La Fotocopiadora es un Servicio Público, ¡Que se vaya el privado!

Desde la Agrupación Universitaria Nacional sostenemos  la importancia de tener una Fotocopiadora de los Estudiantes, la cual debe ser  un servicio público  manejada por los mismos para satisfacer las necesidades de todos los miembros de la comunidad universitaria.


Sin embargo, esta bandera histórica que corre la suerte, a veces de ser sostenida por todo el movimiento estudiantil y a veces por un puñado de estudiantes, hoy en gran parte de las facultades de la Universidad de Cuyo y de las Universidades de Argentina en general, se ve impedida de realizarlo.

Ahora bien, ¿Qué ha pasado en la Argentina para que nosotros nos veamos impedidos de este derecho, el cual, no es simplemente el derecho a estudiar en la universidad pública si no también, entre otros, adquirir el material de estudios a un precio accesible y que este no se encuentre en manos de una empresa privada, sino que sea garantizado por el mismo Estado?

Según Gordillo “El servicio público presupone usualmente una organización de elementos y actividades para un fin, una ordenación de medios materiales y personales.  El objeto o finalidad de esta actividad es satisfacer una necesidad pública. Necesidad pública, o necesidad de interés público, significa la suma de las necesidades individuales; no presupone necesariamente que todos los individuos de la sociedad deban tenerla, sino sólo que una mayoría de ellos la tiene”

Para comprender la magnitud de tal reclamo (la fotocopiadora como servicio público de fotocopiado) es necesario repasar la situación respecto al servicio de fotocopiado.

Durante la dictadura cívico-militar de 19761983 surgieron los negociados con el material de estudios a lo largo y ancho de toda la Universidad Argentina. Las bibliotecas se desmantelaron, o la cantidad de ejemplares a disposición se redujo drásticamente, y comenzaron a establecerse empresas privadas que fotocopiaban el material de estudios en los alrededores (o en el interior mismo) de las distintas facultades. Al mismo tiempo que el Estado se desentendía del manejo de los resortes estratégicos de la economía del país, hacía lo propio con la función educativa, dejando la provisión del material de estudios librada a la voluntad de los empresarios.

          En la Facultad de Derecho el servicio de fotocopiado tuvo el mismo destino: desde 1983 hasta la fecha se encuentra concesionada a empresas privadas.

A mediados del 2015 se realizó una Asamblea en la cual los Estudiantes nos expresamos a favor de que el Centro de Estudiantes se haga cargo del Servicio de Fotocopiado. La petición consistía  “En contra  de la extensión del contrato al privado y a favor de un servicio público de fotocopiado, manejado por los estudiantes en conjunto con la facultad. Y que el CED exija por las medidas necesarias al decanato el cumplimiento de la voluntad estudiantil antes del vencimiento del contrato” contando en ese momento con el apoyo de todos los presentes a excepción de la Franja Morada, conducción en ese momento del  CED.

¿Qué hizo la Franja Morada al respecto? No sólo no se opuso a la renovación al privado sino que lo apoyó, y entregó el canon, único medio de financiamiento ordinario del CED (inconsultamente) a cambio de una mínima disminución del precio, tiempo después se volvió a subir la copia.

Actualmente tras una nueva conducción del centro de estudiantes manejada por la Agrupación Derecho Independiente (ADE) la fotocopiadora sigue manejada por un privado, y se ha convertido hoy, en una de las fotocopiadoras más caras del predio universitario.

Producto del monopolio del Banco de Apuntes, el estudiantado permanece como mercado cautivo del concesionario y debe acatar los aumentos de precio y la falta de cumplimiento del contrato, sin poder hacer nada al respecto. Incluso se corre el riesgo de que la empresa se vaya de la Facultad llevándose consigo el Banco de Apuntes: trabajo de estudiantes, docentes y graduados que durante muchos años constituyeron la bibliografía de las cátedras y sin la cual se torna imposible la función educativa de la Universidad.

Por estos motivos, la Agrupación Universitaria Nacional comenzó a realizar una actividad gremial que pretendía abaratar los costos de acceder a la bibliografía: habiendo conseguido una copia de algunas de las principales materias, fundamentalmente de primer año, fotocopiamos por encargo las copias en las Fotocopiadoras de los Estudiantes donde el precio es más accesible .La Agrupación por esta tarea no recibía ni un peso.

                Tan exitosa fue la actividad que, en Abril de este año, el empresario decidió hacer una “mega oferta” en la que bajaba por todo un mes el precio de la copia un 30%,  el problema no es solamente cuánto dinero se deja el privado mensualmente si puede bajar tanto el precio de la copia por todo un mes, sino, quien maneja el dinero de los estudiantes y hacia dónde va ese dinero, hasta ahora la certeza es que a nosotros no vuelve.

En este contexto, el Decano tiene intenciones de volver a  licitar el servicio para que continúe una Fotocopiadora Privada; pero ¿podemos tolerar todavía este resabio de las privatizaciones de los servicios públicos, en una Universidad que es pública desde el 22 de Noviembre de 1949?