De Eva a la Taruca

Durán Barba –asesor estrella de la contrarrevolución– le recomendaba a  Federico Sturzenegger «No expliques nada», en plena campaña electoral de Mauricio Macri. En este sentido, y sin ningún tipo de explicación, se cambiaría la imagen del billete de 100, donde figura  Eva Duarte de Perón –referente de las luchas llevadas adelante por las mujeres latinoamericanas–  por una Taruca del Noroeste argentino, y el de 50 que lleva plasmada la imagen de las Islas Malvinas –claro ejemplo de la defensa de la soberanía nacional– por un cóndor de la región Andina. ¿Qué se buscara con esta política cultural? Veamos.

 

 

El conocimiento político de nuestro pasado histórico es una necesidad vital para la buena fortuna de nuestro pueblo, a los efectos de cortar cualquier hilo que nos ate al destino marcado por el imperialismo de turno y sus aliados locales. En ese sentido, no podemos ser negados del conocimiento de nuestras luchas y nuestra cultura.  Pero la nueva política cultural de Macri empieza a relucir. Aquel cretino “que preside al capital extranjero y sólo a una elite de argentinos”, en su momento intentó sacar historia argentina de los secundarios de Bs As. Hoy, sentado en el sillón de Rivadavia, retoma aquellos caminos, borrando nuestra historia política de los billetes.

 

Arturo Jauretche, pensador nacional desconocido en las cátedras de las Universidades Nacionales, señala que “una política realista esta constituida de ayer y mañana; de fines y de medios, de antecedentes y consecuencias,  de causas y de concausas. Véase entonces la importancia política del conocimiento de la historia autentica; sin ella no es posible el conocimiento del presente, y el conocimiento del presente lleva implícita la posibilidad de calcular el futuro.”1

 

Pese a la falta de políticas en materia cultural por parte de los gobiernos de Néstor y Cristina, (como por ejemplo,  inyectar contenidos nacionales en los planes de estudio de todas las carreras  dictadas en las Universidades Nacionales, para que aquellos que asisten puedan defender ‚a través de la comprensión, los intereses de las clases populares latinoamericanas, y no lo que es hoy, una fabrica de cuadros antinacionales que maman a diario las categorías impuestas desde afuera) supieron reivindicar dos figuras representativas de los intereses nacionales, como lo son Eva Perón y las Malvinas, que acompañan en línea directa a José de San Martín y Manuel Belgrano.2

 

Los latinoamericanos debemos buscar constantemente en nuestra historia política nacional la defensa de los intereses populares,  como lo dijo Arturo J: “Descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados, pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios  y de fines; y  la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o en contra. “3

 

Los gobiernos latinoamericanos deben incitar a su pueblo a desarrollar su cultura nacional, y no lo opuesto, como lo hace este gobierno, borrando nuestro pasado histórico de los billetes no logra más que empezar a cortar los vínculos con aquellos que defendieron los intereses de las mayorías desprotegidas y nuestra soberanía, o los hechos que generaron un mejor futuro.

 

Pretenden que  ignoremos como se constituye una nación, como se constituye una política nacional para el bienestar del pueblo latinoamericano. Se nos quiere ignorantes, dóciles y manejables. Sólo encontrando las pistas dejadas en nuestro pasado podemos ser todo lo contrario.

 

 

 

 

Fuentes:

1–       Arturo Jauretche: Política nacional y Revisionismo Historico, p.16 , Ed. Peña Lillo. Buenos Aires 1975.

2–       Ya señalaba Arturo Jauretche en su libro Política Nacional y Revisionismo histórico que “saliendo del terreno escrito de los historiadores nos trasladamos la campo político no es fácil percibir como correspondiendo al sentido nacional de los partidos populares se manifiestan las tendencias hacia el revisionismo histórico”.

3–       Ebidem., p. 95