignas y a su vez reguladas en favor de los sectores más humildes por el Estado.

Dicha etapa social comenzó en el año 1943, cuando Perón asume en el Departamento Nacional de Trabajo. Desde allí comenzó a entablar relaciones con las tres grandes centrales sindicales de la época que eran la CGT1, la CGT 2 y la USA, ulteriormente de esto, Perón se encargó de promover la unidad de la CGT.

Una de las primeras cuestiones gremiales donde intervino Perón, fue en el marco de un conflicto de un frigorífico de Avellaneda, donde el gremio de la carne (CGT2), liderado por José Peter es tomado prisionero. Perón actúa en favor de los obreros y libera a Peter, lo que socialmente garantizó un aumento positivo en la imagen del “primer trabajador”.

Todo esto confluyó en aprobación de normas con reivindicaciones históricas para la clase trabajadora, como el estatuto del Peón Rural, los beneficios jubilatorios, la creación del Instituto Nacional de Remuneración, establecer la jornada laboral de 8 horas, aguinaldos, entre otras tantas.

Dichas medidas terminaban con la época represiva hacia los trabajadores, estos no precisaban entablar una lucha permanente contra el gobierno, lo que les permitió desarrollar actividades sociales y culturales, apoyadas por el gobierno donde se crearon clubes barriales, hospitales, viviendas, programas de capacitación, todo a disposición de la clase trabajadora.

Aspecto Político:

La estrategia política de Perón fue la de atenuar sindicatos opositores, y conformar nuevas organizaciones representativas de los trabajadores. A partir de esto en 1943 surgen la UOCRA y la UOM.

Tanta era la popularidad que había forjado con la generalidad de los sindicatos, que el 12 de octubre de 1945, la CGT, llama a una reunión frente a la detención contra el general, que desencadena una huelga general para el día 18, la concientización de la movilización que había instalado Perón en la sociedad comenzaba a tomar una fuerte importancia.

Producto de esto las bases de los sectores obreros marcharon en una jornada histórica del 17 de octubre, en contra de lo que era el imperialismo norteamericano (Braden) y la oligarquía consolidada, encarnada en los gremios de la SRA y la UIA.

Perón comprendió que dentro del sector sindical era necesario formar cuadros como una herramienta más de empoderar a la sociedad trabajadora, funda el Partido Laborista, el cual administró el Estado desde 1943 a 1955.  En este se estableció que un tercio de los cargos corresponderían a sindicalistas, modificando la composición social del gobierno y desplazando a las élites de la dirigencia política establecidas durante décadas.

La participación de los obreros en el gobierno peronista no fue impedimento para fijar agenda de reclamos y huelgas de trabajadores que se dieron durante dicha etapa.

John William Cooke, uno de los dirigentes que fue partícipe necesario de la revolución justicialista en la política argentina decía lo siguiente:

“Si un mérito nadie le niega a Perón es el haber desarrollado en los trabajadores sentido de clase y la conciencia de su fuerza (…) el mérito del nuevo movimiento es hacer del imperialismo el problema central”

Como resultados positivos que instauró dicha revolución se instituyeron:

–Lograr elevar la conciencia política y social de los trabajadores, con la bandera de la justicia social y el ejercicio político de los trabajadores en el gobierno.

–Se consiguió democratizar el acceso educativo en todo su esplendor, permitiendo el ingreso de los trabajadores e hijos de estos a la educación secundaria, técnica y universitaria de forma gratuita desde 1949. Vale destacar que hubo principios de la reforma del 18 que le quedan como deuda al gobierno Peronista, como la democratización de los gobiernos universitarios.

Una frase de Juan Domingo Perón que sintetiza en pocas palabras el rol político del trabajador, que hoy mayoritariamente se ha perdido en las bases de la sociedad actual, que debe ser retomado por el sector trabajador y el cual el Gobierno de Cambiemos apunta a echar por tierra dice:

“Cada trabajador debe pensar que su futuro depende de lo que él haga y resuelva. Cuando los millones de obreros del país piensen así, se organicen y se unan, no habrá poder en la tierra que pueda hacer que sean engañados, defraudados y estafados en su voluntad”

 

Bibliografía:

http://sociologia-tercermundo.blogspot.com.ar/2015/09/juan-peron-y-los-sindicatos-de.html Autor: Aritz Recalde.

