Sabemos que nos va a cagar, pero… ¿Qué es el Fondo Monetario Internacional?

 

El FMI es un organismo financiero internacional, cuyo propósito público es “promover la estabilidad financiera y la cooperación monetaria internacional, facilitar el comercio internacional, promover el empleo y un crecimiento económico sostenible y contribuir a reducir la pobreza en el mundo entero.” Si nos quedáramos con lo dicho hasta aquí, nadie dudaría de la buena intención con la que esta organización se ha creado.

Ahora bien, ¿cuál fue el motor para el surgimiento de la misma? Tanto el FMI como el Banco Mundial se fundaron en 1944 como instituciones de las Nacionales Unidas en una de sus conferencias en Bretton Woods, Nuevo Hampshire (Estados Unidos). Su aparición tenía como objetivo evitar que se repitiese una nueva crisis del sistema capitalista a nivel mundial como la Gran Depresión de los años treinta.

El lugar y la fecha de su nacimiento dejan entrever las claves de su existencia. El fin de la segunda guerra mundial daba a conocer el triunfo de Estados Unidos y sus aliados del momento. De allí data el principio de la hegemonía yanqui, la cual a través del FMI “brindaría apoyo y ayuda económica” a los países que lo necesitaran, devolviéndoles a cambio, atribuciones para el manejo de sus políticas internas.

La Argentina recién fue parte del FMI en 1956 de la mano de la “Revolución Libertadora” de Aramburu, ya que en el año de su creación, nuestro país estaba gobernado por el peronismo, quien se oponía fervientemente a que una institución nos diga a los argentinos y argentinas lo que tenemos que hacer y cómo, para solucionar los problemas nacionales.

La injerencia del FMI en las decisiones de los países soberanos latinoamericanos comenzó a ser un fenómeno regional en la década de los ’70. Estados Unidos mediante, los gobiernos suramericanos habían sido copados por dictaduras militares a su servicio. Fueron dichos gobernantes los que decidieron aceptar el dinero que andaba por el mundo buscando asilo a raíz de los excedentes que había generado el aumento del barril del petróleo por los países productores árabes. Los países más desarrollados, en recesión, no podían hacer uso de ellos; por el contrario, los grandes bancos europeos y norteamericanos vieron una buena oportunidad. Los depósitos árabes pedían a estos bancos sumas voluptuosas en concepto de intereses. Para poder sacar provecho de ese dinero y no caer en quiebra, los bancos empezaron a prestar, con tasas de interés relativamente bajas pero que justificaran el negocio, entre otros, a los gobiernos de facto latinoamericanos.

El problema mayor surgió cuando desde Estados Unidos se decidió subir las tasas de interés de la Reserva Federal, es decir el “costo” del dinero, lo que habíamos pedido barato lo teníamos que pagar caro. Esto llevó naturalmente a que la deuda creciera estrepitosamente. Estalló la crisis. Crisis que además fue el puntapié para que el FMI llegara a los puertos de Sur América para salvar a los bancos y darle un margen a los gobiernos que se habían endeudado para que puedan pagarlo. ¿Cómo? Mediante préstamos para pagar los préstamos anteriores, es decir, un círculo vicioso que en su recorrido se cobraría derechos y el bienestar de miles de argentinos y argentinas.

El consenso de Washington resume las “recetas” que el FMI impuso a los distintos países de Latinoamérica. El tesoro de Estados Unidos plantea un objetivo para someternos y dominarnos, y el FMI define como aplicarlo en 10 puntos. La década de los noventa se tiñó de liberalismo a través de la apertura de la economía, ajuste fiscal, desregulación financiera, privatización de empresas públicas, tipo de cambio, tasas de interés determinados por el mercado, etc.

El 2001 fue ejemplo de cómo termina la aplicación de este rosario de políticas que subyagan al pueblo argentino a los dictámenes de quien succiona nuestros recursos y con ellos nuestra soberanía. ¿Por qué en esta oportunidad terminaría diferente?