La Redacción

Otro atentado a la educación en la Argentina

Publicado en País Miércoles, 23 Mayo 2018 16:23

Anoche los estudiantes de Pisocología de la UBA tomaron la facultad en defensa de la educación pública y rechazando la resolución del Ministerio de Educación 1254/18. Esta resolución establece la modificación de las incumbencias profesionales universitarias. Esto, palabras más palabras menos, significa por un lado coartar las actividades que puede realizar un profesional, por ejemplo en la investigación científica, la planificación de políticas públicas o la docencia; por el otro implica una degradación del título universitario.

Una vez más el gobierno pone de manifiesto su clara política contra la educación nacional, pública y situada. A partir de decisiones como esta arruina las posibilidades laborales de los estudiantes de las carreras consideradas de interés público y de impulsar la producción de conocimiento de parte de nuestros profesionales.

Apoyamos la toma de la facultad de Psicología de la UBA y repudiamos el decreto 1254/18 del Ministerio de Educación.

Así calificó el vicegobernador santafesino, Carlos Frascendini, al presidente de la UCR y gobernador de Mendoza por haber dicho que «todos los radicales santafesinos deberían estar en Cambiemos».

El vicegobernador de Santa Fe, Carlos Fascendini, criticó al presidente de la UCR y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, por sus declaraciones, cuando afirmó que «todos los radicales santafesinos deberían estar en Cambiemos»

Al ser consultado por el medio local El Litoral sobre las declaraciones de Cornejo el mandatario, señaló: «Es un saltimbanqui de partidos políticos. Un caradura que viene a aconsejar en Santa Fe lo que él no hace en Mendoza».

Luego detalló los distintos partidos por los que el gobernador mendocino pasó a lo largo de su carrera política: «Primero, era alfonsinista y, luego, con la concertación, junto con (el exvicepresidente Julio) Cobos, fue kirchnerista, así fue intendente de Godoy Cruz. Y más adelante, cuando fue la disputa entre Cobos y Sanz, abandonó a Cobos… se fue con (el exsenador nacional y expresidente de la UCR Ernesto) Sanz. Y allí no terminan sus saltos de partido en partido. Cuando después de Gualeguaychú se formó Cambiemos, Cornejo no fue electo por esa fuerza que ahora nos exige a los radicales santafesinos que integremos: él formó Cambio en Mendoza, con el Frente Renovador, con el massismo, con Libres del Sur y otras fuerzas que no están en Cambiemos».

«Debería ser el presidente de un partido que se llame Me Cago en los Principios. Si existiera, él sería presidente por aclamación», ironizó.

«Acaba de firmar un acuerdo con el kirchnerismo y con dirigentes de La Cámpora para reformar el número de integrantes de la Corte mendocina y tener una mayoría automática en su Gobierno. No es un acuerdo partidario, pero me pregunto ¿dónde quedaron sus principios? ¿Esos son los acuerdos que hace Cambiemos para tener una corte que le sea favorable?», criticó.

A la vez que remarcó: «Lo que quiero que decir es que, además de extralimitarse en sus funciones como presidente de la UCR nacional, no tiene la autoridad moral para cuestionarnos».

Respecto a su presidencia, advirtió: «No fue electo por los afiliados, hace rato que en el radicalismo tenemos presidentes por acuerdos de los dirigentes y no con el voto directo de los radicales. No sé qué pasaría si se votara internamente en el radicalismo por su presidente, no sé si los radicales de todo el país están mayoritariamente de acuerdo con seguir en Cambiemos».

Por último, al ser consultado sobre un par de furcios durante la entrevista en la que dijo Menem en vez de Macri, remarcó: «Me traicionó el subconsciente. No son parecidos físicamente, pero me vuelven muchos recuerdos de los 90: FMI, ajustes, privatizaciones».

 

https://www.elpaisdigital.com.ar/contenido/arde-la-ucr-en-santa-fe-acusan-a-cornejo-de-saltimbanqui-y-caradura/16751

 

Argentina 2015: Claves de una derrota

Publicado en Política argentina Miércoles, 23 Mayo 2018 11:58

Desde Revista Universitaria acercamos a nuestros lectores un documento de análisis político escrito por Atilio Borón. Dicho documento se caracteriza por estar lejos de hacer revisionismo histórico improductivo, por el contrario, la intención principal es identificar las claves que llevaron a la derrota del kirchnerismo en el 2015 y que hoy permiten gobernar el país a los cipayos de la Alianza Cambiemos, el retorno del FMI, el saqueo del establishment a la economía nacional, todo esto a costa de que a las clases populares de la Argentina cada día les cueste más vivir dignamente.

 

|El poder de la crítica y la crítica del poder

Lo que sigue es un intento de proponer algunos elementos que arrojen algo de luz sobre las causas y las consecuencias de la derrota del kirchnerismo. Ha transcurrido un mes desde ese fatídico 22 de Noviembre que sellara en las urnas el triunfo de Cambiemos. El paso del tiempo permite ver con mayor claridad algunas cosas que, en el momento, no siempre pueden ser percibidas con nitidez. Espero que estas líneas sean una contribución a un debate imprescindible e impostergable, que todavía está a la búsqueda de un espacio donde librarlo constructiva y fructíferamente.

Para ello se impone analizar lo ocurrido, yendo hasta la raíz de los problemas; llegando hasta el hueso, como dice el habla popular. No puede haber contemplaciones ni eufemismos. Pero la experiencia indica que el poder erige numerosos obstáculos a esta empresa. En el caso que nos ocupa, las críticas intentadas en relación a algunas de las políticas o decisiones tomadas por el kirchnerismo cuando era gobierno tropezaban con la réplica de los allegados a la Casa Rosada que decían que sólo servían para “confundir” o para “sembrar el desaliento y el desánimo” entre la militancia. En algunos casos, ciertos espíritus excesivamente enfervorizados descerrajaban un disparo mortal: la crítica “le hace el juego a la derecha”. Por consiguiente, aún cuando fueran expresadas con la intención de mejorar lo que debía mejorarse (y no con el propósito de debilitar a un gobierno que se lo apoyaba por algunas cosas que estaba haciendo bien) esas críticas, decíamos, estaban condenadas al ostracismo. Sólo sobrevivían en los pequeños círculos de los amigos, que compartían la preocupación de quien esto escribe, pero no pasaban de allí. Conclusión: no llegaba a los oídos, o a los ojos, de quien debía llegar y las posibilidades de corregir un rumbo equivocado se perdían para siempre. La voz de orden era, pues, de acompañar el proceso y abstenerse de formular críticas o, en caso de hacerlo, cuidar que la misma no trascendiera más allá de un insignificante cenáculo de iniciados.

Si provocar el desánimo con la crítica era un pecado imperdonable no pareciera ser menos ahora el “hacer leña del árbol caído”, para decirlo con un aforismo de viaja data en nuestra lengua. Algunos fanáticos consideran una traición cualquier pretensión de hacer un balance –lo más realista y equilibrado posible– de la larga década kirchnerista una vez que, derrotada, Cristina Fernández de Kirchner volvió al llano y, supuestamente, se alista para su retorno. Es esto lo que también se señala en una nota de Mempo Giardinelli aparecida en estos días en Página/12: “las autocríticas son necesarias aunque a algunos les moleste y otros cuestionen la oportunidad”.[1] Entre ambas consignas –“no desanimar” y “no hacer leña del árbol caído”- naufraga la posibilidad de aportar una reflexión crítica en torno a una experiencia que, para bien o para mal, marcó con rasgos indelebles a la Argentina contemporánea. Razón demás para examinar lo ocurrido y, sobre todo, para comprender el origen de una derrota gratuita, que pudo ser evitada y que al no serlo condenó a millones de argentinas y argentinos a pasar, de nueva cuenta, por los horrores del neoliberalismo duro y puro, cosa que ya estamos viendo.

Un pensador revolucionario, anticapitalista, comunista, está obligado por una suerte de juramento hipocrático a decir la verdad, a cualquier precio. La “crítica implacable de todo lo existente” fue una de las divisas teóricas y prácticas de Marx y Engels. Y tras sus huellas, Antonio Gramsci hizo suya la máxima de Romain Rolland (“la verdad es siempre revolucionaria”) y desde sus años juveniles en L’Ordine Nuovo la redefinió en un sentido colectivo: “decir la verdad y llegar juntos a la verdad”, como acertadamente lo recordara Francisco Fernández Buey.[2] Una crítica que es fundamental para examinar los errores y para, aprendiendo de los mismos, asegurarnos que no vuelvan a ser cometidos en el futuro. La historia sigue su curso y seguramente habrá nuevas instancias en donde las clases populares se enfrenten a alternativas similares a las que se vivieron en los años del kirchnerismo. Por eso es preciso el análisis y la crítica, el diagnóstico certero y la propuesta superadora. Una verdad construida entre todos. De lo contrario, si persistiéramos en conformarnos con el relato oficial, las explicaciones convencionales y las ilusiones y fantasías con las cuales se pavimentó el camino del fracaso estaríamos fatalmente  condenados a la eterna repetición de lo ya vivido.

Los hechos

Partamos del reconocimiento de algunos hechos básicos. Primero que nada, admitir que no ganó Cambiemos sino que perdió el Frente para la Victoria. Ningún gobierno peronista pierde una elección nacional, y menos por poco más de dos puntos porcentuales. Eso no existe en el ADN del peronismo. Si tal cosa ocurrió fue por una insalubre mezcla de diagnósticos equivocados, pasividad de la dirigencia (que no militó la candidatura de Scioli ni aseguró la presencia de fiscales en las mesas electorales, increíblemente ausentes en distritos de nutrida votación peronista) y soberbia presidencial.

El resultado de esta nefasta combinación de factores fue la mayor derrota jamás sufrida por el peronismo a lo largo de toda su historia. Siendo gobierno perdió la nación, la provincia de Buenos Aires y no pudo conquistar a la ciudad de Buenos Aires. También perdió Mendoza y Jujuy, antes había perdido el otro bastión histórico del peronismo: la provincia de Santa Fe, y nunca pudo hacer pie en Córdoba. Algunos replicarían diciendo que Ítalo Luder fue desairado en las presidenciales de 1983, cuando a la salida de la dictadura Raúl R. Alfonsín se alzó con la victoria. Pero Luder no era gobierno; aspiraba a serlo pero no estaba en la Casa  Rosada. No ganó, pero no perdió nada porque nada había ganado. Lo ocurrido con Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, no tiene precedentes en la historia del peronismo. Este había sido desalojado del poder por la vía del golpe militar en dos oportunidades: 1955 y 1976. El peronismo en su versión menemista fue vapuleado en 1999 por la Alianza, pero en esta participaba otra versión del peronismo, el Frepaso. Y, además, si bien Eduardo Duhalde se vio postergado por el imperturbable Fernando de la Rúa, el Partido Justicialista retuvo el bastión histórico del peronismo: la crucial provincia de Buenos Aires, imponiendo la candidatura de Carlos Ruckauf. Ahora, en cambio, se perdió todo. Y tal como ocurriera en 1955 y 1976, las estructuras dirigentes del peronismo –en este caso el Frente para la Victoria, La Cámpora, Unidos y Organizados, el Partido Justicialista y la CGT oficial– fueron fieles a la tradición y se borraron antes de la partida decisiva. Una deplorable recurrencia histórica que no debiera pasar desapercibida para quienes aspiran reconstruir un gran frente opositor con esos mismos componentes.

