EEUU bombardea a Lula y el Juez Moro apresa a Bashar Al Assad

La guerra comercial entre EEUU y China se trasladó vía las armas al territorio sirio. La disputa por el control del medio oriente, los recursos naturales y un gran mercado donde imponer las mercancías, son algunas de las razones. Mentiras, difamaciones y una dictadura mediática al servicio de las potencias genocidas como EEUU, Francia o la piratería inglesa permiten “casi” legitimar el bombardeo.

 

Resulta que mientras los postulados del libremercado se caen frente a las políticas proteccionistas de EEUU y China, cuando mutuamente esos países se ponen elevadas barreras aduaneras para que sus productos exportables no ingresen a ninguno de esos países, entonces es hora de abrir barreras por la fuerza, por los jueces o por Clarín. En Brasil es por los jueces, en Siria por la fuerza y en nuestro país por Clarín.

Temer no puede sostener las medidas de ajuste. No sólo por su ilegitimidad de origen y de ejercicio en la presidencia que ha utilizado para imponer con los garrotes la reforma laboral. Sino que como los brasileros ya no comen vidrio, el empobrecimiento del gigante brasilero se traduce en la necesidad de sacarse de encima a un “presidente” que no supera el 2% de popularidad. Entonces aparece Lula, un obrero metalúrgico que cometió el delito de darles algo de comer a su pueblo. Luego, le inventaron una causa, y un tal Servini de Cubría, en portugués “Barú Budú Budía”, ordenó bombardear la sede del sindicato donde se resguardaba y ocultaba armas químicas. Le preguntaron a Lula:

¿Las armas químicas son suyas?”. “No hay armas químicas”. “¿Seguro?”. “Seguro”. “¿Entonces no son suyas?”. “No hay armas químicas”. “¿Ni un poquito?”. “No”. “¿O sea que usted niega que sean suyas?”. “No hay armas químicas”. “¿Y cuándo las compró?”. “Nunca. No hay armas químicas”. “¿Y cuánto le costaron?”. “No hay armas químicas”. “¿Y desde cuándo las tiene?”. “Desde nunca”. “¿O sea que no son suyas?”. “No. No hay armas químicas”. “¿Está seguro?”. “Lo estoy”. “Y, dígame: ¿por qué eligió esas armas químicas y no otras?”. “No hay armas químicas”. “¿Las eligió su mujer?”. “No hay armas químicas”. “¿Quién las eligió?”. “Nadie”. “¿Y entonces por qué tiene armas químicas?”. “No hay”. “Se las regalaron…”. “No”. “¿Y cómo las consiguió?”. “No hay armas químicas en Brasil”. “¿Niega que sean suyas?”. “Ya se lo dije”. “Responda la pregunta”. “Ya la respondí”. “¿Lo niega?”. “Lo niego”. “O sea que no son suyas…”. “No hay armas químicas”.

Mientras esto pasaba en nuestro continente, el Presidente de la Reúplica de Siva, el Juez Moro, daba las órdenes (siguiendo instrucciones de EEUU, Macrón y May) de apresar a Bashar Al Assad en la “inestable” e “insegura” Siria. Dicen que el presidente sirio se habría comprado un departamento en Damasco que no declaró en su DDJJ Lo habría obtenido con el producido de la compra y venta de petróleo a EEUU. En ningún documento consta ello, y ni un solo testigo lo puede aseverar. Pero el multimedios Clarín, conocido como “el gran O’Globo sirio”, ha destacado en sus portadas que Bashar Al Assad sí compró ese departamento. Moro, de manera preventiva, lo condenó a 12 años de prisión. Le preguntaron al presidente sirio:

¿El departamento es suyo?”. “No”. “¿Seguro?”. “Seguro”. “¿Entonces no es suyo?”. “No”. “¿Ni un poquito?”. “No”. “¿O sea que usted niega que sea suyo?”. “Lo niego”. “¿Y cuando lo compró?”. “Nunca”. “¿Y cuánto le costó?”. “Nada”. “¿Y desde cuándo lo tiene?”. “Desde nunca”. “¿O sea que no es suyo?”. “No”. “¿Está seguro?”. “Lo estoy”. “Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?”. “No lo elegí”. “¿Lo eligió su mujer?”. “No”. “¿Quién lo eligió?”. “Nadie”. “¿Y entonces por qué lo compró?”. “No lo compré”. “Se lo regalaron…”. “No”. “¿Y cómo lo consiguió?”. “No es mío”. “¿Niega que sea suyo?”. “Ya se lo dije”. “Responda la pregunta”. “Ya la respondí”. “¿Lo niega?”. “Lo niego”. “O sea que no es suyo…”. “No”.

Le decimos a nuestros lectores: ¡Tranquilos! En nuestro país nada puede malir sal. Pues el excelentísimo Sr. Presidente Mauricio Macri S.A., va a seguir sosteniendo la política de apertura comercial para ayudar a los ejércitos de la libertad, comprando lo que los países genocidas no pueden vender.

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