América Latina y el mundo

América Latina y el mundo (119)

Así lo asegura el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018Más mujeres que hombres viven en situación de inseguridad alimentaria.

Argentina es uno de los tres países de la región en los que más creció el número de personas con hambre. Así lo asegura un nuevo informe de Naciones Unidas. Venezuela y Bolivia son los otros que encabezan el indeseado ranking.

De acuerdo al Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018, la causa del hambre en la Argentina tiene que ver con la desigualdad económica y social.

Los mayores niveles de hambre, obesidad y malnutrición de las poblaciones más vulnerables, se da en las personas de menores ingresos, las mujeres, los indígenas, los afro-descendientes y las familias rurales.

Según relevó ámbito.com, en América Latina el 8,4% de las mujeres viven en inseguridad alimentaria severa, en comparación con el 6,9% de los hombres, mientras que las poblaciones indígenas sufren por lo general mayor inseguridad alimentaria que las no indígenas.

Por ello, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), llaman a los países a aplicar políticas públicas que combatan la desigualdad y promuevan sistemas alimentarios saludables y sostenibles.

OBESIDAD

La obesidad se convirtió en la mayor amenaza nutricional de la región. Casi uno de cada cuatro adultos es obeso. El sobrepeso afecta al 7,3% (3,9millones) de los niños y niñas menores de 5 años, una cifra que supera el promedio mundial de 5,6%, indica el informe.

«La obesidad está creciendo descontroladamente. Cada año estamos sumando 3,6 millones de obesos a esta región. 250 millones de personas viven con sobrepeso, el 60 % de la población regional. La situación es espantosa», dijeron desde la FAO.

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A continuación reproducimos una entrevista que le realizó el diario Los Andes a Silvia Federici, célebre autora y política feminista. Si bien su posición sobre el feminismo y el marxismo son más que interesantes, por ejemplo, en su libro «El patriarcado del Salario» publicado en el años 2015 sostiene que Marx en su obra más importante se «ocupó del trabajo de producción en la fábrica, pero no realizó estudios sobre el trabajo de reproducción que fue dado a las mujeres en la casa.» Entonces mientras el «hombre obrero de fábrica» traía el salario en la casa, la mujer por el contrario se ocupaba de las «tareas hogareñas», considerado trabajo doméstico pero no remunerado.

Entendemos que esta desigualdad es bien advertida por Federici, incluso su paso por la organización «Salario para el Trabajo Doméstico» que fue célebre en Europa y Estados Unidos en la década del ´60 y ´70. Movimiento que advertía como el salario organiza la vida de la Familia nuclear proletaria y la mujer era relegada a estas tareas hogareñas y en el caso de que trabajara realizaba un doble trabajo, en su lugar de trabajo y luego continuaba con las tareas de la casa.

Sin embargo, y aquí diferimos, sostiene que el enemigo de esta situación de desigualdad es el Estado. Para nosotros es fundamental la defensa del Estado. Como sabemos, para los países semicoloniales o coloniales el Estado se transforma, puesto al servicio de las clases dominadas, en la herramienta de transformación de la economía, la política y la cultura, donde entendemos que la desigualdad de los hombres y mujeres debe ser tratadas por esta institución. Además, no identifica la existencia del imperialismo que somete a la mujer pobre latinoamericana a una triple opresión: de los países centrales, hacia los periféricos; de las clases ricas de estos países periféricos y del hombre hacia la mujer.   

De todas maneras, los textos de Federici nos permiten comprender la desigualdad entre hombres y mujeres desde el punto de vista del modo de producción y reproducción, categorías que nos pueden ayudar a pensar una sociedad más justa. (REVISTA UNIVERSITARIA)

 

Silvia Federici: “El Estado está en la cocina y en la cama”

Lo aseguró la filósofa ítalo-estadounidense Silvia Federici en su paso por la provincia. Habla de las brujas que enfrentaron al Estado.

Una multitud ovacionó a la filósofa Silvia Federici en su paso por Mendoza, la mayoría mujeres, aunque también había varones. Es una referente en los debates feministas actuales –como lo es desde la década del 70- , tanto en espacios académicos como de los movimientos sociales y el reconocimiento de la italiana alcanza envergadura mundial.

“El Estado no está afuera, está en la cocina, en la cama, estructura nuestra vida con prohibiciones, con gestión de los recursos”, sostiene.

Lo que se ha llamado vida privada ha sido muy público, controlado por el Estado porque la familia, la casa es en realidad un lugar de producción”, asegura. En la charla magistral que dio en la Nave Universitaria advirtió que lo político es algo que estructura la vida y que dentro de la familia también hay relaciones de poder.

