El Papa discute el papel de la Universidad

En su visita a Chile y Perú, Francisco hizo una parada en la Pontificia Universidad de Chile. Allí se refirió al papel que el universitario debe tener en Latinoamérica. Claro mensaje a aquel estudiante que se caracteriza más por ser un “bicho-canasto” que por intentar ser parte de “un laboratorio para colaborar con la construcción del país[1]

Lo que nos proponemos es recuperar intervenciones de su discurso, útiles para pensar políticamente la función de las Universidades y el papel de los jóvenes universitarios que se preparan para la construcción del país.

Enseñar a pensar y a razonar de forma integral

Francisco invita “a pensar y a razonar de manera integradora”, haciendo alusión a que el universitario no debe ser un recipiente vacío que es llenado de contenidos cada año que pasa en la Universidad, sino que debe ser parte activa de la comprensión de la realidad y tomar conciencia  de que esa realidad es la que a su vez transforma al estudiante de forma dialéctica.

¿Cuántas carreras cuentan con estudiantes pasivos que reciben información de profesores como verdades absolutas y jamás se ponen a pensar si los contenidos brindados son los necesarios para el pueblo, que de forma estratégica financia nuestros estudios para que podamos serles útiles en un futuro? ¿Cuánto profesor lleva enseñando por años con el mismo “Power Point” sin siquiera preocuparse por mejorar los contenidos o al menos actualizarlos, aplicando fórmulas caducas y que sirven a un interés ajeno? ¿Cuántos graduados sienten que su título no es útil para cooperar en la solución de los problemas comunes?

Además, exige “generar espacios donde la fragmentación no sea el esquema dominante, incluso del pensamiento; para ello es necesario enseñar a pensar lo que se siente y se hace; a sentir lo que se piensa y se hace; a hacer lo que se piensa y se siente.[2]” Fantástico párrafo referido a la formación integradora de cuerpo, mente y espíritu del universitario en particular y del ser humano en general. Concebir el desarrollo armónico de estos tres estadios en equilibrio, debería ser la divisa de cualquier carrera universitaria. Lamentablemente hoy se busca cada vez menos esta integralidad, dictando contenidos separados de la realidad en la que han sido formulados y enajenan al estudiante desvinculándolo del medio en el que se desarrolla, profundizando la  Colonización Cultural, que además de ser funcionales a los intereses foráneos del país, se intenta fragmentar más el conocimiento en una falsa “especialización”.

Bergoglio habla de la “sociedad líquida” a la que hace referencia Baumann, “donde van desapareciendo los puntos de referencia desde donde las personas pueden construirse individual y socialmente. Pareciera que hoy en día la “nube” es el nuevo punto de encuentro.[3]” Denunciando de esta manera la necesidad que tiene la universidad de buscar nuevos puntos de referencia que permitan integrar a su pueblo y no buscar una universidad cosmopolita, desarraigada de su lugar geográfico y espiritual, es decir, enseñar a pensar en el “nosotros”, “ese nosotros que permita pensar en el pueblo y en la nación.[4]

 Poner en tela de juicio los métodos clásicos de investigación.

En esta segunda parte del discurso papal, Francisco, cuestiona los métodos clásicos de investigación “al experimentar ciertos límites, más cuando se trata de una cultura como la nuestra que estimula la participación directa e instantánea de los sujetos”[5]. Además, reclama que “es necesario que la adquisición de conocimiento sepa generar una interacción entre el aula y la sabiduría de los pueblos que conforman esta bendita tierra.” [6]Enorme cantidad de autores nacionales son excluidos de los planes de estudios por “carecer de rigor científico”, como Jauretche, Ramos, José Luis Torres, Fidel Castro, el mismo pensamiento político de Perón, que con alguna honrosa excepción es estudiado en nuestro país. Ese falso rigor científico que excluye los saberes populares, (la tradición obrera-estudiantil, por ejemplo) de las cátedras universitarias, que actúan como mecanismos de defensa ante la penetración ideológica extranjera que tiene en vilo a nuestra América hace 200 años y que aun sufrimos los avatares de esta lucha irresuelta. 

Además, incorporar a la universidad estos contenidos impedirá la separación entre trabajo manual y trabajo intelectual, entre acción y razón, entre la profesión y el servicio. De esta manera el universitario se transforma en un instrumento para el pueblo y no en un simple repetidor de teorías inconexas con su realidad.

El disenso como alternativa al pensamiento único.

Estas palabras deberían ser polemizadas en la Universidad Nacional a lo largo y ancho de América Latina, pues repensar la universidad, es repensar a Nuestra América y esto es repensar al pueblo en “esta cultura del encuentro” que el Papa defiende y que de alguna manera permita formar universitarios al servicio de la Nación y de su razón de ser que es su pueblo.

Nada más sano que la discusión y el disenso para encontrar en conjunto la punta del ovillo a los problemas no resueltos de nuestra región, las palabras de Francisco pueden ser un aporte más al gran debate que nos debemos como universitarios y como latinoamericanos.

 

 


[1] Discurso de Francisco en la Pontifica Universidad de Chile, 17 de enero de 2018

[2] Ídem

[3] ïdem

[4] Ïdem

[5] Ídem

[6] Ídem