Haddad al gobierno, Lula al poder ¿Retornan brisas de esperanzas latinoamericanas?

 

El próximo domingo 7 de octubre se llevarán adelante las elecciones en el hermano país de Brasil. El destino de nuestra región está en juego con dos proyectos que dividen aguas, uno que expresa el campo nacional y popular en Fernando Haddad (candidato de Lula) y otro que responde claramente a la oligarquía rancia y cipaya personificado en Jair Bolsonaro. Muchas incertidumbres y algunas certezas están dando vuelta ¿Cómo se llegó a la destitución de Dilma y a la proscripción de Lula? ¿Quién ganará la próxima batalla electoral?

Temer, del golpe a Dilma a la proscripción de Lula

En un análisis simplista pareciera ser que la elección del golpista de Michel Temer fue un error garrafal de Lula y su equipo político. Lejos de esto, lo que se produjo en dicha alianza para las presidenciales del 2010 y 2014 fue una coalición de partidos, que en ese entonces garantizaba una correlación de fuerzas a favor que posibilitó imponerse en las urnas. No así en la posterior gobernabilidad.

El antipopular de Michel Temer proviene del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño). Dicho partido nunca ganó unas elecciones presidenciales de manera directa. Cada vez que conduzco los destinos nacionales fue reemplazando un presidente por un vicepresidente (en el mejor de los casos).

El PMDB vendría a expresar la “ancha avenida del medio” que intentó instalar en la política argentina el Frente Renovador. Un partido sin posiciones políticas claras y sin identificación de clase. Utilizan estrategias donde su enemigo principal es por ejemplo la “corrupción” (en lo discursivo, en la práctica se llevan muy bien). Lo característico de este partido es que no propone políticas de gobierno que impliquen plantear como determinarían la redistribución de la riqueza nacional en pos de una sociedad un poco más justa, lo cual implica sacarle a un sector para repartirlo en otro, cosa que el Gobierno de Lula si hizo en favor de las clases populares.

En donde se diferencia del partido cuyo líder es o fue ¿Sergio Massa?, es que el PMDB cuenta con la mayor cantidad de afiliados en Brasil, 2 millones y medio, superando al PT (Partido de los Trabajadores) que cuenta con 1 millón y medio. Gracias a esto y a su composición mayoritariamente empresarial, ha podido tener una clara incidencia a la hora de mover el amperímetro electoral, posibilitando que forme parte del gobierno con altos cargos en los últimos 25 años.

A Lula –en términos maradonianos– se le escapó la tortuga. Un traspié fue aliarse con sectores de la oligarquía brasilera. El otro fue no haber podido consolidar una correlación de fuerzas a su favor luego de tantos años de gobierno con sectores del campo nacional. Para esto era y es imprescindible elevar el nivel de conciencia política de los pueblos (democratizando de contenido nacional el aparato cultural). Esto de la mano de un proyecto que exprese diversos candidatos y candidatas, para que a posteriori, se hagan cargo de los destinos nacionales ante posibles ataques de sectores antipopulares que concluyeron con la destitución de Dilma Roussef en 2016 y la guerra jurídica que terminó proscribiendo a Lula para las próximas elecciones.

La hora de contar las costillas y los porotos

La Justicia Electoral del Brasil determinó, de forma antidemocrática, la imposibilidad de que Lula sea partícipe del proceso electoral. Quien deberá competir en su lugar es Fernando Haddad. Este fue alcalde de Sao Paulo y ministro de educación entre 2005 y 2012 (todo pareciera indicar que es del riñón de Lula). A su vez se conformó una coalición entre el PT, el PCdoB (colocan a la vicepresidenta, Manuela d´Avila) y el PROS (Partido Republicano del Orden Social). 

En la vereda de enfrente está Jair Bolsonaro, exmilitar, y acérrimo defensor de la dictadura militar de 1964. Viene a proponer la famosa “mano dura”. Hace tiempo que arroja frases poco felices como “el error de la dictadura fue torturar y no matar”, sumado a declaraciones racistas sobre la gran mayoría del pueblo brasileño por sus rasgos afrodescendientes. Estas afirmaciones le han proporcionado un núcleo duro de votantes que están de acuerdo con la represión y el ajuste (siempre que sea dirigido hacia los sectores más pobres) y se expresará en la próxima contienda electoral en una alianza entre el PSL (Partido Social Liberal) y PRTB (Partido Renovador Laborista Brasilero).

Alrededor de 150 millones de brasileños y brasileñas están inscriptos en el próximo proceso electoral. Brasil es el cuarto país a nivel mundial con mayor capacidad electoral, solo superado en cantidad de votantes por India, Indonesia y Estados Unidos (en este la participación no es obligatoria, se vota un martes y por lo tanto es proporcionalmente baja).

Según el sondeo de la CNT, la intención de voto en primera vuelta de Haddad ronda el 25% (arranco con 2% de intención de voto y mantiene una tendencia de crecimiento) mientras que Bolsonaro cuenta entre un 30% y 35% (su techo no se despega de esa cifra) de intención de voto. Esto nos hace pensar que en primera vuelta podría llegar a darse un empate técnico.

El dato de color y esperanzador es que, en un posible ballotage (previsto para el 28 de octubre) –en Brasil suele definirse siempre de esta forma, ya que es necesario el 50% +1 de los votos y 10 puntos de ventaja sobre el segundo para imponerse en primera vuelta– Haddad corre con ventaja ya que en este escenario, la mayoría de los votos de Ciro Gomes del PDT (Partido Democrático Laborista) que posee entre 11% y 15% de intención de voto, pasarían directamente para el candidato de Lula por las cercanías entre ambos líderes y la composición social de sus votantes. A Bolsonaro lo que le juega en contra es que su techo y su alta imagen negativa se mantendrían de darse un ballotage entre un 30% y 35%.

Todo parece indicar que si Haddad logra colocarse en segundo lugar con las cifras anteriores, Bolsonaro podría optar por la alternativa de hacer la “gran Menem” y bajarse de una posible segunda vuelta ante una victoria que consolidaría un nuevo gobierno del campo nacional y popular.

En este contexto es que retornan brisas de esperanzas latinoamericanas provenientes primero del norte, por la victoria del popular AMLO en México, y segundo por la posible victoria del candidato de Lula, lo que pondría de pie a la primera economía de América Latina, con todo lo que esto implica.

En nuestro país, el pueblo argentino ya se harto del representante de los organismos internacionales de crédito, Mauricio Macri. No hay camino posible que genere una sociedad un poco más justa mientras nos gobierne el FMI. Como compatriotas no solo seguiremos el minuto a minuto de las elecciones del próximo domingo en tierras brazucas, sino que además, ya contamos los días para que se realicen las elecciones en nuestro país y el cipayo de la Rosada se vaya democráticamente. Esto en pos de que al final de cuentas “la Argentina sea feliz de nuevo”.

 

Fuente:

https://www.labatallacultural.org/2018/10/01/cambiando-la-suerte-en-el-puticlub-ensayo-general-de-los-pueblos/

Modificado por última vez en Sábado, 06 Octubre 2018 16:22
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