Sábado, 09 Septiembre 2017 16:08

¿Cómo aprender a hablar en público?

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Desde Revista Universitaria compartimos el siguiente artículo utilizado en los cursos de oratoria dictados por la Asociación Capacitar en conjunto con la Agrupación Universitaria Nacional.

 

 

¿Cómo aprender a hablar en público?

            Según los autores clásicos, la oratoria es un instrumento para expresarnos con elocuencia,  claridad y si es posible de forma bella.

            Los fines del orador puede ser diversos: explicar, aclarar, argumentar, conmover, exponer ideas,  educar, etc. Pero en todos los casos el fin último es persuadir. El orador debe conducir a quienes lo escuchan a conocer sus posiciones, a seguir sus razonamientos y, en la medida de lo posible, a lograr un acuerdo de las partes.

¿Qué quiero decir?

            Todos hablamos, pero no todos hablamos bien. El orador en primer lugar tiene que definir  QUÉ QUIERE DECIR, para luego avanzar sobre el CÓMO lo va a decir. Para esto es necesario conocer en profundidad el tema sobre el cual debemos expresarnos, si este punto está garantizado, hemos alcanzado parte del objetivo.

¿Cómo elaborar el discurso?

La exposición tiene 3 partes:

            -Introducción: es la presentación del tema que vamos a exponer y no puede  superar el 10 %del total de la exposición. Puede introducirse de forma   paulatina o directa, pero sin rodeos. Hay que avanzar hacia el cuerpo central    de nuestro discurso sin divagar en presentaciones.

            -Desarrollo: es el cuerpo central del discurso. Se trata de una argumentación razonada en la que los oyentes deben ir acompañando al orador “sin prisa        pero sin pausa”.

            El orador debe fundamentar su pensamiento y desarrollar sus ideas con seriedad, profundidad, autoridad en el tema y argumentos. El público debe            tener claridad de lo que el orador está planteando. Debe, con modestia,   ordenar los argumentos de forma encadenada, ordenada y con ritmo, para        que el discurso no se torne tedioso. Autores modernos advierten que la atención  de quienes nos escuchan no dura más de 7 minutos, por lo tanto es    recomendable  al cumplirse este tiempo, cambiar el tono de voz, plasmar una imagen, pasar un video o utilizar recursos para recuperar la atención  del público que es el bien más preciado del expositor

            -Conclusión: nos preparamos para el final de la exposición en donde deben quedar claras y sintéticas las ideas que anteriormente argumentamos. No    puede superar entre el 5 y 10% del discurso.

El miedo del orador

            El orador siempre tiene miedo. No es común hablar frente a una gran audiencia cuando no nos hemos preparado para eso.

            El miedo disminuye en la medida que tenemos claro qué queremos decir. Cuantos más argumentos y mayor sea la profundidad de nuestros conocimientos, mayor control tendremos de miedo que se expresa secándonos la boca, haciendo que tiemblen nuestras piernas y en algunos casos provocando que “nuestra mente quede en blanco”.

            Asumir que los nervios existen y conocer de la materia que vamos a abordar es el único secreto para conducir el miedo. Jamás se va, pero puede ser controlado.

El lenguaje no verbal

            Es muy importante lo que decimos con las palabras, pero también transmitimos mensajes con el cuerpo. Cuando estamos frente a un orador temeroso o inseguro podemos evidenciarlo por el tono de su voz, los movimientos de sus brazos, la ubicación de sus piernas, la velocidad de sus movimientos y su postura en general.

            Es necesario saber que los movimientos del nuestro cuerpo deben ir en armonía con el discurso.

-          Porte o actitud: la audiencia juzga al orador antes de hablar, por eso nuestro cuerpo debe mostrar modestia, seriedad, sencillez y apertura. Nuestra mirada debe estar dirigida al auditorio (a todos, no mirar al techo ni al suelo, es signo de inseguridad).

-          Manos y brazos: algunos consideran que son las lanzas del orador. Deben servirnos para subrayar y enfatizar las ideas. Deben ser movimientos suaves y armónicos, no tajantes.

No deben cruzarse los brazos, ni esconder las manos detrás en los bolsillos. Es recomendable gesticular con una mano, la más hábil.

-          Piernas: son el soporte del orador. Deben estar distendidas y dispuestas a moverse de uno a otro lado del escenario al ritmo del discurso. No mantenernos estáticos, ni cruzar las piernas en el lugar, son signos de temor.

El público

            El público tiende a comportarse como una masa homogénea, comparten sensaciones de satisfacción, interés, gusto, reprobación o indiferencia.

            A diferencia de lo que pensamos, el público quiere que el orador tenga un buen desempeño. Las neuronas espejo determinan que los oyentes sufran si el orador sufre, se angustien si el expositor  se olvida del tema, se emocionen si éste lo hace.  Es “psicológicamente doloroso” que el orador fracase. Por lo tanto debemos asumir la responsabilidad de agradar a quienes se han predispuesto a escucharnos, sabiendo que quieren que el orador salga exitoso de esa situación.

 

Fuentes:

LOPRETE, C. “Introducción  a la oratoria moderna. La comunicación oral.”

PÁRRAGA, C. “¿Lo digo o no lo digo?”

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