El Plan Cóndor comunicacional

En artículos anteriores vimos que, en la nueva guerra global, EE.UU desarrolló nuevos modelos de intervención o guerra distintos a los convencionales utilizados en los dos conflictos mundiales.

En éstos, la mayoría de las acciones no son de naturaleza militar, sino que prefieren utilizar “botas inteligentes” en el terreno, y establecer operaciones no lineales.

Las operaciones no lineales de amplio espectro, establecen al poder en cualquier punto del globo en respuesta a una amplia gama de contingencias y contra múltiples adversarios. Por ejemplo: mientras EEUU interviene militarmente en Oriente Medio, lo hace con otros métodos –colonización cultural– en Venezuela, Brasil o Argentina. 

La variedad de recursos disponibles que utilizan en situaciones concretas es un factor crucial de éxito. Esta doctrina plantea centralmente:

–Flexibilidad de pensamiento y acción, enfatizando la aplicación innovadora de la fuerza;

–Considerar la incertidumbre y no limitarse a soluciones predeterminadas para los problemas;

–Revisar constantemente los planteamientos tácticos-estratégicos para garantizar que se retiene los conceptos útiles y descartar aquellos que han probado ser inútiles;

–Capitalizar las ventajas asimétricas;

En palabras de Clausewitz, la guerra es un fenómeno en constante adaptación a la realidad cambiante: “un verdadero camaleón”. Así, es normal que cambien los estilos de la guerra, adaptandose a las variables condiciones sociopolíticas que debe enfrentar.

Mientras el siglo XX fue testigo de la mecanización y las armas nucleares, la característica más llamativa del siglo XXI es la forma híbrida de las nuevas guerras, en el marco de la asimetría entre tecnologías de punta y formas de combate que neutralizan el impacto de las armas más sofisticadas. Y todo ello con un elevado grado de desprecio al Derecho Internacional.

La situación de desestabilización y “guerra permanente” que establecen en los países mencionados, es una clara expresión de cómo se comporta y adapta el Imperialismo a través de sus diversos métodos.

En este sentido la función de los medios de comunicación concentrados, aliados o parte de los poderes financieros del imperialismo, son vitales en la llamada “Guerra de Cuarta Generación”, típica de la era de la tecnología informática y de las comunicaciones globalizadas, en la que su objetivo no es (solamente) matar, sino controlar y conquistar los cerebros. Son “balas” que apuntan a las vulnerabilidades psicológicas de las personas. Es una guerra sin frente, ni retaguardia.

La Guerra Psicológica Mediática es el arma estratégica dominante en la 4GW (por sus siglas en inglés).

Los soldados de la 4GW ya no son militares, sino expertos en comunicación y contrainsurgencia, que sustituyen a las operaciones militares por las operaciones psicológicas.

Estos “soldados psicológicos” no quieren que las personas piensen la información, sino que consuman la información: noticias, títulos, imágenes, que excitan los sentidos y la curiosidad.

Debemos añadir la industria de la música y sus complementos (que no tiene nada que ver con el arte, siendo más bien su antítesis), que produce aislamiento individual, el retroceso del pensamiento abstracto y de la comunicación humana.

Las industrias del entretenimiento banal, el empleo frívolizante de los dispositivos de telecomunicaciones, los videojuegos y Hollywood, etc., han dañado, incluso a nivel neourocientífico, las posibilidades humanas de comprender los asuntos colectivos, la res pública.

Van Creveld prevé que en el futuro las bases militares serán reemplazadas por bases mediáticas, y el control de la población se efectuará mediante una mezcla de propaganda y terror. Se buscará crear sistemas avanzados de manipulación y control social.

 

Plan Cóndor Comunicacional

En nuestra Nación han dado cinco golpes de Estado, en lo que va del siglo XXI. Todos se caracterizan porque el ariete han sido las estructuras monopólicas mediáticas, custodiadas por organismos internacionales bañados de (dudoso) prestigio como la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). Para algunos especialistas, se trata de un “Plan Cóndor Comunicacional” dirigido contra los gobiernos que implementan ensayos de economías nacionales, soberanas y sin el dictado imperialista.

Es indudable que en América Latina hay bases militares y bases mediáticas. Las segundas, –reflexiona Fernando Buen Abad-, tienen mayor capacidad de articulación, de manera más rápida y ubicua.

Por ejemplo: hacen estallar un comentario difamador en Venezuela, esa misma mañana en una radio de un barrio de Buenos Aires la repiten, haciendo operar de esa manera la agenda en el territorio, al mismo tiempo que el Grupo Prisa de España reproduce la misma nota en Madrid, la CNN la reproduce en Estados Unidos, en México la difunde Televisa, y Clarín hace lo suyo en Argentina.

Hay velocidad y sincronicidad, o sea, básicamente  estrategia y táctica militar. Es una lucha territorial al mismo tiempo que hay una lucha semántica.

La Guerra de Cuarta Generación es una herramienta de agresión ideológica del imperialismo, que convierte a toda una población en su blanco de ataque. El manejo de la “opinión pública” es crucial para anteponerse a las políticas de los gobiernos nacionales, populares y democráticos.

Este método de agresión es una de las causas del momento político que atraviesa la región, plasmado en la persecución permanente contra Dilma en Brasil, y la pérdida de las elecciones en Venezuela y en la Argentina.

Nuestro país es un caso muy representativo: el presidente ganó las elecciones demostrando un elevado contenido de frivolidad, individualismo y despolitización, inéditos en la historia política argentina. 

Apenas en el poder, el idiota útil empezó a direccionar al Estado argentino a favor de los intereses de la banca internacional y en contra de la soberanía cultural y económica del país; todo ello, bien cubiertas las espaldas por las “bases mediáticas”.

Hasta donde pueden oponer éstas sus técnicas de manejo de la “opinión pública”, frente al vasto rechazo en importantes capas sociales de las medidas del gobierno macrista, es asunto por verse. Sin embargo, y sin agotar el análisis, el Plan Cóndor comunicacional tuvo un éxito parcial importante en las últimas elecciones. Y van por más.-