Ante una catástrofe política de estas proporciones, que siguiendo una vieja práctica muchas figuras del kirchnerismo han procurado minimizar, se impone la necesidad de aprender de la experiencia y de identificar las causas de lo ocurrido. No se trata aquí de atribuir culpas, categoría teológica ajena al materialismo histórico, sino de ponderar y asignar responsabilidades. Y en este terreno la responsabilidad principal, aunque no exclusiva, le cabe a la jefa indiscutida del movimiento, algo también señalado en la nota de Giardinelli. Fue CFK quien armó la fórmula presidencial, las listas de legisladores nacionales y provinciales, designó a los candidatos a las gobernaciones y las  intendencias y hasta la última semana de la campaña estableció el tono de la misma. No estamos diciendo nada nuevo sino simplemente reproduciendo lo que, en voz baja, murmuran kirchneristas “de paladar negro”, contrariados y disgustados por la suicida arbitrariedad de su jefa. La responsabilidad de Cristina, por lo tanto es enorme, pero no es exclusiva. No es mucho menor la que recae sobre el “entorno” presidencial: ministros, asesores, hombres y mujeres de confianza que incumplieron su obligación de informarle con veracidad y advertirle del curso autodestructivo de algunas de sus decisiones. Su misión era señalarle que, por ese rumbo, el proyecto se encaminaba hacia una derrota histórica. No quiero ser injusto porque me consta que hubo quienes, en ese entorno, trataron de hacer llegar la voz de alarma. Pero la arrolladora personalidad de Cristina y su sordera política hicieron imposible la transmisión de ese mensaje, y su círculo inmediato fracasó en evitar el desastre.

Puede llamar la atención la gravitación que se le atribuye en este análisis al “estilo personal de gobernar” de la ex presidenta.  Apelo a esta expresión forjada por un gran intelectual mexicano, Daniel Cosío Villegas, quien la utilizara en su estudio sobre el sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez en México (19701976). En las páginas iniciales nuestro autor dice algo que se ajusta bastante bien a lo ocurrido en la Argentina durante el gobierno de CFK. Dice Cosío Villegas que “puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente, o sea que resulta fatal que la persona del presidente le dé a su gobierno un sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carácter, las simpatías y las diferencias, la educación y la experiencia personales influirán de un modo claro en toda su vida pública y, por lo tanto, en sus actos de gobierno”.[3] Reemplácese México por Argentina (con la salvedad hecha en la nota al pie) y el diagnóstico conserva toda su validez para describir la gestión de CFK y su personalísimo estilo de gobernar, con sus virtudes y sus defectos, sobre todo para sortear las trampas de la coyuntura política. Estilo personalísimo exaltado por sus seguidores como el corolario inexorable de su indiscutible liderazgo del movimiento nacional justicialista y vilipendiado por sus críticos como un atropello a los principios fundamentales del orden republicano.[4]

Volveremos sobre este asunto hacia el final de este ensayo. Lo cierto es que el resultado de esta derrota fue la irrupción en las alturas del estado argentino de una coalición de derecha, Cambiemos, cuya columna vertebral es el PRO, un partido auspiciado por diversas agencias federales del gobierno de Estados Unidos –como la NED, el Fondo Nacional para la Democracia; o la USAID, y otras por el estilo– o por ONGs internacionales que actúan eficaz –si bien indirectamente– en la región a través de la mediación de dos lenguaraces hispanoparlantes: José M. Aznar, desde España y Álvaro Uribe en Colombia. Son ellos a quienes el imperio les asignó la tarea de coordinar y administrar financieramente el proyecto de reinstalar a la derecha en el poder en la región, para lo cual promovieron la modernización de las arcaicas derechas latinoamericanas, renovaron sus vetustos cuadros y estilos comunicacionales y desplegaron una fenomenal campaña de articulación continental de medios de prensa que, con tono invariablemente monocorde hostigan a los gobiernos de izquierda o progresistas de la región a la vez que ensalzan los grandes logros democráticos y sociales de México, Colombia, Perú o Chile. En la pasada elección presidencial los estrategos de Cambiemos se las ingeniaron para aglutinar en torno a su candidato a políticos y militantes procedentes del peronismo y, en gran medida, de la casi difunta Unión Cívica Radical. Dado lo anterior Cambiemos será un hueso duro de roer para los sectores populares en la Argentina porque a diferencia de sus predecesores cuenta con el apoyo de una poderosa coalición conformada por la clase dominante local, la oligarquía mediática, “la embajada” y el capital internacional. No hay que equivocarse. Cambiemos es mucho más que un conglomerado meramente local; es la expresión nacional de la contraofensiva del imperialismo; es su bien afilada punta de lanza utilizada para cortar de cuajo el eje Buenos Aires-Caracas. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, en la actualidad Argentina se ha convertido en una pieza importante en el tablero geopolítico del hemisferio cuyo control Estados Unidos ansía recuperar lo antes posible. Una Argentina que asuma integralmente, como lo ha hecho el nuevo presidente, la agenda de Estados Unidos para la región (agredir a Venezuela, cosa que hizo en la reunión de presidentes del Mercosur en Asunción; enfriar las relaciones con Bolivia, Cuba y Ecuador; tomar distancia de China y Rusia; apoyar la fantasmagórica Alianza del Pacífico y el Tratado Trans Pacífico; “reformatear” en clave ultraneoliberal al Mercosur; sabotear a la UNASUR y a la CELAC, etcétera) es una valiosa ayuda en una coyuntura internacional tan erizada de peligros como la actual. No sólo para facilitar la erosión de la Revolución Bolivariana en Venezuela, como se comprobó en las elecciones que tuvieron lugar en ese país el pasado 6 de Diciembre, sino también para aumentar la presión destituyente sobre Dilma Rousseff. El expresidente brasileño Fernando H. Cardoso había anticipado, a comienzos de Noviembre, que un triunfo de Macri facilitaría el desplazamiento de Dilma.[5] Y eso es lo que ha venido ocurriendo. Por eso la Argentina ha adquirido ante los ojos de Washington una importancia que, me atrevería a decir,  jamás había tenido antes. Cierra el perverso triángulo, hasta ahora incompleto, con Aznar y Uribe; debilita a Maduro y facilita la destitución de Dilma y dispara en la línea de flotación de la UNASUR y la CELAC. Por eso los voceros del imperio, aquí y allá, han prometido una ayuda financiera muy significativa para “bancar” los primeros meses del gobierno de Macri y colaborar con él en su cruzada restauradora. Y hasta ahora, a dos semanas de la asunción del nuevo presidente, han cumplido y nada hace suponer que Washington abandonará esta postura en los próximos años.[6]

Interpretaciones

La del kirchnerismo es la primera derrota de un gobierno progresista o de centroizquierda en Latinoamérica desde el triunfo iniciático de Chávez en Diciembre 1998. Hacía tiempo que muchos observadores venían pronosticando un “fin de ciclo” progresista. ¿Será el triunfo de Macri el punto de no retorno de un proceso involutivo regional, o se trata tan sólo de un traspié, de un retroceso temporario?[7] Difícil de prever, aunque  dejo sentada mi discrepancia con muchos diagnósticos catastrofistas. Dejemos por ahora esta discusión de lado para adentrarnos en la explicación de la derrota. En este terreno es necesario distinguir dos órdenes de factores causales: algunos de carácter económico, más mediatos y generales, resultantes de ciertas decisiones macroeconómicas tomadas por el gobierno de CFK que debilitaron su fortaleza electoral; y otros, mucho más inmediatos y vinculados a la campaña electoral. 

a)    Las causas mediatas

La tan mentada “profundización del modelo” quedó a medio camino. Más allá de la nebulosa que rodeaba esa consigna, y que la tornaba incomprensible para muchos, lo cierto es que esa profundización, seguramente por el costado de una mayor redistribución de riqueza e ingresos, control de los oligopolios, reforma tributaria, estricta regulación del comercio exterior y de los flujos financieros, entre otras materias, no tuvo lugar. Esto no equivale a desconocer los importantes cambios que hubo en la sociedad y la economía argentinas, muchos de ellos importantes y positivos aunque otros no tanto. Desgraciadamente, las pesadas herencias del neoliberalismo siguieron haciéndose notar durante los años del kirchnerismo, en algunos casos de forma un tanto atenuada. Pero lo que quedó en pie –la debilidad del estado y su reducida capacidad para regular mercados y corporaciones, la precarización laboral, la inequidad tributaria, la extranjerización de la economía, la vulnerabilidad externa– es más que suficiente como para descartar las fantasías alentadas por algunos aplaudidores oficiales y que aseguraban que países como la Argentina o el Brasil habían entrado en las serenas aguas del “posneoliberalismo.” Ojalá hubiera sido cierto, porque no estaríamos como estamos en estos dos países.

Pero no es la intención de estas líneas analizar al modelo económico del kirchnerismo. Sí quiero llamar la atención sobre algunos componentes de su política económica que impactaron negativamente sobre el electorado kirchnerista.

En primer lugar la inflación, que devaluó la enorme inversión social realizada por el gobierno y castigó sobre todo a los sectores populares, cosa archisabida en la experiencia argentina. Se demoró mucho tiempo en iniciar un combate, que recién lo lanza el ministro Axel Kicilloff con el programa “Precios Cuidados” y que obtuvo un éxito nada desdeñable. Se cayó en el craso error de pensar que cualquier política antiinflacionaria debería inevitablemente ser de cuño neoliberal. Y la inflación –encima de todo pésimamente medida por el INDEC y peor anunciada mes a mes por el gobierno– carcomió sin pausa los bolsillos populares y, peor aún, la credibilidad de un gobierno que propalaba cifras que no eran creíbles y que provocaban una mezcla sarcasmo y furia entre los más pobres, los más afectados por el continua alza de los precios. La apoteosis llegó pocos meses antes de las elecciones cuando el Jefe de Gabinete aseveró que los índices de pobreza de la Argentina (5 %) eran inferiores a los de Alemania, lo cual acentuó aún más la bajísima credibilidad que tenían las estadísticas oficiales. Así, mientras el gobierno alardeaba con índices anuales de inflación en el orden del 10 % el Ministerio de Trabajo homologaba convenios colectivos, pactado entre sindicatos y la patronal, con aumentos salariales que oscilaban en torno al 28 %, en un tácito reconocimiento de cuál era la realidad de la inflación en la Argentina.  Una eficaz política antiinflacionaria, heterodoxa, hubiera evitado ese desgaste económico y político. Pero para ello era preciso hincar el diente sobre la concentración oligopólica de los formadores de precios de la economía argentina, algo que el kirchnerismo no quiso, no pudo o no supo hacer.