Trabajo doméstico

Federici plantea que el trabajo gratuito de la mujer en el ámbito doméstico y en el plano de la reproducción de la vida y el cuidado de los hijos es un sostén fundamental del capitalismo. También cuestiona al marxismo que sólo valora el trabajo asalariado. “El salario no es sólo una medida económica, es también una medida política para estructurar la sociedad y para crear jerarquía entre los asalariados”. Y luego explica hacia dónde va la cosa: tienen un rol privilegiado quienes producen riqueza y quienes no, como las mujeres dedicadas a lo doméstico, son invisibilizadas. 

A través del salario el Estado da al varón el control sobre nuestro trabajo”, subraya por si no quedó claro. 

Las brujas

Habla de las brujas, aquellas que fueron quemadas en la hoguera en loscomienzos del capitalismo y sostiene que fueron eliminadas justamente por confrontar con las imposiciones del Estado y la Iglesia. Eran aquellas que se enfrentaron al sistema.

Reconocida por sus publicaciones, destacó que los conceptos que se plasman en sus libros han sido construidos por todas aquellas mujeres que contribuyeron a aclarar y organizar las ideas. Porque “las ideas salen de los movimientos , del empoderamiento colectivo que te hace ver un nuevo horizonte que sola no podías imaginar”, señala.

La charla se orientó a señalar cómo el feminismo ha contribuido a cambiar el conocimiento y las ciencias sociales. Esto en particular porque la historia, los análisis, las miradas están hechos desde la perspectiva de los varones que desde hace siglos eran los dueños del discurso hegemónico.

Destacó que el movimiento feminista de aquellos tiempos fue una verdadera explosión  que en particular consiguió un espacio propio en el mundo académico.“Empezamos a darnos cuenta que la historia, la sociología (y otras disciplinas) tenían siempre una visión patriarcal que excluía a las mujeres de la historia, parecía que las mujeres habían estado ausentes”, destacó.

Por eso generaron una crítica de éstas que implicó su deconstrucción, no la creación de un análisis paralelo. “No hubo una disciplina que no fuera afectada”, subrayó.  Y en este sentido señaló que la filosofía, que se decía la disciplina más fundamental, reproducía la jerarquía de género”.

Resaltó la vinculación de la academia con la calle en los 70 y cómo eso permitió entender qué se necesitaba. Trayéndolo a la actualidad exhortó a que se mantenga esa relación y señaló que para hacerlo se debe buscar un lenguaje simple y comprensible que no excluya a quienes no conocen conceptos complejos.

Reconoció haber leído textos feministas y preguntarse qué dicen porque esto ha sido dejado lado. En los 80 el feminismo se transformó en algo que se concentró en el universo académico por eso llamó a que salga del claustro.

Colectivo feminista 

La italo-estadounidense Silvia Federici es filósofa, escritora y referente feminista en todo el mundo.

Ha sido docente universitaria en Sudáfrica y Estados Unidos. Nació en 1942 en Parma, Italia y en los 70 participó de la creación del Colectivo Feminista Internacional. 

Entre sus libros más reconocidos cuentan Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria Revolución en punto cero: trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas.

 

 

 

 

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Los ingenuos que creen en la democracia digital han olvidado que la información no fluye en el vacío, sino en un espacio político que ya está ocupado, organizado y estructurado en términos de poder. Y si alguien tenía alguna duda, ahí está Brasil para confirmarlo.

La lección de la reciente campaña electoral, en particular la del candidato Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), es haber logrado organizar a una potente cibertropa integrada por individuos con experiencia militar que se han involucrado activa y conscientemente en la manipulación de la opinión pública, junto a usuarios comunes políticamente motivados y compañías de comunicación estratégica locales e internacionales que fueron contratadas para intervenir en las redes sociales durante el proceso eleccionario.

El término cibertropas (Cyber troops) fue descrito en el 2017 por el Oxford Internet Institute como “la acción en redes de grupos de cuentas falsas, robots y/o trolls organizados –ya sea rentados o no– cuyo objetivo es producir algún efecto en la opinión pública, en la circulación de la información o en la persecución de opiniones críticas”.

Son sistemas complejos, no centralizados, que funcionan de forma celular y no necesariamente tienen contactos unos con otros. Sin embargo, demuestran actividad coordinada y una agenda temática común. Para tener éxito necesitan de la convivencia de tres factores: redes sociales (individuos relacionados), una fuerte motivación y plataformas sociales.

Quien haya seguido de cerca las elecciones brasileñas encontrará cientos de evidencias que confirman que, detrás de la retórica antisistema y la aparente torpeza en el uso de las herramientas digitales que mostraba Bolsonaro, hubo un diseño de laboratorio y expertos que aprovecharon el contexto eleccionario para aplicar innovaciones en las tecnologías de comunicación política, como ha venido ocurriendo en otras contiendas de la última década, desde la de Barack Obama (2008), el Brexit (2016), Donald Trump (2016), Macron (2017)… hasta Bolsonaro.

