¿Calidad o inclusión? La universidad que quieren Pizzi y el Banco Mundial

La historia se repite y los organismos de crédito internacionales vuelven a entrometerse, como ya sucedió en los 90, con la educación en nuestro país. El año pasado el Banco Mundial lanzó un documento titulado “Momento decisivo. La educación superior en América Latina y el Caribe”[1], en el cual analizan tres aspectos de la educación superior: la calidad, la diversidad y la equidad. Sin sorprendernos, Daniel Pizzi el rector de nuestra Universidad acató al pie de la letra el pensamiento mercantilista de la educación que propone el Banco Mundial.

 

Hace algunos días el rector macrista, en una entrevista para el diario Los Andes, dijo “lo complicado es lograr un equilibrio entre inclusión y calidad”[2]. Este análisis se basa en el documento mencionado cuya lógica es la siguiente. Entre el año 2000 y 2013 la matriculación universitaria creció del 21 al 43%, como resultado la Universidad se llenó de “nuevos estudiantes”, es decir el hijo de laburante que pudo acceder a la educación pública, todo ese morochaje que tan nerviosos pone a Pizzi y al Banco Mundial pudo ingresar a la Universidad y, según estos personajes, pone en tela de juicio la calidad universitaria.

Según el Banco Mundial, “los sistemas educativos de América Latina y el Caribe han absorbido un gran número de estudiantes con escasa preparación académica para el trabajo que conlleva la educación superior, y cualquier conclusión relativa al deterioro de los resultados debería tener en cuenta este deterioro de los insumos”. Por insumos se refieren a esta masa de “nuevos estudiantes” que, al tener una preparación baja, hacen que “los estudiantes con un nivel elevado de habilidades prefieran ir a clase en la universidad con otros estudiantes con habilidad similar”, lo que finalmente modificaría la estructura de la universidad y los IES.

La solución que esta “buena gente” ofrece es brindar una amplia gama de carreras para que, por ejemplo, el que tiene los recursos sea economista y el que no auxiliar administrativo. Así, la Universidad sigue siendo esa cajita de cristal a la que sólo puede acceder la clase alta manteniendo su prestigio y calidad.

Escuchar al rector decir que es complicado mantener un equilibrio entre equidad y calidad, nos hace pensar cuál es la que va a elegir. Conociendo a este títere de las finanzas, sabemos que no va a tener problema en arancelar alguna que otra carrera para que accedan unos pocos, como hizo alguna vez con Higiene y Seguridad, pero ojo, se mantiene la calidad. O mantener las carreras que son rentables y que se las arreglen los estudiantes de filosofía, cerámica, teatro, canto, etc., etc., etc., si no son un “producto rentable en la economía de nuestro país”.

Cuando decimos que la educación pública y gratuita está puesta en tela de juicio, hoy más que nunca, lo decimos porque conocemos a quienes hoy conducen la Universidad y los vemos caminar todos los días. Sabemos cuáles son sus intereses y cómo van de la mano con los de la provincia y el país en manos de los vendepatria que se encuentran en los gabinetes ministeriales. Pero también sabemos que este año tenemos la instancia para cambiar esto en las próximas elecciones a rector o rectora de la UNCuyo para que prime por sobre todo una defensa integral de la educación pública, gratuita y al servicio del pueblo, integrando, sin distinción, a todo aquel, sea trabajador o de sectores vulnerables, que quiera completar sus estudios.

Modificado por última vez en Lunes, 19 Marzo 2018 16:29
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