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Aniversario de la Revolución de Mayo

 

«QUIEN SABE QUIÉN LO ENCADENA Y POR QUÉ, ES MÁS LIBRE»

 

Desde chicos nos enseñaron que nuestro país «es grande y tiene libertad». Pero no es cierto: cadenas de todo tipo siguen privándonos de la emancipación. Cuando se afirma que con la independencia política se conquistó la libertad nos dejan sin nada por qué luchar. Pero la pelea por la libertad y la justicia sigue vigente.

La Revolución de Mayo fue un grito de libertad contra las cadenas de su tiempo. El pensamiento de Moreno, Belgrano, Castelli las identificó y levantó banderas de lucha acordes al momento histórico: «gobierno patrio», «plan de operaciones», «emancipación continental» etre otras.

Así como la libertad tiene sus padres, también tiene sus hijos. En el curso de la historia nacional el pensamiento de Mayo resuena nuevamente en el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918, donde se advierte sobre los «contrarrevolucionarios de Mayo» presentes en la Universidad.

La democracia política conquistada por el yrigoyenismo impulsaba la transformación latinoamericanista en las aulas universitarias. Años después, un nuevo movimiento nacional, el peronismo, reconocía los derechos sociales y laborales de las mayorías populares, así como los derechos políticos de las mujeres argentinas, al tiempo que libraba una lucha contra la dominación económica extranjera por medio de una política económica nacional y una orientación latinoamericanista.

Sin embargo los continuadores históricos de los enemigos de Moreno y San Martín derribaron estos gobiernos populares y durante décadas el pueblo argentino fue expropiado de la posibilidad de ser dueño de su propio destino.

Pese a ciertos momentos de recuperación, continuamos encadenados. La principal colonización es cultural: un conjunto de mecanismos dirigidos por el interés foráneo oculta la dominación del poder financiero sobre la economía, que provoca injusticia social y destruye la tierra, el agua y el aire.

El desafío para las actuales generaciones argentinas es desentrañar quiénes nos encadenan hoy y cuáles son los fundamentos de la dominación. Solo así recobramos el pensamiento de Mayo, recuperando la lucha colectiva por la libertad y la justicia.

La Agrupación Universitaria Nacional invita a conmemorar un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo el próximo jueves 25 de mayo de 2017 a las 13hs en  el Sindicato de Artes Gráficas (Patricias Mendocinas 1765 de Ciudad).| Contacto: Gastón Navarro 2616512064

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La dictadura cívico– militar que se inició en 24 de marzo de 1976 constituyó el plan más perverso del cual los argentinos tengamos memoria. Con el objetivo de instalar un plan económico rentístico financiero en beneficio de los sectores concentrados y en detrimento de los intereses del pueblo argentino, se llevó a cabo la represión, seguida desaparición y muerte de miles de compatriotas, que con una intensa conciencia política se opusieron al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

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El diario La Nación fundado por Bartolomé Mitre en 1870, anteriormente se denominaba La Nación Argentina y surge en 1862 como consecuencia de la disputa interna por el poder del liberalismo porteño.

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«Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres. (…) Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de resto de brea, de grasas y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe (…) Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad (…) Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto (…) Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacético, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaran sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.”

En este conmovedor relato de Raúl Scalabrini Ortiz sobre el 17 de Octubre de 1945, se plasma un hito en la historia política de los argentinos: los trabajadores, el movimiento obrero o simplemente, las masas populares irrumpen en la historia unidos bajo una misma consigna “¡Queremos a Perón!”. Y es justamente en ese instante donde nace el segundo movimiento nacional y popular del siglo XX: el peronismo.

Los trabajadores reclamaban la presencia de aquel desconocido personaje que desde la Secretaría de Trabajo y Previsión estableció el seguro social y la jubilación, el “Estatuto del Peón”, un salario mínimo y procuró mejorar las condiciones de alimentación, vivienda y trabajo de los trabajadores rurales, la creación de Tribunales de Trabajo, la fijación de mejoras salariales y el establecimiento del aguinaldo para todos los trabajadores; antes de ser elegido 3 veces presidente de los argentinos.