Comento solo tres hechos que, teniendo en cuenta el caso brasileño, nos permiten entender cómo la mentira se ha convertido en la vía expedita para llegar al poder en las “democracias” de hoy.

No hay procesos soberanos de deliberación pública en la red

La imagen más compartida en WhatsApp durante la campaña de Jair Bolsonaro muestra a un sonriente Fidel Castro y a una joven Dilma Rousseff, identificada como “pupila, estudiante socialista de Castro”. En realidad, la foto ha sido manipulada de un original de John Duprey, del diario NY Daily News, tomada durante la visita del líder cubano a Nueva York en abril de 1959, cuatro meses después del triunfo de la Revolución Cubana. Dilma tenía entonces 11 años, vivía en Minas Gerais y jugaba a las muñecas.

Este es uno de los ejemplos que recoge un estudio conjunto de la Universidad Federal de Minas Gerais, la Universidad de São Paulo y la plataforma de verificación de datos Agência Lupa, que reveló el estrecho vínculo de las acciones políticas, las cibertropas y las campañas de desinformación en las redes de Brasil durante las recientes elecciones.

Al evaluar el grado de veracidad de 50 imágenes repetidas en 347 grupos públicos que circularon en WhatsApp entre el 16 de agosto y el 7 de octubre, durante la primera vuelta de las presidenciales, los investigadores encontraron que solo cuatro imágenes eran comprobadamente verdaderas. Pero en esos grupos, 18 088 usuarios postearon 846 905 mensajes, de los cuales 107 256 eran imágenes.

Esta intoxicación informativa no se produce a tontas y a locas. De acuerdo con los investigadores, lo que distinguió la campaña de Bolsonaro fue la combinación de una estrategia de comunicación vertical con el uso intensivo de las plataformas sociales. En otras palabras, existe evidencia abrumadora de que los estrategas del candidato generaron contenido malicioso y lo enviaron a activistas locales y regionales, quienes después comunicaron la información a miles de grupos públicos y privados, utilizando las plataformas más populares en Brasil, fundamentalmente WhatsApp. Desde ahí, los mensajes se diseminaron aún más cuando las personas crédulas los compartieron con sus propios contactos.

Ahora bien, como dice el filósofo vasco Daniel Innerarity, “el actual imperialismo cultural no es una cuestión de contenido sino de protocolos”. La influencia que se ejerce sobre los usuarios de la red no está solo en lo que se dice y se comparte, sino en el marco. La arquitectura técnica define cómo se busca y se encuentra información en Internet, cómo exploran y como se relacionan los usuarios. Esa mediación condiciona los hábitos de las personas que se asoman a Internet o participan activamente en una plataforma social. Por tanto, expresa una ideología, y es cualquier cosa, menos neutral.

El valor supremo de esta ideología es la ‘libre expresión’ y guarda un sospechoso parecido con los valores de la desregulación, la libertad de circulación o la transparencia entendidos de manera neoliberal”, añade Innerarity. En realidad, WhatsApp, propiedad de Facebook, es una maraña de reglas y procedimientos para clasificar la información; reglas diseñadas por la corporación para el beneficio final de la corporación.

Es evidente que el equipo asesor de Bolsonaro conoce perfectamente estas lógicas.

Empleo de armas de destrucción matemática de la realidad

Para saber qué decir en cada momento, los expertos del PSL apelaron a la escucha social y a “tácticas militares de última generación”, ha dicho el antropólogo Piero Leinier, profesor de la Universidad Federal de San Carlos, en São Pablo, que desde hace más de 30 años estudia instituciones militares.

Esto no es propaganda; es una bomba semiótica”, añadió en declaraciones alFolha de Sao Paulo: “Estos movimientos crean un ambiente de disonancia congnitiva: las personas, las instituciones y la prensa quedan completamente desconcertadas. Pero, al fin de cuentas, Bolsonaro reaparece como el elemento de restauración del orden, con un discurso que apela a valores universales y etéreos: fuerza, religión, familia, jerarquía.”

Por tanto, la campaña no es resultado del comportamiento “orgánico” en unas redes sociales altamente politizadas, sino del uso de “las armas de destrucción matemática de la realidad”, como las ha llamado Cathy O’Neil en su libro homónimo. . La apropiación de enormes conglomerados de datos (big data) y el procesamiento de esta información con potentes máquinas en operaciones de inteligencia artificial explican el por qué, en el último mes de campaña, Bolsonaro prácticamente duplicó su intención de voto.

Un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) sobre la distribución entre receptores de redes sociales de Bolsonaro, Haddad y Lula, mostró una clara preponderancia del primero sobre los otros dos, con saltos abruptos que solo pueden explicarse por la intervención de tecnología y dinero en campañas publicitarias en redes, que han estado dirigidas fundamentalmente a los llamados millennials, los más jóvenes que tienen limitada exposición a la TV, no escuchan radio y se informan únicamente a través de nichos segmentados por grupos de interés.