En segundo lugar, el empecinamiento de la Casa Rosada en mantener ese absurdo impuesto denominado “Ganancias” y que pagan los trabajadores (un poco) mejor remunerados. Su sólo nombre, “Ganancias”, de por sí equivale a una provocación porque se aplica a sueldos y salarios, no a la rentabilidad de las empresas. Pese a los incesantes y unánimes reclamos exigiendo la derogación de tan impopular tributo, que para colmo al no ajustarse el mínimo no imponible por la inflación abarcaba a un número cada vez mayor de contribuyentes cautivos, este impuesto fue caprichosamente sostenido por el gobierno. Cifras oficiales confirman que en el año 2014, último para el cual existen datos, pagaron este impuesto poco más de un millón de asalariados, o el 11 % de los trabajadores registrados (“en blanco”) que había ese año en la Argentina. ¿Quiénes fueron, más específicamente, los afectados? Principalmente a los votantes del kirchnerismo, reclutados entre las capas medias (profesionales, maestros, empleados de comercio, de la administración pública, etcétera) y los niveles superiores de la clase obrera, que veían injustamente recortados sus ingresos mientras que las grandes fortunas y los grandes capitales encontraban numerosos resquicios legales para eludir el pago de impuestos. O, como en el caso de los jueces y los trabajadores empleados en el sector judicial, que estaban exceptuados por ley del pago de ese tributo. En suma: inflación más ganancias fueron decisivos a la hora de recortar la base social del kirchnerismo y, tal vez en mayor medida aún, en aplacar el entusiasmo militante de años anteriores o desatar un sordo resentimiento que, poco después, se expresaría en las urnas.

Tercero: el dólar. En efecto, la introducción de las restricciones a la compra de dólares golpearon fuertemente a los sectores medios, mayoritariamente volcados a favor de CFK en las elecciones presidenciales del 2011. Con las limitaciones establecidas por el gobierno en los últimos cuatro años –en lo que la prensa hegemónica no tardó en caracterizar como el “cepo cambiario”- aquellas capas y clases sociales intermedias se encontraron sin capacidad de ahorrar en dólares, en un país en donde la inflación crónica no ofrece demasiados instrumentos de ahorro fuera del dólar y en donde automóviles, viviendas y la tierra se cotizan abiertamente en dólares. Esto dificultó, a veces hasta impidió, que muchos votantes del kirchnerismo pudieran acceder a las pequeñas cantidades de dólares con las que procuraban juntar el dinero para entrar en un plan de pagos de un pequeño departamento, para adquirir un automóvil, o para remitir a una hija que, como producto de las políticas educativas del kirchnerismo, estuviera estudiando en el exterior, para no mencionar sino ejemplos bien conocidos de estos problemas. El “cepo”, en cambio, no perjudicó en lo más mínimo a las grandes fortunas o a las grandes empresas, que siguieron adquiriendo y fugando dólares sin dificultades. Se calcula que en los últimos diez años salieron del país 100.000 millones de dólares, y no precisamente fugados por los pequeños ahorristas. Esta absurda restricción, cuyos efectos recesivos saltan a la vista habida cuenta del elevado grado de internacionalización de los procesos productivos en la Argentina, podría haberse evitado introduciendo rigurosas regulaciones en el comercio exterior. Téngase presente que este país exportó, unos 60.000 millones de dólares como promedio anual entre el 2002 y el 2014, con picos en torno a los 80.000 millones, de modo que mal se podría decir que “no había dólares.” Los había, pero en manos de un pequeño círculo de exportadores, principalmente agropecuarios y mineros.  Regulaciones, decíamos, tal como las que en los años cuarenta introdujera Juan D. Perón enfrentado a una situación similar, claro que con las necesarias actualizaciones exigidas por la nueva fase del desarrollo capitalista. Pero no se hizo, de ahí la restricción en el mercado cambiario y sus nefastas consecuencias políticas.

b) Causas inmediatas: el interminable catálogo de errores de campaña

A los factores señalados más arriba se sumaron una serie de graves  errores cometidos antes y durante la campaña electoral del oficialismo. 

Antes, en efecto, al haber combatido ferozmente a quien a la postre sería el único candidato viable, posible, presentable que tenía el kirchnerismo. No era el preferido por las bases kirchneristas, pero no había otro. Me refiero, naturalmente, a Daniel Scioli. No sólo Cristina Fernández de Kirchner no perdió ocasión de humillarlo y hostigarlo durante ocho años, casi hasta las semanas finales de la campaña cuando la suerte estaba echada, sino que el entorno presidencial se solazó en hacer lo propio, en una especie de demencial competencia para ver quien disparaba los dardos más afilados y mortíferos contra el único político que podía haberles evitado la debacle. Pocas veces se vio una demostración de estupidez política tan grande como la que los argentinos presenciamos este año. Y el tema venía de antes, porque a nadie se le escapa que la prodigalidad con que CFK transfería fondos a otras provincias –sobre todo a Santa Cruz, de nula gravitación electoral– no se repetía en el crucial caso de la provincia de Buenos Aires, histórico bastión del peronismo que no debía rifarse en una absurda pugna para evitar que Scioli se presentase en la carrera por la presidencia avalado por una aceptable gestión en su provincia. La lógica, para llamarla de algún modo, parecía ser la siguiente: si no hay otro candidato entonces que sea Scioli, pero si es Scioli que llegue con lo justo, no sea cosa que acumule demasiado poder. Y si llega a la Casa Rosada -¡en ningún caso con más del 54 % de los votos que obtuvo CFK en 2011!-, y que quede claro que llegó gracias a la presidenta. Pero el asunto era mucho más complicado y desafiaba esas simplistas elucubraciones. Ya en las legislativas del 2009  Francisco de Narváez había derrotado al FpV en la provincia, ¡a una lista encabezada nada menos que por Néstor Kirchner y Daniel Scioli! La formidable elección de Cristina en el 2011 repotenció la soberbia oficial, y muchos cayeron en la ilusión de una provincia de Buenos Aires eternamente kirchnerista. La elección parlamentaria del 2013 propinó un golpe durísimo a esas ensoñaciones: victoria de Sergio Massa con 44 % de los votos y derrumbe de la estrategia oficial de alcanzar la reforma constitucional que habilitara la “re-re” de CFK. La derrota del 2015 en la provincia, por lo tanto, no fue un rayo en un día sereno. Estaba en el horizonte de lo posible, pero la ceguera del oficialismo no se percataba de ello. Se veía venir, pero cono dice la sabiduría popular, “una cosa es verla venir y otra mandarla a llamar.” Bastaba para ello con algún pequeño paso en falso. En lugar de uno fueron varios, como veremos a continuación.

Segundo. Los dioses parecían sonreírle al kirchnerismo cuando Martín Lousteau irrumpió inesperadamente en la elección por la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires obligando al candidato macrista, Horacio Rodríguez Larreta, que no pudo ganar en primera vuelta, a enfrentar un amenazante balotaje. En ese momento la carrera presidencial de Macri pendía de un delgado hilo porque si Lousteau, a la cabeza de un heterogéneo conglomerado de fuerzas, lograba arrebatarle la CABA al macrismo el futuro del jefe político del PRO entraría en un cono de sombras del cual le sería extremadamente difícil salir para las presidenciales de Octubre. Sin embargo, en lugar de sumar fuerzas para lograr la estratégica derrota del PRO en la ciudad capital de la Argentina la conducción del FpV se refugió en un discurso fundamentalista y bajo el argumento que uno y el otro eran iguales, que Lousteau era lo mismo que Rodríguez Larreta, se abstuvieron de orientar a sus seguidores para que apoyaran a aquél para, de ese modo, descargar un golpe de nocaut al macrismo. Una parte importante de la militancia y seguidores del FpV hizo caso omiso de la directiva de sus líderes y entendió mejor que ellos como era la jugada y que el voto táctico por Lousteau era lo que correspondía hacer. Una vez más la base superó en inteligencia política a la conducción. Pero, desgraciadamente, la vacilación de la Casa Rosada hizo que este último esfuerzo no fuera suficiente y el macrismo se impuso por apenas un 3 % de los votos, siendo derrotado en 9 de las 15 comunas en que se divide la ciudad de Buenos Aires. Como es bien sabido, hay notables paralelismos entre la lucha militar y la lucha política. Sun Tzu, el padre de la estrategia militar desde el siglo V antes de Cristo, recomienda, en su notable El Arte de la Guerra, que se  “ataque al enemigo cuando no está preparado, y aparezca allí donde no es esperado. Para un estratega éstas son las claves de la victoria.” Los mariscales del FpV parece que no lo leyeron. Si lo hubieran leído y aplicado las enseñanzas del gran general chino a la coyuntura del balotaje porteño probablemente la situación de la Argentina, y de América Latina, sería hoy bien diferente.

Tercero, luego de algunos titubeos se optó por completar la fórmula presidencial con la candidatura de Carlos Zannini como vice. No fue Scioli quien eligió a su compañero sino CFK quien, por su cuenta o pésimamente asesorada, impuso a su hombre de la más estricta confianza con la misión de asegurar que, en la ya descartada exitosa sucesión presidencial, Scioli no se desviaría del rumbo trazado por la presidenta y sería, en efecto, el candidato “del proyecto” y manejado a control remoto por ella. No bastaba para asegurar la sumisión de Scioli al liderazgo tras bambalinas de CFK la nutrida presencia de diputados y senadores kirchneristas en el Congreso, o el ya descontado control de la estratégica provincia de Buenos Aires. En el enrarecido microclima de la Casa Rosada prevalecía la obsesión por garantizar la total obediencia del seguro sucesor de Cristina imponiendo el nombre del vicepresidente, ignorando, por lo visto, que este cargo es poco menos que ornamental y de carácter eminentemente decorativo en regímenes presidencialistas como los de Latinoamérica. Y esto no sólo en nuestros países: ¿quién se acuerda de los nombres de los vicepresidentes recientes de Estados Unidos? ¿Alguien podría identificar a Joe Biden, actual vice de Obama, en una fotografía? En síntesis: un gesto absurdo y gratuito. Esta fórmula, “kirchnerista pura” apaciguaba seguramente la ardiente incertidumbre del entorno, pero tenía un fatal talón de Aquiles cuyo ominoso desenlace se pondría en evidencia en la primera vuelta de la elección presidencial cuando obtuvo dos puntos menos que los obtenidos en las PASO (elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias). La esperanza de superar el umbral del 40 % de los votos y obtener más de 10 puntos porcentuales de diferencia con Macri probó ser una ingenua ilusión           –alimentada ¿inocentemente? por los encuestólogos– y la razón es clarísima: la fórmula carecía de capacidad expansiva, no incorporaba un solo votante más, no captaba absolutamente ningún elector independiente o indeciso, por más que simpatizase en general con las políticas del kirchnerismo o se sintiera atraído por su solidaridad con Chávez, Maduro,  Evo, Correa o la Revolución Cubana y, por lo tanto, carecía de potencialidad de crecimiento. Un error mayúsculo que podría haber sido evitado si Scioli elegía (él, no Cristina) un compañero de fórmula si no atractivo al menos digerible para otros sectores que no fueran los “cristinistas”. Y había varios que podían haberlo acompañado.

