Recibimos un duro golpe por el lado de Brasil (por el Negro de Alma )

El pueblo de América Latina está viviendo un momento de contrarrevolución, y las perspectivas para las clases sociales vinculadas al mercado interno no son buenas. Hoy el golpe lo sufrimos por el lado de Brasil.

 

El ultimo día del mes de agosto otra noticia nos deja angustiados, Dilma Rousseff, ya ex presidenta del Brasil, fue destituida del cargo (dado por la voluntad de más 54 millones de brasileros) por 61 senadores. Este pareciera ser la última página del juicio político, dejando en el mando a Michael Temer, ex vicepresidente, hasta el final del 2018. En consecuencia el PT deja el poder tras 13 años de gobierno por la petición de impeachment al que fue sometida Dilma, que se basó en presuntas irregularidades que aún no fueron probadas.

Entre los años 2004 y 2014 el gobierno del PT sacó aproximadamente a un 30 por ciento de los brasileros de la pobreza, aumento de la escolaridad y del nivel de vida según los estudios publicados en el 2015  por Investigación Nacional por muestra de Domicilio. Pero sin dudad lo más importante es la cooperación de Brasil con el resto de la américa morena. En los últimos años fue un promotor del mercado común del sur (MERCOSUR) integrado por Argentina, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador, etc., entendiendo que este organismo es un centralizador de nuestra economía, y por ende, de nuestra identidad nacional. Hoy todo esto parece comenzar a ser parte del ayer y no del inmediato mañana.

Michael Temer busca un acercamiento político y económico con los Estados Unidos con el fin de tener barreras sin aranceles en donde circule libremente los bienes y servicios. Con estos tratados de libre comercio que se avecinan, las relaciones de intercambio serán desfavorables sólo para uno, Brasil.

La producción de materias primas posee menor valor agregado que los bienes importados (que por el avance tecnológico de los medios de producción de las empresas transnacionales los hace mucho menos costosos en la competencia dentro de la misma rama de producción local), produciendo una necesidad de mayor exportación para la misma importación de bienes. Además, esta relación desigual de competencia desfavorece a las pequeñas y medianas industrias brasileras, que se enfrentan a las grandes multinacionales que no solo producen más a menor costo, sino que pueden llegar a vender muchas veces a costos por su gran cantidad de capital con el fin de ahogar a la competencia y monopolizar el mercado.

En este contexto el trabajo comienza a desaparecer y a ser mal pago, por ende los brasileros consumirán menos, y es en este punto donde se cosechan los frutos de su política: monopolización del mercado, disminuir el consumo para exportar más y por ultimo seguir concentrando en pocas manos las riquezas y transferirlas a paraísos fiscales en donde será la base de la que se nutre la Banca Internacional, que ahogara a un Brasil en deudas.

Su hermano político recién electo Mauricio Macri intenta aplicar un plan económico similar en nuestro país, basta con entender que el último arreglo en paritarias hoy está casi 20 puntos por debajo de la inflación, que el consumo ha disminuido, que el desempleo es cercano al 9 por ciento, etc., y todo esto en sólo  8 meses. Véase el México de Peña Nieto en donde más de 3 millones de mexicanos cruzan la frontera a Estados Unidos (bajo el humillación de la ilegalidad) en busca del pan, ya que su patria no se lo puede proveer.

Las fuerzas balcanizadoras que han obstaculizado nuestra unidad (las mismas que combatían  San Martin y Bolívar, enemigas de la alianza entre Perón y Vargas y lógicamente conspiradoras contras los gobiernos de Lula, los Kirchner y Chaves) se han puesto nuevamente en movimiento para presentarnos otra entrega de un proceso de contrarrevolución. Nuestro mercado común en vez de mirar hacia las necesidades de nuestro pueblo mestizo, será en cada una de las regiones en la que nos dividen una factoría de los Estados Unidos y sus aliados. Con la llegada de su mercancía también vendrá su cultura. 

En “nuestra américa”, como la llamaría Martí,  los  partidos antinacionales junto al poder judicial son los mejores aliados de la extranjería, apoyados por el telón mediático que dan las empresas concentradas de comunicación y “el silencio de los intelectuales” nacido de las cátedras universitarias colonizadas, que nos impiden pensar en primera persona del plural. Ellos se encargan de mostrarnos a los villanos como los héroes bajo las banderas de la democracia, el sinceramiento de la economía  y la anticorrupción, mientras tanto el público son los sectores populares que no ven más que una constante disminución del  fruto de su trabajo, mientras que el final feliz que nos mostraron en el tráiler parece no llegar.

El nacionalismo democrático aplicado en los últimos años en muchos de nuestros gobiernos, hoy nos pasa factura, más allá de que nos haya sacado de la desgracia. La falta de sustitución de bienes culturales extranjeros por propios nos llevó a elegir a nuestros propios verdugos.

Pese a estos duros golpes las fieras del subsuelo de nuestra gran patria comienzan a oírse, y estas cuando adquieren conciencias de su potencial son sin duda el instrumento más importante que nos moviliza hacia la libertad, independencia y la unida nuestra América, nuestra Nación Latinoamericana.