De acuerdo con Celag, la metodología utilizada por consultoras expertas en algoritmos y análisis de audiencias fue la siguiente:

Escucha social con big data e inteligencia artificial, más análisis de expertos, que permiten detectar los miedos y rechazos emocionales más profundos que atraviesan el país.

Fabricación de mensajes que utilizan esas percepciones y se dirigen de manera diferenciada a públicos altamente segmentados y previamente identificados, para convertirlos en la “militancia” bolsonarista.

A la par, se activan miles de influencers de redes (previamente detectados por poseer gran cantidad de seguidores), que diseminan amenazas, mentiras y tergiversaciones.

Uso de aplicaciones robotizadas capaces de reanalizar la big data inicial (provista por los ensayos de recepción), y dispuestas a evaluar el éxito o fracaso de las mentiras. Con esa información, los analistas se reorientan y reposicionaban de forma precisa y ajustada en los temas más compartidos.

El resultado es una campaña sin precedente de guerra sucia, que nos hace preguntarnos qué vendrá después de todo esto.

Asesoría internacional

En WhatsApp cada usuario se registra con un número telefónico y puede tener conversaciones privadas y grupos de chat cifrados en el que participan hasta 256 personas. Debido a las fronteras permeables de este tipo de plataforma, no es fácil diferenciar a los participantes locales de los que acceden desde el borde exterior de la frontera nacional, de modo que no hay guerra informativa en la actualidad sin contaminación desde otros puntos de la red global.

Analistas brasileños han logrado identificar en la campaña de Bolsonaro el uso de cuentas y equipos de comunicación varados en otros países, fundamentalmente en Estados Unidos. En WhatsApp, por ejemplo, las cibertropas más activas se organizaron desde los teléfonos +1 (857) 244 0746, de Massachusetts, y +351 963 530 310, de Portugal, que manejaron más de 70 grupos de campaña del ultraderechista; y el +1 (747) 207 0098, de California, que administró más de 100 grupos de esa red.

Entre los expertos internacionales sobresale Steve Bannon, ex jefe de asesores de la campaña presidencial de Donald Trump y fundador de Cambridge Analytica, la filial londinense que ha intervenido ilegalmente en más de 200 procesos eleccionarios en todo el mundo.

De acuerdo con la agencia Reuters, Bannon estaría participando en la campaña desde agosto, después de un encuentro en Nueva York con el diputado Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del candidato presidencial. “Bannon se dispuso a ayudar”, declaró Eduardo. “Nos apoyará con consejos en internet, algún análisis, interpretar datos, esas cosas”, añadió entonces.

El Correio Braziliense informó en septiembre que el equipo de campaña del ultraderechista también tenía tratos con Arick Wierson, el estratega de comunicación digital y asesor de asuntos políticos de Michael Bloomberg cuando se lanzó para alcalde de Nueva York.

Mientras, Carta Capital dio cuenta de la reunión sostenida en agosto por Eduardo Bolsonaro y los asesores de varios congresistas, entre ellos del Senador Marco Rubio –enemigo jurado de Cuba y Venezuela-. Al parecer esta es la segunda que se produce desde marzo, donde hubo otro encuentro de carácter secreto que ahora ha sido divulgado en los medios. La publicación asegura que el más reciente encuentro duró cuatro horas en Washington, donde definitivamente se fraguó el apoyo político y mediático para la campaña de Bolsonaro, con espaldarazo a la participación de Bannon y Wierson.

La elección brasileña ha servido de laboratorio para la propagación del ideario de un proyecto ultra liberal fundado en el odio y la desagregación social, cuyas consecuencias son impredecibles y no solo para la vida política del gigante latinoamericano.

Sin embargo, las voces más lúcidas de la izquierda en Brasil, entre ellos expertos y comunicadores sociales, han llamado a no salir de las redes sociales, a evitar a toda costa el aislamiento y a crecerse ante las arremetidas de las cibertropas.

 

Fuente:

http://www.cubadebate.cu/opinion/2018/11/04/bolsonaro-whatsapp-y-como-llegar-al-poder-con-la-mentira/?fbclid=IwAR0-sWm-DgmH7RvpJ3J2AVVVsVrRwsZV2vInsRuhVkjD5SREdikDjPQybtw#.W-HCrpNKjIW

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El ejército brasileño vuelve al poder

Escrito por Sábado, 03 Noviembre 2018 21:43 Publicado en América Latina y el mundo 0
Compartimos el análisis de Enrique Lacolla sobre la llegada al poder de dos miembros de las FF.AA. brasileras, que siendo alineados con el proyecto geopolítico de Estados Unidos para América Latina pueden traer gravísimas consecuencias para el resto de los países de la región. Quizá el título no es el más afortunado. En realidad, vuelve la oligarquía, cuya expresión es hoy un proyecto retrógrado y fuertemente militarizado encabezado por Bolsonaro. (Revista Universitaria).
 