Cuarto error: la obcecación por imponer como candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires al por entonces Jefe de Gabinete de Ministros de CFK, Aníbal Fernández. Este era un hombre que tenía el más elevado nivel de rechazo en la provincia y su ladero en la fórmula, Martín Sabatella, era el segundo más rechazado. No interesa, para los fines de este análisis, discernir cuáles eran los fundamentos de estos rechazos, si obedecían a problemas reales o a una pertinaz campaña mediática, que a mi juicio fue determinante. Lo cierto es que esta surtió efecto, pero la Casa Rosada no extrajo las correctas consecuencias del caso. La fórmula Fernández-Sabatella también irritó a muchos sectores del peronismo bonaerense (que no ahorraron municiones en el “fuego amigo” a la cual la sometieron). Por lo tanto, rechazo a nivel de la opinión pública y también en los cuadros del PJ. Resultado: se socavó el apoyo a Scioli y dejó servido en bandeja para el macrismo el principal distrito del país. Algunos informantes muy calificados dicen sotto voce que el Papa Francisco habría asegurado un discreto apoyo al sciolismo (cosa que lo hizo, elípticamente, al declarar poco antes de la elección, “Voten a conciencia, ya saben lo que pienso”) y sugerido la conveniencia de que un hombre como Julián Domínguez, muy allegado a la Iglesia y su obra pastoral en el conurbano bonaerense, fuese el candidato a gobernador. Aparentemente la Casa Rosada tenía otras prioridades y su pedido fue desoído.

Quinto, el interminable internismo al interior del kirchnerismo, o como lo denominaran algunas de sus víctimas, “el fuego amigo.” Innumerables ejemplos demuestran los alcances a que llegó ese proceso. Un día Scioli hace duros planteos en relación al FMI, y al día siguiente el Ministro de Economía Axel Kicillof aparece en una foto de lo más amable con la Directora Gerente del FMI, la Sra. Christine Lagarde. Un grupo de La Cámpora instala una sombrilla en una esquina porteña y reparte volantes con la lista de los candidatos a diputados por el FpV, sin incluir referencia alguna a Scioli. En la esquina de enfrente, la “ola naranja” del sciolismo instala otra mesa y sombrilla y volantea a favor de Scioli, ninguneando a los candidatos a diputados de la misma agrupación política. O se hacen ¡dos actos de cierre de campaña en el Luna Park: uno para la lista de los diputados y otro para Scioli! Difícil convencer a la gente que vote a un espacio político surcado por contradicciones tan flagrantes. 

Sexto y último (aunque se podría seguir con muchos otros ejemplos de este tipo): contrariamente a todo lo que indican los estudios sobre el tema, el kirchnerismo adoptó un estilo de campaña negativa que, desde la derrota de Pinochet en el referendo de 1980, cayó completamente en desuso y no por razones éticas sino porque sencillamente no funciona y termina convirtiéndose en un boomerang. Pinochet lanzó una campaña de ese tipo contra los partidos herederos de la Unidad Popular de Allende, y perdió categóricamente. A partir de ese momento los estudios sobre las campañas políticas coincidieron en señalar los muy limitados alcances y los peligros de una campaña montada sobre la satanización del adversario. De hecho, la imagen que transmitió Scioli era la de un hombre cuya única misión era demostrar lo malo que era Macri, lo pernicioso que sería su gobierno y su inconmovible e incondicional defensa de Cristina. Su campaña estaba dirigida hacia atrás, a defender la “década ganada” y no a proponer cuáles serían los lineamientos generales de su programa de gobierno. No había el menor atisbo de que su comando de campaña hubiese percibido que vastos sectores de la sociedad querían un cambio, cosa que los astutos planificadores estratégicos de Cambiemos advirtieron con mucha antelación. Es cierto: había un absurdo que fomentaba una actitud negligente en relación a esta demanda de cambio porque, cuando consultada, la mayoría no sabía que era lo que quería cambiar y en qué dirección impulsar el cambio. Pera esa demanda: oscura, visceral, mezcla de aburrimiento y de hastío pero mediáticamente formateada estaba allí y había que tener una respuesta. El sciolismo no la tuvo. Sólo después del debate con Macri, el domingo 15 de Noviembre y a una semana del balotaje, Scioli empezó a asumir esta necesidad de cambio y desmarcarse de la tutela de Cristina. Pero ya era demasiado tarde.

Dificultades del cálculo y la previsión políticas.

         A todo lo anterior es preciso agregar algunos otros factores que coadyudaron para producir la debacle del 22-N. El ya mencionado abandono del que fue víctima Scioli por parte de las organizaciones del kirchnerismo es uno de ellos. Otro, sin duda, fue la caprichosa política seguida en relación a la provincia de Córdoba y que tuvo como efecto la devastadora derrota de Scioli a manos de su oponente, que en ese distrito obtuvo la ventaja decisiva para asegurar su victoria. Hay quienes en el FpV  sostienen que la pasividad con que el oficialismo enfrentó el desafío electoral obedecía al cálculo ya mencionado: asegurar un triunfo de Scioli pero ajustado, jamás superior al 54 % obtenido por CFK en el 2011. De no ser posible la victoria del oficialismo, un triunfo de Macri no sería visto con demasiada preocupación porque las bancadas del FpV en el Congreso y la gravitación del gobierno de la provincia de Buenos Aires serían suficientes para establecer límites muy estrictos a lo que pudiera hacer el candidato de Cambiemos si resultara vencedor de la contienda. En los dos casos el supuesto era que ambos gobiernos serían de corta duración y facilitarían el triunfal retorno de CFK a la Casa Rosada, emulando una rotación como la que había retornado a Michelle Bachelet a La Moneda luego del interludio de Sebastián Piñera. Pero algunas mentes afiebradas iban más lejos y creían que no sería necesario esperar cuatro años ya que el deterioro tanto de Scioli como de Macri se produciría en dos años como  máximo. Por supuesto, dada la elevada volatilidad de la política argentina son muy pocas las hipótesis que pueden ser descartadas de antemano pero, hasta ahora, lo que ocurrió parecería desbaratar sin clemencia estos pronósticos y esto por dos razones: uno, porque la lealtad de los miembros del Congreso ha sido tradicionalmente muy vulnerable a la influencia de la Casa Rosada y los gobernadores provinciales, siempre necesitados del auxilio financiero que sólo aquella puede prestar y que puede torcer las voluntades más firmes de diputados y senadores. No es lo mismo  jurar lealtad a Cristina cuando ella está en la Casa Rosada y cuando está en El Calafate. Y segundo porque, además, el refugio estratégico que ofrecía la provincia de Buenos Aires para capear el transitorio temporal político en el plano nacional quedó sepultado bajo el inesperado aluvión de votos que catapultó a María Eugenia Vidal a la gobernación bonaerense.

         Dado este cúmulo de errores, notable por su número y su calidad, surge de inmediato la pregunta acerca de cómo fue entonces posible que Scioli terminara el balotaje con casi un 49 % de los votos. La respuesta es la siguiente: ante el resultado del debate que tuvo lugar una semana antes de la segunda vuelta, de donde emergió claramente la inminencia de un posible triunfo de Macri, se produjo un verdadero “ataque de pánico” en el difuso pero amplio espacio de la progresía y sectores de la izquierda, hasta ese momento confiados en la certeza del relato oficial que anticipaba una fácil victoria del candidato kirchnerista, inclusive en la primera vuelta. Tan convencidos estaban de esto que algunos hasta se podían dar el lujo de militar el voto en blanco, una típica maniobra del “polizón” en teoría de los juegos: dejarle al resto de la sociedad la penosa tarea de “votar desgarrados” a Scioli, como lo señalara con lucidez Horaco González, mientras los votoblanquistas se iban a dormir con su conciencia revolucionaria en paz y los otros regresaban maldiciendo haber tenido que votar a un candidato que no querían pero preferían a Macri. En la noche del debate una centella recorrió el campo de la progresía y la izquierda, y la constatación de la catástrofe que se avecinaba provocó la espontánea movilización de vastos sectores de la sociedad civil que ante la imperdonable deserción del FpV, La Cámpora, UyO, el PJ y las organizaciones sindicales encuadradas en el kirchnerismo salieron a la calle imbuidos de un fervor militante como no se había visto desde las grandes jornadas de finales del 2001 y comienzos del 2002. Cabe decir que esa irrupción de las masas para revertir lo que aparecía como una inminente debacle electoral es una de las notas más promisorias y esperanzadoras de cualquier pronóstico sobre el futuro de la política argentina. Cosa que, por otra parte, también se manifestó en el acto de despedida a Cristina el 9 de Diciembre y las sucesivas autoconvocatorias a protestar contra las draconianas medidas de Macri en los primeros días de su gestión, como por ejemplo la que tuvo lugar en el Parque Centenario de Buenos Aires el domingo pasado para escuchar al ex ministro de Economía Alex Kicillof. Es ese espacio de autoconvocados y movilizados donde deberá trabajar la izquierda para construir esa alternativa que el kirchnerismo no supo ser.

      Pese a los contornos pesimistas del análisis anterior es preciso reafirmar, una vez más, que la historia está abierta y que su incesante dialéctica puede desairar las previsiones mejor fundadas. Una cosa es el triunfo electoral de una coalición de derechas y otras muy distintas es que pueda llevar adelante su programa y realizar las transformaciones que estaban inscritas en su plataforma de gobierno. Por supuesto, esto tampoco puede ser descifrado como una reedición de la teoría de la irreversibilidad de los procesos transformadores: la triste experiencia del derrumbe de la Unión Soviética y su posterior regresión al capitalismo salvaje o la violenta interrupción de las experiencias progresistas o de izquierda en Guatemala (1954), Brasil (1964) o Chile (1973) son elocuentes muestras de que los progresos políticos que se experimentan en un momento pueden ser revertidos en un período posterior.

