24 de Marzo de 1976: un plan para diezmar al pueblo y a la conciencia de los argentinos

La dictadura cívico– militar que se inició en 24 de marzo de 1976 constituyó el plan más perverso del cual los argentinos tengamos memoria. Con el objetivo de instalar un plan económico rentístico financiero en beneficio de los sectores concentrados y en detrimento de los intereses del pueblo argentino, se llevó a cabo la represión, seguida desaparición y muerte de miles de compatriotas, que con una intensa conciencia política se opusieron al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

 

La pata civil del golpe tuvo su representante más acabado en el chicago boys, José Alfredo Martínez de Hoz, quien a través de un plan de ajuste sobre el bolsillo de los trabajadores; apertura de importaciones; quiebre de la industria nacional y el desmantelamiento del Estado sumió al país en la indigencia y la pobreza.

Pero por la Argentina, había pasado el peronismo, el Movimiento Nacional en ascenso vio crecer sus salarios, abrir industrias, obtener derechos sociales y políticos. En consecuencia la única forma de eliminar de raíz tales conquistas era apelando a la brutal represión, la Junta Militar y su aparato represivo entraron en escena la misma noche del 24 de marzo.

Mientras la clase obrera era torturada, asesinada y desaparecida en los centros clandestinos de detención, Martínez de Hoz y los bancos extranjeros jugaban a la timba financiera; la industria nacional mermaba, los sindicatos eran intervenidos y el Movimiento Nacional proscripto de la forma más brutal que se haya conocido.

Hoy, a 41 años del Golpe cívico– militar, la situación de los argentinos es muy similar, la política económica llevada adelante por Mauricio Macri y el gobierno de la ceocracia cumple al pie de la letra los deseos del finado Martínez de Hoz: crecimiento del endeudamiento externo; apertura de las importaciones; inflación galopante, pérdida del consumo, innumerable cierre de industrias y consecuentemente un enorme crecimiento en la tasa de desempleo. ¡Y claro! también se dan el gustito de darle palo y reprimir a la clase trabajadora.

Aquella “célebre” frase que motivaba a “dar vuelta la hoja del intervencionismo estatizante y agobiante”, bien le queda hoy al bruto que funge de presidente. Como ayer, hoy también es apoyada por los sectores concentrados que se benefician de las políticas antinacionales (bancos, exportadores, la Sociedad Rural, la UIA, el Grupo Clarín, etc).

Por su puesto, si de perjudicar los intereses de nuestro pueblo se habla, no puede faltar la participación de la Unión Cívica Radical, que como antaño (tenía más de 310 intendencias en la dictadura), hoy llena cargos sin poner en consideración si los argentinos pueden llevar el pan a su mesa.

Son ya, cuatro décadas las que nos separan de una de las noches más oscuras de nuestra historias. Que Macri sepa que no estamos dispuestos a repetirla, ¡antes y mejor: el helicóptero!

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