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Que no me vengan a hablar de democracia. El balotaje en Brasil dio un triunfo contundente al candidato ultraderechista Jair Bolsonaro. ¿Fue esta victoria consecuencia de su mayor predicamento popular o el resultado de la reducción de las fórmulas de la democracia a su remedo más caricaturesco? La fuerza arrolladora de los oligopolios mediáticos que se ocuparon en sepultar al bando popular bajo el peso del discurso único, y la infiltración y saturación de  las redes sociales por especialistas en fomentar la confusión que, ya de por sí, generan en todas direcciones estos foros de comunicación irresponsables, ¿pueden garantizar una transmisión limpia del mensaje político? ¿Puede considerarse un cotejo leal, una competición regular de campaña,  a un debate al cual uno de los dos candidatos decide no someterse a él invocando “razones médicas” mientras despotrica impunemente contra su adversario desde la seguridad de su casa? Y, por fin, puede considerarse democrática una elección en la cual el líder indiscutido del bando popular, Luiz Inacio Lula da Silva, se encuentra en prisión como consecuencia de un proceso amañado en su contra? En cualquier otro contexto esto habría sido definido como un fraude.

Esto dicho, no puede negarse que la ola reaccionaria que se desploma sobre el subcontinente tiene características masivas, y que la permeabilidad de los sectores medios y parte de los bajos al discurso neoliberal en economía y securitario en el nivel social, es indiscutible. La prédica contra la corrupción también ha calado hondo –y es normal que así sea, aunque, en el mensaje de los medios, esa corrupción sea desfigurada como perteneciente predominantemente a los gobiernos de origen popular y al sindicalismo, mientras se pasa por alto el hecho de que, en realidad, corresponde en sus cuatro quintas partes al establishment financiero y empresarial, en contubernio con las oligarquías tradicionales y con una parte importante de la corporación judicial, cooptada por el sistema.

Ahora bien, ¿basta esto para explicar el sorprendente ascenso de Jair Bolsonaro, ex capitán de paracaidistas, quien tras veintitantos años como parlamentario en los cuales no se había caracterizado por ninguna iniciativa importante, ha hecho irrupción como el Mesías señalado para purgar la acumulación excrementicia que sofoca al estado? Uno no dispone de información suficiente como para emitir una opinión categórica, pero a estar por lo que es posible oler a partir de la información de prensa y de la historia de nuestros países creo que, con la elección de Jair Bolsonaro a la presidencia, el ejército brasileño acaba de reconquistar el poder. Sin necesidad de recurrir a golpes de fuerza ni a desplegar tanques en las calles, los militares brasileños acaban de reimplantar su preeminencia en el escenario político brasileño, tal como lo hicieran entre 1964 y 1985. Eso se advierte en el gran número de hombres de armas que ganaron puestos electivos en la primera vuelta, en el hecho de que tanto el presidente como el vicepresidente sean militares y en las declaraciones explícitas de las más altas autoridades de las fuerzas armadas en el sentido de que bloquearían el acceso al poder a Lula da Silva, en el caso de que a este se le permitiese competir como candidato, dando así una señal inequívoca de apoyo al líder del PSL. Y también en las declaraciones de un alto jefe al periodista argentino Marcelo Falak, de Ámbito Financiero, a las que aludimos en esta página en la nota publicada el 8 de octubre ( Brasil: ¡Vista a la derecha!). En ellas el candidato del Partido Social Liberal emergía como una criatura de los militares, que se habían encargado de aleccionarlo y ponerlo en forma. Los golpes de estado viejo estilo son, por ahora, innecesarios: el “lawfare” y las “fake news”[i] los sustituyen con eficacia y  consienten, en un terreno nivelado por la crisis y por el descrédito de los partidos tradicionales, la implantación de políticas que hasta hace poco y en condiciones normales, hubieran sido inviables debido a la oposición masiva que hubieran levantado.

El sesgado retorno de los militares a la cúspide del estado en Brasil abre una serie de interrogantes de difícil respuesta. El carácter “anticomunista” (es decir, conservador y ordenancista en materia socioeconómica, pues el comunismo hoy por hoy no existe) del próximo gobierno se da por descontado, pero el abanico de preguntas que plantea la naturaleza de ese nuevo orden es una incógnita. Seguramente será un enemigo decidido de la izquierda “alegre”, del progresismo caracterizado por cierta liviandad hedonista que enfatiza el orgullo gay, el matrimonio igualitario y la política de género, cosas que rechaza la mayor parte del público; pero, en materia de efectividades concretas, habrá que ver cómo resolverá, si es que puede, las contradicciones que se plantean entre el discurso neoliberal puro y duro, representado por el principal asesor económico de Bolsonaro y futuro ministro de economía, Paulo Guedes, un Chicago boy con todos los pergaminos, y el nacionalismo que ha sido siempre la ideología fundante de las fuerzas armadas brasileñas, dotadas como pocas de un agudo sentido geopolítico y defensoras a rajatabla de la soberanía sobre los recursos del país y sobre los de la “Amazonia azul”, las cuantiosas reservas petrolíferas descubiertas en la cuenca del mar brasileño. Guedes en cambio ha proclamado la decisión de privatizar Petrobras y Eletrobras, la independencia del Banco Central y un ajuste estructural que abarcará la seguridad social y el empleo, y que seguramente va a conmocionar la ya resquebrajada economía brasileña.

