Agustín De Haro — Psicología — Universidad de Congreso

Cumplidos los deseos de controlar la AFA, y a posteriori creación de la Superliga, el gobierno de Cambiemos con su “capitán” Mauricio Macri, se sienten en sus anchas para retomar ese viejo anhelo del presidente de instalar las Sociedades Anónimas en el Fútbol Argentino (SAD); con esa  absurda promesa de que el capital privado es la solución para todos los problemas que hoy padece el futbol argentino, y “patear” definitivamente fuera de la cancha los fines sociales y culturales que supieron cumplir los clubes en nuestra sociedad.

En 2001 Macri dijo “voy a volver con esta propuesta” al perder la votación en la AFA que trataba de imponer las S.A. por 38 a 1 votos. Vale aclarar, el único voto que obtuvo fue el suyo.

En ese momento quedo demostrado que sería una mala jugada avanzar con esto, se puso de manifiesto que el fútbol, forjador de alegrías populares, es parte de la cultura argentina. Lamentablemente, como acontece en el mundo, las clases dominantes se están apropiando de él, como siempre con el objetivo de convertirlo en un negocio.

Hoy que el gobierno cree tener la espalda suficiente para avanzar con una medida como esta, a sabiendas de que el impacto que puede causar en la sociedad será negativo ¿Podrá Macri implementarlo por los votos o sacará su lapicera para un nuevo DNU?

La idea es concretar esta medida antes del mundial, aprovechando la euforia y el clima comercial que este genera,  y captar las inversiones extranjeras.  En lo inmediato no se implementará en los clubes más importantes del fútbol argentino, si no que se harán “pruebas” de su eficacia en clubes del ascenso, para luego implementarlo en la primera división. Daniel Angelici (Vicepresidente de la AFA, Presidente de Boca) será el que llevará las riendas en el ámbito futbolero sobre el tema. Se va a cumplir lo que dijo Macri hace unas semanas en Davos nosotros vamos a cortar el pasto, ustedes (los empresarios) hagan los goles.

En el Viejo Continente las S.A.D. han logrado que se generen desigualdades irrecuperables entre clubes grandes y clubes chicos, como por ejemplo en  la Liga Española donde más allá de la disputa entre el Barcelona y el Real Madrid, el resto está de adorno  ¿Eso queremos? ¿River y Boca disputando el torneo y el resto escoltas?

De aprobarse la ley ¿Quiénes serían potables inversores en la actualidad en nuestros clubes? Parece obvio, está claro que el verdulero amigo hincha de Godoy Cruz, vapuleado por las políticas económicas del gobierno actual, no tendrá dinero para invertir en el club de sus amores. Pero pongamos este ejemplo, Mauricio Macri, reconocido hincha del club Boca Juniors, podría ser un buen inversionista de ese club. El mismo podría convertirse en un accionista mayoritario, prácticamente en su dueño, ¿Quién garantiza que no se sienta en su derecho de hacer lo que le plazca con el club? Nadie, ya que las S.A. les darán la potestad de tomar decisiones con los ingresos generados por el club, cambiarle el nombre al estadio, el escudo, cerrar disciplinas, manejar a su antojo los derechos de televisión, entre otros, ¿Las S.A. abrirán las puertas a un nuevo negocio para los amigos del presidente?

A estos personajes, les tendría sin cuidado las actividades que no generen ganancias, porque el papel social que cumplen, como desarrollar otras aristas en el ser humano, alejar a jóvenes de la droga, inculcarles a los niños el espíritu formativo en valores colectivos, el sentido de pertenencia entre otras tantas que genera el deporte, serían las primeras actividades por eliminar, porque según la lógica de la renta son deficitarias.

Que un club funcione correctamente depende la capacidad  y los fines que persigan de sus dirigentes, de manejar las arcas de los clubes en favor de sus socios e hinchas, además de que el ente principal que es la AFA tenga una regulación correcta sobre los mismos.

Llegó el momento que los argentinos y argentinas que amamos el deporte, y los que no también, salgamos a defender un pedazo de nuestro patrimonio cultural; demostrarle a los Macri, y a esos tantos interlocutores detestables de la política actual, que los hinchas  no somos clientes.

Por último, y sin ánimo de ser catastrófico, es parte de nuestra cultura y se están metiendo en un terreno complicado en el cual sus inversiones no les saldrán para nada baratas…¡ojo con quitarnos nuestra pasión!