A 100 años de la Reforma ¿cuáles son las tareas pendientes de la Universidad argentina?

En el centenario de la Reforma Universitaria es importante rescatar su carácter latinoamericano, democrático, nacional y popular. Estos elementos deben servir como clave para comprender a través de los hechos del pasado, nuestro presente y el porvenir.

 

La Reforma Universitaria fue un acontecimiento que traspasó las fronteras, y contagió de espíritu revolucionario a gran parte del continente. Desde Córdoba se trasladó a Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Colombia, Cuba, entre otros países latinoamericanos, se vieron influenciados por los principios de la revolución universitaria. El APRA peruano[1] y el MNR boliviano[2] fueron concreta de ellos.

Pero… ¿qué acontecimientos dieron paso al estallido de esta revolución universitaria? La primera Guerra Mundial aliviaba los tentáculos de dominación de las potencias europeas sobre los países coloniales y semi-coloniales. En Rusia los obreros y campesinos expulsaban del poder al zarismo que los sometía al atraso y la miseria; y en México los sectores populares reclamaban autonomía despojándose de la dominación norteamericana.

Mientras esto ocurría en el mundo, en la Argentina la búsqueda de autonomía de la grandes potencias, se expresaba en la elección de Hipólito Yrigoyen como Presidente. El caudillo se hacía intérprete de las necesidades de nuestro país, democratizando el Estado, la Universidad, los partidos políticos, la renta agraria, etc. El primer presidente electo con el voto popular, desplazaba del poder político a la vieja oligarquía, que se agazapó en las cátedras universitarias para sobrevivir.

Este enfrentamiento se expresó también en la Universidad. Los hijos de inmigrantes y sectores más humildes que ingresaron a estudiar en la misma, serían los encargados de protagonizar estas luchas en la vieja Casa de Trejo, como se conocía a la Universidad Nacional de Córdoba.  

Los primeros meses del ´18, significaron una larga lucha estudiantil que transfiguró la historia de la Universidad Argentina. El carácter latinoamericano le dio la originalidad al planteo: los estudiantes llamaban a los hombres libres de Suramérica a enfrentarse a esa vieja oligarquía que nacía alrededor de cada puerto de nuestra América Morena.  Había que vencerlos en su último refugio: la Universidad.

Todo comenzó  a fines de 1917 cuando las autoridades de la Universidad de Córdoba decidieron modificar el régimen de asistencia a clase y cerraron el internado del Hospital de Clínicas. Esto llevó a la movilización de los estudiantes que crearon un “Comité pro-Reforma”, antecedente de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC).

Frente al reclamo de los estudiantes, el “democrático” Consejo Superior decidió clausurar la Universidad. El “Comité pro-Reforma” redactó un memorial exigiendo la renovación de los profesores, la reforma de los planes de estudio y la modificación de la constitución universitaria a los efectos de romper con el poder de unos pocos en el gobierno de la Universidad.

Buscando la democratización de las decisiones en la Universidad y el cambio en el rumbo de la enseñanza, tomaron reiteradas veces las Facultades de Córdoba. El choque dio sus primeros frutos: por primera vez se votaron democráticamente los cargos docentes de la Universidad. Pero faltaba dar el paso más importante: la elección del Rector. 

Los estudiantes nucleados en la FUC tenían su candidato, el doctor Enrique Martínez Paz, pero faltaría un  poco más para lograr su objetivo. La “contrarreforma” impulsaba a Antonio Nores, quien ganó las elecciones con una alianza junto con los “moderados”.

El edificio donde se realizaba la elección estaba rodeado por cientos de estudiantes, que al enterarse del triunfo de Nores, invadieron la sala donde sesionaba la Asamblea expresando su descontento. Se proclamó nuevamente la huelga general, la revolución universitaria y la universidad libre. Los estudiantes marcharon por la ciudad recibiendo el apoyo de la población en general y del movimiento obrero en particular.[3]

Los hechos de Córdoba llevarían a que Yrigoyen respondiera a un nuevo pedido de intervención estudiantil. Hubo una nueva convocatoria a elecciones y, con verdadera participación estudiantil, se eligió al nuevo Rector: Eliseo Soaje. Junto a los estudiantes renovó los programas de estudio, posibilitó la apertura de la Universidad a un mayor número de ciudadanos de origen popular, promovió la participación de estos en la dirección de las Universidades e impulsó un acercamiento de las casas de estudios a los problemas del país. Implantó también el co-gobierno de la Universidad por graduados, docentes y alumnos; la libertad de cátedra y la autonomía.

El repaso histórico a 100 años de estos episodios, debemos preguntarnos: ¿cómo reeditamos la Reforma Universitaria, haciendo valer los principios democráticos, latinoamericanos y populares de la misma? La tarea no es sencilla, ya que en una Argentina gobernada por Macri, y con Pizzi al mando de la UNCuyo, nuestra Universidad se ha convertido en un ámbito al que pocos acceden y del que emergen profesionales más parecidos a quienes enfrentaban la Reforma del ´18 que a los revolucionarios cordobeses. La reducción del presupuesto universitario, el intento de arancelar carreras, la bancomundialización de la educación, ponen sobre la mesa los puntos a reclamar.

Creemos en la necesidad de un debate que analice las deudas pendientes de la Universidad argentina:

-          Democratizar el gobierno universitario, conquistando la elección directa sin ponderación que otorgue igualdad a todos los miembros de la comunidad universitaria.

-          Conquistar el turno noche de cursado, para aquellos ciudadanos y ciudadanas que se quedan afuera de la Universidad por cumplir sus obligaciones laborales. El ingreso de los trabajadores volvería a nuestra casa de altos estudios, en una Institución verdaderamente popular.

-           Rediscutir la Extensión Universitaria para lograr una verdadera prestación de servicio al pueblo que sostiene la educación

-           El respeto de la cátedra libre para garantizar la pluralidad de visiones e ideologías en los planes de estudio.

-          La reforma de los planes de estudio que permitan desarrollar un pensamiento situado, a partir del conocimiento de nuestro pasado, pensamientos y autores latinoamericanos.

 

La mención de estos puntos es el comienzo del debate. “Revolucionar la Reforma” debe ser la consigna del Movimiento Estudiantil organizado del siglo XXI.

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