La agenda exterior del nuevo mandatario corre sobre el andarivel norteamericano. Bolsonaro admira a Donald Trump, del que se propone imitar su defensa de la libre portación de armas por los ciudadanos corrientes como paradójico método para combatir la violencia, y ha anunciado su voluntad de mover también él la embajada brasileña en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, a la vez que  ha decidido cerrar la representación palestina en Brasilia. También se propone encuadrar más severamente las relaciones con China, manteniendo las exportaciones de soja, pero restringiendo o controlando las inversiones del gigante asiático en su propio país. En cuanto al Mercosur las recientes declaraciones de Guedes en una rueda de prensa donde estaba presente un cronista de Clarín, fueron expresivas de su desdén por este instrumento. “Nuestra prioridad no es el Mercosur”, le dijo al periodista del diario argentino. “¿Eso es lo que quería oír? No estamos preocupados por agradarle”.

En las declaraciones a Falak de un alto jefe militar, a las que hicimos referencia más arriba, este oficial  indicó que Bolsonaro se abrió al diálogo con sus colegas, aceptó sus sugerencias y cambió muchas de sus posturas. Como, por ejemplo, pasar del nacionalismo económico al neoliberalismo. Ahora bien, las recomendaciones en este sentido de los militares que aleccionaron al candidato, ¿fueron de carácter táctico o estratégico? ¿Indican un acatamiento a las normas de la globalización asimétrica o implican una adecuación a ellas sin perder de vista el interés central de su país? De lo que no parece haber duda es de que, de momento, las fuerzas armadas brasileñas se propondrían como socias del proyecto norteamericano en América del sur. De ser así estaríamos ante un problema de dimensiones mayúsculas, pues la perspectiva de un Brasil como procónsul del imperialismo norteamericano en el subcontinente suramericano no es una perspectiva tranquilizadora. El presidente Maduro, en Venezuela, tiene razones para preocuparse.

Esperemos que no sea así, y que de las contradicciones que puedan surgir entre la táctica y la estrategia de este reverdecimiento del poder militar broten las chispas que puedan conducir a un reordenamiento del proceso. Para que tal cosa suceda, sin embargo, hará falta que las fuerzas populares sepan diagnosticar la marcha de los acontecimientos y sean capaces de hacer la autocrítica que necesitan como actores que coadyuvaron a su propia derrota. Los elementos corruptos que preexistieron a la involución del PT, el carácter inconcluyente de sus reformas y la incapacidad para dimensionar la complejidad y sofisticación que reviste la comunicación política en nuestro tiempo, son elementos que deberán ser tenidos en cuenta si no se quiere desaparecer barridos por la onda expansiva de la reacción. Los mismos datos, adecuados a la peculiaridad de nuestra propia situación, deberán ser considerados por las fuerzas populares argentinas si quieren ponerse en condiciones de ganar la contienda electoral del 2019 y, sobre todo, ponerse en capacidad de sobrellevar el peso de la pesadísima herencia que recibirán si logran la victoria. 

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La ONU instó a los Estados a implementar acciones inmediatas para acabar con la violencia y evitar que el número de afectados por la hambruna.
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En los últimos 12 años, en los que viene gobernando Evo Morales, celebrado junto con él, la mejora de la calidad de vida de miles y miles de bolivianos y bolivianas, a tal punto que hoy su país ocupa el primer lugar en crecimiento económico en América Latina, y el segundo puesto en todo el continente.  pese a esto para Evo y  los latinoamericanos queda una cosa pendiente, la salida al mar a Bolivia.

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En consonancia con lo que acaba de pasar en Brasil, donde las redes sociales tuvieron una importancia decisiva, es necesario reflexionar sobre las consecuencias que trae el consumo desmedido de las tecnologías informáticas en los cerebros. Una de las claves para la comprensión de porque el pueblo brasilero votó a Bolsonaro y el argentino votó a Macri, la podemos encontrar en esta nota más que interesante.

