¿Hacia “los mejores días”?

Al cumplirse ocho años del fallecimiento del ex Presidente Néstor Kirchner, acercamos nuevamente a nuestros lectores el artículo escrito por el compañero Mauro Aguirre, que publicamos en la edición impresa de RIN en noviembre de 2010, conmemorando el fallecimiento del ex presidente.

 

Durante una marcha por Buenos Aires, un vecino se asoma al balcón, y nos saluda con Néstor Kirchner. ¡Fuerza compañeros! nos grita al pasar.

La Argentina de entonces y la actual ha sufrido cambios. El actual gobierno nada tiene que ver con la mayor de las tareas comenzadas por el gobierno de Néstor: la recuperación de más de 6 millones de puestos de trabajo, luego de que la Argentina tuviera un cuarto de su población económicamente activa desempleada. El actual gobierno, con aquel que funge de presidente comenzó la tarea opuesta a sus antecesores: despidos de a miles, desempleo, ajuste, endeudamiento, hoy incluso cuenta con la desaparición forzada del ciudadano Santiago Maldonado, los acuerdos con el FMI, que tanto hambrean al pueblo argentino. 

Pero los argentinos antes pudimos recuperarnos de las etapas más duras de nuestra historia en las que los castigados siempre fueron los más débiles y postergados de la sociedad, hoy persiste la fuerza de los reclamos y movilizaciones de aquellos afectados. Siempre hay lugar para la “Utopía, que levanta huracanes de rebeldía” 


 

UTOPÍA

(Joan Manuel Serrat)

Se echó al monte la utopía

perseguida por lebreles que se criaron

en sus rodillas

y que al no poder seguir su paso, la traicionaron;

y hoy, funcionarios

del negociado de sueños dentro de un orden

son partidarios

de capar al cochino para que engorde.

¡Ay! Utopía,

cabalgadura

que nos vuelve gigantes en miniatura.

¡Ay! ¡Ay, Utopía,

dulce como el pan nuestro

de cada día!

Quieren prender a la aurora

porque llena la cabeza de pajaritos;

embaucadora

que encandila a los ilusos y a los benditos;

por hechicera

que hace que el ciego vea y el mudo hable;

por subversiva

de lo que está mandado, mande quien mande.

¡Ay! Utopía,

incorregible

que no tiene bastante con lo posible.

¡Ay! ¡Ay, Utopía

que levanta huracanes

de rebeldía!

Quieren ponerle cadenas

Pero, ¿quién es quien le pone puertas al monte?

No pases pena,

que antes que lleguen los perros, será un buen hombre

el que la encuentre

y la cuide hasta que lleguen mejores días.

Sin utopía

la vida sería un ensayo para la muerte.

¡Ay! Utopía,

cómo te quiero

porque les alborotas el gallinero.

¡Ay! ¡Ay, Utopía,

que alumbras los candiles

del nuevo día!

 

No sé, cuando escribo estas líneas, si el ilustre muerto, a quien desde aquí le rendimos homenaje, fue el “buen hombre” que partió en su búsqueda. Sí sé, que a millones de argentinos se les “alborotó el gallinero”

El desbarranque de la conciencia política de los argentinos, para ponerle una fecha cierta a partir del 24 de marzo de 1976, es muy posible que haya sido un ensayo para la muerte. La noche perversa y trágica iniciada en aquellos tiempos apagó todos los candiles y nos dejó sin nuevos días. La tempestad cívico-militar provocó la desaparición de personas, industria, clase trabajadora, salarios, producción de sentido, identidad y ayuno ideológico.

La dictadura cívico-militar semicolonial fue continuada por una democracia formal semicolonial, sin represión, o por lo menos con escasa, pero semicolonial. Para que haya semicolonia tiene que haber colonización cultural, frivolización, tinellis, legranes, clarín, y pérdida de todas las utopías, bah… Cualquiera sabe que vivir de sueños es peligroso, sin embargo, nadie desconoce el poder vivificante de algunos sueños, si éstos son colectivos.

Pero a partir de aquella época hasta hoy, pensar o sentir colectivamente parecía imposible. Las utopías y la de los argentinos en particular, aquella que promete una sociedad más justa, habían huido al monte. No sé, cuando escribo estas líneas, si el ilustre muerto, a quien desde aquí le rendimos homenaje, fue el “buen hombre” que partió en su búsqueda. Sí sé, que a millones de argentinos se les “alborotó el gallinero”.

Muchos podrán decir, que este nuevo “agitador de rebeldías” viene del viejo PJ de Menem y Duhalde, que apoyó la convertibilidad, etc., etc. Sin embargo, exhibiendo un carácter inusual en la dirigencia política de la cual emerge, con dos o tres tajos implacables, cortó el cordón umbilical que unía el presente de los argentinos a un futuro sin destino aunque parezca paradójico, y con un tratamiento heterodoxo, original, de la deuda pública, de la intervención del Estado, de la recuperación de los aportes previsionales, del salario universal por hijo, como las más centelleantes luces que despidió el sablazo, reconcilió a millones de compatriotas con la “aurora que llena la cabeza de pajaritos”.

Muchos enamorados se dan cuenta del valor que tenía su pareja el día que los deja. En un balance final, comprenden su soledad y lloran. Muchos argentinos lloraron porque se sintieron solos bajo la lluvia, sin la compañía de aquel que los acababa, sorpresivamente, de dejar con algunas conquistas y esperanzas incumplidas.

Hoy, inmensas mayorías debaten sobre el presente y el futuro de nuestras vidas en conjunto; vale decir, la política. Hoy, esas inmensas mayorías viven el ensayo de la esperanza y de la vida.

Néstor, gracias.

 

Revista Integración Nacional – Nº21 – noviembre de 2010