La Tercera Guerra Mundial en cuotas: Siria

Hace más de un año explicábamos cuales eran las causas que le hacía afirmar al Papa Francisco que estábamos viviendo una tercera guerra mundial en cuotas. Hoy, a pocas horas de que el impresentable Trump expresara la orden de “atacar a precisión” a los sirios, reflotamos nuestra publicación.

Esta nueva guerra, es motorizada por las mismas razones que las anteriores, es la lucha por el control de los mercados, recursos y pasos estratégicos en numerosos países del mundo. En las puertas del resquebrajamiento del orden mundial unipolar observamos cómo la guerra comercial que venía sosteniendo EE.UU. – China se expresa en conflictos bélicos.

La importancia, en materia de recursos naturales y resistencia cultural, vuelve a Siria el territorio que pone los muertos. Sólo porque algún “Juez Moro” sentenció sobre los riesgos de la posesión de armamento químico, sin tener una sola prueba de ello, los sirios fueron sometidos a un ataque de aproximadamente 30 misiles que afortunadamente fueron interceptados por la fuerza aérea siria.

Como argentinos y latinoamericanos no somos ajenos al conflicto mundial. En los últimos días el obsecuente y vendepatria Macri autorizó la importación de soja a nuestro país en pos de procurar recibir las mercancías norteamericanas que China ya no recibe. Lo que acrecienta el déficit de la balanza comercial que, como nos tiene acostumbrados Cambiemos, se solventará con más endeudamiento…tal vez. Un círculo vicioso insostenible que ya ha tenido sus crisis en el mundo y en nuestro país.

Haciéndonos eco de la historia latinoamericana, podemos aseverar que cada vez que entran en crisis las potencias mundiales, el resto de los países tenemos más oxígeno para revertir el atraso al que nos tienen sometidos. En la grieta que se abre tras el resquebrajamiento del antiguo orden mundial don EEUU pierde el dominio, se nos presenta una oportunidad.

También se recrudece la presión del ex sheriff mundial sobre las regiones poseedoras de recursos naturales. Luego no es casual que se meta preso a Lula en Brasil o que los representantes de los órganos multilaterales de crédito vengan a bendecir las políticas impopulares del macrismo, y que una jueza imponga la intervención del Partido más importante del país. Son distintas caras de la misma moneda, luego la comprensión y seguimiento de estos asuntos son de suma importancia.


¿Por qué vivimos en una tercera guerra mundial en cuotas? (2ª parte)

Por Matias León

La principal potencia militar del mundo con más de 3.000.000 de efectivos en actividad, que dispone de la última tecnología y que se gasta la mitad del presupuesto mundial en armamento, no puede contra 60.000 soldados armados con AK-47 y un puñado de tanques en un territorio desértico menor a la provincia de Entre Ríos.

La afirmación sería ridícula si no fuera porque, en verdad EEUU, no está en guerra contra el terrorismo. Está en guerra contra los que disputen su dominio, en distintos grados de violencia. Los grupos terroristas pueden existir sólo al calor de las crisis creadas, todo como excusa para la intervención norteamericana.

Sus verdaderos enemigos son los países que han convertido al mundo en multipolar. En especial Rusia y China. El primero por su potencial energético y nuclear, el otro por su potencial económico. Pero ahora bien si ellos son sus mayores contendientes ¿por qué no estalla la guerra a escala global o al menos continental?

Por una serie de razones simples, como la destrucción mutua asegurada y la rentabilidad económica. Desde la antigüedad la razón última de la existencia de los imperios es asegurar a sangre y fuego las riquezas de las clases más acaudaladas, garantizando el crecimiento de sus negocios con nuevos territorios y mercados. Con la aparición del imperialismo, se le suma la creación del capital financiero, el control de los grandes monopolios y la colonización cultural.

En el caso de que un lado pueda verse perdedor en un conflicto militar podría apelar a su armamento nuclear. Ahora bien, hacer grandes negocios luego de una hecatombe nuclear es bastante complicado, porque básicamente no queda nada. Ni mercado, ni recursos y mucho menos gente. Si ambos países tienen la capacidad de destruirse absolutamente entre sí, –vale decir la destrucción mutua asegurada-, un conflicto total de manera armada es poco querible, no quedaría nadie para contar el resultado. En esta relación están EEUU y Rusia desde finales de los 60´. Sumémosle a eso que Rusia provee de energía a gran parte de Europa, especialmente a los aliados de EEUU en la OTAN.

En otro aspecto, China y EEUU dependen intrínsecamente entre sí. La mayoría de la deuda pública norteamericana está en manos de los chinos, por lo que si ellos quisieran podrían quebrar la economía norteamericana. Pero eso no les interesa por el momento, ya que sus mayores compradores son los norteamericanos. Tienen grandes negocios entre sí más allá de sus diferencias.

Esto no implica que EEUU se quede de brazos cruzados, es más, busca otros métodos y formas de agresión contra estos países y el resto del mundo. Si lo descripto en los párrafos anteriores es un problema para los yanquis, harán lo necesario para cambiar a los gobiernos o a quienes manejen los territorios a conquistar.

Crea, entrena y financia grupos armados fundamentalistas contra gobiernos que no se arrodillen, aprovechando el negocio de la venta de armas y la “reconstrucción” de lo que ellos mismos destruyeron. Fomenta golpes suaves y parlamentarios de la mano de ONGs y partidos adictos, contra los frentes nacionales ganadores. Financia campañas y deuda para candidatos y gobiernos amigos en donde las medidas que lo combaten no hayan sido suficientemente profundas. Mientras sirvan a los intereses inmediatos o a largo plazo del capital norteamericano, no les importa si se dicen de derecha, izquerda o mucho menos su religión.

La guerra que une a todas las guerras y se da en cuotas en todo el mundo empezó hace tiempo. Mientras usted leyó esta nota, en promedio, sólo en Siria en la última hora murieron 11 personas. A una razón de casi medio millón en los últimos cinco años, (o sea, más del 11% de su población), sin contar los heridos y refugiados. Si algo así sucediera en un país como el nuestro, imagine una guerra con más de 4 millones de muertos. Esos son los niveles de masacre a los que el capital norteamericano está dispuesto a llegar para garantizar sus ganancias, a base de hambre, muerte y pobreza. Esos son los grandes apóstoles del “Dios Dinero” que ya denunció Francisco y sus formas de dominación./

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