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ATILIO BORÓN: BRASIL: LA PREVIA AL GRAN DÍA

Escrito por Martes, 30 Octubre 2018 13:50 Publicado en América Latina y el mundo 0

 

Más allá de que los resultados en Brasil son noticia, nos interesa destacar las causas que encuentra Borón en la victoria de Bolsonaro: las redes sociales y la baja conciencia política del electorado brasilero que nos indica de forma muy similar lo que ocurre en nuestro país. La victoria de los dirigentes liberales en América Latina se explican, entre otras, a partir de la utilización de los medios de comunicación y las redes sociales que alteran incluso nuestra capacidad de comprender los asuntos. Si bien estamos convencidos que hay una gran responsabilidad del PT brasileño en la derrota como en el extinto FPV en el 2015, es importante destacar el papel que tienen las redes sociales en las elecciones de América Latina.

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Luego del triunfo en los comicios de Brasil, Bolsonaro comenzó a esbozar su programa de gobierno. Por los intereses que lo apoyaban en la campaña, el futuro del país era claro.

Paulo Guedes, quien será su Ministro de Economía, es un liberal tradicional formado en la nefaste Escuela de Chicago, y representa a los buitres de las finanzas. ¿Su programa? Ajuste, privatizaciones, y apertura comercial. Nada diferente al gobierno de Macri.

Entre las consignas, vemos la trillada “achicar el Estado es agrandar la Nación”, donde siguiendo el caballo de troya de la campaña de Bolsonaro, la corrupción (y el Estado por lo tanto) es la razón de todos los males. Su achicamiento, la solución.

Con la legitimadad de origen que el golpista Temer no tenía, los buitres que rodeaban al Estado brasilero esperan que se encare la deseada reforma jubilatoria (igual deseo para la argentina), la privatización de la mayoría de las Empresas del Estado, la apertura comercial (cuidando por lo menos al principio de no romper la alianza con los productores de San Pablo), etc.

Un clásico programa semicolonial. Donde el ajuste interno va a ir de la mano de la transferencia de renta al exterior.

Compartimos las “diez grandes medidas” de Bolsonaro, extraídas de iprofesional:

1. Achicamiento del Estado

Para Bolsonaro, la administración pública ha crecido de forma desproporcionada a través de la multiplicación de cargos, beneficios y transferencias.

Podemos hacer más con mucho menos”, planteó en su plataforma, para lo cual estudia reducir a la mitad los 29 ministerios que hoy funcionan en Brasil.

Además, adelantó que controlarán la nómina de sueldos y recortarán gastos a fin de ajustar las cuentas públicas.

La fórmula que plantea el programa hace referencia a reducir en 20% el volumen de la deuda por medio de privatizaciones y venta de activos inmobiliarios y la reducción del costo de la deuda a través de la recuperación del grado de inversión y de la estabilidad monetaria, según informó La Tercera.

2. Reforma previsional

En medio del debate por el envejecimiento de la población y el colapso del sistema previsional, Temer trató de profundizar los cambios, pero no lo logró debido a las fuertes presiones, especialmente de los sindicatos.

En Brasil, son las compañías las que gestionan los ahorros de sus trabajadores.

Ahora, Bolsonaro buscará imponer un modelo de capitalización que se introduciría de forma paulatina y con la opción de elegir entre el antiguo y el nuevo sistema para quienes ya cotizan. “La transición de un régimen a otro genera un problema de insuficiencia de recursos en la medida en que los jubilados dejan de contar con la contribución de los aportantes por la capitalización”, advierte en el programa, pero explica que se creará un fondo para asegurar esas pensiones y que el cambio será gradual.

3. Simplificación tributaria

La reforma plantea una unificación de tributos y una simplificación del sistema.

Esto es aplaudido por el mercado, que reconoce que lo que existe es un sistema “complejo”. Según La Tercera, las corporaciones que funcionan en Brasil destinan 1.958 horas al año para cumplir con sus obligaciones tributarias. La cifra es seis veces el promedio del resto de los países de América Latina.

Entre las medidas figuran la unificación de cinco impuestos específicos por uno que grabará los bienes y servicios.

En el caso de las empresas, la iniciativa plantea bajar los impuestos del 34% actual a un 15%.

4. Plan fiscal

El objetivo del futuro gobierno será mantener un tipo de cambio flotante, una meta de inflación y una meta fiscal.

Además, impulsan una propuesta para que el directorio del Banco Central tenga “mandatos fijos, metas de inflación y métricas claras de actuación”.

Además, planean mejorar la flexibilidad cambiaria e introducir políticas más duras que terminen por ordenar las cuentas.

5. Plan de privatizaciones

Actualmente, Brasil tiene 147 empresas estatales y según se detalla en el programa, 18 de ellas dependen de subvenciones del gobierno para su funcionamiento.

Es más, de acuerdo a datos oficiales, entre 2012 y 2016 el gobierno desembolsó 122 mil millones de reales en las compañías y el retorno que obtuvo llegó a apenas un 73% del gasto en el que se incurrió.

Frente a estas cifras, Bolsonaro prometió “privatizar gran parte” de las empresas estatales del país.