 

La autocrítica y la necesidad de realizar un balance del kirchnerismo

          

Antes de concluir es necesario dejar en claro que las páginas precedentes no pretendieron ser un balance de los doce años del kirchnerismo. Su objetivo ha sido más modesto: tratar de entender por qué se derrumbó una experiencia sociopolítica y económica que podía haber continuado su curso y profundizado las incipientes transformaciones que habían tenido lugar en ese período. Y, sobre todo, promover un debate hasta ahora inexistente, o que se lleva a cabo silenciosamente y en las sombras. Estas reflexiones finales pretenden acercar algunas ideas para un esfuerzo de síntesis y evaluación que necesariamente deberá ser colectivo. Fue y seguirá siendo motivo de intenso debate las razones por las cuales algunas fuerzas u organizaciones progresistas y de izquierda, el Partido Comunista entre ellas, apoyaron críticamente este proceso. El kirchnerismo, fiel expresión del peronismo, jamás tuvo una propuesta anticapitalista. Es más, sobre todo Cristina creía, y cree todavía, en un “capitalismo racional” o “capitalismo serio.” La izquierda, para ser tal, es necesariamente anticapitalista. Se opone a un sistema que condena a gran parte de la humanidad a vivir en la pobreza, la abyección y las guerras. Y, además, porque destruye como nunca antes a la naturaleza. El kirchnerismo no tenía la superación del capitalismo en su agenda, ni siquiera remotamente. ¿Por qué brindarle entonces un apoyo crítico? La respuesta no parece difícil de entender, o no debiera serlo: Néstor Kirchner sintonizó muy rápidamente, al inicio de su gestión, con el nuevo clima político regional inaugurado luego del ascenso de Hugo Chávez Frías a la presidencia de Venezuela en Enero de 1999. Se alineó rápidamente con el líder bolivariano y junto con Lula entre los tres protagonizaron la histórica derrota de Estados Unidos en Mar del Plata. Por otra parte,  en el plano doméstico Kirchner avanzó en el juicio y castigo a los culpables de los crímenes de la dictadura y reformó con transparencia y espíritu democrático una Corte Suprema profundamente desprestigiada durante el menemismo. Su indocilidad ante el FMI también lo hizo merecedor del apoyo de las fuerzas de izquierda preocupadas por el nefasto papel jugado por el imperialismo en Nuestra América, algo que no todas las que se llaman socialistas o izquierdistas comprenden a cabalidad. Uno de los grandes enigmas de la política latinoamericana es la sistemática ceguera de un sector de la izquierda ante las multifacéticas políticas del imperialismo en la región. Teniendo en cuenta las duras realidades del tablero geopolítico mundial, ¿en qué otro lugar podía estar una fuerza de izquierda, más allá de las contradicciones propias de todo movimiento nacional, popular y democrático, sino en una alianza táctica con el kirchnerismo? ¿Podía la izquierda alinearse contra sus enemigos jurados, al lado la Sociedad Rural, “la embajada”, la oligarquía mediática y sus aliados? ¿O estar con las fuerzas políticas que le decían Sí al ALCA?

     

      Es sabido que una experiencia de matriz peronista inevitablemente carece de la radicalidad que las condiciones actuales exigen. Además, sus contradicciones son inocultables: promoción del “capitalismo nacional” pero vigencia de las leyes de Inversiones Extranjeras y de Entidades Financieras de la dictadura militar; recuperación de YPF pero no como una empresa del estado sino como sociedad anónima, que puede sellar acuerdos secretos con otra sociedad anónima como Chevron; políticas de inclusión social como la Asignación Universal por Hijo pero mantenimiento de la regresividad tributaria; solidaridad latinoamericanista (que está bien) y protagonista del rechaza del ALCA pero sin ingresar al ALBA; denuncia de los que “se la llevan con pala” pero pasividad ante la fenomenal concentración del comercio exterior; crítica del capitalismo salvaje pero alianza con la Barrick Gold, Chevron y la Monsanto (que ahora adquirió la compañía que cuenta con el mayor ejército mercenario del planeta, la ex Blackwater, ahora llamado Academi) y así sucesivamente. Contradicciones que es preciso entenderlas dialécticamente, es decir, sin pensar que hay un “lado verdadero” y otro que es puro engaño. La realidad es mucho más compleja de lo que parece y desafía esas simplificaciones. No obstante, es justo reconocer que en la suma algebraica de puntos a favor y en contra, de aciertos y errores, hay un predominio de los primeros. La continuación de la obra iniciada por Néstor Kirchner bajo la conducción de CFK sirvió para profundizar en algunas cuestiones y abrir nuevos frentes de batalla. La Asignación Universal por Hijo o la extraordinaria expansión de la cobertura del régimen jubilatorio no son cuestiones menores, en línea con la estatización de la seguridad social establecida por Kirchner. Los progresos en otras áreas han sido también significativos, desde la temática del género y la identidad hasta la política científica y tecnológica, el ARSAT I y II y la expansión del sistema universitario público, una conquista no menor en momentos en que la privatización de la educación superior se está convirtiendo en la norma en América Latina. Insistimos en que no es el objetivo de este ensayo enumerar los logros y las asignaturas pendientes del kirchnerismo, esfuerzo que tendrá que hacerse en otro momento y que también deberá ser fruto de una tarea colectiva. Entre los logros no es un mérito menor de Cristina el haber tenido siempre la virtud de “salir por izquierda” frente a cada crisis. Por muchas razones, desde su personalidad hasta la debilidad de las fuerzas políticas que la apoyan, no pudo hacer lo mismo Dilma Rousseff en Brasil, cuya tendencia ha sido invariablemente la contraria: salir por derecha y hacer concesiones a sus enemigos. Apenas ayer intentó, con la salida del Ministro de Hacienda Joaquím Levy, escoger otro camino. Por el contrario, CFK nunca tuvo esas dudas. Mal o bien, pero salía por izquierda: la Ley de Medios es tan sólo el ejemplo más elocuente de ello.

     

      Como decíamos más arriba, las características personales de Cristina jugaron un papel importantísimo. Dueña de una fuerte y avasallante personalidad, lo que fue un atributo positivo de su liderazgo para enfrentar desafíos prácticos durante su gestión resultó ser altamente contraproducente a la hora de conducir una estrategia política que le permitiera asegurar la victoria de su espacio político. A diferencia de Néstor, un carácter también altamente irascible pero que poco después de su estallido de furia reiniciaba el diálogo con quien antes había sufrido su iracundia, CFK fue absolutamente inflexible e irreconciliable con sus ocasionales adversarios y enemigos, mucho de los cuales habían sido sus antiguos aliados o compañeros. Su carácter le prodigó muchas rivalidades gratuitas que le costaron muy caro. Néstor también era un “peleonero”, pero era más bien un esgrimista dotado de una ductilidad política que le permitía rápidamente recomponer los puentes rotos por su furia. Tocaba con su florete a sus adversarios pero no los mataba. Cristina, en cambio, es una gladiadora: pelea a matar o morir, y no hay retorno después de cada combate. Por supuesto, muchos de sus adversarios reunían las mismas características y también actuaban con la lógica guerrera del gladiador. Y ella aceptaba el desafío y redoblaba la apuesta. El arte de la política, como decíamos más arriba, tiene muchos componentes del arte de la guerra. Pero no toda la política puede ejercerse apelando a la lógica la guerra. La “dirección intelectual y moral” tantas veces subrayada por Gramsci es su complemento necesario, que pocas veces Cristina se decidió a poner en práctica. Para colmo, si Néstor no era precisamente generoso con sus aliados, Cristina lo era mucho menos. Su concepción de las alianzas era una transposición del verticalismo peronista: un líder omnisciente y omnipotente, sordo e inapelable, que debía encuadrar una coalición en donde convivían peronistas con no peronistas de distintos colores políticos. Bajo este modelo organizativo era muy poco lo que se podía construir políticamente. Careció de la flexibilidad necesaria para conducir un espacio así de complejo y su notable inteligencia se tradujo con frecuencia en actitudes soberbias que limitaron casi por completo su capacidad para escuchar y para dialogar, aún con sus más estrechos colaboradores. “No hubo diálogo con los diferentes”, dice con acierto Giardinelli en la nota ya mencionada. Es cierto que no se hace la gran política sin “garra”, sin  vísceras y sin la fuerza de la que hizo gala  Cristina. Un político timorato jamás llegará demasiado lejos. Pero la gran política no puede reposar tan sólo en aquellos bravíos atributos. Hace falta, como lo recordaba Maquiavelo en su clásica imagen del centauro, la pasión mezclada con la razón. O la astucia del zorro, para saber sortear las trampas que le tienden sus enemigos, combinada con la fuerza del león, para liquidar un pleito una vez agotadas las vías del diálogo. Desgraciadamente CFK no logró plasmar esa combinación, y su superioridad por comparación con la mediocridad de la clase política exacerbó un narcisismo que le impidió escuchar a la sociedad o a sus aliados, o entender que ciertos rasgos de su estilo personal producían, también entre sus fieles, tanto rechazo como las adhesiones que lograban sus políticas públicas. Como decíamos más arriba, una importante cuota de responsabilidad en todo esto le cabe a un entorno que lejos de estimular una reflexión crítica sobre la realidad de su gestión se limitó a aplaudir y alabar, creyendo que de ese modo colaboraban con la presidenta. Privada de ese sano ejercicio de la crítica y la autocrítica no supo darse cuenta del cambio cultural que estaba madurando en la Argentina, en donde aún quienes se beneficiaban de la inversión social cada día resentían con más fuerza del clientelismo y la prepotencia de punteros e intendentes. Desconocía aquella sabia sentencia de raigambre martiana y que el político y jurista mexicano, Jesús Reyes Heroles sintetizó en una frase ejemplar: “en política, la forma es el fondo.” En sus frecuentes mensajes televisivos Cristina abusaba de un tono vehemente y confrontacional  (¡y no es que no tuviera buenas razones para confrontar!) que era absolutamente “antitelegénico” y que producía un efecto contrario al buscado. En algunos casos llegó a producir cansancio, fatiga o hartazgo, inclusive dentro de la legión de sus seguidores. Un par de pequeñas historias ilustran esto con elocuencia: un humilde lustrabotas del microcentro porteño, un hombre entrado en años, venido de una provincia pobre de la Argentina le confiesa a uno de sus habituales clientes que había votado a Macri “porque estaba demasiado grandecito para soportar que la presidenta me retara en la televisión.” Otro: en un modesto almacén del conurbano su dueña debía apagar la televisión cada vez que comenzaba una cadena nacional porque su clientela ya no quería escuchar a Cristina. Y la mayoría estaba formada por beneficiarios de diversos programas sociales del gobierno. Dos pequeñas historias que autorizan a extraer una conclusión provisoria: el boom del consumo que el kirchnerismo alentó y cultivó como política de estado no crea hegemonía política, error en que cayeron todos los gobiernos progresistas y de izquierda en la región. Ni aquí, ni en Venezuela, ni en Bolivia. En ninguna parte. La hegemonía es resultado de la educación política, de la supremacía en la batalla de ideas, de la concientización al estilo de Paulo Freire, y no del mayor acceso a los bienes de consumo. Y, desgraciadamente, en las experiencias progresistas de la región la formación política de las masas no tuvo la prioridad que debía haber tenido. Se confió en la magia del mercado: accediendo a algunos bienes se suponía que los nuevos consumidores retribuirían con lealtad política. Pero esa conexión entre consumo y hegemonía política no funciona de esa manera. Tal vez funcione en una dirección contraria. En todo caso, las consecuencias están a la vista. 

