El negocio del petróleo y la venta de nuestra soberanía por parte de Cambiemos

 

El negocio del petróleo y la venta de nuestra soberanía por parte de Cambiemos

 

El costo energético ha aumentado de forma escandalosa y esto ha sido reflejado en los bolsillos de cada de uno de los trabajadores argentinos. En los últimos dos años las subas de los servicios básicos como el gas natural, la luz, el agua (que a mediados del 2017 superaba el 500 %)[1] y del transporte, ha generado una gran pérdida del poder adquisitivo de los usuarios como así también un déficit estatal en todos los indicadores del sector.

 

El gobierno de Cambiemos aumentó la importación de crudo en un 26%[2], que es la principal fuente de abastecimiento del sector de la producción y el transporte. Esta medida ha beneficiado a empresas petroleras de los países centrales, como en el caso de la empresa angloholandesa Shell, que es la que más petróleo y derivados vende en  nuestro país y de la cual posee acciones el Ministro de Energía de la Nación, Ing. Juan José Aranguren.

La producción del crudo y sus derivados en la Argentina ha caído un 8,2 %[3].Esto genera, entre otras cosas, un déficit aún mayor (diferencia entre  la importación y la exportación de crudo). Esto somete el precio de los combustibles y otros derivados del petróleo a que estén atados a precio internacional, puestos por las empresas que lo inyectan en nuestro país.

En lo que va del 2018 la argentina que importa el 96% del crudo, tiene costos energéticos más caros que el país vecino Chile que importa el 100%[4]. Hay que tener en cuenta que esta fuente de energía es la principal en países semicoloniales como la Argentina, y que de una forma u otra las potencias mundiales que abastecen a estos, no han permitido que países en pleno desarrollo fomenten o produzcan energías alternativas, que además de soberanía otorgan un profundo cuidado de nuestra tierra, agua y aire. Un caso conocido es el de Atucha III, Central Nuclear comprada por el gobierno anterior y demorada por normas internacionales (creadas por los mismos países que se benefician de la venta del crudo) hasta mediados del 2019.

Por lo mencionado en los párrafos anteriores es que queda absolutamente desbaratada la promesa de campaña de Cambiemos en donde, el Ministro de Energía y hasta el mismo presidente aseguraban: “Que iban a resolver la crisis energética heredada, a revolucionar las inversiones y la producción, a reducir el déficit energético y brindar a los argentinos mejoras en la calidad de la energía y más barata”.[5]

¿Cuál es la posible solución al problema en Latinoamérica?

En territorios latinoamericanos es totalmente necesario que se desarrolle un plan energético soberano que permita poder avanzar en el campo industrial y su producción, así como a principios del siglo XX Yrigoyen elaboraba un plan energético que autoabastecía a gran parte del país y a territorios vecinos con petróleo argentino, a partir de medidas de gobierno que permitían la explotación del recurso con el manejo y control del estado nacional (Plan YPF). Sabemos que son decisiones políticas que caen absolutamente bajo la responsabilidad de los que hoy conducen el estado argentino y que el costo de la energía se vuelca a la producción y frente a esto, los salarios de los que hacen crecer el país se ven perjudicados. En la actualidad pareciera ser una utopía obtener soberanía en estos temas sabiendo que los que tienen el poder de decidir sobre nuestro futuro en materia de energía se encuentran, como dicen: “De los dos lados del mostrador”.