Sin embargo, durante la campaña, desde su equipo aseguraron que habrá compañías estratégicas que no entrarán en este plan, como podría ser Petrobras o el Banco de Brasil.

6. Programas sociales

Desde 2003 que en Brasil existe un programa de beneficios sociales que se denomina Bolsa Familia.

Bolsonaro también se ha comprometido a ampliar el programa Bolsa Familia, impulsado por Lula y que ofrece un subsidio de hasta 195 reales (52 dólares) para familias con baja renta.

Se especula que que los beneficiarios del programa continuarán recibiendo el 75% de su cheque mensual si encuentran trabajo en vez de que se les cancele el beneficio.

Además, se creará un sistema de “renta mínima” para las familias brasileñas. “Nuestra meta es garantizar a cada brasileño una renta igual o superior a lo que actualmente se paga por Bolsa Familia”, indicó.

7. Comercio Exterior

La propuesta del programa incluye una reducción de las alícuotas de importación y de las barreras no arancelarias, y trabajar en la constitución de nuevos acuerdos comerciales con diferentes socios comerciales, por fuera del Mercosur.

Marcelo Bermolén, profesor de la Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Austral, indicó que “un análisis pormenorizado de las exportaciones brasileñas, muestra que el vecino país primarizó –en la última década– sus envíos al exterior, y que sus bienes industriales perdieron competividad global y encontraron mayormente destino en los países de la región.

Bolsonoaro pondrá el acento en fortalecer la industria nacional y aliarse al fuerte lobby del empresariado paulista, que supo ser un socio natural de los militares en época de la dictadura. Con un sesgo muy pragmático, abrirá la economía selectivamente en aquellos sectores menos competitivos y mantendrá en poder y supervisión propia a sectores estratégicos como las comunicaciones y la energía”, indicó.

8. Incrementar la productividad

La propuesta del partido de Bolsonaro apunta a “acelerar la modernización de la estructura productiva”.

Las medidas apuntan al fortalecimiento del mercado de capitales, ampliar las calificaciones y la capacitación de los trabajadores para las demandas de la nueva economía, establecer apoyos a start-ups de “alto potencial” y entregar estímulos para la innovación.

Dentro del programa, un apartado especial se le da a la necesidad de nuevos aires a la actividad agrícola. Para aumentar la productividad de este sector en específico, según La Tercera, se plantea la creación de una estructura federal que reúna todas las áreas de la actividad productiva y que vele por los intereses del país en esta área. Hoy, el devenir de este sector está en manos de diferentes ministerios y reparticiones, lo que complica un plan global e integral, dicen.

9. Lanzar una nueva ventanilla única

Según el informe Doing Business, que mide y compara el ambiente para hacer negocios en 190 países, Brasil está en el puesto 125, mientras que Chile, por ejemplo, está en la posición 55.

El programa de gobierno de Bolsonaro pone un foco importante en el tiempo que toma la apertura o cierre de una empresa: según el Banco Mundial, en Brasil se requieren 80 días. La idea del presidente electo es que este proceso dure como máximo 30 días.

Para lograr la meta, la propuesta va por el lado de establecer una ventanilla única que simplifique el proceso.

10. Aumentar la competitividad vía infraestructura

Desburocratizar, simplificar, privatizar y pensar de forma estratégica e integrada” es la fórmula de Bolsonaro para captar inversiones para infraestructura.

El plan es bajar el riesgo regulatorio para que Brasil pueda atraer grandes desembolsos en este sentido. Y, de paso, se generen empleos y se logren bajar los costos de esos servicios para los usuarios.

En materia portuaria, la idea es mejorar la eficiencia de los 37 puertos que tiene el país por los que anualmente mueven unos 800 millones de toneladas de carga.

Además, se pretende lograr una reducción de costos y de los plazos de embarque y desembarque de carga. “Nuestro objetivo es llegar al final de nuestro gobierno a parámetros similares a los de Corea del Sur, Japón o Taiwán”, se asegura en el programa.”

 

Link original de la nota:

https://www.iprofesional.com/comex/280428-crisis-elecciones-brasil-Estas-son-las-10-grandes-medidas-que-tomara-Bolsonaro-para-reactivar-la-economia-de-Brasil

 

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Ganó Bolsonaro en Brasil

Escrito por Domingo, 28 Octubre 2018 20:35 Publicado en América Latina y el mundo 0

Bolsonaro es el nuevo presidente brasilero por el 55% de los votos. El triunfo del candidato expresa la conquista del poder de la rosca oligárquica de las finanzas y el desmantelamiento del Estado a través de privatizaciones como a Petrobras. El ex presidente Temer representó el ajuste a las grandes mayorías trabajadoras y la destrucción del mercado interno más grande de Latinoamérica. Lo que ayer representaba Temer estará en la misma sintonía un programa de gobierno en manos de Bolsonaro y su gabinete.

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