 

      Mal se podrían subestimar los logros de la gestión de CFK y, en general, el de los doce años del kirchnerismo. Se puede discutir la idea de la “década ganada” porque hubo algunos pocos –ricos y poderosos– que ganaron mucho más que los demás, y otros que no ganaron nada. Se debe también examinar el tema de la corrupción, endémico en la Argentina desde Bernardino Rivadavia hasta hoy, y vinculada principalmente (pero no sólo) a la obra pública. Se puede someter a crítica las limitaciones ya señaladas del “modelo”. Pero dejó un país muy distinto al recibido que sería injusto desconocer. Otra pequeña historia también viene a cuento: estuve hace pocas semanas en San Salvador de Jujuy. Hace unos pocos años caminar por la plaza céntrica de esa ciudad era hacerlo seguido por un nutrido grupo de niños descalzos pidiendo algunas monedas. Ahora, durante una semana, no hubo ni uno solo que reeditara aquella vieja y deprimente costumbre. Es que, a pesar de las críticas que le fueran dirigidas –clientelística, tal vez dispendiosa, seguramente ineficiente, etcétera– la política social del kirchnerismo surtió efecto. Y este no es un dato menor sino una cuestión central. Allí está la base del “voto duro” cristinista, de ese 36 % que acompañó a Scioli en la primera vuelta. Pero allí también parece haber estado su límite. Y sólo con eso no se puede ganar una elección presidencial.

 

      Concluyo con la esperanza de que las ideas aquí esbozadas sirvan para propiciar un debate y para realizar un balance crítico de los doce años del kirchnerismo. Con la esperanza también de que evitemos la trampa facilista de quienes, so pretexto de “no hacer leña del árbol caído”, pretenden clausurar desde el vamos un examen que es a la vez imprescindible e impostergable. Lo primero, para corregir los errores propios de toda experiencia práctica. Quien hace yerra, y acierta a veces. Desde la torre de marfil académica o desde las certezas del dogma partidario no hay yerro posible. Claro, se paga un precio por eso: la realidad no se cambia, y se traiciona un apotegma fundamental del marxismo: la teoría tiene que servir para cambiar al mundo, no sólo para interpretarlo o para denunciar sus inequidades. El aprendizaje político se logra en la intelección colectiva, como lo subrayaba Gramsci, de esa praxis de ensayo y error. Impostergable, también, porque las tentativas del macrismo de imponer el neoliberalismo en su versión más radical no podrán ser neutralizadas si no se toma nota y se aprende de lo ocurrido en los años anteriores. Aprender de los aciertos, para conocerlos y conservarlos; y aprender también de los errores, para no volver a cometerlos.  Estoy convencido de que aquellos son mayores que estos, pero todo, absolutamente todo, deberá ser sometido a examen. El desafío es muy grande y lo peor sería incurrir de nueva cuenta en la obstinada negación de la realidad, cerrando las puertas a la crítica de quienes acompañamos este proceso sin ser parte de él e impidiendo, con distintas argucias, la autocrítica de quienes tuvieron la responsabilidad de conducirlo. Si esta desafortunada actitud llegara a prevalecer estaríamos condenados repetir los errores del pasado. 

     

 

 

[1] “Paisaje después de la batalla y la autocrítica que falta”, en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1288716-201512-21.html  Hasta donde yo sé es la primera exigencia frontal de una autocrítica publicada en un medio gráfico kirchnerista. No he visto ni escuchado nada igual en la radio y la televisión. Comparto el 95 por ciento de lo que dice Giardinelli, excepto su sobrevaloración de los éxitos económicos del kirchnerismo y mucho menos aquello de que “estos 12 años fueron una fiesta para vastos sectores populares.” Ojalá que su ejemplo se multiplique.

 

[2] Francisco Fernández Buey, “La política como ética de lo colectivo”, en F. Álvarez Uría (Comp.) Neoliberalismo versus democracia (Madrid: Las Ediciones de La Piqueta, 1988) pp. 2640.

 

[3]  El estilo personal de gobernar (México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1974). Me limitaría a señalar que el poder de la presidencia en la Argentina nunca fue tan inmenso como en México debido a que nuestro estado, por comparación al mexicano, es más débil. Ese “emperador sexenal” del que hablaba el estudioso mexicano nunca existió con esa fuerza en la tradición presidencialista argentina. 

 

[4] No puedo dejar de anotar que muchos de los sedicentes cultores del republicanismo conservador (porque hay otro, popular y de raíz maquiaveliana) han guardado un escandaloso silencio ante los atropellos a la división de poderes del gobierno de Mauricio Macri al pretender designar dos ministros de la Corte Suprema sin la aprobación del Senado o hacer uso abusivo de los Decretos de Necesidad y Urgencia. Como siempre, la derecha, aquí y en todo el mundo, tiene dos estándares éticos: uno para los amigos, otro para los enemigos. ¡Y después tiene la desfachatez de acusar a estos últimos de “fomentar la división de la familia argentina” o de abrir “la grieta”!

 

[5] Cf.  «El resultado en los comicios argentinos me animó mucho», en La Nación, Domingo 1 de Noviembre 2015 http://www.lanacion.com.ar/1841627-el-resultado-en-los-comicios-argentinos-me-animo-mucho

 

[6] Basta observar el comportamiento de los grandes capitalistas locales e internacionales cuando el gobierno de Macri decidió poner fin al “cepo cambiario”: el dólar se cotizó el Martes 22 de Diciembre, cuatro días después de su liberación, a poco más de 13 pesos por dólar. Si esto lo hubiera hecho CFK la ofensiva especulativa seguramente lo hubiera proyectado a los 20 pesos por dólar, o más.

 

[7] Sobre este tema recomiendo la lectura de la magnífica compilación hecha por ALAIhttp://www.alainet.org/es/revistas/510|

 

FUENTE: http://www.atilioboron.com.ar/2015/12/argentina-2015-claves-de-una-derrota.html

 

Así como no se defiende lo que no se quiere, y no se quiere lo que no se conoce; también resulta imposible celebrar lo que no se siente. Nuestra intención es conocer, querer, defender, y entonces sí, sentir y celebrar.

Hace tan sólo 8 años, casi como si fuera ayer, los argentinos vivíamos los fastuosos (de ahí la palabra “fastos”) festejos del bicentenario de la patria. Es que sencillamente habían motivos suficientes para dar lugar a la alegría: 6 millones de nuevos puestos de trabajo, una industria en recuperación, esbozos de integración con los demás países suramericanos, asignación universal por hijo, aumento del presupuesto en educación, etc. La Argentina no era el paraíso pero por lo menos se vislumbraba un rayo de esperanza.

Pero… ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo es que pasamos de los fastos del soberano 25 de Mayo del 2010 al nuevo acuerdo cipayo con el FMI? ¿Cómo es que pasamos de los superávits gemelos del gobierno anterior a los déficits gemelos del macrismo, de la reestructuración de la deuda al pago a los Fondos Buitres?

Algunos pretenden dar respuestas meramente electoralistas: “que la campaña del 2015 no fue buena..” “que no se hizo todo para ganar..”. Preferimos buscar la raíz del problema en la tibia política cultural del kirchnerismo y su falta de decisión de aplicar la Ley de Medios a fondo, o de remplazar el contenido de los planes de estudio de las universidades por uno de carácter nacional, o de simplemente derogar la bancomundialista Ley de Educación Superior.

Y después llegó Macri y todo se fue al carajo. Ahora volvimos al Fondo Monetario Internacional y directamente nos gobierna Christine Lagarde. Con humor, los muchachos del programa televisivo “Peligro Sin Codificar” parodian a la Directora del FMI y sintetizan el sentir del pueblo argentino “El contrato de Macri con el FMI es un contrato Malbec…. Hay que estar en pedo para firmarlo”. Los programas de televisión se burlan y mofan del presidente, todo es peligrosamente parecido al 2001. Mejor reír que llorar.

Es tan grande la crisis que incluso ha estallado dentro de la UCR. El radical Carlos Frascendini, vicegobernador de Santa Fe, dijo que Cornejo es un “saltimbanqui”, “caradura” que “debería ser el presidente de un partido que se llame Me Cago En Los Principios”. Nosotros opinamos igual.

Ante tal panorama, el viernes 25 de mayo al mediodía, compartiremos un almuerzo patrio entre compañeros, compañeras y compatriotas  para charlar sobre estos asuntos. Los invitamos a acompañarnos.

 

 

https://elpaisdigital.com.ar/contenido/en-santa-fe-acusan-a-cornejo-de-saltimbanqui/16751

El Mercado, mi amigo invisible

Publicado en País Martes, 22 Mayo 2018 12:29

Es increíblemente estúpido el espectáculo al que somos sometidos los argentinos en cada una de las declaraciones públicas de los funcionarios de este gobierno. Solemos escuchar sobre conversaciones que Macri, Dujovne o Caputo mantuvieron con un amigo invisible, al que nadie ve, solo ellos escuchan y todos debemos obedecer. Este amigo, por lo que cuentan, de nacionalidad foránea, le pide cosas al oído: “toma deuda”, “reduce los salarios”, “ajusta… o moriré”.

De carácter temperamental, desoírlo le acarrea una furia infernal que da por tierra a un país entero. Entonces desde el gobierno pueden prestarle algunos “juguetes” financieros del Estado (LEBACS, BOTES, y demás) para que se entretenga un rato; pero sin previo aviso ¡zas!, se levanta y se va con todos los chiches.

Cuando eso ocurre le tiran “señales”. Un recorte por aquí, un recorte por allá. Reforma laboral, reforma tributaria. Pero como es de apetito voraz, termina siempre pidiendo más y más.

Sin nombre de pila, lo apellidan Mercado. Las fabulaciones infantiles del gobierno sin embargo, entran más en el campo de análisis de la política, que del psicoanálisis. La enjundia con la que  los ministros invitados  al foro de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) intentaron dejar tranquilos a los empresarios yanquis[1], nos ayuda un poco más a identificar quien o quienes son este misterioso personaje.

Pero los notables esfuerzos de Macri de tener contento a su amigo son en vano si vemos los números  de la transferencia de riquezas al exterior de los últimos tres años: en 2015 fue de 8.520 millones de dólares; en 2016 alcanzó los 9.951 millones; y en 2017 fue de 22.148 millones de dólares[2]. Para este año, espera romper nuevamente su techo.

Esta relación enfermiza los arroja a ambos, al gobierno y a Mercado, al diván del FMI. De dudosa parcialidad, los consejos psico-económicos de este viejo conocido para el gobierno no son otros que los de dejarse llevar y adecuarse a las exigencias de su amigo. En tanto y en cuanto lo haga, recuperará la confianza perdida y Argentina podrá seguir prestándole sus juguetes. Eso si, apurando siempre los plazos y sin tanto “gradualismo”.

El debacle económico y mental de este gobierno parece ser inevitable. Mientras tanto, Macri y compañía se arrojan a los pies de su amigo invisible; de esos que a veces es mejor perderlo que encontrarlo (Revista Universitaria).

