Género y cuestión nacional, un problema pendiente

Hace meses, miles de argentinos se movilizaron en distintas provincias bajo la consigna “Ni una menos”, lo cual tendía a demostrar la preocupación creciente que existe por los hechos de violencia de los que son víctimas las mujeres. Sin embargo, la carencia de explicaciones que nos permitan comprender cuales son las causas de la violencia, no solo física, convirtió a esta multitudinaria marcha en un hecho más. Hoy, nuevamente, lamentamos el reciente caso de dos mendocinas asesinadas en Ecuador (María José y Marina). 

 

Un somero repaso de los últimos trágicos hechos dan cuenta de lo dicho. A las dos muchachas que viajaban de mochileras encontradas sin vida en Ecuador; en el ámbito provincial, los casos que han tenido resonancia son: pasado 6 de octubre es asesinada Sandra Elizabeth Costantopulos y el principal sospechoso era su pareja, quien horas después se suicidó. El 7 de octubre muere Daiana Luisa Rodríguez de un disparo efectuado por su novio quien también se suicida. El mismo día asesinan por asfixia a María de la Cruz. El 8 encuentran sin vida a Marlene Carruman López, victima creen los investigadores, por ejercer la prostitución. El 9 se conoce el asesinato de Silvina Barba. El 10 matan a Rosario del Carmen Salinas, quien había obtenido una orden de restricción de acercamiento de su ex pareja. El mismo día encuentran a Claudia Sposetti y el 11 fue golpeada hasta morir Julieta Mena. En todos los casos los autores habían tenido una relación de pareja con las víctimas. Esto, no hace más que demostrar la necesidad imperante de tratar este problema atacando en profundidad sus causas.

 

La violencia de género resulta ser la expresión más acabada de la penosa situación que atraviesan muchas mujeres, es su drástica consecuencia. Sus causas son culturales, económicas y políticas.  

 

Decía Fourier que  “El grado de evolución de una sociedad debe medirse por el grado de emancipación de la mujer”, y por emancipación no debe entenderse mostrar permanentemente mujeres cuasi desnudas en televisión, cuestión a la que Tinelli, Del Sel, entre otros, nos tienen acostumbrados. Según este patrón la mujer sería más libre por cuanta más ropa se saca. En realidad, el grado de libertad y emancipación de la mujer en América Latina está en comprender cuales son las causas que nos han llevado a la dominación cultural y económica, actuando colectivamente emancipándose de la propia individualidad que el imperialismo impone como concepto de “libertad”.

 

La historia nos demuestra, por el contrario, que los periodos de mayor avance de las mujeres han estado signado por la posibilidad de acceder al trabajo, digno y bien remunerado, el acceso a los órganos de toma de decisiones, la equiparación de su salario al de los hombres, etc. En la Argentina los dos movimientos nacionales del siglo XX son muestra de lo dicho: con Yrigoyen la mujer accede a los derechos civiles y con el peronismo logra el reconocimiento de sus derechos políticos, deja de ser una “chinita cama adentro” y se transforma en una trabajadora con derechos laborales. El retroceso de la Argentina, fundamentalmente a partir del golpe cívico-militar de 1976 pasando por Alfonsín-Menem-De la Rúa, fue el retroceso de las mujeres.

 

La distribución poco equitativa de la renta es aún más injusta con las mujeres, que cobran menos salario por igual tarea que los hombres, según demuestran recientes estudios, haciendo que las más humildes tengan que acceder a los trabajos más indignos.  

 

A las mujeres, el 50% de la población, se nos impone estar exentas de la discusión de la cosa pública y al acceso a los órganos de gobierno, que al parecer está cubierto por una ley, la de Cupo, que obliga a los partidos políticos a tener mujeres en los cargos “entrables” de una lista. La necesidad de discutir y cuestionar las imposiciones culturales, económicas y políticas nos lo determina el aquí y el ahora, en donde por ejemplo Mauricio Macri dice que no hablará por televisión en las tardes para que las mujeres podamos ver las novelas. ¿Somos las mujeres meras consumidoras de cualquier frivolidad que se dé por televisión? Según esto, la discusión de los asuntos públicos para las mujeres cede ante la programación de la tarde. Esto, que se nos quiere presentar como natural, implica la exclusión de las mujeres en el devenir histórico político del Estado. 

 

Enfrentados a esto, estamos convencidos de la impostergable necesidad que las mujeres, codo a codo con los hombres, seamos participes de la discusión colectiva de los asuntos comunes, poniendo en tela de juicio los patrones culturales y modas impuestas.