Durante el período que Juan Domingo estuvo preso en Martín García, muchos empresarios, fundamentalmente los vinculados a la oligarquía y al capital extranjero, incumplían la nueva legislación y los derechos conquistados por los trabajadores. “Vayan a pedirle el aguinaldo a Perón”, era el dicho de los patrones a sus empleados en tono burlesco y denigrante.

Esto determinó que miles de trabajadores y trabajadores se hicieran presentes el 17 de octubre, en la Plaza de Mayo, reclamando en forma pacífica por la libertad de aquel hombre que el destino quiso colocar a la cabeza del Movimiento Nacional.

Hoy estamos viviendo un nuevo momento de retroceso para los trabajadores: crecimiento del desempleo, disminución del poder adquisitivo, pérdida de soberanía, etc.  La renta nacional que durante los últimos 10 años fue repartida entre los argentinos, vuelve a concentrarse y transferirse al exterior, beneficiando principalmente al capital financiero, que ha metido a sus CEO’s en el gobierno que trasladan nuestra renta nacional –vía empresas off-shore – a sus bancos extranjeros.

Macri en la Nación, Cornejo en la provincia y Pizzi y la Franja Morada en la Universidad son los representantes políticos de estos sectores que han aplicado un brutal ajuste sobre el bolsillo y los estómagos de los argentinos.

Nos parece relevante, en estos momentos difíciles, reivindicar aquellos episodios en donde las argentinas y los argentinos exigimos a la historia un reconocimiento, vivimos mejor y fuimos más felices. Es por eso que los invitamos a conmemorar aquel momento histórico para sacar de aquél algunas conclusiones que nos permitan entender mejor nuestro presente, para luchar por un futuro más justo.

Lunes 17/10 a las 18:30hs Hall de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

 

 

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Compañeros y compañeras los invitamos al Ciclo — Debate de Autores Clásicos del Pensamiento Nacional Latinoamericano a realizarse los días jueves 7 y viernes 8 de abril a las 21 hs.

Inmersos en una Argentina que enfrenta un nuevo sobrendeudamiento con las principales bancas internacionales; una imposición de un techo del 25% en las paritarias contra una inflación galopante que asciende por encima del 40%; y severas medidas de ajuste contra los asalariados acompañadas de represión; es que consideramos indispensable retomar el pensamiento clásico de algunos autores de la talla de Scalabrini Ortiz, Ramos o el viejo Jauretche, que supieron denunciar en su momento las formas de dominación y sumisión del pueblo por medio de su pluma y su militancia.

En las reuniones anteriores analizamos las obras y el pensamiento político de José de San Martín, Fidel Castro, Hugo Chávez, Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche en su obra “El medio pelo en la sociedad argentina”, la obra «Política y Economía» de Don Arturo Jauretche, y «Mujer, sexualidad, internet y política: los nuevos electores latinoamericanos» del asesor estrella de Macri, el ecuatoriano Jaime Duran Barba.


En esta oportunidad se expondrá la obra “América Latina en la geopolítica del Imperialismo” de Atilio Borón, en la cual el autor retoma una categoría esencial para entender la realidad como es la geopolítica, utilizándola para analizar la situación de América Latina frente al Imperialismo.

AUN ¡Malvinas Volveremos!

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En el artículo pasado vimos como la Argentina de la dictadura cívico-militar del 76´ al 83´ entregaba en bandeja de plata todos nuestros recursos a través del embuste de la toma compulsiva de deuda; ya que todo ese dinero se destinó a importaciones superfluas, pago de intereses y principalmente, a evasión de capitales por parte de los grupos económicos locales y trasnacionales.Este período que le sigue, de democracias semi coloniales (independientes en los formal y sometidas en lo cultural, político y económico) que va desde 1983 hasta el 2001, las bases del modelo económico implantado por el gobierno de facto se mantuvieron firmes y fueron inclusive afianzadas, teniendo al Plan de Convertibilidad de los 90´ como máxima expresión de un sistema legal de transferencia de recursos al exterior. 

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