 - — -


Empresas norteamericanas piden por la reforma laboral

 

Los empresarios estadounidenses coinciden en que el camino de transformaciones tomado por la Argentina desde que asumió Mauricio Macri es el “correcto”, pero advierten que aún faltan mucho por recorrer y piden acelerar: la próxima meta son los cambios en las leyes laborales. 

Así lo dejaron en claro al Gobierno ayer los CEOs y Presidentes de grandes compañías que participaron del foro “Negocios en el Futuro de las Américas”,organizado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham).

Los hombres de negocios transmitieron su apoyo a los ministros presentes: Marcos Peña, Francisco Cabrera, Luis Caputo y Manuel Ibarra. Pero también les tomaron examen acerca de cómo están avanzando los cambios prometidos.

Era un evento esperado por el Gobierno por el peso de las inversiones estadounidenses en la Argentina, que alcanzan nada menos que al 19,2% del PBISe trata de 625 grandes empresas que emplean a 400.000 personas en 42 rubros. 

En los paneles hubo más preguntas sobre plazos que respecto del rumbo. Los empresarios confían en la gestión Cambiemos, pero muestran ansiedad respecto de cuándo llegará la respuesta a cada uno de sus planteos.

Los ministros y el secretario de Comercio, Miguel Braun, se esforzaron por aclarar que –según palabras de Caputo– “los argentinos han decidido que este es el rumbo y no van a cambiar”. La idea se centró en alejar cualquier fantasma acerca de un cambio de signo político en 2019 

Edward Prado, que desde hace dos semanas es el embajador de los Estados Unidos en la Argentina, hizo un guiño: aseguró que la relación bilateral está “muy fuerte y estable” y ratificó el apoyo del gobierno de Donald Trump a las “reformas económicas” impulsadas por Macri.

Los CEOs saben que el Gobierno está avanzando en la baja de la presión tributaria y se está reorganizando para apurar el recorte del déficit. Y por las tasas del 40% anual, destacan la pelea del Banco Central contra la inflación.

Por ello, lo que más sobrevoló ayer fue la cuestión laboral: cuándo van a mejorar las condiciones para la contratación de trabajadores. Y qué riesgos aún existen de conflictividad social por la resistencia sindical. Ahí estuvo el foco de muchas consultas a los funcionarios.

Steven Demetriou, presidente y CEO global del gigante estadounidense Jacobs,dijo sin dar vueltas que el país debe analizar cómo puede “eliminar las grandes limitaciones en el mercado de trabajo, con los incentivos adecuados para la innovación y la tecnología”.

Andrew Liveris, CEO de The Dow Chemical Company (empresa que está en 162 países) expresó que los cambios que está impulsando Macri parecían impensables hace diez años, pero planteó que ahora la duda es: “¿Qué quieren ustedes y qué queremos nosotros que sea la Argentina en la próxima década?”. 

Para este empresario, la Argentina debe avanzar en los cambios laborales, con capacitación y abocándose de lleno a la era del conocimiento. “Por la automatización, en el mundo se perderán entre 400 y 600 millones de los empleos actuales hacia 2030”. 

Cabrera no le esquivó al bulto y dio algunas definiciones: aseguró que el Gobierno está dando la pelea política y económica, pero sobre todo la cultural. “Muchas pymes piensan que la apertura comercial las va a perjudicar, ahí está el cambio cultural que debemos lograr”, dijo (Los Andes).


- — -

La fuga de capitales creció casi 60% en el primer cuatrimestre

La fuga de capitales aceleró en el primer cuatrimestre del año y alcanzó los 8.986 millones de dólares al saltar un 58,5% anual, según informó el Banco Central. Los datos de mayo, con la tormenta financiera de por medio, arrojarían resultados más preocupantes que los de abril.

En el cuarto mes del año, se fugaron (al exterior o al “colchón”) unos 2.055 millones de dólares. Un nivel más elevado que el promedio mensual registrado durante el año pasado, que fue de 1.846 millones.

Las divisas que la economía argentina perdió en abril fueron, según el total desagregado, por compras netas de billetes por 1.434 millones de dólares y por transferencias netas de residentes del exterior por 621 millones.

El comportamiento de estos conceptos tuvo una tendencia ascendente a lo largo de abril en un contexto de volatilidad en el mercado cambiario, cerrando con un incremento de US$ 1.180 millones respecto del mismo periodo del año anterior, señaló el Banco Central.

Si se consideran los datos de todo el primer cuatrimestre del año, el salto registrado por la fuga de capitales (técnicamente conocido como Formación de Activos Externos) es preocupante: hubo un crecimiento de 58.5%.

La fuga viene mostrando una fuerte aceleración desde la asunción del presidente Mauricio Macri: en 2015 fue de 8.520 millones de dólares; en 2016 alcanzó los 9.951 millones; y en 2017 fue de 22.148 millones de dólares. Este año podría superar esa barrera.

Los que más ingresan dólares

El campo y las empresas mineras son los sectores que más dólares ingresaron durante abril, un mes en el que se desataron las turbulencias financieras cuya mayor intensidad fue observada en mayo con fuertes presiones sobre el tipo de cambio.

Según se desprende del Informe de Balance Cambiario presentado por el Banco Central este lunes, el sector exportador de las oleaginosas y cereales ingresó unos 2.162 millones de dólares en el cuarto mes del año, quedando en la cabeza del ranking.

La exportación de alimentos, bebidas y tabaco le generó al país el ingreso de unos 339 millones de dólares; en tercer lugar quedó el rubro de minería, con 270 millones; y en el cuarto escalón, agricultura, ganadería y otras actividades primarias, con 156 millones. El Sector Público liquidó 86 millones.

En un contexto en que las condiciones internacionales exacerbadas por factores locales generaron una situación de volatilidad en el mercado cambiario, el BCRA realizó ventas netas en el mercado por US$ 4.731 millones.

Sumadas a las ventas de los distintos organismos del sector público por US$ 86 millones, las mismas fueron adquiridas por clientes del sector privado por US$ 3.726 millones, y por los bancos y otras entidades cambiarias por US$ 1.091 millones. El Tesoro Nacional y el BCRA no realizaron en el mes operaciones de cambio entre sí de forma directa.

Del análisis de la desagregación de datos surge que los principales sectores compradores de dólares en términos netos en abril fueron las personas físicas y los no residentes. Les siguieron los sectores importadores netos, entre los que se destacan las automotrices, las industrias que se equiparon, el comercio, y los rubros químico, del caucho y el plástico (Los Andes).

 

 

Continúa la escalada de precios mes a mes. Mauricio Macri, que llegó a la Casa Rosada prometiendo bajar la inflación, gobierna para los sectores monopólicos de la economía que le ponen el precio al costo de vida de los argentinos.

El sector financiero a través de las corridas bancarias que ha realizado en las últimas semanas, ha elevado a las nubes la cotización del dólar, encareciendo el precio del peso argentino y con ello los precios relativos de los principales bienes de consumo. Habría que sumar a la ecuación los brutales aumentos de las tarifas de los servicios para complementar este panorama en el que cada vez es más dificil llegar a fin de mes.

No es un error, ni un accidente. El exceso de entusiasmo del presidente nos ha endeudado en miles de millones de dólares, a una velocidad record, sometiendo nuestra soberanía a la voluntad de los criminales financieros del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. La inflación y los tarifazos son algunos de los mecanismos de expoliación del gobierno de Cambiemos para fondear nuestra riqueza en las cuentas sin ley de los paraísos fiscales de todo el mundo.

A continuación compartimos este artículo de «ambito.com» en el que se detalla cuál ha sido el aumento de los principales bienes de consumo en las últimas semanas.


 

¿Cuáles son los productos que más aumentaron tras la devaluación?

 

La corrida cambiaria que se vivió en los últimos días y que trajo como consecuencia una fuerte disparada del dólar comenzó a trasladarse a los precios de la economía, principalmente a los alimentos. En ese contexto, un informe de Focus Market al que accedió ámbito.com dio cuenta de los productos que mayores alzas registraron durante la primera quincena de mayo.

En el top 10 de categorías de productos que más aumentaron en el período seleccionado se encuentran la harina (+15,3%), pastas secas (+7,7%), galletas (+2,7%), gaseosas (+3,3%), cervezas (+3,9%), yerbas (+4,2%), aceite (4,2%), queso untable (+4,1%), detergente (+2,5%), pan de molde (+2,1%), lamparas (+9,3%) y flanes (+6,7%).

El estudio fue realizado a través de Scanntech (lector de código de punto de venta) en 515 puntos de venta en todo el país.

En tanto, el director de Focus Market, Damián Di Pace, remarcó que además de la devaluación del peso hay que contemplar otros componentes que también «adhieren o confluyen en el mismo momento de la devaluación».

«El empresario tenía pendiente incorporar a precios el ajuste de tarifas de abril, la suba de la nafta, acuerdos paritarios salariales y bonos compensatorios no remunerativos», explicó. Y agregó que «a eso se le suma el costo de endeudamiento por suba de tasas de referencia del Banco Central».

«La derivación a precios tiene componentes por la devaluación del tipo de cambio y por lo menos hasta julio habría derivación a precios en los productos como consecuencia de todos estos factores que, en definitiva, muestran un plato en góndola con alza de precios», concluyó (ambito.com).

 

En el día de hoy se publicó en el Boletín Oficial de la República Argentina la resolución N°1254/2018 del Ministerio de Educación, por la que recortan la mayoría de las incumbencias por título de 36 carreras dictadas por universidades argentinas.

La medida, que de ningún modo ha sido reproducida, comentada, menos aún reprochada por los medios de comunicación, elimina “actividades profesionales reservadas exclusivamente al título”. Según la definición que da la norma en su artículo segundo, éstas son un subconjunto limitado dentro del total de alcances de un título, que refieren a aquellas habilitaciones que involucren un riesgo directo sobre la salud, la seguridad, los derechos, los bienes o la formación de los habitantes.

Es decir, hay actividades para las que se necesitaba la intervención de un profesional que ahora no tiene incumbencia de su título para poder hacerlo. Por ejemplo, un Licenciado en Sistemas tenía, hasta el 18 de mayo, incumbencias en 12 ítem de actividades, con la nueva resolución sólo le quedan 5; la ingeniería civil de 9 a 5, quitándose, entre otras, las actividades vinculadas con obras hidráulicas, etc.

La resolución lleva la firma del Ministro de Educación Alejandro Finocchiaro, el mismo que hace pocos días fue denunciado penalmente por un supuesto caso de violación sobre una menor de 13 años cuando él ya era mayor de edad.

La letra de la resolución la pone el Banco Mundial y el FMI. En la Feria Internacional de Educación Superior que se llevó a cabo en Mendoza, con el aval del rector de la Universidad Daniel Pizzi y el Gobernador de la provincia, Alfredo Cornejo, se expuso el plan que el primer organismo pretende aplicar en la educación superior de nuestro país y el resto de América Latina.

En él se explica que el Estado destina ingentes recursos en Universidades e Institutos de Educación Superior, dictando carreras que bien pueden ser dictadas por Universidades Privadas, lo único que el Estado debe hacer es generar las condiciones y alentar la inversión privada en esto.

La resolución 1248/2018 va en este sentido: al quitarle incumbencias a los títulos emitidos por las universidades nacionales, las privadas pueden dictar “carreras cortas” apropiándose de esas incumbencias que ahora no son cubiertas por la educación pública.

De este modo, el gobierno macrista puede destinar menos presupuesto a la educación y ponerlo a disposición del pago de la deuda sideral que nos deja de legado a todos los argentinos. Mientras tanto, algunos empresarios que instalaron un “garage” que funciona como universidad hacen grandes negocios.

Mientras que muchos entendemos que la educación debe ser pública, gratuita y con altísimo nivel académico, con planes de estudio que respondan a la necesidad del pueblo argentino que con sus impuestos la financia, colaborando desde la cátedra en el desarrollo de la industria, el avance tecnológico, el crecimiento del mercado interno, la defensa de la cultura nacional y el idioma propio, en el marco de la integración latinoamericana, otros, como el actual rector de la Universidad Nacional de Cuyo, opina exactamente lo contrario.

Nada dice Pizzi sobre el acuerdo con el FMI, sobre el recorte del presupuesto universitario que termina financiando la transferencia de renta nacional al exterior y el pago de la deuda macrista, y menos aun cuando los estudiantes de hoy, que serán profesionales mañana, tendrán menos trabajo.

El próximo 7 de junio la Universidad Nacional de Cuyo elije a sus autoridades. De ningún modo el silencio cómplice de Pizzi, ni de la Franja Morada, pueden pasar desapercibidos.


A continuación, dejamos a nuestros lectores la publicación en el Boletín Oficial de la reciente Resolución.

https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNorma/183989/20180518

http://rinacional.com.ar/sitio/que-dice-macri-cornejo-y-pizzi-el-banco-mundial-y-el-fmi-quitan-incumbencias-a-mas-de-36-carreras-universitarias/

Compartimos la siguiente entrevista realizada por Sitio Andino a Adriana Garcia, candidata a rectora de la Universidad Nacional de Cuyo en los próximos comicios.

(Revista Universitaria)

- — -

El próximo 7 de junio la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) irá a las urnas para elegir a sus nuevas autoridades y son tres las listas que están en competencia. Adriana García, ex decana de la Facultad de Filosofía y Letras, es la candidata a rectora del espacio opositor Convocatoria Universitaria que aspira a desplazar a Daniel Pizzi de la conducción del gobierno universitario.

García tiene 61 años, desde hace 34 se desempeña como docente y actualmente está al mando de la Secretaría Académica de la UNCuyo. Comenzó como profesora del Colegio Universitario Central (CUC) y ocupó cargos directivos en esa institución. Luego pasó a trabajar en la Facultad de Filosofía y Letras donde llegó a ser decana durante dos periodos.

Si bien García siempre ha estado vinculada al peronismo universitario, se define como una «académica» y no como una militante partidaria. En el año 2014 fue candidata a vicerrectora acompañando a Jorge «Como» López, ex vicegobernador de Mendoza durante la gestión de Arturo Lafalla. Los resultados de esos comicios no le fueron del todo favorables y terminó apoyando en el ballotage a la fórmula de Daniel Pizzi-Jorge Barón.

Gracias a ese respaldo obtuvo el cargo que ocupa actualmente pero, si bien es parte de la gestión, en las elecciones de este año encabezará la principal lista opositora, junto al ingeniero Pablo De Simone como candidato a vicerrector, y se medirán justamente contra el binomio Pizzi-Barón, que va por la reelección.

En una entrevista concedida a Sitio Andino, la líder de Convocatoria Universitaria expuso sus propuestas, explicó por qué siendo parte de la gestión encabeza una lista opositora, manifestó que las universidades nacionales están viviendo un momento muy crítico por «el ajuste que se quiere les quiere imponer» y afirmó que su espacio no es «ni una Unidad Básica ni un Comité».

- Actualmente es parte de la gestión pero es candidata de una lista opositora, ¿cómo explica esa situación?

- Actualmente me desempeño como secretaria Académica de la UNCuyo. Lugar al que llegué a partir de las elecciones 2014 cuando me había presentado para ser vicerrectora de un espacio universitario que se llamaba Integración Universitaria.

En ese momento el actual rector me pidió que lo acompañara desde Integración en la Secretaría Académica. Aunque yo no pertenezco al espacio Interclaustro. Ahora Integración Universitaria es uno de los tantos claustros que hoy componen Convocatoria Universitaria.

Yo no hablo de enfrentamiento al gobierno del ingeniero Daniel Pizzi. Sí nos presentamos como una alternativa, un modelo de universidad que aspira a ser y que es plural.

- ¿Quienes integran Convocatoria Universitaria?

- En este espacio confluyen distintas tradiciones políticas e ideológicas de la universidad. Este espacio está constituido no solamente por personas que vienen de los partidos mayoritarios, hablo de peronistas y radicales, sino también por distintos movimientos y eso es algo que todavía no se comprende.

La Argentina está acostumbrada a los clivajes y en realidad la universidad y la sociedad son mucho más que esos binomios o dicotomías, por esa razón es que este espacio aspira reunir a partidos y sobre todo a los distintos movimientos que están en la sociedad.

Convocatoria Universitaria hace política universitaria, no hace política partidaria. Convocatoria Universitaria no es ni una Unidad Básica ni un Comité.

Queremos hacer realidad el principio de lo que es la universidad. Es la reunión de un conjunto de personas en pos de un objetivo, libre e independiente de los gobiernos de turno.

Si yo como gestora no puedo conducir la diversidad de la universidad, yo no soy una gestora. El que no pueda conducir la diversidad no puede conducir la universidad. 

- El actual rector tiene una relación muy cercana con el gobierno de Alfredo Cornejo, ¿Cómo cree que debería ser la relación entre la UNCuyo y el Gobierno Provincial?

- Una universidad no puede estar alejada de la sociedad y en la sociedad está el gobierno que ha sido elegido democráticamente, pero hay distintas maneras de relacionarse. En mi experiencia, siempre me relacioné con la Dirección General de Escuelas.

Indudablemente el señor rector tiene una cercanía con el gobierno de Cornejo y él estableció líneas de trabajo y de contacto que son muy cercanas al gobierno provincial.

Uno no puede alejarse del Gobierno provincial pero hay distintas maneras de hacerlo, y yo lo voy a encarar desde la política universitaria y desde lo que el consejo superior aconseje y determine.

- ¿Cuál es su propuesta para la conducción de la UNCuyo?

- Todo proyecto tiene que basarse en un espacio de experiencia y un horizonte de expectativa. El espacio de experiencia es nuestra universidad, con sus fortalezas y debilidades y eso implica que indudablemente va a haber continuidades, que no son solamente del gobierno de Pizzi sino que vienen desde otros gobiernos y que uno debe resaltar esas fortalezas.

Hay momentos en que es necesario una transformación y entiendo que en este momento la universidad debe recrear su carácter de universidad nacional y pública.

Las universidades nacionales estamos siendo objeto hoy de muchísimas críticas y confrontados a lógicas que provienen de un gobierno neoliberal. Algunos de esos cuestionamientos son ciertos pero otros son fabulados, por ejemplo el mito de la graduación, entender que solamente la universidad está para graduar, para sacar egresados al medio es desconocer la trayectoria de la Universidad nacional de cuyo desde 1939.

El momento es muy crítico, precisamente por este ajuste que se le quiere imponer a las universidades nacionales. En algunos casos se dice que no es un ajuste que es una medida de reordenamiento pero algunos términos que vienen del Gobierno nacional están indicando que hoy, como nunca, tenemos que reafirmar los valores de la Reforma del 1918, que son la autonomía, el cogobierno y que tienen que ver con la libertad de las cátedras.

La autonomía no tiene que ver con que la universidad va a hacer lo que quiere, es que tiene una responsabilidad social que tiene que ver las demandas de la sociedad en pleno.

Tanto la Reforma del 18 como la gratuidad no pueden ser presa de ningún partido político. Decir que la Reforma del 18 es la bandera de los radicales o decir que la gratuidad es la bandera de los peronistas, a esta altura de nuestra historia, no corresponde. Y por esa razón Convocatoria Universitaria toma esas dos banderas.

- ¿Cómo analiza la situación del recorte de becas en el CONICET?

- En nuestra declaración de principios uno de los ejes tiene que ver con la investigación en la universidad, la relación con sus investigadores y científicos.

La investigación es uno de los puntos neurálgicos de la universidad. La relación con el INTI, el INTA, la CONEA y el Conicet está dando cuenta de que esa articulación nosotros la debemos potenciar en un momento en que está absolutamente debilitada y en peligro.

- ¿Qué mensaje les da a los votantes universitarios?

- Quiero resaltar que la Universidad tiene una deuda muy grande para con muchos que no pueden votar, por ejemplo nuestros colegios universitarios. Los docentes que están ahí hoy no son ciudadanos universitarios. Ese es uno de mis compromisos si accedemos al gobierno de la universidad.

En cuanto al ingeniero Pizzi y el diseñador Asarchuck tengo para decir que son colegas, son compañeros que también de alguna manera piensan que tienen un buen proyecto para la universidad.

Pero Convocatoria Universitaria es mirar la universidad del futuro, es un espacio plural, Convocatoria Universitaria quiere hacer realidad la inclusión, Convocatoria Universitaria es la Universidad Nacional de Cuyo.

http://www.sitioandino.com.ar/n/264035-adriana-garcia-el-momento-de-las-universidades-es-critico-por-el-ajuste/

Más poder para Dujovne

Publicado en País Domingo, 20 Mayo 2018 21:09
La coordinación dejará de estar en manos de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui y pasará a manos del ministro Dujovne, que tendrá bajo su órbita nueve ministerios: Finanzas, Transporte, Trabajo, Interior, Producción, Agroindustria, Energía, Turismo y Modernización.

Precio costosísimo

Publicado en País Domingo, 20 Mayo 2018 13:46

A la gran mayoría de los argentinos y las argentinas nos van a hacer pagar, a un precio muy alto, las consecuencias de las medidas antinacionales y antipopulares tomadas por el gobierno de Macri. La vuelta del Fondo Monetario Internacional a la Argentina genera malestar en el 75% del pueblo argentino. Aún no han especificado que condiciones nos van a poner para que nos presten el crédito pero sabemos por la tradición que ha tenido este organismo en nuestro país que las mismas siempre generan miseria e inestabilidad económica en los y las que verdad trabajan.

A la corrida de precios y la suba de la inflación no hay quien la pare. La situación es insostenible y pinta de cuerpo entero al gobierno nacional. El plan de Macri y sus amigos se ha cumplido: “Macri al gobierno, el FMI al poder”.